miércoles, 9 de febrero de 2011

REGRESO DE ARISTEGUI A MVS, CÓDIGO DE ÉTICA y 1a. CONFERENCIA DE PRENSA DE CARMEN. TEXTO COMPLETO:


EL REGRESO DE CARMEN ARISTEGUI (15 febrero 2011)

Los días recientes han sido aleccionadores para quienes nos dedicamos a la radiodifusión. Las expresiones públicas acerca del espacio de noticias matutino en MVS Radio han confirmado - tal y como lo supimos desde enero del 2009 -, el interés que puede despertar en la sociedad un programa abierto a las inquietudes de sus audiencias. Hemos corroborado que la radio, igual que otros medios de comunicación, adquiere pleno sentido cuando funciona con criterios de servicio público y así lo hace al retroalimentarse en las preocupaciones de los radioescuchas.

También hemos tomado en cuenta la fructífera experiencia que han significado más de dos años de colaboración profesional.

El contrato que regula esa relación profesional establece un proceso arbitral para dirimir controversias derivadas de los contenidos transmitidos en el mencionado espacio radiofónico. Tanto la empresa como la periodista Carmen Aristegui, reconocieron en días pasados la pertinencia de poner en práctica esa cláusula para resolver el diferendo que llevó a la suspensión de la relación laboral.

Con el propósito de transparentar las normas del trabajo periodístico en este espacio, ambas partes consideran oportuno dar a conocer el Código de Ética. Este documento está disponible en el sitio en Internet de Noticias MVS.

Al mismo tiempo, a fin de facilitar la interlocución con la significativa audiencia de ese espacio informativo, antes de 40 días a partir de esta fecha se designará un Defensor del radioescucha que tendrá a su cargo la evaluación regular de los contenidos con sustento en el Código de Ética. La figura del defensor de los públicos es fundamental, en el panorama internacional de los medios, para afianzar las relaciones entre periodistas, empresas informativas y sociedad.

Carmen Aristegui reanudará la conducción de su noticiero el lunes 21 de febrero de 2011.

Con estas decisiones Carmen Aristegui y su equipo de trabajo, así como MVS Radio, responden de manera transparente y pública a los requerimientos de una relevante porción de radioescuchas y ciudadanos.

Confiamos en seguir contando con su preferencia y, con ello, contribuir al desarrollo de un periodismo que sea capaz de coadyuvar en la información y la reflexión que requiere la sociedad mexicana.

México D. F, 15 de febrero de 2011.

Aquí el Código de Ética de la Primera Emisión de Noticias MVS.

http://bit.ly/fJUsev


DÍGASE LO QUE SE DIGA...

NO HAY CONSENSO




Pronunciamiento de Carmen Aristegui

Me permitiré dar lectura a un texto que he escrito para asumir una postura pública sobre mi despedida del noticiero matutino de Noticias MVS ocurrida este fin de semana, asunto que ha generado múltiples muestras de solidaridad que desde aquí agradezco. Este es un suceso que, si bien afecta la vida profesional y laboral de un grupo de personas, entre las que me incluyo, tiene una trascendencia mayor a ese mero alcance limitado.

Sobre lo que quiero pronunciarme es sobre el alcance mayor de este evento que impacta de maneras diversas a la sociedad mexicana. Una sociedad que en estos días y horas ha dado muestras de determinación y capacidad de respuesta frente a un hecho que agravia y que lesiona sus derechos fundamentales. La vigorosa, fuerte y decidida voz de miles de personas en las redes sociales –Twitter, Facebook-, otras modalidades y las manifestaciones en las calles son, en sí mismas, un gran acontecimiento. La gran noticia de que estamos vivos. De que los mexicanos a pesar de la espiral de violencia, muerte y horror que nos acompaña todos los días estamos aquí para reconocernos en el espejo y luchar por un México mejor.

Agradezco todas estas expresiones y celebro aquí, entusiasmada su existencia y el signo vital que las acompaña. Abrazo a quienes en todos los tonos y con diferentes lenguajes se han manifestado en contra de lo que es a todas luces un hecho autoritario, desmedido e inaceptable. Un hecho así, sólo es imaginable en las dictaduras que nadie desea para México. Castigar por opinar o por cuestionar a los gobernantes.

El tema nos pega a todos. No sólo nos afecta a nosotros como profesionales, y a los ciudadanos a los que se les quita un espacio, se afecta también a este medio de comunicación y al grupo empresarial que desarrolla diversas actividades productivas a favor del país.

Este grupo está encabezado por una familia a quien estimo y valoro. Fundada por uno de los hombres más queridos y respetados de industria como fue Don Joaquín Vargas Gómez. Lamento sinceramente que sus nombres estén siendo acribillados con insultos en las redes sociales por la decisión tomada.

El pasado viernes 4 de febrero, en mi libre derecho a la expresión formulé un comentario editorial que aludía a un incontrovertible hecho noticioso. A raíz de lo ocurrido en la Cámara de Diputados el día anterior, cuando un grupo de legisladores exhibió una manta con la foto de Felipe Calderón con los ojos enrojecidos en la que se leía: “¿Tú dejarías a un borracho conducir tu auto? ¿No, Verdad? ¿Y por qué lo dejas conducir el país? , naturalmente se produjo una gran rispidez que orilló a suspender la sesión en el recinto legislativo.

Había ahí ya una historia que contar a nuestras audiencias. Mi compañero Omar Aguilar presentó con gran profesionalismo ese hecho noticioso con pulcritud, con claridad y con suficiencia, jamás ocultó ni la manta, ni el contenido de la manta, ni a los autores de la manta, ni truqueo nada para que televidentes y radioescuchas no se enteraran de lo que decía la manta. No trampeó a nadie y presentó al público, como el público merecía, todas las expresiones que en diferentes sentidos se emitieron al respecto. Nuestro auditorio quedó perfectamente informado del acontecimiento y con elementos suficientes para hacer su propia valoración.

La información presentada me sirvió a mí de base para formular el citado comentario editorial: “Dejemos a un lado la caricatura, tomemos el asunto con seriedad”, e hice algunas otras consideraciones, terminé con un cuestionamiento formal a las autoridades: “¿Tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la República?”

Yo no tengo manera de corroborarlo pero, si fuera el caso, sería algo delicado que debiéramos saber. No hay nada de ofensivo en la interrogante, especialmente si se trata de algo que, de existir, afectaría por su naturaleza la toma de decisiones que impactan en todo momento a millones de personas en el país.

El comentario editorial cerraba diciendo que el tema –y dada su exposición pública a través de la manta de los legisladores – merecía una respuesta sería, formal y oficial de la propia Presidencia de la República.

La Presidencia no respondió a la periodista, de inmediato exigió a los dueños –que no a la periodista- una disculpa pública inmediata por tremenda osadía.

Demostró con ello un grado de irritabilidad e intolerancia que por sí mismas hablan de algún tipo de problemática, que por supuesto, también deben ser analizadas.

Reconozco que el cuestionamiento era duro, pero de ningún modo injurioso o difamatorio, tampoco se transgredía en ningún punto al código de ética que ha sido aludido. Era simple y llanamente la formulación de una pregunta válida. Pregunta hecha por una periodista cuya intención quedaba perfectamente delimitada.

El estado de salud y grado de equilibrio de un mandatario, por supuesto que es un asunto de claro interés público. La sociedad mexicana tiene derecho a saber con certeza, sin ofensas, sin caricaturizaciones sobre las condiciones de salud de quien ha tomado y seguirá tomando todos los días decisiones gravísimas que impactan sobre el destino de una nación. Y vaya que sí ha impactado el destino de la nación las decisiones tomadas desde Los Pinos en este sexenio.

El motivo de mi despido, se dijo, fue haberme negado a ofrecer una disculpa y transgredir el código de ética, cosa que es falsa y se convirtió sólo en una coartada. En este momento no sólo no rectifico, ni me disculpo, porque no hay nada que disculpar; por el contrario, ratifico la pertinencia de que la presidencia de la República se manifieste al respecto.

Lamento si personalmente que el presidente y su familia se hayan sentido ofendidos por el cuestionamiento. No hay en la formulación de mi pregunta ninguna intención o ánimo de ofender. Lamento que ellos se sientan ofendidos, pero aún así, la pregunta sigue vigente.

El ejercicio del poder hace que las figuras públicas sean sujetas de escrutinios e interrogantes a los que no estarían sujetas otras personas por razón, precisamente, de sus responsabilidades y del impacto de sus decisiones. En una democracia esto forma parte del juego.

¿No tuvo Bill Clinton que hablar del semen depositado en el vestido azul de una muchacha ante una audiencia de millones de personas? ¿No acaso el estado de salud de Dylma Roussef fue motivo de debate público antes de llegar a ser la presidenta de Brasil? ¿Acaso no son las francachelas y excesos de Silvio Berlusconi materia del debate nacional? ¿Por qué en México los empresarios de los medios pueden ser sometidos a presiones indebidas para que silencien a sus comunicadores? ¿Por qué la sociedad mexicana se tiene que conformar con una sola visión de las cosas? ¿Por qué fatalmente tenemos que vivir con la existencia de un duopolio televisivo que no sólo envilece las pantallas con programas denigrantes y nocivos como los de reciente estreno, sino que es ya en sí mismo un poder que ha dañado la vida democrática nacional?

¿Por qué México está entrampado en una espiral de degradación e infamia sin que hagamos nada al respecto? ¿Por qué seguimos dejándolos conducir de esta manera al país?

¿Qué clase de democracia es esta que por un comentario editorial, que irritó al gobernante, se le corta la cabeza a quien opinó? ¿Por qué desde el poder político pueden llevar las cosas al extremo, escalando el conflicto, deliberadamente, hasta lograr hacerle las cosas imposibles tanto al empresario como al periodista ocasionando la ruptura?

La pregunta es: ¿Cómo es que pudieron elevar, desde Los Pinos, el grado de exigencia pidiendo casi la humillación por un hecho absolutamente sobredimensionado? ¿Cómo es que a un empresario a quien tenemos como decente lo llevaron a comportarse de esta manera? ¿Cómo pudieron lograr que se sintiera obligado a tal punto como para exigirme la lectura de una carta –obviamente no escrita por mí, en términos que me eran ajenos y que por supuesto no empataban con lo que dicta mi conciencia- para calmar la ira presidencial?

Una exigencia de la lectura indigna de esa carta que quien me lo formuló sabía de antemano que yo la rechazaría. Se llegó a ese extremo por el grado de vulnerabilidad en el que quedan quienes tienen negocios o concesiones en el mundo de las telecomunicaciones y los medios de comunicación. En este caso hay un conjunto de concesiones en juego y la resolución final sobre lo que pase con ellas se encuentra en el cajón del presidente.

Lo que debería ser técnico, jurídico y legal, en realidad es un asunto político y discrecional. La aprobación que ha pasado por todos los filtros legales y técnicos está sujeta a los poderes dominantes en las telecomunicaciones cuyo poder desmedido impide la entrada de nuevos competidores y a los que existen les hace la vida imposible.

Persiste hasta nuestros días, un elemento que condiciona y distorsiona la relación de los medios con el gobierno que es la discrecionalidad política en la toma de decisiones en materia de refrendo y otorgamiento de concesiones en el ámbito de las telecomunicaciones. Es esta una de las razones fundamentales por las cuales en México no se despliega a plenitud un derecho fundamental como la libertad de expresión.

Asuntos que deberían resolverse con la mayor certidumbre jurídica, en materia de plazos, planes de cobertura, plan de negocios y de inversión, terminan siendo asuntos de decisión política y no de las áreas técnicas en la materia. Es el caso de las concesiones que en la banda de 2.5 GHz tienen varios operadores en el país del que MVS Comunicaciones posee la mayoría de ellas.

No obstante haber desahogado todos los requerimientos técnicos en materia de competencia, y de la opinión favorable de algunos comisionados de la Cofetel, de la opinión favorable de la Cofeco, y de tener a la espera –con riesgo de perderlas- cantidades millonarias de inversionistas nacionales y extranjeros a pesar de tener todo en regla y un mercado demandante.

Inexplicablemente, la decisión se ha retrasado por cinco años. Teniendo todo en regla, no hay razón técnica, jurídica, ni económica que hoy no esté satisfecha. La única razón que hoy impide a MVS Comunicaciones desplegar una red nacional de ancho de banda para Internet que compita con los grandes conglomerados es total y absolutamente política.

Se coloca como una espada de Damocles en la vieja tesis autoritaria de la zanahoria y el garrote: Te portas bien, te refrendo la concesión. Te portas mal, te la niego. Este es el ambiente de presión en el que se desenvuelve la relación no sólo de concesionarios con el gobierno, sino es el ambiente en el que se desenvuelve el trabajo y el desempeño de cientos de profesionales en su relación con las empresas de comunicación.

Esa es la batalla diaria. En la medida en que los comunicadores y los empresarios batallan frente al gobierno, las audiencias ganan o pierden información. Lo más grotesco y paradójico es que los únicos beneficiados de esta herencia del viejo régimen son los grandes monopolios que ahora son capaces de mantener este diseño para evitar nuevos competidores.

Y aquí aparece de nueva cuenta la enorme responsabilidad de un poder legislativo que ha preferido el mantenimiento de reglas no escritas en lugar de una legislación moderna que de certidumbre jurídica a los empresarios, que tutele los derechos de los periodistas y garantice el acceso a la información de todos los ciudadanos.

Agradezco desde aquí el debate y los pronunciamientos que desde el Congreso se hicieron ayer por parte de los legisladores sobre el caso de nuestra despedida del noticiario; sin embargo, no sirve mucho a la democratización de los medios de comunicación condenar la censura por un hecho como este, al mismo tiempo que se coexiste con leyes que podrían y deberían ser modificadas en beneficio de toda la población y no de unos cuantos.

Sobre este ambiente de presión del gobierno hacia algunas empresas de comunicación actúa un fenómeno aún más grave que el antiguo control estatal sobre los medios. Se trata del debilitamiento del Estado y de sus instituciones por virtud de una supeditación política que parte desde el presidente de la República, atraviesa las Cámaras, amplias franjas del Poder Judicial, órganos reguladores a manos de nuevos poderes informales o fácticos que han logrado imponer su lógica de chantaje e intimidación, que los ha llevado a niveles de audacia y en un cálculo de poder, para sustituir –por lo menos parcialmente a poderes de la República.

Ahí está, por ejemplo, una tele bancada en el Congreso, algunos sujetos reguladores capturadas por sus regulados, como en el Congreso, algunos sujetos reguladores capturadas por sus regulados. Como nunca en la historia del Estado mexicano se han dejado crecer a estos poderes en México que han llegado al punto. A la osadía diría yo de querer también apropiarse de la propia presidencia de la República. De otra manera no se explicaría la multimillonaria inversión que han hecho de construirle una candidatura presidencial al gobernador mexiquense.

El trasfondo de lo sucedido en nuestro caso y que ha generado todas estas reacciones tiene que ver, precisamente, con este clima. Por esa razón es que una empresa decide, en sentido contrario a sus intereses, cancelar en el momento de mayor expansión, de mayor prestigio, de mayor influencia, un espacio de información crítica, de debate y opinión que ha sido valorado por anunciantes y audiencias. Por eso toma una decisión suicida.

Como tantas obras esta es una empresa sometida indebidamente a una presión incompatible con un régimen democrático y de Estado de Derecho. Mientras no cambiemos las estructuras que están en la base de esta relación insana, los espacios con influencia crítica se ven permanentemente hostilizados y en su conjunto los medios de comunicación terminan por estandarizar o uniformar sus coberturas informativas. Se achata la libre opinión, se merma el debate y se inhibe la conducta crítica. Eso daña seriamente la democracia y, por supuesto, los derechos fundamentales de las y los ciudadanos de este país.

¿Y bueno, me dirán, ahora que hacemos con lo sucedido? ¿Aceptamos lo sucedido que no le viene bien a nadie u optamos por la ética de la responsabilidad y buscamos un camino? Sin claudicar pero sin exigir que el otro se arrodille.

Joaquín Vargas sabe perfectamente que yo no infringí ningún código de ética, sabe lo que sucedió sabe que fue un coartada, sabe, porque las sufre todos los días, de las razones verdaderas que están detrás de la decisión que está a punto de costarnos la cabeza, y digo a punto porque voy a plantearle una salida, digna, decorosa e inteligente. Ya sabrá si la toma.

Joaquín sabe como pocos de lo que yo estoy hablando, le digo a MVS que no le demos el gusto a los que saborean este fracaso.

Lo sucedido entre el viernes y el fin de semana entre Los Pinos, nuestras oficinas, no sé si también otras- La Destilería y el Meridien es algo que no se merece nadie, que nos daña a todos, y que para lo único que va a servir es para el desahogo absurdo de un berrinche presidencial y para beneplácito de los que prefieren que nadie compita, que nadie cuestione o que se cuestione poquito.

No se lo merece un grupo de profesionales que estaba haciendo su trabajo que se ve brutalmente interrumpido… No se lo merecen, por supuesto las audiencias, nos e lo merecen la familia Vargas porque han sido colocados en una disyuntiva perversa en donde tienen que calibrar como grupo empresarial que les cuesta más frente al gobierno y poderes que lo presionan: si la cabeza de Aristegui o la banda de los 2.5 gigahertz. No se lo merece el país.

La Asociación Mexicana de Derecho a la Información, a la que pertenezco y que preside el maestro Raúl Trejo Delarbre ha dicho que la salida nuestra del aire es una pésima noticia para la sociedad mexicana. La decisión tomada es desafortunada para todos. “Pierde MVS, cuya independencia editorial queda en entredicho debido a la suspensión de este espacio; pierde la periodista y su amplia audiencia. Pierde la Presidencia de la República, de donde surgieron las exigencias para que Carmen Aristegui se disculpara por el comentario que hizo el viernes 4 de febrero”.

AMEDI exigió a la presidencia “que con hechos, y específicamente en este caso, garantice el derecho a la libertad de expresión, así como el derecho de los ciudadanos a la información”. Solicitó a MVS “que reconsidere el despido de Aristegui”. Y es exactamente lo mismo que solicito yo a ellos ahora desde aquí.

El país no está más para seguir perdiendo los espacios que hemos ganado; el país no está para que se nos sigan regateando los derechos que nos pertenecen. México atraviesa por un momento crítico, el nivel de descomposición, de violencia y de debilitamiento institucional es profundamente grave… como para quedarse parado… No nos puede ganar el pasmo cuando el futuro de México se ha ensombrecido. Nos necesitamos informados, en alerta, críticos, no nos podemos dar el lujo de tirar por la borda lo ganado ¿A cuenta de que lo justificaríamos?

Nuestra transición democrática ha adquirido un cariz trágico. Los niveles de violencia, de descomposición y de degradación de la vida pública están llegando a niveles de escándalo. La clase política mexicana que no ha estado a la altura de los retos y desafíos nacionales parece no darse cuenta del avance de estos nuevos fenómenos de poder que la han carcomido y debilitado como nunca antes. ¿Dejamos que sigan avanzando sin contraponer una fuerza social que, por lo menos los identifique, los discuta y los analice?

¿Nos quedamos a la sombra de políticos sometidos a intereses particulares porque antes que gobernar bien, hay que salir en la tele… o de gobernantes timoratos e irresponsables que lejos de atemperar concentraciones monopólicas, las han hecho crecer más creando monstruos de poder que los tienen sometidos y frente a los cuales no se atreven a dar ni un paso.

Esta mañana hago un llamado para revertir los efectos de este hecho ominoso. Yo tiendo la mano y escucho a los que están en la calle y me dice “tienes que regresar”. Estoy dispuesta a regresar al aire este próximo lunes, siempre y cuando se cumpla una condición básica y única: Que MVS anuncie que retira de forma oficial el comunicado emitido junto con mi salida en el cual afirma falsamente que “transgredí nuestro código de ética y que promoví la difusión de rumores como noticias”.

Como consecuencia de ello pido que se publique otro comunicado oficial de la empresa en donde la valoración sobre mi integridad ética que pretendieron dejar en entredicho quede resarcida.

Si MVS acepta hacerlo se reconocerá tácitamente la naturaleza real de lo sucedido. Eso sería suficiente.

Joaquín lo sabe muy bien. Mi integridad profesional y ética nunca estivo en entredicho realmente, que fue una coartada para tomar una decisión que le imponían, que el verdadero problema está en otro lado. Regresemos al aire y quedará evidenciado.

La Presidencia tendrá que hacer una valoración de lo sucedido. Serenamente. Sin odios. Con la seriedad que implica tomar decisiones a nombre de los otros, y aceptando, aunque no agrade, que los ciudadanos y los periodistas tenemos derecho a preguntar, inquirir y criticar sobre lo que juzguemos pertinente.

Estoy aquí para hacer este llamado, para revertir un hecho ominoso como el que sucedió, de manera digna, decorosa e inteligente, apostando por la verdad pero sin romper lo construido.

Mi estimado amigo Jorge Ramos escribió un texto magnífico que tituló “El derecho a preguntar”, recordaba ahí a la maestra Oriana Falacci quien decía que no debía existir ninguna pregunta prohibida. Todo se puede preguntar, con mayor razón si se trata de preguntarle a gente con poder.

Jorge contaba también de una entrevista realizada al presidente Vicente Fox, había interrogantes en el ambiente de por qué aparecía desanimado, sin ímpetu, sin grandes propuestas. El periodista le preguntó al mandatario, sin alimentar rumores: “¿Toma Prozac?” Fox miró al periodista y contestó simplemente: “No”. Por supuesto no le gustó la pregunta, pero la contestó. Tal como escribió Ramos: No hay pregunta prohibida. No hay pregunta tonta. Y cuando surge la oportunidad hay que hacerla, aunque sea la última vez.

A partir de aquí cierro mi comentario, no agregaría más porque el planteamiento esta formulado y lo que resta es esperar la respuesta…

Gracias a todos y buenos días.

martes, 8 de febrero de 2011

Su último post. "NO SE HACEN BROMAS A COSTA DEL DOLOR AJENO" EL PAIS

Nacho Vigalondo

Ninguna broma con el Holocausto

EL PAÍS retira una campaña publicitaria por los chistes antisemitas del autor. Unos lectores potestaron por albergar el 'blog' de Vigalondo y otros por que se suprimiera.

Por MILAGROS PÉREZ OLIVA

lee la nota completa


"...Para EL PAÍS, bromas como las expresadas por Vigalondo están más allá del límite tolerable, como lo están las bromas racistas o xenófobas y ciertos chistes sobre pederastia, violencia de género y otras lacras que han causado y causan un enorme sufrimiento. El dolor marca la frontera."

lunes, 7 de febrero de 2011

La columna de HÈCTOR DE MAULEÓN en El Universal: LA NOVELA DEL METROBÚS. Crònica a lo largo de la avenida más larga del mundo.


Héctor de Mauleón

La novela del Metrobús

Más de Héctor de Mauleón

07 de febrero de 2011,

En 1882, Manuel Gutiérrez Nájera abordó un tranvía de mulitas y advirtió que la ciudad de México no comenzaba en el Zócalo ni terminaba en Reforma. “Yo doy a ustedes mi palabra de que la ciudad es mucho mayor –escribió–. Es una tortuga que extiende hacia los cuatro puntos cardinales sus patas dislocadas”. En aquel producto de la civilización al que los porfirianos pomposamente llamaron ómnibus, Gutiérrez Nájera atravesó “regiones vírgenes y mundos desconocidos”: rumbos extravagantes que movían a la zozobra y, a causa del olor, ahuyentaban el hambre. Don Manuel era, desde luego, un escritor aristócrata que había creído que Occidente empezaba en las puertas de La Sorpresa y acababa, cinco cuadras más tarde, en la esquina del Jockey Club.

Recorro ahora en el Metrobús la que acaso resulta la calle más larga del planeta. A diferencia de la urbe najeriana, la ciudad de nuestro tiempo comienza en Indios Verdes y termina, hora y media después, en la estación llamada Monumento al Caminero. Hora y media en la que la ciudad desfila, cambiando de tonos, de clima, de altura, de colores.

Yo doy a ustedes mi palabra de que las autoridades no supieron lo que hacían cuando ungieron al Metrobús como el único medio de transporte colectivo que iba a haber en Insurgentes. Abordarlo en las horas críticas demanda tumultos, empujones, rasguños, malas caras, palabrotas y pellizcos. Los siete segundos que tardan las puertas en cerrarse no bastan para que la multitud aborde o descienda. Me llevan en andas hasta un extremo del vagón, y dos estaciones más tarde me descubro flotando en el extremo opuesto: ¿cómo hice para avanzar sin poner un pie en la tierra donde habrán de sepultarnos? Quisiera bajarme en La Raza a reflexionar.

Afuera hay mercados sobre ruedas, puestos de fritangas, árboles marchitos, parques secos y moteles de paso. En el norte salvaje, el monumento que da nombre a la estación es el único arte que la ciudad se permite: una pirámide azteca que solicita olvidar la palabra mestizaje.

Me parece que de niño tenía facilidad para ganar volados. Decido quedarme en el vagón y poco después se desocupa un asiento.

En Manuel González aparece la modernidad vuelta cascajo: las ruinas de la Unidad Tlatelolco. El Metrobús se zangolotea frente al fantasma de Banobras, y recorre otro sueño sepultado: el puente de Nonoalco.

El sol pega de mi lado. Un hombre juzga sospechoso que esté tomando notas. Los pasajeros viajan pensativos, somnolientos.

Hay policías auxiliares, chavos con mochila al hombro, trajeados con portafolio, y encorbatados sin éste. Abundan mujeres de oficio indefinible y adultos mayores rayando el rigor mortis. Casi nadie habla, no se conversa. Viajar en Metrobús es una forma de hundir los ojos en horizontes lejanos.

Uno sabe que se aproxima al centro cuando el “tono ecológico” de Insurgentes norte se torna un conjunto de edificios viejos. Construcciones sucias, vacías, tocadas por el graffiti, resentidas desde el terremoto. Una pantalla que educa a los pasajeros pregunta si sabemos cuántos huesos tiene el cuerpo humano. Afuera, la Zona Rosa es un desastre; la colonia Roma, un mundo que empieza a respirar entre oficinas y tiendas de electrodomésticos. Insurgentes cambia después del Viaducto: bancos, bares, restaurantes, torres, centros comerciales, concesionarias de autos, edificios de cristal. Dinero, dinero, dinero y arquitecturas antiguas rescatadas para el comercio. Lo super in, sin embargo, comienza al pasar Churubusco: Gutiérrez Nájera se habría sentido feliz en esta sucesión de emporios en que transitan autos, mujeres y restaurantes de lujo.

Resulta que el país ha progresado desde que abordé en Indios Verdes.

Ciudad Universitaria fue alguna vez el fin de la urbe. Tal vez por eso, desde Villa Olímpica, las cosas adquieren estética de hacienda, de pueblo, de rancho. A partir de hoy pondré en mi currículum: he viajado 60 estaciones. Compito, cuando menos, con Humboldt.

EDITORIAL ANTERIORLas esculturas más feas de la ciudad

domingo, 6 de febrero de 2011

LABERINTO A UN PASO DE LA EDICIÓN 400, ¡desde Ya! MUCHAS FELICIDADES

AQUÍ TODO LABERINTO EN LÍNEA

¡A un paso de la edición 400!

ANA MARÍA MATUTE: "LA LITERATURA ME HA SALVADO LA VIDA, VOLVER A ESCRIBIR ME VOLVIÓ EL AMOR A LA VIDA" ¿Tú podrías decir lo mismo?"

ANA MARÍA MATUTE

EN BABELIA 1001

"De mi literatura, Olvidado Rey Gudú, es el libro al que le tengo más cariño...me sacó del pozo, es el libro que desde niña quería yo escribir...ahí estoy toda yo"

JUAN JOSÉ MILLÁS, La imagen. EL PAIS SEMANAL. EL PASO FIRME DE LA HISTORIA.



LA IMAGEN.ELPAIS SEMANA:

El paso firme de la historia

LA MIRADA DE JUAN JOSÉ MILLÁS

13/02/2011

El mártir y el tirano. El tunecino Al Bouazizi se dio fuego para protestar por su desesperada situación. El dictador le visitó en el hospital. La revuelta democrática había prendido.

En la antigüedad se derrocaba a los tiranos pegándoles un tiro. Ahora el tiro te lo tienes que dar tú y lo más que consigues es que el tirano cambie de país llevándose una tonelada y media de oro. Tal es lo que ocurrió en Túnez, donde el suicidio de un ciudadano acabó en pocos días con el régimen de Ben Ali, que ahora se toca la barriga en un emirato árabe donde ha recibido asilo, increíblemente, de carácter político. El suicida es la momia yacente de la foto, todavía con vida, a la que el tirano tuvo el estómago de visitar para comprobar los desperfectos. El tirano es el señor de la izquierda unos días antes de largarse con todo el producto interior bruto de su país a lugares más templados. Mientras el uno se iba a la otra vida con el cuerpo hecho un cristo, el otro se largaba a Arabia Saudí con los riñones forrados. Parece que hay un consenso ecuménico según el cual resulta más civilizado que el oprimido acabe consigo mismo en vez de acabar con el opresor.

Bueno, ya sabemos cuánta gente tiene que arder a lo bonzo en Túnez para que ocurra algo. Ahora, dada la situación de indefensión general de los pobres de la Tierra, convendría calcular cuántos ciudadanos han de arder, no sé, en Marruecos, cuántos en Argelia, cuántos en Rusia, pero también cuántos en España, Francia o Luxemburgo. Ahí tenemos la demostración de que la historia se dirige con paso firme hacia ningún sitio. Esta foto en la que el quemado ha de soportar antes de morir la visita del dueño de la gasolina es una lección impagable de zoología. No se pierdan la actitud reverencial del cuerpo médico.



OTRAS ENTRADAS:

Una ilusión de óptica

No se les ve la cara, pero son como nosotros. Ocurre en Irán, pero el lugar no cambia nada. Los ajusticiados, en un momento solemne de la vida de cualquiera, murieron en chancletas.

He aquí una foto clásica de ahorcados. Decimos que es clásica porque se atiene con fidelidad a las reglas del género, la principal de las cuales es no sacar la cabeza, por si el ahorcado nos sacara la lengua. Además, de este modo uno se imagina la expresión del muerto como le da la gana, en función de sus necesidades sentimentales o venéreas. Ahora bien, si es duro enfrentarse al rostro de un difunto ajusticiado, más arduo resulta aún contemplar el de los vivos que asisten al espectáculo. Mírenlos ahí, en plan pánfilo, como el que se asoma a una puesta de sol. Por no faltar, no faltan ni los fotógrafos aficionados a los tópicos, de los que obtienen conmovedoras postales. Quizá lo que buscan los de los móviles en ristre es eso, una postal que enviarán a su novia o a sus padres, o con la que se masturbarán a escondidas.

Si esfuerzan un poco la vista, comprobarán que a la derecha de la imagen, en la casa del fondo, la vida cotidiana sigue su curso: hay una señora tendiendo la ropa en la azotea y un grupo de gente bajo una sombrilla, quizá tomándose un aperitivo. Ni siquiera los cadáveres colgantes han sido ataviados para la ejecución (momento solemne donde los haya en la vida de cualquiera) con sus mejores galas. Ahí los tienen, en pantalones de chándal y chancletas de andar por casa. Podemos hacernos la ilusión de que el drama ocurre en Irán, que nos cae un poco lejos, pero se trata de eso, de una ilusión óptica, pues por lejos que se encuentren, geográficamente hablando, las víctimas y los verdugos son seres humanos, lo mismo que nosotros.

SOPHIA LOREN, UNA MILAGROSA EXPLOSIÓN DE HORMONAS. Manuel Vicent. El País


REPORTAJE: SOPHÍA LOREN.EL PAIS
Una milagrosa explosión de hormonas
MANUEL VICENT
06/02/2011
A sus 76 años, la última diva del cine se retrata por primera vez en una década. El mito de esta enérgica italiana sigue en los corazones de los que se enamoraron de su belleza y de su alma.
Aunque había nacido en Roma, en 1934, Sofía Villani Scicolone venía del ambiente pastoso de Pozzuoli, de cerca de Nápoles, donde se crió de niña. Primero fue el terror a la oscuridad que precedía al sonido de las bombas; luego, terminada la guerra, el fantasma del hambre y la miseria que se estableció entre los gritos de las mammas por los patios de luces y de los vendedores en el mercado, el estruendo de escapes de motocicleta, la música de tarantelas, funiculí funiculá, el milagro de la sangre de san Jenaro que se licuaba cada año y el celo de los machos que desde la acera con la espalda en la pared seguían con la mirada pegajosa el culo de las chicas hasta que doblaban la esquina.
Los marines recién desembarcados repartían chocolatinas a los niños desde lo alto de los carros de combate y algunas madres ofrecían a sus hijas adolescentes a los soldados norteamericanos a cambio de un kilo de pan. Sofía Villani había crecido bajo el bombardeo en un tiempo canalla de héroes y escombros, pero las banderas más patrióticas del sur de Italia, recién liberado, seguían siendo los calzoncillos, bragas, sostenes, pañales, pantalones y camisas que colgaban de la trama de cuerdas tendidas entre los balcones del laberinto de calles napolitanas a cuya sombra esta criatura desgarbada y de piernas largas abrió los ojos desvalidos al resto de los sentidos. Solo había una salida. Su tía la llevaba al cine desde la primera sesión hasta la última, donde Rita Hayworth e Yvonne de Carlo, Charlot y Cary Grant, a falta de pan, alimentaron sus sueños, de los que ya nunca se recuperó.
De pronto, a los trece años sus hormonas hicieron explosión y le fabricaron un cuerpo poderoso de mujer con un alma igual de fuerte, debido a las tragedias que había vivido de cerca. Esta experiencia generó el rasgo fundamental de su carácter. Desde entonces fue esa chica que en el cine a ningún productor, policía malo, detective costroso, gánster o mafioso se le ocurriría nunca llamarla muñeca o nena, como sucedía con otras estrellas del tamaño de Marilyn Monroe o Lauren Bacall, sin exponerse a que le arrojara el plato de espaguetis a la cara.
Su madre, Romilda, casada con el ingeniero Scicolone, que la había embarazado dos veces sin llevarla al altar, se ganaba la vida tocando el piano y resarcía sus sueños de artista en papeles de poca monta. Romilda llevaba a su hija allí donde pudiera sacar las plumas, a concursos de belleza, a la cola de los extras de películas, a las oficinas de modelos para fotonovelas sin separarse nunca de ella, no fuera a comerse algún lobo a su caperucita. Uno de los primeros trabajos de Sofía en el cine fue de esclava romana en Quo vadis, pero su gran papel lo desarrolló en un concurso de belleza donde enamoró al mandamás de la industria cinematográfica italiana Carlo Ponti, un hombre de la misma edad que su madre, que fue para ella padre, hermano, amigo, amante y marido, con el que se casó en 1957 a los 23 años, le dio dos hijos y logró retenerlo hasta el final de su vida como esposa sumisa, incluso después de hacerle bígamo, meterlo en pleitos para anular el matrimonio, volverse a casar y tener que huir juntos de Italia.
Ante todo, ser artista consistía en ganarse el pan, pasando por todas la humillaciones consabidas. Comenzó entonces a ser Sofía Loren, al principio una actriz un poco caballona, sin desbravar, toda exterior, la boca grande, los pechos desbridados, con aire arrabalero de cantarle las cuarenta al más pintado, pero en el fondo nadie sabía, ni siquiera Carlo Ponti, si no se trataba todavía de una chica italiana que prefería hacerle una buena pasta a su marido para tenerle trincado por el estómago a la antigua usanza más que triunfar en la pantalla hasta convertirse en una diva. En aquel tiempo, recién terminado el neorrealismo con todas las lacras de posguerra que retrataron Vittorio de Sica y Roberto Rossellini, el soplo de humor y sarcasmo de la comedia italiana inundó todas las pantallas. Renato Carosone cantaba Tu vuo’ fa’ l’americano, Domenico Modugno y Claudio Villa ganaban siempre el Festival de San Remo, por todas las radios se oían las canciones Volare o Come prima, y Gina Lollobrigida era el icono erótico de Italia, pero en mitad de los años cincuenta Sofía Loren comenzó a disputarle el primer puesto en el inconsciente masculino, de modo que los espectadores se dividieron en dos, los que estaban decididos a ir al fin del mundo con la Gina y los que no dudaban en ir con la Loren hasta el mismo infierno, que suele estar más allá. No era tan trágica y racial como Ana Magnani, pero era más intensa que las bellezas oficiales del momento, Claudia Cardinale, la Pampanini o Silvana Mangano, y parecía oler a pan de pueblo recién horneado.
La revelación se produjo en 1960 con la película Dos mujeres, dirigida por Vittorio de Sica, sobre un relato de Alberto Moravia. Encarnaba a una madre violada junto con su hija durante la guerra. No le fue difícil solaparse en esas vidas. Tragedias como esa las había presenciado ella después del desembarco de los aliados en Nápoles. Ganó los premios a la mejor actriz en Cannes, en Berlín, en Venecia, y el primer Oscar que se concedió a una actuación no hablada en inglés. Y a partir de este éxito, Sofía Loren produjo una segunda explosión al inicio de los años sesenta.
El mundo estaba cambiando según ronroneaba con voz de nariz Bob Dylan; los hermanos Kennedy copulaban en los ascensores con actrices de Hollywood, aunque entonces aún era de buen gusto no publicarlo; Martin Luther King tenía un sueño para los negros americanos; la generación beat se ponía ciega con el LSD; en las comunas, el nuevo incienso era el humo de marihuana; cantaban los Beatles; la nouvelle vague, con Godard a la cabeza, daba paso a un cine de intelectuales de jersey negro de cuello alto y gafas de espesa montura de carey también negro. En medio de este patio irrumpió el desparpajo y la carne fresca de Sofía Loren en Matrimonio a la italiana, de Vittorio de Sica, con Marcello Mastroianni, una pareja que a partir de entonces fue casi inamovible. Juntos realizaron doce películas, hasta el punto de que el espectador ya no podía pensar en una sin el otro. La gente los veía como esposos, novios o amantes. Muchos se preguntaban si no habría algo entre ellos después de verlos tanto tiempo de pareja en la pantalla. “Todos lo creen con tantas películas juntos, con ese entendimiento… Sin embargo, nada”, comentó un día Mastroianni. “Solo he sentido por ella un profundo afecto y ternura”.
Esta segunda explosión se produjo en el interior de la artista y tuvo un efecto retardado, lento y creciente, hasta el punto de que no ha cesado hasta hoy. Fue la elegancia con que entró Sofía en la madurez. Una de las últimas películas que interpretó junto a Mastroianni fue Una jornada particular, de Ettore Scola, en 1977. Una madre de cuarenta años durante la visita de Hitler a Roma se queda sola en casa después de mandar a su esposo y a los hijos a la manifestación. A través del patio de luces descubre a un hombre solitario que también se ha quedado solo en el edificio vacío. Es un homosexual represaliado. Con el sonido de los cánticos fascistas al fondo, los dos personajes hablan, se descubren, permanecen unas horas juntos. El registro de matices para expresar la frustración de la mujer madura alcanza en esta actriz un grado de talento tan elevado que a partir de esa película Sofía Loren despertó una pasión colectiva por la que comenzó a ser amada por primera vez más por su alma.
Siempre segura de sí misma, a medias entre una languidez mórbida y una voluntad férrea, ha conseguido todo lo que se ha propuesto. Aquella adolescente casi analfabeta habla correctamente cuatro idiomas. No podía tener hijos y los tuvo. Partió de cero y se convirtió en una estrella internacional. No perdió la elegancia incluso cuando fue condenada a 18 días de cárcel por evasión fiscal. En su momento fue definida como la actriz más sexy del mundo y lo sigue siendo a su manera con la ironía suficiente para ponerse a salvo del ridículo convirtiendo el paso de los años sobre su cuerpo en una obra de arte. Su famoso strip-tease de la película Ayer, hoy y mañana, de 1963, con Mastroianni, lo repitió como una broma en Prêt-à-porter, de Robert Altman, en 1994. Esta vez, con 60 años, Sofía Loren sale del cuarto de baño, llena de glamour,dispuesta para la danza de los siete velos, y comprueba que durante esta breve espera su amante se ha dormido en la cama con las gafas caídas en la punta de la nariz. No importa. La vida aún está llena de sorpresas a los 76 años. Bastará con vivir más por dentro que por fuera y corresponder al amor de los espejos que te aman y que se refleje en ellos cada arruga como una conquista del placer que se alcanzó un día y no se ha olvidado.
Es el último mito. Empezó a darse cuenta de que estaba viva en la oscuridad bajo el bombardeo del desembarco de los marines en Nápoles durante la guerra; al principio se sintió sorprendida y después aceptó con naturalidad que los tíos en las calles de Pozzuoli le miraran el trasero y le silbaran desde los andamios hasta que la perdían de vista; como una mamma sofisticada y recia, hizo espaguetis con los que Carlo Ponti se chupaba los dedos; pasó por los brazos de todos los galanes posibles de la pantalla; se adoraron mutuamente ella y el bello Marcello; se convirtió en el sueño imposible de media humanidad, y al final sigue enamorando al público por el estilo de su alma que todavía se agita en un cuerpo espléndido. Aún calla todo el mundo cuando Sofía Loren entra en un restaurante o en una discoteca. Y todo gracias a aquella lejana y milagrosa explosión de hormonas que un día se produjo en las cercanías de Nápoles cuando cesaron las bombas.

jueves, 3 de febrero de 2011

EL TREN DE LAS MOSCAS: CORTOMETRAJE


EL TREN DE LAS MOSCAS:

Migrantes centroamericanos rumbo a EUA

Cada año unos 400.000 emigrantes centroamericanos intentan llegar a Estados Unidos, cruzando México. Viajan como moscas, sobre trenes de carga: No hay vuelos para los ilegales, ni futuro... En un punto de Veracruz, encuentran una pequeña esperanza: "Las patronas", unas mujeres valientes, les aguardan al pie de las vías para entregarles comida y bebida, tren en marcha, día a día durante los últimos 15 años. Este es el argumento del corto de la semana "El tren de las moscas" de Nieves Prieto Tassier y Fernando López Castillo. Una pieza que ha sido galardonada con el premio al mejor corto en el pasado Festival de Cine Político de Ronda.

martes, 1 de febrero de 2011

SERGIO SARMIENTO CON FRANCISCO MARTÍN MORENO, AUTOR DE "ARREBATOS CARNALESII"


REVELADORA ENTREVISTA CON SERGIO SARMIENTO DONDE FRANCISCO MARTÍN MORENO, ADEMÁS DE EXPONER SU TEXTO “ARREBATOS CARNALES II” SE DA EL LUJO DE DAR DATOS QUE POCA GENTE CONOCE SOBRE LA HISTORIA DE LA CONQUISTA

(O INVASIÓN), ENTRE OTRAS NARRACIONES:

“Mi padre murió empalado por órdenes de Hernán Cortés.

Yo presencié su muerte!”

Doña Isabel Moctezuma nació hacia 1510 y falleció el 9-XII-1550. Sus padres le pusieron por nombre Tecuichpo, que significa "copo de algodón". Bernal Díaz del Castilllo dice de ella que era "bien hermosa mujer para ser india". Fue esposa de Cuitláhuac y luego de Cuāuhtémōc, su primo. Al morir Cuāuhtémōc, estuvo casada con Alonso de Grado y , entonces, Cortés la hizo Señora de Tacuba (el 20-VI-1526). Esta encomienda fue dada en perpetuidad y quedó en la familia Cano-Moctezuma. Al año (en 1527), murió Alonso de Grado y doña Isabel casó, hacia 1530, con Pedro Gallego de Andrade, con quien tuvo seis hijos, que formaron la dinastía Andrade-Moctezuma. Finalmente, casó con el conquistador Juan Cano de Saavedra. Tuvieron por hijos (probablemente entre 1540 y 1550) a: 1°) Pedro, 2°) Gonzalo, 3°) Juan, 4ª) Isabel y 5ª) Catalina. Las dos mujeres fueron monjas en el convento de la Concepción de México.