miércoles, 20 de febrero de 2013

ANDRES NEUMAN: DE CUENTOS, DE POEMAS Y DE LOCOS.





EL LOCO, DE ANDRÉS NEUMAN, NO SABE POR QUÉ
                                                               VICTORIA DANA

      Curiosamente, la obra poética de Andrés me recordó a un personaje que aparece  en la subtrama del Rey Lear: Edgar, el hijo de Gloucester, al ser difamado por su medio hermano Edmundo, el bastardo, es perseguido y condenado a muerte por su propio padre. Ante el peligro inminente y con el objeto salvar la vida, decide huir, esconderse detrás del más vil de los disfraces. Así vemos a este hombre noble por derecho y noble por sus buenos sentimientos, desnudo, desaliñado, cubierto de barro; Edgar se convierte en Tom, el limosnero.
      Cuando por azares del destino o más bien por la mano genial del entramado shakespeariano, Tom o el propio Edgar, se encuentra con Lear quien, en medio de su locura, al verlo despojado de lo más imprescindible, lo identifica: ¡Déjenme hablar con el filósofo!, grita Lear. Yo añadiría…déjenme hablar con el filósofo y poeta.
      ¿Por qué el poeta? Porque sólo un hombre capaz de desprenderse de sus vestiduras y máscaras puede ofrecer su verdad; el poeta es aquél que forzosamente, en un acto de supervivencia, huye y retorna hacia sí mismo, para descubrirse en lo más negro y en lo más sublime…
     El que escribe  para no ser huérfano, como dice el mismo  poeta Andrés Neuman quien se presenta ante nosotros en este poema, desnudo, sin nada que esconder:
NO SÉ POR QUÉ venero la pornografía
esta mansa costumbre del salvajismo ajeno
cuando contemplo el placer en los otros
mi parte fugitiva se complace
en espiar al que no soy
en fornicar sin mí
veo películas
perversiones caseras
estoy feliz de estar aquí con nadie
     Desnudo, con una franqueza inusitada, se pregunta Andrés en este otro:
NO SÉ POR QUÉ frecuentaremos tu ano tu revés
celebro la misión de mirar juntos
esa pared donde transpiran nuestras sombras
ellas se aman mejor de lo que nos amamos
ahí se ven dos cuerpos que mezclan su espesor
doblando la canción que canta el otro
      La belleza siempre radica en lo más simple y en lo más auténtico. Pero volvamos por un momento a la figura de Edgar, convertido en Tom, el vagabundo, y demos un giro imaginario al siglo veinte. Walter Benjamin, el reconocido filósofo de la época entre guerras, ve al artista de su tiempo como a ese Tom de Shakespeare: el gran pepenador, el que recoge los desechos, los cataloga y con amor los colecciona:
“Se ve venir -nos dice Benjamin-, a un trapero moviendo la cabeza, tropezando y chocándose contra las paredes, como un poeta”.
      Tristemente, ése es el reino de Lear que Edgar, el filósofo-poeta heredó, el reino de la destrucción absoluta y ése es el reino que en los albores del S. XXI nos han dejado y  hemos dejado: el de las palabras gastadas, el de los desechos, el de la basura:
NO SÉ POR QUÉ internet me tiene secuestrado
el congreso debate irak es una tumba las películas
piratas las reseñas wall street boca juniors
hay un vuelo barato elecciones terremotos
soy efímero efímero
descargo porno en francia le pen siempre resurge
me busco en google para encontrar adónde he ido
suben los intereses baja el papa
top model palestina huelga rock
lameré la pantalla quiero ver
     ¿Qué le queda al poeta en el universo de información escindida, inaccesible al conocimiento verdadero?  Regresando a Benjamin: “El alegórico toma por doquier, del fondo caótico que le proporciona su saber, un fragmento, lo pone junto a otro y prueba a encajarlos.” Si Benjamin percibía, con claridad insólita, la desintegración de su mundo y su respuesta es esta labor de artesano uniendo mosaicos, ¿qué hubiera pensado al ver sus fragmentos disparados a toda velocidad por la tecnología actual sin tiempo para embonarlos? ¿Se habría vuelto loco? Aunque nada hay nuevo bajo el sol. El mismo Lear, parafraseando a Salomón, nos lo recuerda:
     “Cuando nacemos, lloramos porque hemos llegado a este gran escenario de locos”. O a este gran Patio de locos, como le llama Neuman. ¡“Lear, Lear, golpea esta puerta que dejó escapar la razón y dejó entrar la locura”! Andrés lo invierte y declara: “… afuera canta un grillo como loco/ adentro picotea la cordura”.
     Hay en la obra de Andrés una visión de aldea global donde no sólo se confunden los espacios sino también los tiempos. No en vano, es el Viajero del siglo: El ayer y el mañana, el pasado y el futuro, se prefiguran en su andar:
NO SÉ POR QUÉ cuando viajo
recupero mis cosas que están en otra parte
las experiencias entran
y salen por ventanas enfrentadas
como ropa tendida
el mar no mira si nos lleva o nos trae
en esta calle ajena camino sin mapa
de pronto una mujer se asoma
con los pechos al aire y su cara dormida
para recuperar la ropa que ensuciamos
cuando todo brillaba
     Pero en medio del caos, de nuevo la pregunta cotidiana. La que nos hacemos todos los días sorbiendo la primera taza de café: ¿Para qué escribir? Y el loco de Andrés nos lo pregunta:
al loco veterano no le gustan
las libretas que tiene el loco astuto
porque están todas llenas
de dibujos obscenos frases notas
la letra no se entiende y hay palabras
que son impronunciables
¿pero qué mierda escribes? pregunta el veterano
¿no ves que así no hay nadie que te entienda?
¡viejo idiota! le escupe el loco astuto
¡lo que yo quiero es eso!
no te entiendo se queja el veterano
¡bien hecho! lo festeja el loco astuto
¿te asusta que podamos entenderte?
insiste el veterano ¿te da miedo?
un poco sí correcto se incomoda el astuto
el otro dice
yo lo que tengo es miedo de morirme
      Por eso escribimos, para no morirnos. Andrés lucha contra el olvido para no hundirse en un ser amorfo, con terror a desvanecerse en la nada: “El sentido de mi propia memoria, dice, de toda memoria: irse dejando algo, desaparecer, pero no en vano”.
      Personalmente, Neuman me ofrece una mirada al mundo del futuro, al que, a pesar de comprender, ya no pertenezco. El universo que Andrés me deja entrever como una saeta, mientras yo permanezco impávida en el presente, sin respuestas.
     Porque llega el momento en que ya no somos capaces de dar respuesta alguna y entonces, como bien dice Andrés Neuman,
YO TAMPOCO SÉ POR QUÉ.

* FIL GUADALAJARA Presentación de los libros de Andrés Neuman




** Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires, ciudad donde pasó su infancia. Hijo de músicos emigrados, terminó de crecer en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. Actualmente es columnista en la Revista Ñ del diario Clarín (Argentina) y en el suplemento cultural del diario Abc (España). Mantiene el blog Microrréplicas. Mediante una votación que convocó el Hay Festival, formó parte de la lista Bogotá-39 entre los más destacados nuevos autores nacidos en Latinoamérica. Más tarde fue seleccionado por la revista británica Granta entre Los 22 mejores narradores jóvenes en español.

A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999, reeditada en bolsillo en 2008), que fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las 10 más destacadas del año por El Cultural de El Mundo. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa, 2002) y la autoficción familiar Una vez Argentina (Anagrama, 2003, nuevamente Finalista del Premio Herralde). Su cuarta novela, El viajero del siglo (Alfaguara, 2009), obtuvo el Premio Alfaguara y fue votada entre las 5 mejores novelas del año en lengua española por los críticos de El País y El Mundo. En 2010 recibió el Premio de la Crítica, que concede la Asociación Española de Críticos Literarios, y fue destacada entre los libros del año por los dos principales diarios holandeses, NRC Handelsblad y De Volkskrant. Traducida a 10 lenguas, actualmente está siendo publicada en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Italia, Brasil, Holanda, Polonia, Egipto, Portugal y Eslovenia.
Es también autor de los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001, reeditado por Páginas de Espuma, 2007) y Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006). El volumen El fin de la lectura (Estruendomudo, 2011) ofrece una reciente selección de sus relatos. Neuman ha desarrollado una intensa labor de estudio y divulgación de la narrativa breve. Sus libros de cuentos incluyen apéndices teóricos sobre el género y es el coordinador de Pequeñas Resistencias, serie de antologías sobre el cuento actual en lengua española (Páginas de Espuma, 2002-2010). Cabe destacar además su prólogo a los Cuentos de amor de locura y de muerte, de Horacio Quiroga (Menoscuarto, 2004).
Como poeta ha publicado los poemarios Métodos de la noche (Hiperión, 1998), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), La canción del antílope (Pre-Textos, 2003) y Mística abajo (Acantilado, 2008), así como la colección de haikus urbanos Gotas negras (Plurabelle, 2003, reeditado por Berenice, 2007) y los Sonetos del extraño (Cuadernos del Vigía, 2007). Todos los poemarios anteriores, revisados y con dos libros inéditos, fueron reunidos en el volumen Década. Poesía 1997-2007 (Acantilado, 2008). El libro-disco Alguien al otro lado (La Veleta, Comares, 2011) ofrece una breve antología de sus poemas, musicados y cantados por Juan Trova. Su poemario más reciente es Patio de locos (Estruendomudo, 2011).
Es, finalmente, autor del libro de aforismos y microensayos El equilibrista (Acantilado, 2005), del libro de viajes por Latinoamérica Cómo viajar sin ver (Alfaguara, 2010) y de una traducción del Viaje de invierno, de Wilhelm Müller (Acantilado, 2003).
                                             ANDRÉS NEUMAN es promesa cumplida

lunes, 18 de febrero de 2013

FERNANDO SERRANO MIGALLÓN ESCRIBIÓ PARA EXCÉLSIOR: "NEGAR EL HOLOCAUSTO"




Negar el Holocausto
Fernando Serrano Migallón

EXCÉLSIOR. 14/02/2013

"Negar el Holocausto es cruel, criminal e irresponsable."


La palabra, decía Alfonso Reyes, es como un cuchillo, con arte puede servir para labrar un santo de madera y, sin escrúpulos, para asesinar al vecino. Hablar y escribir es asunto delicado que merece y necesita responsabilidad, serenidad y un mínimo de conocimiento. Despreciar la palabra conduce a la mentira, a la falsedad y, a veces, al engendro de la violencia.

Hace unos días, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, dentro de su programa de posgrado en derechos humanos, se celebró un foro en contra del Estado de Israel y a favor de Palestina; desde luego que, en una institución académica eso es normal y no debe asustar ni enfurecer a nadie; las universidades son para eso, para criticar y contrastar, para entender y explicar. Cualquiera que se oponga a la difusión y debate de ideas en el seno de las universidades, es peligroso, porque atenta contra el desarrollo de la inteligencia y la sociedad. Sin embargo, la propia calidad académica de la Universidad impone algunas obligaciones como el rigor intelectual, la exposición de datos y fuentes, el debate amplio y tolerante y, sobre todo, la imparcialidad en el manejo de la información y el acato de la evidencia, nos guste o no, nos satisfaga o nos haga cambiar nuestros puntos de vista.

El hecho es que en dicho foro, la arquitecta Raquel Rodríguez se expresó en el sentido de negar la existencia del Holocausto en la Segunda Guerra Mundial; sus argumentos serían ridículos si no fueran tan graves: que todo fue un montaje, que había leído “en un libro”, que todo lo que se dice sobre la matanza de judíos, gitanos, socialistas, minusválidos, niños, mujeres y opositores al nazismo son mentiras; que si hubieran matado a seis millones de judíos “tendríamos la suerte de que no hubiera más judíos en el planeta” y que el voto en la ONU, el que diera origen a la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, había sido comprado: “Recibieron un cheque en blanco con todos los ceros que les pudieron poner, las esposas recibieron anillos de diamantes tapados de piel”. Sin fuentes, sin aparato crítico, así nomás por hablar y por denostar y ofender. Esto no se debe decir ni en una plática de cafetería y es intolerable en una universidad pagada por los ciudadanos.

Negar el Holocausto es cruel, criminal e irresponsable; ofende a la memoria, no de los judíos sino de todos que, como seres humanos, hemos sido testigos de la brutalidad a la que podemos llegar los hombres si no ponemos límites a nuestros fanatismos, a nuestros gobiernos y a nuestros temores. Cualquiera puede oponerse a la política del gobierno israelí, son muchos los judíos en el mundo que lo hacen, dentro de israelí el gobierno —como en toda democracia— tiene opositores férreos, pero reducir la causa de Palestina a un tema de antisemitismo, racismo y odio, eso es hacer un flaco favor a un pueblo en pleno desarrollo de su identidad y de su presencia en el mundo.

Tal vez, como siempre, no pase nada, que no actúen las autoridades de la UACM, ni el Conapred; por eso es importante denunciar y decir que no es permisible, ni sano ni siquiera humano, que este falseamiento de la verdad pase inadvertido. Nuestra obligación humana es repensar el Holocausto para que no vuelva a suceder, ni a judíos ni a armenios, ni a latinoamericanos o africanos; esperemos que los mexicanos, de toda clase o condición, nunca tengamos que atravesar por algo similar, ni como perpetradores ni como víctimas. Esperemos que frente a la irresponsabilidad se alce la verdad y la evidencia. Que nunca más nadie tenga que sufrir a manos de otro un genocidio.

                *Profesor de la Facultad de Derecho,      UNAM




UN CUENTO DE ROGER ZELAZNY, "DIVINA LOCURA" RECOMENDADO Y PUBLICADO POR ALBERTO CHIMAL EN SU BLOG "LAS HISTORIAS"


Roger Zelazny en LAS HISTORIAS , Blog de ALBERTO CHIMAL






DIVINA LOCURA

Roger Zelazny

—…yo que lo es Esto, ¿embelesados oyentes como plantarse hace las y errantes estrellas las a conjura pena de frase Cuya?…
      Sopló humo por dentro de su cigarrillo y éste se hizo más grande.
      Miró al reloj y se dio cuenta que las manecillas andaban hacia atrás.
      El reloj le dijo que eran las 10:33 yendo hacia las 10:32 de la noche.
      Luego le sobrevino aquella especie de desesperación, porque sabía que no podía hacer nada para evitarlo. Estaba atrapado, moviéndose a la inversa por toda la secuencia de acciones pasadas. De algún modo se había pasado por alto el aviso. Normalmente existía un efecto de prisma, un fogonazo de estática rosada, una especie de sopor, luego un momento de percepción elevada… Pasó las páginas de izquierda a derecha, los ojos siguiendo las líneas escritas de final a principio.
      ¿Énfasis tal comporta pesar cuyo él es Qué?
      Impotente, allí detrás de sus ojos, contempló cómo se comportaba su cuerpo. El cigarrillo había alcanzado toda su longitud. Hizo un chasquido con el encendedor, que absorbió la punta encendida, y luego sacudió el cigarrillo apagado y lo devolvió al paquete. Bostezó a la inversa: primero una exhalación, luego una inhalación. No era real… le había dicho el doctor. Era pena y epilepsia conjugándose para formar un síndrome nada común. Ya había sufrido otros ataques semejantes. El Dilantin no le causaba el menor efecto. Se trataba de una alucinación locomotriz postraumática provocada por la ansiedad, precipitada por el ataque. Pero él no creía en eso, no podía creerlo… no después que hubo retirado el libro del atril de lectura, se puso en pie, caminó hacia atrás por la habitación hacia el armario, colgó su bata, volvió a vestirse con la camisa y pantalón que usara durante todo el día, retrocedió hasta el bar y regurgitó un martini, trago fresco tras trago fresco, hasta que la copa se llenó por completo y no se derramó ni una gota. Notó un fuerte sabor a aceituna y luego todo volvió a sufrir un cambio. La manecilla grande marchaba por la esfera de su reloj de pulsera siguiendo la dirección adecuada. Se sintió libre para moverse a su voluntad.
      Eran las 10:07.
      Volvió a beber su martini.
      Ahora, si era consecuente con el sistema, se pondría la bata y trataría de leer. Pero en vez de eso se sirvió otra copa. La secuencia no se repetiría. Ahora las cosas no sucederían como creyó que habían ocurrido y desocurrido. Ahora todo era diferente. Y así se venía a demostrar que había sido una alucinación. Incluso la noción que había invertido veintiséis minutos en cada sentido constituía un intento de racionalización. Nada había pasado. No debiera beber, decidió. Puede provocarme un ataque. Soltó una carcajada. Todo el asunto, sin embargo, era una locura. Al recordarlo, bebió.
      Por la mañana, como siempre, omitió el desayuno, advirtió que pronto dejaría de ser «por la mañana», tomó un par de aspirinas, una ducha templada, una taza de café y dio un paseo.
      El parque, la fuente, las niñas con sus pequeños barcos, la hierba, el estanque… cosas que odiaba; y la mañana, el sol, y los fosos azules alrededor de las impresionantes nubes.
      Odiando, permaneció allí sentado. Odiando y recordando.
      Sí, estaba al borde del desmoronamiento; entonces lo que más deseaba era lanzarse de cabeza, no seguir correteando medio adentro, medio afuera.
      Recordó el porqué.
      Pero la mañana era tan clara, tan clara, y todo tan vivaz y marcado, ardiendo con los verdes fuegos de la primavera, allí en el signo de Aries, abril…
      Contempló cómo los vientos amontonaban los restos del invierno contra la lejana cerca gris y les vio impulsar los pequeños barcos del estanque para acabar dejándolos descansar en el lodo poco profundo donde aguardaban los niños.
      La fuente tendía su sombrilla de frescura por encima de los delfines de cobre verdoso. El sol inflamaba todo cuanto quedaba al alcance de su vista. El viento agitaba una infinidad de cosas.
      En enjambre, sobre el cemento, unos pequeños pájaros picoteaban los restos de una barra de caramelo envuelta en papel rojo.
      Los volantines sacudían sus colas, caían, remontaban el vuelo otra vez, mientras los niños tiraban de las invisibles cuerdas.
      Odiaba los volantines, a los niños, a los pájaros.
      Sin embargo, se odiaba aún más a sí mismo.
      ¿Cómo rectifica un hombre lo que ha sucedido? No puede. No hay un sistema posible bajo el sol. Puede sufrir, recordar, arrepentirse, maldecir u olvidar. Nada más. Lo pasado, en este sentido, es inevitable.
      Pasó una mujer. No alzó la vista a tiempo para verle la cara, pero el rubio oscuro y otoñal del cabello, cayéndole hasta el cuello, la línea suave y firme de las medias de malla, surgiendo por debajo del dobladillo de su abrigo negro y por encima del adecuado repiqueteo de sus tacones, le dejó sin aliento y le hizo clavar los ojos en su cimbreante caminar, en su postura y… en algo más, como si pusiera una especie de rima visual a sus pensamientos.
      Medio se levantó del banco cuando la estática rosada le golpeó las pupilas y la fuente se convirtió en un volcán que escupía arcos iris.
      El mundo se quedó congelado y pareció como si se lo sirvieran en una copa de helado.
      …La mujer volvió a pasar ante él y bajó la vista demasiado pronto para verle la cara.
      Comprendió que el infierno comenzaba otra vez cuando los pájaros cruzaron el cielo volando hacia atrás.
      Se entregó a la merced del fenómeno. Dejó que aquello le dominara hasta que se rompiera, hasta que lo empleara todo y no quedara ningún resto.
      Aguardó allí, en el banco, contemplando como «desnacían» las salpicaduras a medida que la fuente sorbía dentro de sí sus chorros de agua, haciéndoles describir un gran arco por encima de los inmóviles delfines, y cómo los pequeños barcos navegaban hacia atrás cruzando nuevamente el estanque y cómo la cerca se desvestía en trocitos de papel, y los pájaros devolvían la barra de caramelo a su envoltura roja, pedacito a pedacito.
      Sólo sus pensamientos permanecían inviolados; su cuerpo, en cambio, pertenecía a la ola que se retiraba.
      Al rato se levantó y caminó hacia atrás hasta salir del parque.
      En la calle un muchacho se le cruzó caminando de espaldas, «desilbando» retazos de una melodía popular.
      Subió la escalera, también de espaldas, hasta llegar a su apartamento, empeorando su dolor de cabeza a cada instante, «desbebió» su café, se «desduchó», devolvió las aspirinas y se metió en la cama sintiéndose terriblemente mal.
      Dejemos que así sea, decidió.
      Una pesadilla apenas recordada pasó en secuencia inversa por su mente, proporcionándole un inmerecido final feliz.
      Era de noche cuando despertó.
      Estaba muy borracho.
      Retrocedió hasta el bar y comenzó a escupir sus bebidas, una a una en la misma copa que había utilizado la noche anterior y volvió a meter el líquido en sus respectivas botellas. No tuvo dificultad alguna en separar la ginebra del vermouth. Los mismos licores saltaron por el aire mientras mantenía las botellas descorchadas por encima del mostrador.
      Y a medida que ocurría todo esto se iba sintiendo menos borracho.
      Luego se plantó ante su primer martini y eran las 10:07 de la noche. Allí, inmerso en la alucinación, meditaba en otra alucinación. ¿Rizaría el rizo del tiempo, adelante y atrás otra vez, a lo largo de todo su ataque anterior?
      No.
      Era como si eso no hubiese ocurrido, como si nunca hubiera sido.
      Continuó el retroceso de toda la velada, deshaciendo cosas.
      Descolgó el teléfono, dijo «adiós», desdijo que no iría a trabajar mañana, escuchó un momento, recolgó el teléfono y lo miró mientras sonaba.
      El sol salió por el poniente y la gente conducía sus coches en marcha atrás hacia su trabajo.
      Leyó el boletín meteorológico y los titulares, dobló el periódico de la tarde y lo colocó en el suelo del pasillo.
      Era el ataque más largo que jamás había tenido, pero no le importaba en realidad. Se sentó cómodamente y presenció como el día se devanaba a sí mismo hasta desembocar en la mañana.
      Le volvió la jaqueca a medida que el día se hacía más pequeño y el dolor era terrible cuando volvió a acostarse.
      Al despertar en la noche anterior, la borrachera que tenía era impresionante. Rellenó dos de las botellas, las tapó, les puso precinto. Sabía que las llevaría pronto al establecimiento donde las había comprado y se reembolsaría el dinero pagado.
      Mientras permanecía sentado aquel día, su boca «desmaldecía» y «desbebía» y sus ojos «desleían», sabiendo que los coches nuevos estaban siendo reembarcados con destino a Detroit y desmontados, que los cadáveres despertaban de sus camas mortales y que todos en el mundo obraban hacia atrás sin saberlo.
      Quiso soltar una risa, pero no pudo dar la orden a su boca.
      «Desfumó» dos paquetes y medio de cigarrillos.
      Luego le sobrevino otra jaqueca y se fue a la cama. Más tarde, el sol se puso por el oriente.
      El alado carro del tiempo desfiló raudo ante él mientras abría la puerta y decía «adiós» a los que le habían dado el pésame y estos le recomendaban que se resignara, que no pensara demasiado en la pérdida.
      Y lloró sin lágrimas al darse cuenta de lo que iba a suceder.
      Pese a su locura, sufría.
      …Sufría, mientras las horas circulaban hacia atrás.
      …Inexorablemente hacia atrás.
      …Inexorablemente, hasta que supo que tenía el tiempo al alcance de la mano.
      Rechinó los dientes mentalmente.
      Grande era su pena, su odio, su amor.
      Llevaba su traje negro y «desbebía» copa tras copa, mientras en alguna parte los hombres recobraban las partículas de arcilla, formando montones en sus palas para «desexcavar» la tumba.
      Hizo retroceder su coche hasta la funeraria. lo estacionó, subió en la limosina.
      Todos regresaron caminando de espaldas hasta el cementerio.
      Se plantó entre sus amigos y escuchó al sacerdote.
      —polvo al polvo; cenizas a las Cenizas —dijo el hombre, cosa que suena igual tanto si se dice al derecho como al revés.
      El ataúd fue devuelto al coche fúnebre y éste regresó a la funeraria, donde el féretro quedó reinstalado en la capilla ardiente.
      Permaneció sentado durante todo el servicio de difuntos y volvió a casa y se «desafeitó» y se «descepilló» los dientes y se fue a la cama.
      Despertó y volvió a vestirse de negro y regresó a la funeraria.
      Las flores habían vuelto todas a su lugar.
      Los amigos, con rostro solemne, «desfirmaron» los pliegos de firmas de condolencia y le «desestrecharon» la mano. Luego entraron para sentarse un momento y mirar el ataúd cerrado. Después se fueron, hasta que se quedó solo con el maestro de ceremonias de la funeraria.
      Luego estaba más solo todavía.
      Las lágrimas le subían por las mejillas.
      Su traje y su camisa volvían a estar planchados y crujientes.
      Retrocedió hasta su casa, se desnudó, se despeinó. Luego el día se desplomó alrededor de él hasta dar con la mañana y regresó a la cama a «desdormir» otra noche.
      La tarde anterior, cuando despertó, se dio cuenta de hacia dónde se encaminaba. Ejercitó toda su fuerza de voluntad en un intento de interrumpir la secuencia de acontecimientos.
      Fracasó.
      Deseaba morir. Si se hubiera suicidado aquel día no estaría ahora retrocediendo hacia aquello.
      Había lágrimas en su mente al percibir el pasado que yacía a menos de veinticuatro horas ante él.
      El pasado lo estuvo acechando durante todo el día mientras «descompraba» el féretro, el nicho y los accesorios.
      Luego se encaminó a casa y a la mayor resaca de todas las conocidas y durmió hasta que se despertó y «desbebió» vaso tras vaso y luego regresó al depósito de cadáveres y retrocedió en el tiempo hasta colgar el teléfono en aquella llamada, aquella llamada que había venido a romper…
      …El silencio de su cólera con su sonido.
      Ella estaba muerta.
      Ella yacía en alguna parte, entre los fragmentos de su coche, accidentado en plena autopista 90.
      Mientras paseaba, «desfumando», sabía que ella estaba desangrándose.
      …Luego muriendo, después de estrellarse cuando viajaba a 130 kilómetros por hora.
      …¿Vivía entonces?
      ¿Se rehizo luego, junto con el coche, y recuperó la vida, se levantó? ¿Estaba ahora volviendo a casa a una tremenda velocidad y en marcha atrás para dar un portazo y abrir la puerta antes de su discusión final? ¿Para «desgritarle» a él y verse «desgritada»?
      Lanzó un alarido mental. Se retorció las manos imaginativamente.
      No podía detenerse en este punto. No. Ahora no.
      Toda su pena y todo su amor y el odio por sí mismo le habían hecho retroceder hasta tan lejos, hasta casi el momento…
      No podía terminar ahora.
      Al cabo de un rato ingresó en la sala de estar, las piernas marcando los pasos, los labios maldiciendo, él mismo esperando.
      La puerta se abrió de «un portazo».
      Ella le miraba con fijeza, el maquillaje estropeado, las lágrimas en las mejillas.
      —!infierno al vete Entonces¡ —dijo él.
      —!marcho Me¡ —anunció ella.
      Ella, retrocediendo, cerró la puerta.
      Colgó su abrigo con prisa en el ropero del recibidor.
      —…mí de eso opinas Si —dijo él, encogiéndose de hombros.
      —!ti por preocupas te sólo Tú¡ —gritó ella.
      —!criatura una como comportas Te¡ —saltó él.
      —!sientes lo que decir podrías menos Al¡
      Los ojos de ella llamearon como esmeraldas en medio de la estática rosada y volvió a estar adorablemente viva. Mentalmente, él estaba bailando.
      Se produjo un cambio.
      —¡Al menos podrías decir lo que sientes!
      —Lo siento —dijo él, tomándole la mano con fuerza para que no pudiese soltarse—. Nunca podrás imaginarte cuánto lo siento.
      —Ven aquí —dijo después.
      Y ella obedeció.

domingo, 17 de febrero de 2013

365 DÍAS DE LIBROS. UN BLOG DE RESEÑAS DE IVÁN THAYS. HOY TOCA "NÉMESIS" DE PHILIP ROTH


IVAN THAYS también reseña libros...

haz clic en http://bit.ly/VpNmZK
"En una novela apocalíptica, un héroe de tragedia griega..."

EDUARDO RABASA EN MILENIO. CULTURA: LA CRÍTICA:



Foto: Banksy
QUIEN DETENTA LA FUERZA MANDA
Por Eduardo Rabasa



La crítica: Intersticios
Ingeniea 
de la ocupación

CULTURA • 17 FEBRERO 2013
Más allá de las consecuencias políticas y económicas, la ocupación se convierte en un estilo de vida para todos.


• Hablar de los orígenes y culpabilidades del conflicto árabe-israelí conduce a menudo a argumentos del estilo del huevo y la gallina. Según con quien se hable se obtiene un punto de vista distinto y, en estos momentos, no existe prácticamente nadie con conocimiento de causa que considere que existe una solución viable en el futuro próximo. Tanto así que el escritor EtgarKeret escribió en un artículo publicado en el periódico israelí Haaretz que durante una entrevista con el actual primer ministro, y luego de presionarlo para que le respondiera sin evasivas cuál era su plan para solucionar el conflicto, Netanyahu le respondió que ninguno porque el conflicto no tiene solución. Sin embargo, lo que es inobjetable es que quien detenta la fuerza manda, y que la lucha se libra a niveles complejos, algunos casi tectónicos, que cada vez cercan más a los palestinos, tanto física como mentalmente, llevando a convertir en permanente la actual situación de asedio por parte del gobierno israelí.

Una visita a Jerusalén Oriental funciona como un curso en ingeniería social que cerca y divide. Es impresionante notar cómo donde termina un asentamiento israelí termina la acera que bordea la calle. El guía que nos muestra la realidad paralela nos muestra cómo identificar fácilmente desde la distancia los hogares palestinos: todos cuentan con tanques de agua en el techo, pues no la reciben entubada con la presión suficiente, y el paisaje muestra lo inobjetable de su observación. Después nos conduce a la Barrera Israelí de Cisjordania, que ha sido condenada por todo organismo internacional, y que además de devastar económicamente a las comunidades palestinas aledañas, los divide entre los privilegiados que quedan dentro de la muralla, y por lo tanto pueden acceder a los servicios públicos que provee la ciudad de Jerusalén, mientras que los que están fuera deben de pedir un permiso especial, a menudo denegado, para visitar la ciudad sagrada para tres religiones. Más allá de las consecuencias políticas y económicas, la ocupación se convierte en un estilo de vida para todos, como lo ilustra la siguiente viñeta contada por el escritor palestino Raja Shehadeh en su libro OccupationDiaries: Un taxista debía someterse varias veces al día al control policiaco para entrar y salir de Jerusalén. Por fin un soldado israelí le pregunta si no se cansa de sufrir cada vez el hostigamiento y la humillación, a lo que el taxista responde: “Si dejara de pasar no tendrían a nadie a quién revisar. Se quedarían sin trabajo”.

EL SANTO OFICIO DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ EN DOMINICAL DE MILENIO:




Escuela de rateros
POR JOSÉ LUIS MARTÍNEZ S.
EL DOM 17 FEB 2013

¿Cómo conciliar el sueño con las noticias de cada día?
¿Cómo evitar la zozobra cuando la violencia impera en todas partes?
¿Cómo sacudirse el miedo después de leer un libro como “Crimen y vida cotidiana.
Testimonios de secuestradores y otros delincuentes”?
Publicado por el Instituto Nacional de Ciencias Penales, es un trabajo realizado por David Ordaz
Hernández y Tilemy Santiago Gómez sobre la manera como se construye una carrera criminal, desde los primeros —inciertos— pasos hasta el arraigo en un modo de vida del cual pocas veces se encuentra la puerta de salida.

Cinco reclusos de penales de la Ciudad de México —cuyos nombres han sido cambiados— los guían con
sus experiencias y recuerdos, con su forma de ver el mundo y el deseo “de lograr estatus y respeto en el
barrio”, como dice uno de ellos, Miguel, condenado a 11 años de prisión por robo agravado.
La investigación es perturbadora. Quienes hablan no son seres lejanos, sino parte de una comunidad cada
vez más próxima. Son asaltantes fogueados en la vía pública, en el transporte colectivo, en el robo de
casas-habitación y vehículos; son plagiarios y narcotraficantes.
Cuentan cómo se iniciaron en el delito, cómo aprendieron a dominar el miedo, cómo conseguían a sus
víctimas, muchas veces con la complicidad de personas con una actividad legal: repartidores de periódicos,
empleados bancarios o de tiendas departamentales, técnicos en la instalación de equipo de sonido para
automóviles, etcétera.
Explican sus motivos para vivir como lo hacían.
—¿Por qué rechazaste trabajos legítimos o lícitos? —le preguntan a Miguel. Su respuesta es contundente.
—O sea, sí llegué a trabajar, pero pues haz de cuenta que lo que ganas en una quincena o en un mes,
pues en 15 minutos ganas el doble.
Édgar, con una condena de 50 años por privación ilegal de la libertad, narra cómo aprendió a intimidar a la
gente. Su “maestro” lo llevó a un concurrido espacio público, sacó una pistola a plena luz del día y le dijo a
las personas: “Aquí va a pasar algo que no tienen que ver, regrésense”. Todos se apresuraron a vaciar el
lugar. De esta manera —rememora— se enseñó a robar a cualquier hora y en cualquier parte.
Los más experimentados aconsejan a los novatos: “Haz ejercicio, güey. (…) Ponte machín… o hasta un
policía acá preparado te puede agarrar”, le decían a Saúl, quien está sentenciado a 12 años por robo
calificado agravado.
Andrés, con una pena de 50 años por privación ilegal de la libertad y portación de arma, puntualiza cómo
elegía a sus objetivos. Entre otros detalles, se fijaba si se hacían manicure. Después en su carro, en su
ropa. “Es importante aprender a distinguir”, dice convencido.
Los autores del libro escuchan, analizan una realidad sobreexplotada en los medios de comunicación,
alentada por la ineficiencia y la corrupción de la policía, por la desigualdad social, por el fracaso del
sistema educativo. Una realidad espantosa.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.


miércoles, 13 de febrero de 2013

JULIA PASTRANA RECUPERA SU DIGNIDAD AL REGRESAR A SU NATAL SINALOA PARA SER ALLÍ SEPULTADA. ENTÉRATE:


JULIA PASTRANA, FALLECIDA EN 1860,
REGRESA A SU NATAL SINALOA PARA RECUPERAR 
SU DIGNIDAD.

Entérate, haz clic en: http://bit.ly/YXH9nj



Un vídeo que aporta más datos:


PIERRE GONNORD DISPARA EL LENTE DE SU CÁMARA COMO PINTABA DIEGO VELAZQUEZ. ¿NO LO CREES? INGRESA:




Pierre Gonnord

Es un fotógrafo francés nacido en Cholet en 1963 y residente en Madrid desde 1988.
Su obra ha sido expuesta en diversas ciudades de España, Francia, Portugal y Estados Unidos. En España su obra está presente en la prestigiosa galería de arte de Juana de Aizpuru. Ha expuesto en múltiples galerías públicas y privadas, como el Centro Cultural Conde Duque, la Maison Europeénne de la Photographie de París, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en la Universidad de Salamanca, en el Atelier des Forges, Les Recontres d´Arles, en el FRAC Auvergne -Ecuries de Chazerat, Clermont Ferrand; en el Festival fotográfico de Helsinki y en Oslo.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid posee obra suya.
Y…¡dispara el lente de su cámara al estilo de Diego Velazquez!

¿No lo crees? Haz clic en su galería en Google: http://bit.ly/XLpSgn





lunes, 11 de febrero de 2013

ENCUENTRO QUE JAMÁS HUBIÉRAMOS PENSADO POSIBLE.


ENCUENTRO NI SIQUIERA IMAGINADO
Haz clic en http://bit.ly/YMQL20



El cardenal argentino 
Jorge Mario Bergoglio 
fue elegido como el nuevo Papa
FRANCISCO
DESPUÉS QUE S.S. BENEDICTO XVI RENUNCIARA A LA SILLA DE SAN PEDRO 
¡BUENA SUERTE, CHÉ!






Benedicto XVI dejó la silla papal el 28 de febrero a las 20:00

Aquí el texto que leyó S.S. al anunciar su renuncia:



sábado, 9 de febrero de 2013

MIGUEL BARBERENA EN REVISTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA "AZ" ESCRIBE ACERCA DE ENRIQUE VILA-MATAS:


Un reportaje cultural de MIGUEL BARBERENA



Texto completo en: http://bit.ly/11Z2f9F


Miguel Barberena

El español Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un escritor exitoso que ha hecho del fracaso el tema de su obra. La paradoja no parece preocuparle: su nueva novela, Aire de Dylan, es una oda al fracaso literario.

“Pocas cosas parecen tan íntimamente vinculadas como el fracaso y la literatura”, escribe de entrada Vila-Matas. Las siguientes 300 páginas son para reafirmar el concepto. Pertenece a la estirpe de Samuel Beckett, el de la famosa cita: “Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez, fracasa mejor” (Worstward Ho, 1983).

El modelo de Vila-Matas es anónimo, perezoso, derrotado. Uno de esos Bartlebys que preferirían no hacerlo, “o como Oblomov, personaje radicalmente gandul de una novela rusa, paradigma del no hacer nada”. O como la frase de Pierre Reverdy que sirve de epígrafe al libro: “Necesito tanto tiempo para no hacer nada que no me queda tiempo para trabajar”.

Vilnius Lancastre, personaje central de la novela, llena el prototipo. En el primer párrafo de la narración ya ha recibido una invitación para participar en Suiza en un congreso literario sobre el fracaso. Y allá irá, con la firme intención de “hacer una exhibición completa y ejemplar en público de cómo se fracasa plenamente y de verdad”.

Vilnius, otro de los innumerables dobles de las (meta) ficciones de Vila-Matas, es barcelonés, cineasta, joven —tendrá unos 30 años— y muy parecido a Bob Dylan, al grado que en la calle la gente se reía al confundirlo con el cantante. Su aire a lo Dylan le había creado algunos problemas, pero a Vilnius le gustaba presentar aquel aspecto “porque creía que le daba un toque de artista sin concesiones”.

La participación de Vilnius en el coloquio suizo sobre la noción del fracaso es sólo una de las líneas de la novela. Porque, como hace siempre, Vila-Matas maneja los hilos de varias intrigas, dejando pistas en el camino. Una de ellas tiene que ver con el proyecto de Vilnius de constituir el Archivo General del Fracaso, una empresa titánica, de aliento borgeano. Otra pista es la biografía novelada que Vilnius y su pareja, Débora, quieren escribir sobre su padre, el célebre escritor Juan Lancastre, quien era el invitado original al coloquio en Suiza. Pero don Juan ha muerto poco antes, fulminado por un infarto. Lástima, porque estaría bien situado para hablar sobre “el fracaso humano por excelencia”: la muerte. Una tercera pista: Vilnius quiere encontrar el origen de una frase utilizada en un cortometraje: “Cuando oscurece siempre necesitamos a alguien”.

¿Esta reflexión es de Scott Fitzgerald, de Erich Maria Remarque, de un libretista de Hollywood o de alguien más? Vilnius y el lector parten juntos en pos de la respuesta.

Hay otras subintrigas que se añaden a las principales, como en un juego de muñecas rusas. La magia de Vila-Matas es hacerlas coincidir, y de manera tan asombrosa, en una narración múltiple, caleidoscopio de variaciones, desviaciones y mutaciones.

Estamos aquí muy lejos del realismo literario. Como hace decir Vila-Matas a uno de sus personajes: “El género realista es una convención muerta, relacionada con un cierto tipo de trama tradicional, con finales y fines previsibles, con diálogos tópicos, con marquesas que salen de casa a las cinco de la tarde y todo eso…”

Aire de Dylan —homenaje a Duchamp y a su Aire de París— es un experimento narrativo irónico, laberíntico y paródico sobre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción. Sobre nuestros rostros y nuestras máscaras. “El fracaso es la prefiguración natural del destino del escritor”, dice Vila-Matas, por interpósita persona, en un momento de la novela. Difícil creerle, cuando escribe libros tan logrados y exitosos como Aire de Dylan.





miércoles, 6 de febrero de 2013

FE, ESPERANZA Y CARIDAD EN EL MUSEO DE SAN CARLOS HASTA EL 4 DE MARZO






visita el sitio del autor: http://www.helnwein.com/




El fotógrafo y artísta plástico de origen austriaco, Gottfried Helnwein (Viena, 1948) permea su devenir plástico con una vocación social. La obra del también pintor hiperrealista se interesa fundamentalmente por los paisajes humanos, los derechos civiles, la sociedad y niñez lacerada, lo que abunda en un arte con miras a un activismo social.

La impecable y provocativa obra pictórica y fotográfica -generalmente de gran formato-, provoca espasmos lacerantes en el visitante que derogan no sólo la experiencia estética en plenitud, sino una sensibilización a los problemas que aquejan a la sociedad actualmente.

El Museo Nacional de San Carlos incluye a Gottfried Helnwein en la programación de actividades y exposiciones no sólo importante trayectoria plástica del artista, además, tiende un lazo con la misión social que este recinto explora. La misión no sólo radica en la promoción, investigación y difusión de muy diversas actividades culturales, sino que es de interés esencial incluir a la deteriorada comunidad aledaña al museo con este proyecto, en un afán de sensibilización  mediante las impactantes imágenes de Helnwein que proyectan en si mismas una misión social.

Fe, esperanza y caridad es una muestra de 56 óleos de gran formato que permitirán al espectador apreciar el devenir del trabajo de Gottfried Helnwein.

Es importante comentar que la exposición de Helnwein conforma un gran proyecto, dado que al mismo tiempo se inaugurará una muestra individual en la Galería Hilario Galguera, http://www.galeriahilariogalguera.com y una serie de obras en la Plaza de la República.

Es preciso señalar que en la gran plaza que sirve de entorno al Monumento a la Revolución, Helnwein hará un proyecto ex profeso para la niñez y sociedad mexicanas, con las problemáticas específicas de la ciudad de México, por ello el  proyecto tiene como objetivo no sólo a incluir una muestra significativa en las salas temporales, además es de vital importancia plasmar las provocativas imágenes en las calles de la ciudad, cercanas a este recinto, promoviendo con ello un corredor cultural con el Gobierno del Distrito Federal, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y por supuesto el Instituto Nacional de Bellas artes en coordinación con el Museo Nacional de Bellas Artes.

BEYONCÉ AGOTÓ LA ENERGÍA EN EL SÚPER BOWL XLVII




Apagón en el Super Bowl
VÍCTOR PÉREZ

Los focos del estadio Superdome de Nueva Orleans se apagaron en el tercer cuarto, tras la actuación de la cantante Beyoncé.  AFP
De repente el XLVII Super Bowl en juego y el escenario a oscuras. La curiosa imagen de la noche en el gran evento deportivo del año en Estados Unidos llegó con el apagón de la mitad de los focos del estadio Mercedes-Benz de Nueva Orleans donde Baltimore Ravens y San Francisco 49ers se disputaban el trono de la NFL.

El fallo llegó en el tercer cuarto, poco después de la espectacular actuación de Beyoncé en el descanso. La mitad de los focos dejaron de lucir y el estadio quedó durante unos segundos a oscuras, lo que obligó a suspender el partido durante 34 minutos, una imagen extraña para una cita que mueve miles de millones: los anuncios de televisión cotizan a 3,5 millones de dólares.

Los problemas eléctricos dejaron varias imágenes curiosas, con los jugadores intentando mantenerse concentrados mientras el mesurado John Harbaugh, entrenador de los Ravens, perdía los nervios en la banda porque su equipo hasta ese momento dominaba con mano de hierro el partido. Media hora después la luz volvió al estadio y el espectáculo, que reúne a más de 100 millones de personas frente al televisor solo en Estados Unidos, se reanudó.

El show de Beyoncé

En el espectáculo del descanso, uno de los momentos más esperados de la noche, brilló Beyoncé. Cantó en directo, nada de playback, sobre un escenario montado a contrarreloj sobre el césped del Superdome. Una espectacular actuación rodeada de mil efectos que parecían incluso reproducir a la cantante sobre el escenario. No faltaron los movimientos sugerentes y tampoco sus excompañeras de Destiny’s Child.

La cantante salió con una vestimenta negra para interpretar algunos de sus éxitos como «Halo», «Single Ladies», «Crazy in Love», entre otras, sobre un escenario formado por el perfil de su rostro, mientras de la guitarra de una de las integrantes de la banda, salían fuegos artificiales.


DAVID BECKHAM HACE ALARDE DE TODAS SUS CUALIDADES:



David Beckham corre en calzoncillos por Beverly Hills
El anuncio de su línea de 'bodywear' para H&M, dirigido por Guy Ritchie, nos demuestra las habilidades físicas y el esculpido torso del nuevo fichaje del Paris Saint Germain.




Un padre devoto inmerso en una situación incómoda, y sin llaves. Así podría titularse el anuncio que David Beckham protagoniza para promocionar la línea de 'bodywear' que lanzará con H&M esta primavera. Para calentar motores, el futbolista (que inició su colaboración con la firma sueca hace un año) ha decidido enseñar pectorales y marcarse una carrerita en ropa interior por Beverly Hills. Toda una demostración de las habilidades físicas del futbolista (Becks nada, corre, dribla y salta como los ángeles) y de su catálogo de tatuajes corporales.

El deportista se ha aliado con Guy Ritchie (artífice de Lock&Stock, Snatch, RocknRolla y la saga cinematográfica de Sherlock Holmes) para rodar el anuncio. "David es el perfecto protagonista. Para mí ha sido más que una campaña publicitaria, ha sido como dirigir un corto", explicó a la prensa el ex de Madonna. A la espera de saber si el deportista seguirá experimentando frente a la cámara, los coprotagonistas del anuncio parecen más que encantandos de encontrarse de frente con el torso del fubolista.

JUAN CASAMAYOR Y PÁGINAS DE ESPUMA EDITAN TODOS LOS RELATOS DE MAUPASSANT EN DOS VOLÚMENES:






LOS TRES PRIMEROS CUENTOS POR CORTESÍA DE JUAN CASAMAYOR Y DE

LA MANO DISECADA,
SOBRE EL AGUA
EL REPARTIDOR DE AGUA BENDITA
http://bit.ly/XWC8IU


Queridos:
Un maestro escribiendo sobre otro maestro. José María Merino le dedica un extenso artículo en la sección de cultura de El País a los Cuentos completos de Maupassant: 

“La publicación de estos Cuentos Completos permitirá verificar la vigencia de todos esos valores, y disfrutar nuevamente de un autor que, al hablar de las pasiones y de los sentimientos de una sociedad ya desaparecida, está sin embargo descifrando muchas claves que resultan cercanas y familiares en la actualidad. Esa es, precisamente, la gracia de los clásicos.”
Juan Casamayor



Leer el texto de José María Merino en EL PAÍS, aquí: http://bit.ly/11YO3c2