miércoles, 6 de abril de 2011

PALABRAS DE AMOR Y DE FE, NADA DE VISCERALIDAD NI DE MEZQUINDAD


LOS DISCURSOS DE JAVIER SICILIA,

UN SER HUMANO LLENO DE AMOR Y DE FE


MÉXICO, D.F., 6 de abril.- En los discursos que esta tarde ofrecerá Javier Sicilia por el homicidio de su hijo, Juan Francisco, exige a las autoridades dejar de llamar “daños colaterales” a las víctimas por la guerra contra el narcotráfico. Son, aclara, personas de carne y hueso, con sueños, no estadísticas.

El poeta envió a Proceso las líneas que leerá durante las protestas para exigir un cese a la derrama de sangre.

En su discurso, critica que México no pueda darle a la juventud “la vida que se merece”. Llama a este sector de la población a emprender movilizaciones contra la violencia, porque los jóvenes “han movido montañas”.

Y emplaza al gobernador de Morelos, Marco Antonio Adame, a presentar antes del 13 de abril a los responsables del asesinato de su hijo. De lo contrario, le exigirá renunciar al cargo.

A continuación, los tres discursos que pronunciará Javier Sicilia:


Sarah Aguilar



A las Fuerzas Armadas de México

Ustedes han sido siempre los custodios de la paz de la nación. Por ello, nunca habríamos querido verlos fuera de sus cuarteles más que para repeler una invasión extranjera o para ayudarnos, como lo han hecho siempre, en las catástrofes naturales. Ahora los han sacado a la calle para combatir lo que a las policías pertenece. No los queríamos allí, pero allí los han puesto, provocando con ello una escalada en la violencia al incitar al crimen organizado a enfrentarse a ustedes con armas más poderosas. Son ya cuatro años de guerra y lejos de disminuir, el consumo y tráfico de drogas ha aumentado, lejos de sentirnos seguros, nos sentimos con miedo y coraje ante la impotencia de verlos pelear en nuestras calles. Por ello les exigimos, como ciudadanos de esa patria que defienden y custodian todos los días, que no permitan que en sus filas anide el crimen y crezca la complicidad.

Muchos de los asesinos que hoy dañan a la nación de manera terrible en nuestros hijos e hijas, provienen de la deserción de sus filas. La crueldad con la que esos desertores actúan tiene un origen que debe ser revisado cuidadosamente y sanado dentro de sus instituciones para que la deserción no se repita ni los códigos de honor que deben ser parte de la educación de las fuerzas armadas no se traicionen nunca ni en ninguna situación.

Bajo el peso de los casi 40,000 muertos que llevamos a nuestras espaldas, en medio de las mal llamadas bajas colaterales que su intervención en esta guerra ha producido, en medio del horror y del infierno que parecen no tener fin, en medio de la inseguridad que se ha apoderado del espacio y del tiempo de nuestra nación hasta convertir los espacios públicos y las horas, en los lugares y las horas equivocadas, en medio de esta miseria, ustedes deben devolvernos la confianza de que realmente custodian a la nación y de que no debemos temerles cuando nos encontramos frente a ustedes.

Esa confianza, custodios de la patria, sólo podrá ser devuelta cuando ustedes dejen de mirarnos como meras estadísticas de guerra y cuiden las sagradas vidas de los jóvenes que son la vida de nuestra nación. Nuestros muertos, los muertos que llevamos todos en nuestro corazón a causa de esta absurda guerra, esos muertos que nos duelen, recuérdenlo bien, no son bajas colaterales, no son cifras, no son números en un expediente, no son abstracciones. Son seres humanos con un nombre, una historia, un rostro y sueños. Recuerden también que detrás de cada una de esas vidas cegadas hay padres, madres, hermanos, familias que como la mía y la de los muchachos que murieron también asesinados al lado de mi hijo Juan Francisco el 27 de marzo están amputadas y no podrán ya ser las mismas en la felicidad que merecían y les correspondía. Por ello, por ese dolor sin límite, hoy más que nunca el respeto a los derechos humanos debe obligarlos absolutamente a evitar esa tragedia que llaman irresponsablemente daños colaterales.

El dolor, custodios de la patria, que nos ha hecho salir a las calles y detenernos un momento delante de su casa es para finalmente decirles que el dolor no debe servir para sembrar odio sino para encontrar la paz, el amor y la justicia que perdimos.

A LA PGJEM y la PGR.

Uno de los males fundamentales que tiene sumida a la nación en el dolor, en la muerte, en el miedo, en la desconfianza y la incertidumbre es no sólo la falta de una verdadera y sólida procuración de justicia en nuestro país, sino la corrupción que desde hace mucho tiempo se ha instalado en el corazón de sus instituciones. Esta obviedad que está en la mente, en la piel, en el dolor de los ciudadanos como una herida que no cierra, lleva cargando sobre sus espaldas no sólo casi 40,000 muertos, sino otros tantos miles de casos no resueltos por omisión, por comisión o por complicidad con el crimen. Los mejores de ustedes han tratado de sanear ese corazón fundamental para la vida de la sociedad. Pero se ha logrado poco. No sólo la mayoría de los casos quedan sin resolver y se archivan como si los sufrimientos y los agravios de seres humanos fueran sólo eso, casos, no vidas humilladas que piden la restitución de una dignidad perdida o arrebatada, sino que muchas veces también los asesinos que arrancan la vida de nuestros hijos salen de sus propias filas. Así lo expresó hace unos días el propio Procurador de Justicia de Morelos cuando en relación con la muerte de mi Juanelo, de Luis, de Julio y de Gabo, definió a sus asesinos como “personal que estuvo involucrado en instituciones públicas” y que pueden ser “policías, agentes ministeriales o militares”, para luego desdecirse por temor o compromisos con lo políticamente correcto.

Impartir justicia después de conocer la verdad de los hechos es probablemente la mayor responsabilidad que una autoridad puede tener. Cuando no se asume esta responsabilidad y, como ha sucedido a lo largo de décadas en esta nación, se conciente la impunidad, tenemos esta sociedad que alienta la violencia y debilita, como nos está sucediendo ahora, a todas las instituciones de la nación. Y sin justicia ni paz, yo les pregunto por todos los ciudadanos, ¿cómo se puede vivir?

Sabemos que en estos tiempos en donde por este consentimiento está desgarrado el corazón de nuestro país y se ha instalado en él la violencia irracional y el miedo, no es fácil ser un buen policía, un buen juez, un buen abogado, un buen fiscal. Sin embargo, no tenemos otra opción; ninguna otra opción. Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.

Señor procurador de Morelos, señores procuradores de cada rincón del país, policías y miembros de los ministerios públicos cumplan con la justicia que no han procurado y que hoy les reclamamos. Sólo así tendrán de nuevo nuestra confianza y sabremos que no nos encontramos solos e inermes como hasta ahora nos encontramos. Reconozcan el lugar que tienen como pilares de esta casa que llamamos México

El dolor que nos ha hecho salir a las calles es, como se lo dijimos a las fuerzas armadas, al detenernos delante de su casa, no debe servir para sembrar el odio y fomentar el crimen sino para encontrar el amor, la paz y la justicia que perdimos.

Cumplan con su trabajo dignamente.

EN EL ZÓCALO

Los espantosos asesinatos de mi hijo Juan Francisco Sicilia Ortega, de Luis Antonio y Julio César Romero Jaime, y de Gabriel Alejo Escalera, han llenado de indignación y de dolor a la ciudadanía de Morelos y de la nación entera. Sus nombres, sus historias y sus sueños destrozados, que el amor de la ciudadanía sacó a la luz pública, ha hecho posible que se pusiera también nombre, historias y sueños a otros miles de muchachos asesinados y criminalizados por la violencia que se ha apoderado del país, de sus instituciones y de la imaginación del narcotráfico y de esa mal llamada clase política. Hasta antes de ellos, con algunas excepciones, esos muertos eran, como lo dije delante de las casa del ejército y de la justicia, simples cifras, simples abstracciones, bajas colaterales o criminales, “escorias”, como estúpidamente se les ha llamado. A partir de ellos, esas cifras son lo que siempre han sido y siempre deberán ser: vidas humanas cegadas y familias destrozadas, dolor que día tras día se ha ido acumulando en los corazones de todos los ciudadanos de este país. Juan Francisco Sicilia Ortega, Luis Antonio y Julio César Romero Jaime, Gabriel Alejo Escalera, no sólo son desde que los encontraron asesinados el nombre de todos esos muertos anónimos cuyos casos se encuentran en los archivos de las procuradurías y del ejército y en la desmemoria de nuestros gobernantes, son también el nombre de nuestros muchachos vivos, de nuestra juventud que corre el mismo peligro y a quienes no estamos dándole la vida que merecen. Porque mientras los pocos muchachos –cada vez menos– que pueden alcanzar un alto nivel educativo, carecen de empleo, son subcontratados o subpagados y están en peligro de ser asesinados como fueron asesinados nuestros hijos, los muchos otros que no pueden siquiera acceder a la educación y a la cultura, ni siquiera a un empleo subpagado, se encuentran a la deriva, con el horizonte roto, seres humanos que están o pueden ser reclutados por el crimen organizado para matar y terminar también asesinados.

No hablo de una fatalidad. Es lo que hemos construido con la corrupción de las instituciones, con el desgarramiento del tejido social, con la mezquindad de los pleitos y los intereses políticos que sólo buscan enriquecerse con la desgracia, el temor y la simulación; eso es lo que hemos construido cuando decidimos desalojar las virtudes de la educación y decidimos que sólo el dinero, la producción desmesurada, la competencia y el consumo sin límites serían nuestros dioses; eso es lo que hemos construido cuando hicimos del egoísmo y del enriquecimiento una virtud y arrojamos las riquezas de la cultura, de la educación, de la amistad, de la convivencia y de la solidaridad al terreno de las cosas inútiles.

Cuando los seres humanos tienen que levantarse día con día para hacer vivir a sus hijos con salarios miserables y saber que quizá no regresarán porque nuestras autoridades no están haciendo lo correcto; cuando los criminales, a fuerza de impunidad, han perdido sus códigos de honor; cuando, por lo mismo, deben vivir de lo que los católicos llamamos la esperanza en Dios, porque los gobernantes y los empresarios no pueden darle ya a sus compatriotas una esperanza humana, que es la sombra de la esperanza de Dios, cuando esto sucede, y es lo que está sucediendo, es señal de que empezamos ya a habitar en el infierno.

Desde que mi hijo Juan Francisco y Luis y Julio y Gabo fueron asesinados, sentí a cada uno de los muchachos y muchachas, y a cada niño y niña de esta nación como miembros de una misma familia –mi familia, mis hijos– que debemos cuidar para que sus sueños no se conviertan en la pesadillas que desde hace tiempo ha comenzado a invadirlos. No podemos permitir más que un muchacho, una muchacha, un niño o una niña sean asesinados. A ellos, los jóvenes de esta nación, que saben usar las redes sociales del espacio cibernético, le pedimos que se convoquen, que se unan, que salgan a las calles y que recuerden que desde siempre las juventudes han movido montañas y le han devuelto la esperanza a la humanidad, como lo vemos hoy en otras latitudes. Aduéñense del presente y decidan el destino y la nación que ustedes quieren.

Cuando sucedió esta desgracia yo no me encontraba en el país y ustedes, que están aquí y a los cuales les agradecemos infinitamente, tomaron, como hermanos, mi causa que es la de todos. Ustedes también tomaron por mí y por los demás padres de familia que estaban sin voz la responsabilidad de exigirle al gobierno de Marco Antonio Adame –un gobierno hasta ahora omiso– el esclarecimiento de los crímenes que debe darse a conocer hoy.

Hasta el momento sólo se nos ha informado que se han identificado a dos de los asesinos, que se han girado las órdenes de aprensión para ellos, pero que los asesinos aún permanecen libres y que se desconocen los móviles de este asesinato irracional. Eso no nos basta. Por ello he decidido quedarme aquí en un plantón en esta plaza, delante de las ofrendas que han levantado por nuestros hijos, junto con todos aquellos que quieran acompañarme, y en oración, hasta el miércoles 13 de abril. Es el último plazo que le damos al gobierno de Marco Antonio Adame y de Felipe Calderón para que frente a nosotros, frente al pueblo de Morelos y el país entero, presente ante la justicia a los asesinos de nuestros hijos y a sus cómplices. Durante este plantón haremos lo que el gobierno y las mafias no hacen: escuchar a la inmensa mayoría de la gente. Para ello crearemos en ese mismo plantón un espacio de diálogo ciudadano donde debatir la manera para detener esta absurda guerra en la que la inmensa mayoría de los muertos los ha puesta la sociedad civil y para idear las acciones que construyan la paz con justicia en nuestra nación. Queremos que sea la opinión y la reflexión colectiva de toda la sociedad civil mexicana la que diga cuál será el próximo paso en esta lucha. Por ello invitamos a todo el pueblo de todas las edades y condiciones sociales a expresarse en el plantón y a través de un twitter llamado “@mxhastalamadre”. El miércoles 13 de abril, plazo que le hemos dado al gobierno estatal y federal para presentar a los asesinos, anunciaremos, en un acto público, las acciones que la sociedad civil propone. Los gobernantes deben de entender que son nuestros representantes, nuestros servidores, y que si son inútiles e ineficientes deben irse sean del partido que sean y de la ideología que sea. Un gobierno, como nos lo enseñó Gandhi, sólo existe porque lo aceptamos. Si les retiramos nuestro apoyo ¿qué queda de él?

Si no los presentan convocaremos a una marcha nacional en la Ciudad de México exigiendo la renuncia del propio gobernador y el alto impostergable a esta absurda guerra, en donde la inmensa mayoría de los muertos los ha puesto la sociedad civil. En el antiguo derecho romano existía una figura: el homo sacher (el hombre sagrado) cuyos crímenes el Estado no podía castigar, pero a quien cualquiera podía matar y quedar impune; un ser que al mismo tiempo que estaba excluido de todos sus derechos civiles era sagrado en un sentido negativo. Hoy en México todos somos de muchas maneras hombres sagrados, es decir, seres desnudos, carentes de protección política y susceptibles de ser asesinados por cualquiera. Hoy también, los ciudadanos que estemos en plantón en esta plaza somos más que nunca –como lo fueron mi Juanelo, Luis, Julio, Gabo, la noche en que los asesinaron, como lo fueron también los niños de la guardería ABC, los hijos de las madres de Salvarcar, que hoy nos acompañan, de Martí, de la señora Wallace, de Gallo, de Nelson Vargas, de tantos muchachos anónimos con la vida cegada y de los casi 40,000 asesinados de este país– hombres sagrados y desnudos. Lo somos porque las autoridades del Estado así lo han decidido con su ineficiencia y porque ante sus omisiones quedamos expuestos a la irracionalidad de los criminales que han perdido cualquier proporción y límite. Si alguien puede protegernos y custodiarnos en estos momentos son millones de conciencias que, gracias a los medios, están atentas a lo que pueda sucedernos.

Hace unos días –y estoy por terminar– leí en esta misma plaza el último poema que escribiré (dedicado a mi Juanelo) hasta que el cuerpo de este México desgarrado en sus inocentes resucite. Ese silencio poético no es, como muchos lo han interpretado, una claudicación, sino un grito. Hay silencios más profundos y significativos que la palabra que viene de él y en él se recoge.

Desde ese silencio poético donde la palabra aguarda hacemos un llamado a las autoridades del país, al Presidente de la República, al Congreso de la Unión, al poder judicial, a los Congresos locales, a los Gobernadores, a los Presidentes Municipales, a los líderes de los partidos políticos, a sus miembros, a los llamados poderes fácticos, a los sindicatos, a los jerarcas de las Iglesias, a los empresarios, a los capos y a las mafias de toda laya para que escuchen. Este silencio doloroso y terrible está gritando cuatro hermosas y profundas palabras: dignidad, paz, justicia y concordia. Ese es el grito que está en el latido de nuestro amado México, el grito de nuestros hijos a quienes la inmisericorde violencia les asfixió la palabra en los pulmones y el de los que estamos aquí, de pie, sembrando nuestra esperanza y gritando por ellos.

AYUDA PARA LA VIDA: EL CILANTRO EVITA LA SALMONELLA


El cilantro elimina a la salmonela

MÉXICO, D.F(SUN)

Estudios realizados por investigadores de la Universidad Autónoma de Guadalajara y la Universidad de Berkeley descubrieron que uno de los componentes de uso común en la cocina mexicana, cuyo sabor se reconoce sobre todo en las salsas, contiene un compuesto llamado dodecenal, que elimina a la salmonela y podría ayudar a la prevención de ciertas enfermedades: se trata del cilantro.

Asimismo, investigaciones previas realizadas por el equipo de científicos mostraron que la salsa tiene propiedades antibacteriales aún no estudiadas.

El dodecenal fue aislado de hojas frescas de la planta de cilantro, pero también se encuentra presente en sus semillas, casi en la misma cantidad.

En pruebas de laboratorio se encontró que el dodecenal es dos veces más potente que el antibiótico más común utilizado para la eliminación de la salmonella: la gentamicina.

El químico estadounidense Isao Kubo, líder del grupo de investigación, dijo que “estamos sorprendidos de la potencia antibiótoca del dodecenal, pues la mayoría de los agentes antibacteriales encontrados de manera natural en los alimentos generalmente tienen una actividad débil.”

Además del dodecenal, los investigadores consiguieron aislar cerca de una docena de componentes antibióticos del cilantro fresco. Kubo señaló que “la salsa puede contener aún más compuestos antibacteriales que todavía no se identifican, pero para conocerlos se necesitan más estudios”.

Los hallazgos de mexicanos y estadounidenses podrían conducir al uso del dodecenal como un aditivo carente de sabor en la comida para prevenir enfermedades; como protección para la carne o a manera de desinfectante de propósito general para el lavado de manos, entre otras aplicaciones posibles.

Otra característica importante del compuesto es que ha probado ser una alternativa para resolver el problema de resistencia a los antibióticos desarrollado por ciertos organismos. Los investigadores creen que el dodecenal trabaja destruyendo la membrana celular de las bacterias de manera similar a como lo hace el jabón, pero a diferencia de éste, el dodecenal no parece interferir con ningua de las proteínas que fabrican las células, como ocurre con muchos antibióticos comerciales.

Pero a pesar de las propiedades antibacteriales del cilantro, los científicos señalan que una ración típica de salsa adicionada a los alimentos no es suficiente para garantizar un efecto óptimo contra la contaminación de los alimentos.

Así las cosas, independientemente de los beneficios que trae el cilantro para la salud de los humanos, ya sea en salsas, aderezos o guarniciones, el mejor método para consumir alimentos limpios sigue siendo la higiene personal, el correcto manejo, almacenamiento y lavado de los productos.

El cilantro es una especie anual. Posee una raíz delgada y raíces secundarias finas y superficiales. Presenta un pequeño tallo comprimido en el cual se disponen las hojas, conformando una roseta más bien pequeña, de unos 30 centímetros de altura. Al iniciarse el proceso de floración, el tallo se ramifica y alarga hasta alcanzar una altura de 60 a 70 centímetros. En las ramas se ubican las flores, cuyo color va del blanco al rosado.

La planta pertenece a la misma familia del comino, el eneldo, el hinojo y el perejil. Su nombre científico, Coriandrum sativum deriva del griego e indica genéricamente “alguna cosa que hace bien al hombre, adaptada para ser cultivada”.

Es originario del Medio Oriente, ya en la antigüedad era empleado como planta aromática y medicinal. En algunas tumbas egipcias se representa como ofrenda.

En esta investigación también tomaron parte Tetsuya Ogura, de la Universidad Autónoma de Guadalajara; Ken-Ichi-Fujita, Aya Kubo y Ken-Ichi Nihei, de la Universidad de Berkeley.

(Agencias y Universidad de Berkeley)

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martes, 5 de abril de 2011

EL COMENTARIO, SIEMPRE INTELIGENTE DE FERNANDO ZAMORA (Laberinto 408) LA ELEGANCIA (EL ENCANTO) DEL ERIZO. SI LA PELÍCULA BUENA, EL LIBRO MUCHO MEJOR



"TODAS LAS FAMILIAS FELICES SE PARECEN

LAS INFELICES SON ÚNICAS".

Анна Каренина, León Tolstói


Hombre de celuloide

Del cliché y la tendresse

Fernando Zamora

@fernandovzamora

Es que los franceses tienen formas de decir las cosas que, no sé. La palabra cliché, por ejemplo, le va tan bien a esta película, El encanto del erizo, porque está llena de clichés que, sin embargo, saben bien cuando escuchamos el diálogo final. Hay en Le hérisson, violines, cine en el cine, amor de viejos y una niña de once años que, todo un cliché, va rica y aburrida por el mundo. Hecha una joven Agnès Varda, Paloma documenta su vida para dar sentido a la muerte que es su obsesión.

Paloma tiene una madre que cree en el psicoanálisis, una hermana frívola y un padre que, político de izquierdas, no puede fumar en su propia casa. Ella, claro sufre el mal de vivre de una joven Baudelaire que vive encantada con placeres exóticos y como Werther, lleva el diario de su suicidio, pero coup de théâtre es otra forma de decir francesa: las cosas no pueden nunca ser lo que parecen cuando, con todo y sus lugares comunes, asistimos a un filme armado con esta finura. Como la protagonista, nos descubrimos sonriendo por la forma extraña en que las cosas comienzan a suceder y entendemos, como Paloma, cuál es el encanto del erizo, esta mujer que guarda en su covacha un gato gordo y una biblioteca especializada en autores rusos y japoneses. El erizo ha dejado de ser la niña, se ha transformado en la portera. Mona Achache tiene el virtuosismo de hacer transitar la voz narrativa de un personaje al otro de forma que pareciera haber dos protagónicos que un día se abrazan cuando una de ellas se descubre llorando sin saber por qué. Y como todo aquí es referencia u homenaje, vale decir que si la pequeña Paloma es la versión de once años de Agnès Varda, la vieja portera parece salida de una novela de García Márquez, deliciosa en sus vicios de carácter y con muchas ganas de amar; Renée Michel, nuestro erizo/portera, puede tener el cuerpo de una comadrona, pero adentro es Ana Karenina.

A estas dos exóticas bellezas (niña y vieja) hace falta un galán. Y como esto es una película francesa, el amor se da por descontado. El galán es japonés. Se llama Ozu en honor de Yasujirô Ozu. Y el apellido de este tercer punto en el triángulo sólo sirve de pretexto para organizar una cita tomando té, galletas y viendo Las hermanas Munekata.

Así, lleno de referencias, el guión de El encanto del erizo corre con el ritmo acelerado de esta niña que, conocedora del arte japonés, ha visto en el suicidio un acto de suprema libertad. Pero lo hermoso en Le hérisson no son los clichés ni los golpes de teatro. Lo importante en la historia de este encuentro es esa otra palabra que suena bien en francés: tendresse. Conmueven estos viejos mirando películas japonesas de los años cincuenta, conmueven las animaciones que irrumpen con la belleza de aquel Zéro de conduite de Jean Vigo y sobre todo conmueve el deseo de morir de la niña Paloma. Y es que ver en una película que una niña quiere morir, es inevitable, da ternura. Debe ser verdad que en el fondo, ternura es siempre el duelo por el niño que en nosotros ha muerto.

FICHA

El encanto del erizo (Le hérisson). Dirección: Mona Achache. Guión: Mona Achache. Fotografía: Patrick Blossier. Música: Gabriel Yared. Con: Josiane Balasko, Garance Le Guillermic y Togo Igawa. Francia/ Italia, 2009

PARA CUENTOS PERVERSOS, LOS REUNIDOS EN 5 METROS POR TEXTOFILIA:


¡BRAVO PAOLA!



Es en serio, se trata textualmente de 5 metros de cuentos perversos.

¡Uf! ¡Y qué cuentos!

De una u otra manera, todos perversos.

Es más,

desde la presentación se asoma la perversión:

Es una transgresión el formato.

Y los textos…

Yo, acostumbrado a emociones fuertes, he disfrutado

estos, inconmensurablemente,

aunque literalmente agarrado de la silla.

No sabía a quién agradecer tanta exposición a una úlcera gástrica

así que consulté a Paola Tinoco al respecto y me comentó que la nota

de los gastos médicos la envíe a DAVID GONZÁLEZ TOLOSA,

directamente a Textofilia, así lo haré.

Mientras tanto ¡A releer!

¡Ah! por más que te la explique, no te la vas a creer…

Busqué y busqué: se agotó…se agotó… hasta que encontré la edición en FCE Bella Época.

Y valió la pena.

Una edición casi casi artesanal de ¡5 metros (medidos) lineales de papel!

¡Y qué autores!

lunes, 4 de abril de 2011

TODOS SOMOS JAVIER SICILIA Y "...ESTAMOS HASTA LA MADRE (...) EL CORAZÓN DE MÉXICO ESTÁ PODRIDO POR LA VIOLENCIA CRIMINAL"


TODOS SOMOS JAVIER SICILIA


“…estamos hasta la madre (…)

Estamos cansados, muy dolidos. Cada muchacho que se está muriendo ya se está volviendo el hijo de cada uno de los seres de esta nación. El corazón de México está podrido por la violencia criminal”

JAVIER SICILIA.

EL HIJO DE UN POETA
Resonancia y dolor por la muerte de
Juan Francisco Sicilia

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Todo en la vida es luz de tan amada, / sólo mi cuerpo es paja,
leña y brizna / que consumido en luz es tierra, es nada”. Javier Sicilia.


La noticia irrumpe como un clavo en la frente, y el alma no puede ser otra cosa que un crujido de impotencia.
Identificados seis de los siete ejecutados este domingo en Morelos, se encuentra el cuerpo de Juan Francisco Sicilia Ortega, de 24 años de edad, hijo del poeta y periodista de Proceso Javier Sicilia.
¿Crimen legitimado?
En los cadáveres, sobre una cartulina barata, se lee el garabato de la muerte, la injuria acusatoria: “Esto nos pasó por hacer llamadas anónimas a los militares, esto les va a pasar al capitán Barrones y cap. Castillo atte. Cártel del Golfo”.
Pero eso no prueba nada.
Más bien traza el rastro emponzoñado del principal responsable de esta conflagración absurda, el rostro de un mandatario impotente ante la violencia que ha generado, ante el cotidiano embrutecimiento de una nación ya fuera de control…
¿A dónde diablos nos lleva esta envalentonada necedad, este inútil privilegio castrado? ¿Hacia qué impunidad oficial encallaremos de nuevo? ¿Cuántos muertos más ocupa el país, de Ciudad Juárez a cualquier otro punto, para llamarle cementerio?
Empeñada en un beligerante “amansamiento” discursivo, la psicosis romántica del Presidente insiste en acabar “moralmente” con el narcotráfico, cuando ninguna moral heroica — por más blindada de fe y entusiasmo castrista — detiene el horror consecuente de las balas.
Ahí están los más de 35 mil muertos de la “Guerra contra el Narcotráfico”, cifra a la que ya le sumo estos queridos cuerpos inermes: amordazados, torturados, despreciados…
“Estamos hartos de tanta violencia — enuncia Javier Sicilia, sombra en el estallido de un poeta, de un padre –, ya no más. Nos están matando a nuestros hijos. ¿Qué vamos a hacer? Si ellos se quieren seguir matando, que lo hagan”.



Javier Sicilia, extraordinario poeta y escritor, cristiano comprometido que no renuncia ni a la fe ni a la crítica, perdió a su hijo Juan Francisco la semana pasada. Juan Francisco Sicilia Ortega, de 23 años, fue torturado y asesinado junto con otras seis personas. Por más que algunas autoridades quisieran deshacerse de su responsabilidad diciendo que fue un "ajuste de cuentas", en este caso es claro para la comunidad de Cuernavaca y para todos los que hemos seguido la trayectoria de Sicilia que Juan Francisco no era ningún criminal. Les comparto la carta abierta que Sicilia publicó hoy en Proceso donde convoca a una marcha nacional este miércoles 6 a las 5 de la tarde (en el caso del D. F., la marcha será de Bellas Artes al Zócalo). Les pido y ruego que asistan a la marcha y difundan el mensaje. Solidaricémonos en este duelo y detengamos esta violencia absurda. No esperemos a que cada uno de nosotros tengamos a un hijo, un familiar o un amigo que extrañar.


CARTA ABIERTA DEL POETA:


El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando, amando, creciendo, para servir, como tantos otros muchachos, a este país que ustedes han desgarrado. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre, porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida, la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia; estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor; estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, es el dinero, el fomento de la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son otros nombres de la violencia.

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido.

Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños, muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes. Estamos hasta la madre porque su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal –los animales no hacen lo que ustedes hacen–, sino subhumana, demoniaca, imbécil. Estamos hasta la madre porque en su afán de poder y de enriquecimiento humillan a nuestros hijos y los destrozan y producen miedo y espanto.

Ustedes, “señores” políticos, y ustedes, “señores” criminales –lo entrecomillo porque ese epíteto se otorga sólo a la gente honorable–, están con sus omisiones, sus pleitos y sus actos envileciendo a la nación. La muerte de mi hijo Juan Francisco ha levantado la solidaridad y el grito de indignación –que mi familia y yo agradecemos desde el fondo de nuestros corazones– de la ciudadanía y de los medios. Esa indignación vuelve de nuevo a poner ante nuestros oídos esa acertadísima frase que Martí dirigió a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”. Al volverla a poner ante nuestros oídos –después de los miles de cadáveres anónimos y no anónimos que llevamos a nuestras espaldas, es decir, de tantos inocentes asesinados y envilecidos–, esa frase debe ir acompañada de grandes movilizaciones ciudadanas que los obliguen, en estos momentos de emergencia nacional, a unirse para crear una agenda que unifique a la nación y cree un estado de gobernabilidad real. Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5:00 PM del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y paz. Si los ciudadanos no nos unimos a ella y la reproducimos constantemente en todas las ciudades, en todos los municipios o delegaciones del país, si no somos capaces de eso para obligarlos a ustedes, “señores” políticos, a gobernar con justicia y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales, a retornar a sus códigos de honor y a limitar su salvajismo, la espiral de violencia que han generado nos llevará a un camino de horror sin retorno. Si ustedes, “señores” políticos, no gobiernan bien y no toman en serio que vivimos un estado de emergencia nacional que requiere su unidad, y ustedes, “señores” criminales, no limitan sus acciones, terminarán por triunfar y tener el poder, pero gobernarán o reinarán sobre un montón de osarios y de seres amedrentados y destruidos en su alma. Un sueño que ninguno de nosotros les envidia.

No hay vida, escribía Albert Camus, sin persuasión y sin paz, y la historia del México de hoy sólo conoce la intimidación, el sufrimiento, la desconfianza y el temor de que un día otro hijo o hija de alguna otra familia sea envilecido y masacrado, sólo conoce que lo que ustedes nos piden es que la muerte, como ya está sucediendo hoy, se convierta en un asunto de estadística y de administración al que todos debemos acostumbrarnos.

Porque no queremos eso, el próximo miércoles saldremos a la calle; porque no queremos un muchacho más, un hijo nuestro, asesinado, las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una unidad nacional ciudadana que debemos mantener viva para romper el miedo y el aislamiento que la incapacidad de ustedes, “señores” políticos, y la crueldad de ustedes, “señores” criminales, nos quieren meter en el cuerpo y en el alma.

Recuerdo, en este sentido, unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una nación, se anunciaba: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir”. Hoy, después de tantos crímenes soportados, cuando el cuerpo destrozado de mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse de nuevo a la ciudadanía y a los medios, debemos hablar con nuestros cuerpos, con nuestro caminar, con nuestro grito de indignación para que los versos de Brecht no se hagan una realidad en nuestro país.

Además opino que hay que devolverle la dignidad a esta nación.



sábado, 2 de abril de 2011

TODO LABERINTO 408 de Milenio aquí. De portada apuntes conmemorando el centenario del nacimiento de CIORAN:

Centenario de Cioran

El mundo de lo político

Cioran tenía 25 años cuando publicó La transfiguración de Rumanía, el único de sus libros que permanece inédito en español y del que presentamos un fragmento en el que expresa su desconfianza hacia la política. Completamos esta entrega, con la que celebramos el centenario del del filósofo rumano, con un ensayo sobre la manera como vivió el alejamiento de sus raíces, el abandono de su lengua.

De portada
  • Centenario de Cioran

    El drama del exilio y la nostalgia del origen

    “El orgullo de un hombre nacido en una pequeña cultura siempre está herido” dice el filósofo rumano Gabriel Liiceanu, y esta frase podría darnos la clave del personaje que ha acompañado su obra.

    De portada
  • Viento a favor

    Gratitud por Farabeuf

    El destino propuesto por Elizondo era, si cabe, mucho más complicado que los planteados por Vargas, Fuentes o Márquez.

    Antesala
  • Poesía

    El retorno

    El dolor y el desengaño se encuentran en este poema atribuido al autor de Perito en lunas, en el que los sueños caen bajo el peso de la realidad.

    Antesala
  • Escolios

    Robert Nozick.

    Morir con bien

    Para Nozick, uno se lamenta menos de la muerte cuando la edad disminuye la capacidad y aptitud de realizar las cosas deseables y valiosas de la vida.

    Antesala
  • Ensayo

    <i>El profesor Unrat</i>, llevada al cine como  <i>El ángel azul </i>y protagonizada por Marlene Dietrich, es la obra más conocida de Heinrich Mann

    El ángel que sobrevoló Alemania*

    El autoritarismo en la sociedad alemana en los días previos a la Primera Guerra Mundial está presente en los textos políticos y en la literatura de Heinrich Mann, hermano mayor del autor de La montaña mágica.

    Literatura


otras entradas:




¿¡“Soy una pinche periodista”!? Elena dixit

La publicación de Leonora, novela con la que Poniatowska ganó este año el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, es el pretexto para una conversación en la que se entretejen recuerdos y se dibujan escenas de la vida cultural en la Ciudad de México, es motivo también para reflexionar sobre la vocación y el trabajo de la autora de Fuerte es el silencio.

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    Víctor Manuel Mendiola. <i>4 para Lulú</i>. Biblioteca  Mexiquense del Bicentenario. México, 2010. 216 pp.

    4 para Lulú

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