lunes, 3 de marzo de 2014

ATTE: EL CHAPO



Nadie sabía quién era y ya era dueño del aeropuerto de la ciudad de México. Todos saben quién es y nadie puede encontrarlo. Joaquín Guzmán Loera ha sobrevivido a cinco presidentes, 11 procuradores, una prisión y a su propia adicción al poder y las mujeres.

En los meses que siguieron a su fuga del penal de Puente Grande, Joaquín El Chapo Guzmán saltaba desesperado de una ciudad a otra. Un grupo especial de la Policía Judicial Federal, a cargo del entonces director Genaro García Luna, y al menos 500 agentes de diversas corporaciones, le mordían los talones. Las autoridades sostenían que El Chapo realizaba la huida prácticamente sin recursos materiales: disponía sólo de cuatro vehículos, cuatro pistolas, algunos rifles AK-47, y un trío de escoltas incondicionales que desde fines de los ochenta lo seguían a todas partes: Juan Mauro Palomares, El Acuario, Jesús Castro Pantoja, El Chabelo, y Arnoldo Martínez, El Trece.

El fiscal antidrogas Mario Estuardo Bermúdez declaraba que el radio de movilidad y operación del narcotraficante se hallaba “bastante reducido”. El procurador Rafael Macedo de la Concha afirmaba que su organización estaba “significativamente” fracturada. El presidente Vicente Fox anunciaba que su captura era cuestión de tiempo: “Ahí lo traemos de cerquita”.

La policía acababa de asegurarle un laboratorio de procesamiento de drogas en Zapopan. Cada 15 días era detenido uno de sus cómplices. Las redadas federales habían provocado la detención de su hermano, Arturo Guzmán, El Pollo, y de 24 personas asociadas su grupo delictivo: desde el hombre encargado de comprarle la comida, hasta pistoleros, operadores, pilotos y lavadores de dinero. El procurador tenía en su escritorio la lista de sus principales colaboradores: abogados, ex militares, ex comandantes de la Policía Judicial Federal. Se sabía que su segunda esposa, Griselda López Pérez, le ayudaba a rentar casas en las cuales esconderse. A cuatro meses de su fuga, en mayo de 2001, El Chapo se guareció en una residencia de la delegación Cuajimalpa. En julio de ese año se ocultó en el Fraccionamiento Las Ánimas, de la ciudad de Puebla, y luego anduvo a salto de mata en casas de El Pedregal, La Marquesa y la delegación Tlalpan.

Uno de sus escoltas, Jesús Castro Pantoja, fue localizado cuando envió un regalo a su mujer, por el nacimiento de su hijo. Las cámaras de video de la tienda donde había adquirido el obsequio permitieron que las fuerzas de seguridad determinaran su filiación. Fue cazado en estado de ebriedad a las puertas de un hotel en Guadalajara. Castro Pantoja declaró a las autoridades que El Chapo estaba deprimido y a las puertas del suicidio. La detención de su hermano El Pollo le había puesto el ánimo al nivel del piso. Le aterrorizaba la idea de ser extraditado y juraba que antes de volver a La Palma —la prisión en donde purgó los primeros dos años de una condena de 20— iba a darse un tiro.

A fines de 2001, parecía copado. El ejército le cateaba fincas, ranchos, domicilios. La policía le decomisaba vehículos, armas, droga, dinero. Guzmán Loera, sin embargo, parecía ir siempre un paso adelante. “Se esfuma minutos antes de que aparezcamos”, declaró el director de la DEA, Anthony Placido.


El narcotraficante había montado a su alrededor un sistema de seguridad que consistía en el envío de mensajes por bíper. Su grupo más cercano debía recibir cada 30 minutos un mensaje de reconocimiento enviado por escoltas ubicados en puntos alejados. Estos escoltas, a su vez, recibían mensajes procedentes de un tercer círculo de protección. Si la cadena se rompía en algún momento, se tomaba la decisión de huir: “Quería decir que alguien del grupo había sido detenido”, declaró Castro Pantoja.

La fuente más veraz de información, sin embargo, provenía de las estructuras de seguridad nacional. Durante los ocho años que El Chapo estuvo en prisión, su hermano El Pollo heredó una parte de su organización y se dedicó a reclutar enganchadores —entre ellos, los publirrelacionistas Jesús y Humberto Loya— cuya función era sobornar a militares y comandantes de la PGR asignados a cargos estratégicos.

El Chapo tenía razón cuando afirmaba que prefería el suicidio al laberinto de pasillos, muros de concreto y rejas controladas electrónicamente del penal de La Palma. Recluido allí entre 1993 y 1995 —año en que fue trasladado al penal de Puente Grande—, tuvo tiempo de advertir cómo el aislamiento, la inactividad, las estrictas reglas de seguridad y disciplina, provocaban entre los reclusos trastornos físicos y mentales. La Palma, inaugurada en 1991 como el primer penal de máxima seguridad del país, prohibía la comunicación entre internos, salvo en zonas de uso común. Entre el pase de lista a las seis de la mañana y el apagado de luces a las 10 de la noche, sólo había pequeñas visitas al comedor, los talleres, los patios. Los internos no podían formar grupos de más de tres personas y por lo general se prohibía que hablaran entre ellos. La mayor parte del tiempo vegetaban en sus celdas. En 1994 hubo dos suicidios en sólo dos semanas. Ese año, El Chapo se quejó con una organización de derechos humanos porque cerca de su celda había “dos cuartos con paredes acolchonadas, donde constantemente se escuchan gritos de personas, algunas de las cuales son maniatadas con camisas de fuerza”. Se quejó, también, porque las autoridades se la pasaban “inyectando y dando pastillas a los internos, para volverlos locos”.

A excepción de las visitas conyugales, su única distracción consistía en las largas partidas de ajedrez que sostenía con algunos de sus lugartenientes: Baldemar Escobar Barraza, Martín Moreno Valdés y Antonio Mendoza. Las autoridades del penal lo consideraban un hábil ajedrecista. También una persona “peligrosa” y “mentirosa”.

Uno de los perfiles psicológicos que se le realizaron, subraya el sentimiento de inferioridad que le produce su estatura (alrededor de 1.65 metros) y la tenacidad con que se empeña en demostrar “superioridad intelectual” y alcanzar “un estatus de omnipotencia”. De acuerdo con ese diagnóstico, “en su realidad interna no existe la culpa”, posee habilidades “para manipular su entorno” y pretende mantenerse “en el centro de la atención”. Seductor, afable, espléndido, sabe generar “sentimientos de lealtad y dependencia hacia su persona”. Es tolerante a la frustración, “pero no indulgente con sus detractores”. Sus respuestas son siempre calculadas y define claramente sus metas.

Tales características debieron ayudarle a superar la depresión. Cuatro años después de la fuga, el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos lo definió como el criminal más inteligente y con mayor capacidad de reacción que la PGR había enfrentado. En poco tiempo, el hombre que recorría el país con sólo tres pistoleros cuidándole las espaldas había extendido su área de influencia a 16 estados y 20 países. Controlaba el Pacífico mexicano y buena parte de la frontera. Sus redes llegaban incluso a Tailandia. Tenía bajo su servicio a funcionarios de primer nivel. Había penetrado las estructuras de seguridad del Estado a niveles inimaginables. Soñaba con crear una federación de cárteles que él iba a manejar desde la sombra.

Estuvo a un paso de lograrlo. Pero, como decía el perfil, no era indulgente con sus detractores y convirtió el país en una balacera. Un baño de sangre que en los nueve años de su fuga ha arrojado en la República un saldo de 30 mil muertos.

El vuelo de Tapachula

“Esto se va a poner de la chingada”, le dijo El Chapo Guzmán a su administrador, Hernán Medina Pantoja, el 24 de mayo de 1993, el día en que una balacera en el aeropuerto de Guadalajara cobró la vida del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Los reportes oficiales indican que El Chapo se había hospedado en el Hotel Holiday Inn de esa ciudad y pensaba viajar, en plan de descanso, a Puerto Vallarta. La pugna que desde 1989 mantenía con los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix, cabecillas del Cártel de Tijuana, trastocó sus planes. Un comando de asesinos reclutado en el barrio Logan de San Diego viajó a Guadalajara para matarlo. Lo que siguió después —la balacera en la que los sicarios confundieron el auto de El Chapo y barrieron el cuerpo del cardenal Posadas Ocampo, según la versión oficial— lo condujo al máximo nivel de visibilidad y exhibió la red de sobornos y complicidades que le habían permitido construir la organización criminal más poderosa de México.

Antes de 1993, El Chapo Guzmán reinaba desde la sombra. No se contaba con datos suyos. Tampoco se tenían fotos recientes. El oro del narcotráfico le permitía moverse con impunidad. Tenía la mano en Jalisco, Nayarit, Durango, Sinaloa. Ese mismo oro había comprado una estructura de protección compuesta por gobernadores, ministerios públicos, comandantes, policías y funcionarios medios y altos de varias procuradurías. Pronto circuló la versión de que sus tentáculos habían llegado al secretario particular del presidente Salinas de Gortari, Justo Ceja Martínez. El Chapo Guzmán tenía en la nómina al director de la Policía Judicial Federal encargado de combatirlo, Rodolfo León Aragón.

Tras la balacera en el aeropuerto, las cosas se pusieron como él había anunciado. En una camioneta Suburban, acompañado por un grupo de pistoleros, El Chapo se desplazó hacia el sur. Según el oficio 1387 de la Procuraduría de Justicia Militar, un comandante federal de apellido Gómez, quien le servía de enlace con el subprocurador general Federico Ponce Rojas (al que, decía el oficio, el cártel le pagaba un millón de dólares cada dos meses), le sirvió de escudo hasta que El Chapo cruzó los límites de Chiapas. Fue, sin embargo, una huida plagada de errores. El ex procurador Jorge Carpizo relató después que el narcotraficante hizo varias llamadas desde su celular (“iba dejando un rastro, como animal herido”), y ordenaba a sus acompañantes destruir los cartelones de “Se busca” que aparecían en su camino. Las llamadas desde el celular eran “como un bíper que se prendía y apagaba, pero que daba pistas sobre sus movimientos”. La pista de los cartelones rotos trazó una línea hasta San Cristóbal de las Casas. El gobierno mexicano pidió, al más alto nivel, para evitar filtraciones, la colaboración de autoridades guatemaltecas y salvadoreñas.

Era evidente que El Chapo se iba del país.

Un día, su celular dejó de comunicarse. Carpizo supuso que finalmente había sido detenido.

Un grupo de elite del ejército guatemalteco lo capturó en junio de 1993 en el Hotel Panamericana. Lo acompañaban tres hombres y una mujer. El Chapo revelaría después que la milicia de ese país lo había traicionado: que el teniente coronel Carlos Humberto Rosales le quitó un millón y medio de dólares, antes de entregarlo en el puente Talismán al coordinador de la lucha contra el narcotráfico, Jorge Carrillo Olea.

Un avión de la fuerza aérea lo trasladó a Toluca. “¿Cuánto dinero quieren? Tengo mucho”, les dijo a los funcionarios que lo escoltaban. “Les doy los nombres de comandantes, de funcionarios, de gente a mi servicio. Estoy arreglado muy arriba”, agregó.

Durante el vuelo, el narcotraficante detalló las redes de corrupción en que apoyaba sus actividades. Salpicó a un ex procurador, cuyo nombre no se hizo público. Luego se supo que había embarrado también al ex subprocurador Federico Ponce Rojas, a una persona que trabajaba muy cerca del presidente Salinas de Gortari (presuntamente, Justo Ceja) y a un colaborador del primer círculo de Jorge Carpizo (Rodolfo León Aragón). Relató la entrega de millones de dólares a los comandantes José Luis Larrazolo Rubio, Cristian Peralta y Guillermo Salazar. Desnudó la maquinaria de infinita corrupción que había en el gobierno de Salinas de Gortari.

El procurador Carpizo archivó la información. “Los datos proporcionados por el jefe del Cártel de Sinaloa eran sugerentes —escribió después—, pero no tenían la fuerza, por sí solos, para realizar una consignación”. Otro de los pasajeros del vuelo, el general Guillermo Álvarez Nara, consignó la declaración en un oficio de cuatro cuartillas que luego entregó a la Procuraduría General de Justicia Militar.

El PRI que hoy señala a Guzmán Loera como capo favorito del panismo, decidió guardar silencio y desviar la vista. La declaración hundió a algunos policías y a ciertos funcionarios de nivel medio. Se produjeron ceses y súbitas remociones. En La Palma, El Chapo se negó a ratificar lo que había declarado y constaba en los partes levantados por funcionarios de inteligencia. Dijo que le habían leído la cartilla, y que mejor ahí lo dejaba.

La noche del Krystal
—Oye, Chapo, ¿es cierto que eres el rey de la coca?
—Yo no me dedico a eso.
—¿A qué te dedicas?
—Soy agricultor.
—¿Qué siembras?
—Frijol.
—¿Y qué más?
—Tengo una abarrotería con un amigo.


Pese a lo que declaró cuando fue presentado ante la prensa, El Chapo era poseedor de una biografía menos modesta. Durante varios años fue dueño absoluto del hangar 17 zona D del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en el que según elementos de la Policía Bancaria e Industrial encargados de custodiar el lugar, dos aviones efectuaban vuelos constantes bajo la protección del comandante Mario Alberto González Treviño. La DEA lo consideraba pionero en la construcción de narcotúneles: uno de ellos, de 450 metros de longitud, habilitado con rieles, luz eléctrica y sistema de ventilación, era empleado para introducir drogas en San Diego y sacar dinero en efectivo del país. Había ideado la exportación de cocaína dentro de latas de chile jalapeños, en remesas etiquetadas bajo la marca “Comadre”, que enviaba regularmente al otro lado de la frontera por medio de trenes de carga. Acostumbraba rentar, en hoteles lujosos, pisos completos para él solo. Era afecto a las mujeres, la música de tambora, el oro y las piedras preciosas. Poseía fincas, ranchos, casas de playa. Tenía dos yates anclados en Playa Pichilingue: el Chapito II y el Giselle (los nombres de sus hijos). Según la declaración del testigo protegido “Julio”, antes de huir rumbo a Guatemala había entregado a un primo suyo 200 millones de dólares para que los guardara por si la cosa se ponía fea. La leyenda de aquel dinero hizo que un narcotraficante apodado El Colo viajara a Nayarit para matar al familiar de El Chapo y adueñarse de esa fortuna.

En realidad, las cosas iban mal desde 1989, cuando el primer capo de capos que hubo en el país, Miguel Ángel Félix Gallardo, fue llamado a cuentas por la justicia. Por indicaciones de Félix Gallardo, el narcotraficante Juan José Esparragosa Moreno, El Azul, convocó a una cumbre de capos y repartió el país entre ellos a fin de evitar una guerra. En el orbe de las declaraciones ministeriales y los testigos protegidos, las versiones de un mismo hecho suelen ser contradictorias. Para algunos, el desastre comenzó cuando los hermanos Arellano Félix mataron en Tijuana a El Rayo López —a quien El Chapo consideraba un hermano—, porque éste se había metido en su territorio. Para otros, todo se pudrió cuando los Arellano robaron 300 kilos de coca que pertenecían al Cártel de Sinaloa. Amigos durante el reinado de Miguel Ángel Félix Gallardo, para 1992 El Chapo y los Arellano se habían convertido en enemigos mortales.

En octubre de ese año El Chapo fue objeto de su primer atentado. Mientras circulaba en un Cutlass por el Periférico de Guadalajara, una Ram lo embistió y tres sujetos descendieron accionando sus metralletas. El Chapo metió a fondo el acelerador y se abrió camino entre el fuego. Tuvo tiempo de reconocer a sus atacantes: Ramón Arellano Félix y dos de sus lugartenientes, Armando y Lino Portillo.

En cuanto se puso a salvo contó los agujeros de bala que había en el Cutlass, 12 en total, y marcó el 77-16-21, número celular de Benjamín Arellano. El líder del Cártel de Tijuana le dijo:
—Nosotros no fuimos.

El Chapo declaró después: “Desde ese día les perdí la confianza”. Le tomó menos un mes devolver la cortesía. Sus servicios de información revelaron que con la custodia del comandante federal Adolfo Mondragón Aguirre, los Arellano llevaban tres noches en Puerto Vallarta, derrochando dinero en el Christine, el centro nocturno del Hotel Krystal. El 8 de noviembre de 1992, un camión Dina aparcó a las puertas de la discoteca. De la caja metálica bajaron en formación 50 hombres con chalecos antibalas, rifles de asalto e identificaciones de la Policía Judicial Federal. Se introdujeron en el lugar y en cosa de ocho minutos percutieron mil casquillos. Armando Portillo, uno de los responsables del atentado contra El Chapo en el Periférico de Guadalajara, cayó bajo las balas. Pero Ramón y Francisco Javier Arellano Félix lograron huir por los ductos de aire acondicionado del baño. Varios de sus escoltas murieron en la refriega.

La espiral de violencia alcanzó su punto culminante en el aeropuerto de Guadalajara, el día en que El Chapo Guzmán iba a viajar a Puerto Vallarta y el comando del barrio Logan recibió la instrucción de regresar a Tijuana pues el objetivo de su viaje, localizarlo y ejecutarlo, no había podido cumplirse. Ése fue el día en que, según las autoridades, ambos grupos se hallaron por accidente a las afueras del aeropuerto Miguel Hidalgo. Ese fue el día en que el cardenal Posadas tuvo el mal fario de irse a meter directamente entre las balas y el país entero descubrió que había comenzado la Edad de la Delincuencia Organizada.

Vivir en Puente Grande

En noviembre de 1995 El Chapo Guzmán consiguió su traslado al penal de Puente Grande, ubicado a 18 kilómetros de Guadalajara. Ahí lo esperaba su viejo camarada de correrías, Héctor El Güero Palma, detenido en junio de ese año cuando la avioneta en que viajaba se desplomó a consecuencia del mal tiempo. En apariencia, El Chapo se dedicó a defenderse de los 10 procesos que tenía abiertos por homicidio, delitos contra la salud, cohecho, delincuencia organizada, tráfico de drogas y acopio de armas. El entonces director de la DEA, Thomas Constantine, diría después que, en realidad, Guzmán Loera siguió operando desde la cárcel. Su hermano El Pollo bajaba cargamentos de cocaína procedentes de Sudamérica, “apadrinado” por Juan José Esparragosa, El Azul, y Albino Quintero Meraz. Otras figuras del cártel, como los hermanos Héctor y Arturo Beltrán Leyva, enviaban maletines de dinero a Puente Grande cada que El Chapo lo necesitaba.

Guzmán Loera conocía a la perfección el camino que iba a recorrer: en 1991 había sobornado al jefe de la policía capitalina, Santiago Tapia Aceves, a quien le entregó 255 mil dólares y 14 millones de pesos a cambio de su libertad. Aquel episodio sería recordado como “la primera fuga de El Chapo”. Una patrulla lo había detenido en el Viaducto. Se dice que dentro de la Suburban en que viajaba había varios ladrillos de cocaína, e incluso un muerto. El jefe policiaco pidió que lo trasladaran a instalaciones de la delegación Venustiano Carranza. Tapia Aceves llegó a ese lugar en helicóptero, y volvió a subir en él con varias bolsas de Aurrerá repletas de dólares.

Fiel a su propia lógica, El Chapo tardó poco en someter Puente Grande. Puso a sueldo a custodios y comandantes; lentamente, tendió un circuito de complicidad que se extendió a todos los niveles. El mismo director del penal, Leonardo Beltrán Santana, estaba bajo sus órdenes. El Chapo escogía el menú, imponía el rol de vigilancia, intervenía en cada uno de los mecanismos de operación de la cárcel. Poseía cuatro celulares, estéreo, televisión y una computadora personal. No asistía a clases y ni siquiera pasaba lista. Según el tercer visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, José Antonio Bernal, a poco de su llegada “entraban drogas, alcohol y mujeres para reclusos privilegiados… había hielos, chicles, comida, pastillas no autorizadas, medicamentos no permitidos, vitaminas y mujeres a las que pasaban en camionetas del mismo penal”.

El Chapo, El Güero Palma y Arturo Martínez, El Texas, los tres reclusos más importantes, celebraban rumbosas fiestas para las que se adquirían hasta 500 litros de vino, y en las que había tambora y mariachi. Algunas mujeres traídas de fuera permanecían al lado de El Chapo durante semanas. En otras ocasiones, el capo prostituía a las cocineras del penal (una vez fue denunciado por violación).

Los custodios que se negaban a integrarse a la red de complicidad eran golpeados o amenazados: “Oiga, dicen que usted anda enojado y que no quiere nuestra amistad. No se preocupe, aquí tenemos los datos de su domicilio y de su familia. No hay ningún problema”. Narcotraficantes y familiares ingresaban al penal sin importar la hora: “Aquí traemos a las visitas de los señores”.

A fines de 1997, El Chapo, que acostumbraba enviar rosas a las cocineras, le mandó una botella de whisky a una de las cinco mujeres recluidas en el penal: Zulema Hernández. Era alta, rubia, y poseía un cuerpo “casi perfecto”. Tenía tatuado un murciélago en la espalda y un unicornio en la pierna derecha. Se hallaba en Puente Grande bajo el cargo de secuestro. Julio Scherer la entrevistó alguna vez y publicó las cartas de amor que El Chapo dictaba a su secretario: “Zulema, te adoro… y pensar que dos personas que no se conocían podían encontrarse en un lugar como este”.

Zulema fue una de las pocas personas a las que el capo confió sus proyectos de evasión: “Después nos volvimos a ver y me dijo que ya se iba a hacer. Él me decía, tranquila, no va a pasar nada, todo está bien”. Guzmán Loera enfrentaba un proceso de extradición, que con seguridad iba a perder en los tribunales. El plan que había fraguado minuciosamente desde 1999 fue puesto en marcha el 19 de enero de 2001. Vicente Fox acababa de llegar a la presidencia. Un cambio de director en Puente Grande podía echar por tierra años de trabajo. No le quedaba tiempo para comenzar de cero.

Antes de irse, Guzmán prometió a Zulema la ayuda de un abogado. Pero el abogado nunca llegó y el narcotraficante se olvidó de ella. Jamás volvieron a verse: ella salió de prisión en 2003, se enroló en la organización de un abastecedor de droga llamado Pablo Rojas, El Halcón, y regresó a la cárcel al año siguiente. En 2006 la liberaron. El 17 de diciembre de 2008 la policía encontró el murciélago y el unicornio dentro de la cajuela de un auto. Zulema había sido asfixiada con una bolsa de plástico y tenía varias “Z” marcadas con una navaja en el cuerpo.

La fuga de El Chapo comenzó a las 19:15 y terminó 13 minutos más tarde. En un carro de lavandería empujado por Francisco Javier Camberros, El Chito, empleado del área de mantenimiento, y luego de ubicar en puntos estratégicos al equipo de celadores a su servicio, El Chapo salió del módulo 3 y atravesó pasillos, diamantes de seguridad y puertas electrónicas, hasta cruzar la aduana de vehículos. El sistema de video interno había sido bloqueado. En el estacionamiento general, se metió en la cajuela de un viejo Montecarlo. El Chito se hallaba a tal punto bajo la voluntad del narcotraficante que, dijo después, no cobró un solo peso “por el favor que le hice al señor Guzmán”.

El Chapo se había quejado ante él de su extradición inminente. “Me dijo que ya había pagado sus culpas y aún así lo querían llevar a Estados Unidos”. Sucedió este diálogo:
—¿Me apoyas para irme de aquí?
—Como va.
Una vez en el Montecarlo, El Chito apretó el acelerador. Pasaron dos topes. El auto enfilaba por la carretera libre a Zapotlanejo. Antes de llegar a la ciudad, el empleado abrió la cajuela.
—Yo aquí lo dejo —dijo.
El Chapo le recomendó:
—Mejor vente conmigo. A partir de mañana va a estar la noticia, pero en grande.

Con el narcotraficante instalado en el asiento del copiloto, llegaron a la esquina de Maestranza y Madero. El Chapo admitió que tenía la boca seca. Camberros estacionó el auto y se metió a una tienda para comprar agua. Cuando regresó, el jefe del Cártel de Sinaloa se había ido. “Primero se fugó de Puente Grande y luego se le fugó a él”, escribió un reportero.

“Al ver el problema en el que me encontraba… agarré un carro de sitio a la central de Guadalajara y ahí tomé un camión para el Distrito Federal, en donde yo creía que nadie me conocía”, confesó Camberros el día en que el miedo, el escándalo, la presión, lo llevaron a entregarse.

En Puente Grande sólo encontraron el uniforme y los zapatos de El Chapo. El director Beltrán Santana, que esa tarde había recibido la visita en el penal del subsecretario de Seguridad Pública, Jorge Tello Peón, y del director de Readaptación Social, Enrique Pérez Rodríguez (quienes viajaron a Puente Grande, según dijeron, para atender denuncias sobre el relajamiento en los esquemas de seguridad), tardó dos horas en informar a sus superiores. El sistema de corrupción del que este servidor se había beneficiado le estalló como una granada entre las manos: la huida ocasionó la consignación más grande en la historia reciente del país: 71 custodios y funcionarios fueron detenidos.

Nueve años después de la fuga, sólo seis procesados continuaban en la cárcel. Incluso Beltrán Santana había obtenido la libertad. Los priistas que solaparon el esquema de corrupción que durante el gobierno de Ernesto Zedillo permitió a Guzmán Loera reinar a sus anchas en Puente Grande, acusaron a los panistas de haber facilitado la fuga. Lo único claro, según se vio después, era la facilidad con que El Chapo compraba a unos y otros.

A salto de mata

Un corrido de El Tigrillo Palma cuenta lo que ocurrió después:

A veces la residencia
a veces casa campaña
los radios y metralletas
durmiendo en piso o en cama
de techo a veces las cuevas
Joaquín El Chapo se llama.

La Policía Federal Preventiva, la PGR y la Sedena instalaron un operativo de rastreo por aire, mar y tierra. Las fuerzas de seguridad se movilizaron en la frontera. El testigo protegido clave “Julio” relató que la misma noche de su fuga El Chapo se dirigió a Nayarit, en donde un político local, Julián Venegas Guzmán, lo escondió en su propia casa.

A fines de los ochenta, Venegas Guzmán había relacionado a El Chapo con elementos del ejército asignados a la costa nayarita. Tres de ellos, Jesús Castro Pantoja, Antonio Mendoza Cruz y Adrián Pérez Meléndez, le sirvieron de “muro” en diversos desembarcos de cocaína. Una parte importante de su organización se hallaba asentada en Nayarit.

Guzmán Loera pasó una noche en casa del político (meses después, a la hora de ser detenido, éste aspiraba a una diputación local por el PRD), y luego se refugió durante 40 días en un rancho de Compostela que el propio Venegas le había conseguido. En marzo de 2001 el ejército ubicó al narcotraficante en Santa Fe, Nayarit. Se desplegó un operativo que incluyó vuelos rasantes, pero las autoridades militares llegaron tarde: Ismael El Mayo Zambada acababa de sacar a El Chapo en helicóptero. Fue en esos meses cuando Guzmán Loera corría de un lugar a otro, y el gobierno de Vicente Fox anunciaba que se había quedado sin recursos: “Podemos presumir que será detenido de un momento a otro”.

De acuerdo con la versión del testigo “Julio”, El Chapo dependía por completo de su hermano El Pollo. Éste se encargaba a distancia de su seguridad física y económica. Había infiltrado poderosamente a la PGR y tenía una línea directa que le informaba sobre los operativos.

La DEA señalaba que desde mediados de los años noventa El Pollo estaba al frente de una de las células del Cártel de Sinaloa. Según un narcotraficante adscrito al programa de testigos protegidos bajo la clave “César”, en 1997 El Pollo había asistido a una reunión convocada por el jefe del Cártel de Juárez, Amado Carrillo, en la que se acordó entregar un soborno de 100 millones de dólares al zar antidrogas Jesús Gutiérrez Rebollo (la negociación no prosperó: el general Rebollo, dijo “César”, sólo recibió un adelanto de 10 millones de dólares como pago por su protección).

Entrevistado telefónicamente por el periódico El Norte, unos días después de la evasión, el propio Gutiérrez Rebollo, que en teoría había perseguido al narcotraficante durante años, adelantó lo que iba a ocurrir: Guzmán Loera se internaría en Nayarit para rehacer sus fuerzas, y luego iba a lanzarse a recuperar todo lo perdido.

Cuatro meses después de la fuga aparecieron señales de que El Chapo había retomado las riendas de la organización: el director de investigaciones de la Policía Ministerial de Sinaloa, Pedro Pérez López, sufrió un atentado a manos de francotiradores. En el sitio donde los sicarios se apostaron para abrir fuego la policía encontró un mensaje escrito en tinta verde: “Atentamente, El Chapo”. Era la declaración oficial de su vuelta a las actividades criminales.

Sin embargo, la PGR seguía afirmando que estaba cercado. En agosto de 2001, en las inmediaciones de La Marquesa, uno de sus familiares, Esteban Quintero Mariscal, fue detenido por militares mientras circulaba en posesión de cuatro armas largas. El subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos informó que El Chapo andaba cerca, y que Quintero se había sacrificado para servirle de “muro”. Esa detención condujo al ejército a la zona de Taxqueña. Tras un mes de operativos “discretos”, las fuerzas especiales le asestaron a El Chapo el primer golpe fulminante: El Pollo Guzmán fue aprehendido. El procurador Macedo de la Concha echó las campanas al vuelo: el Cártel de Sinaloa, dijo, quedaba definitivamente partido en dos. La información obtenida por la PGR hacía presumir que la carrera criminal de Joaquín Guzmán Loera iba terminar en menos de un mes.

Los cuatro años que duró la gestión de Macedo de la Concha, sin embargo, no bastaron para que la predicción se cumpliera.

La Alianza de Sangre

A principios de 2002 la Unidad Especializada contra la Delincuencia Organizada detectó que El Chapo había tenido reuniones con Arturo Beltrán Leyva e Ismael El Mayo Zambada. También, que reanudaba relaciones con varios contactos sudamericanos y establecía nexos en Bolivia con el narcotraficante Miguel Ángel Carranza, El Kala. 2002 sería para él un año de suerte: en febrero, Ramón Arellano Félix fue asesinado en Mazatlán, mientras dirigía un operativo de caza en contra de El Mayo Zambada, y en marzo el ejército detuvo al otro cabecilla del Cártel de Tijuana: Benjamín Arellano. Hay versiones que indican que El Chapo filtró la información que permitió esa captura.

La suerte siguió de su lado en 2003: después de sostener dos enfrentamientos a tiros y repeler un intento de rescate, el ejército aprehendió en Matamoros al líder del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén. Las dos fronteras más importantes del país quedaron libres. Las organizaciones de Tijuana y el Golfo se fragmentaron en una galaxia de grupos violentos enfrentados entre sí. Había sonado la hora de El Chapo.

Cuenta un testigo protegido que Guzmán Loera organizó en Cuernavaca una cumbre de narcotraficantes a la que asistieron 25 jefes. Su propósito: fundir los cárteles de Juárez y Sinaloa en una sola organización que sería lanzada a conquistar los frentes que habían quedado abiertos. Controlar el Pacífico, el Golfo, la frontera.

Todos los jefes convocados eran sinaloenses, aunque algunos operaban desde hacía tiempo en Chihuahua. Muchos de ellos mantenían lazos familiares, reforzados por bodas y compadrazgos. Tenían asiento en el grupo Ismael El Mayo Zambada, Juan José Esparragosa, Vicente Carrillo Fuentes, Ignacio Coronel y Arturo Beltrán Leyva, entre los más destacados. La DEA bautizó a la organización como La Alianza de Sangre. Las autoridades mexicanas preferían llamarla La Federación. Comenzaba una fase en la que las balaceras, la sangre, las torturas y decapitaciones iban a desbordarse sin control.

El Chapo reforzó sus filas con clicas, pandillas de la Mara Salvatrucha. Los sucesores de Osiel Cárdenas reclutaron kaibiles en Centroamérica, y pusieron en movimiento al violentísimo grupo de ex militares conocido como Los Zetas. Los herederos de Benjamín Arellano importaron pandilleros de la M y del barrio Logan. Las armas necesarias cruzaron la frontera. La Federación compró en un millón y medio de dólares la protección del director del Centro de Mando de Operaciones Especiales de la AFI, Domingo González Díaz, uno de los hombres cercanos al titular de esa dependencia, Genaro García Luna (el actual secretario de Seguridad Pública). En La Palma, mientras tanto, Benjamín Arellano y Osiel Cárdenas unieron fuerzas.

Uno de los primeros capítulos de esa guerra se escribió en La Palma, en mayo de 2004: un lugarteniente de El Chapo, Alberto Soberanes Ramos, fue estrangulado con un cable eléctrico en el área de mingitorios. La CNDH había recomendado quitar las cámaras de video de los baños, pero no hicieron ninguna falta. La Alianza sabía claramente de dónde había venido el golpe.

Ese año la violencia estalló en Tamaulipas, corrió por la frontera, descendió hacia el centro del país, siguiendo puntualmente las rutas de la droga, y el 31 de diciembre, poco antes de la cena de Año Nuevo, cruzó de nueva cuenta las puertas de La Palma. Esa noche le metieron ocho impactos de bala a Arturo Guzmán, El Pollo. Al asesino le habían dejado un arma en los baños y una instrucción precisa dentro de su celda.

El autor intelectual, sin embargo, no radicaba en Tijuana ni pertenecía al Cártel del Golfo. El autor intelectual era Vicente Carrillo Fuentes, uno de los miembros de La Federación.

La Alianza de Sangre se había roto dos meses atrás, cuando El Chapo pidió la cabeza del menor de los Carrillo, Rodolfo, al que apodaban El Niño de Oro. En una disputa por tráfico de drogas El Niño había liquidado a dos lugartenientes de Guzmán Loera. El Chapo dijo a sus socios:
—Para El Niño no hay perdón.

Y ordenó a uno de sus jefes de seguridad personal, el ex militar de infantería Manuel Alejandro Aponte Gómez, alias El Bravo, que viajara a Culiacán para cobrar la deuda.

El Bravo era el hombre que había entrenado a los Maras y formado a Los Negros y Los Pelones, los brazos armados del Cártel de Sinaloa. Iba a ser, en su momento, el encargado de dirigir el comando que pretendió asesinar al ex subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos. Todo lo resolvió una tarde de sábado, a las afueras de un centro comercial. Cazar a Rodolfo Carrillo le costó 500 tiros. A El Chapo, una guerra contra el Cártel de Juárez que se mantiene hasta la fecha, y la vida del hermano que lo había protegido, Arturo El Pollo Guzmán.

Narcoparaíso

El sucesor de Rafael Macedo de la Concha en la PGR fue Daniel Cabeza de Vaca. En abril de 2005 tomó posesión del cargo con esta frase:
—Entrégate, Chapo.

Durante los primeros 15 días de su gestión sucedieron en el país 36 ejecuciones. La DEA acababa de ofrecer cinco millones de dólares por la cabeza de Joaquín Guzmán. La PGR había consignado a uno de sus hijos, Archibaldo Guzmán Salazar, El Chapito. En junio de ese año un grupo de elite capturó en un restorán de comida china a otro de sus hermanos, Miguel Ángel Guzmán, alias El Mudo.

Cabeza de Vaca terminó su gestión a fines de 2006, el día en que concluía el sexenio de Vicente Fox. La guerra entre los cárteles había dejado nueve mil ejecuciones.

El procurador entrante, Eduardo Medina Mora, sostuvo que El Chapo era sólo una figura emblemática que desde hacía tiempo había dejado de operar. Poco después, afirmó: “No importa dónde esté. Es como una estrella de futbol desgastada”.

Durante el tiempo que duraron las funciones de Medina Mora, sin embargo, se descubrieron los nexos de Guzmán Loera con el traficante de precursores químicos Zhenli Ye Gon, a quien la PGR decomisó 205 millones de dólares en una casa de Las Lomas. Se desenredó, también, el entramado que a través de la llamada Operación Limpieza reveló que los principales mandos de la PGR y la PFP —directores, inspectores, comisionados, coordinadores, jefes de operaciones, comandantes, agentes e incluso un subprocurador— recibían pagos de entre 150 y 450 mil dólares por brindar protección al Cártel de Sinaloa, realizar labores de inteligencia en contra de sus enemigos, y filtrar información sobre cateos, operativos, decomisos y detenciones. El Chapo Guzmán, sus socios y operadores, replicaban a escala nacional el modelo empleado en Puente Grande. La mayor parte del círculo de colaboradores de Genaro García Luna estaba coludida con el narcotráfico. Los hombres más cercanos a Medina Mora seguían a pie juntillas las instrucciones que la “estrella desgastada” dictaba desde la clandestinidad.

Si a consecuencia del asesinato de El Niño de Oro, La Alianza de Sangre había cerrado filas para enfrentar al Cártel de Juárez, la detención de Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo, por una supuesta delación de El Chapo, y una disputa por el control del aeropuerto de la ciudad de México, que derivó en la pérdida de 500 kilos de cocaína y la decapitación de cinco agentes aduanales, lanzó a Guzmán Loera a otra guerra a muerte: esta vez, en contra de sus antiguos aliados, los hermanos Beltrán Leyva.

A su lado, Ignacio Coronel, El Mayo Zambada y Juan José Esparragosa, abrieron el frente de batalla: uno de los más violentos en un conflicto que dejó dos mil ejecutados en 2008, siete mil en 2009, y cinco mil 280 entre enero y junio de 2010. Uno de esos ejecutados iba a ser nada menos que Edgar Guzmán López, otro de los hijos de El Chapo, acribillado en el City Club de Culiacán, bajo una tormenta de fuego en la que se accionaron lanzagranadas y 500 tiros.

Medina Mora dejó la PGR el 7 de septiembre de 2009. Meses atrás, la revista Forbes había ubicado a El Chapo con el número 701 entre los hombres más ricos del mundo. Sin precisar el mecanismo bursátil que le permitió calcular la fortuna del narcotraficante en mil millones de dólares, la publicación situaba a El Chapo como el séptimo millonario del país.

Finalizaba 2008. Arturo Beltrán Leyva colgó una manta en Sinaloa: “Chapo Guzmán y Nacho Coronel ustedes se dicen jefes pero no son, par de jotos, a mí se me hace chica la República mexicana y tú te conformas con el área de Las Trancas, Tamazula, Durango, una que otra vez vuelas a San Nicolás en el mismo Canelas para esconderte en tu Carrizo pero ni tuyo es, tú Nacho Coronel no te enfada el Potrerillo de Carrasco en Canelas, una vez en su perra vida complázcanme, los veo en El Carrizo el día 1 de enero del 2009”.

La manta contenía una serie de pistas que la autoridad se tardó ocho meses en atender. En agosto de 2009 el ejército encontró en Las Trancas el mayor narcolaboratorio en la historia del tráfico de drogas en México: todo un complejo industrial para el procesamiento de metanfetaminas, asentado en una superficie de 240 hectáreas y acondicionado con bodegas, calderas, dormitorios, bombas de agua y pista aérea. En la residencia principal, en la que había un gimnasio, internet y sky, se hallaron prendas de vestir de marca (Versace, Tommy Hilfiger, Náutica) y pantalones de mezclilla de talla 15 y medio. Había también un catálogo, prácticamente un menú, de suculentas modelos. Según el reportero Francisco Gómez, recorrer el complejo de un lado a otro demandaba seis horas. Tenía capacidad para producir diariamente 100 kilos de cristal.

No hubo detenidos. Los habitantes del narcoparaíso se habían esfumado antes de que las tropas aparecieran. Pantalones 15 y medio: el habitante de aquella casa debía ser un hombre bajo.

Unos meses más tarde, Michael Braun, jefe de operaciones de la DEA en Estados Unidos, aseguró que El Chapo era un cadáver viviente. “Es un hombre muerto y él lo sabe. Nadie en su negocio llega a viejo”. En enero de 2010 Braun sostuvo que Guzmán se encontraba acorralado en una esquina, e hizo una predicción: “Será capturado dentro de 90 días”.

Han pasado 180. El periodista Jesús Blancornelas decía de Joaquín Guzmán: “Tiene de pronto un pie en Nuevo Laredo. Otro en Tijuana. Parrandea a escoger: Nogales o Caborca. Duerme en Puebla. Se da sus paseadas en Veracruz. Ordena ejecuciones en Quintana Roo. Lleva dólares a Guatemala. Total. Descansa escondido en Sinaloa. Por eso donde no lo ven se les figura”.

Héctor de Mauleón. Escritor y periodista. Su más reciente libro es El secreto de la Noche Triste.

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MÁS DE NO TE LO CALLES

LA CONSPIRACIÓN DE LEER



Por Sergio Ramírez

La lectura es sensual. Se abre un libro para gozarlo. El primer deber de un libro de ficción es distraer, y aun las lágrimas que se vierten al leer sobre dolores y desventuras son parte de ese mismo gozo. Al tratar de iniciar a alguien en la lectura, lo peor es anteponer entre el lector y el libro algún aburrido propósito pedagógico.

Un libro sólo es capaz de enseñar si primero gusta. Si no hace reír, si no conmueve, toda enseñanza, toda filosofía, se volverán inútiles, pues nadie llega a la última página de un libro fastidioso; y cuando se abandona la lectura al apenas empezar, es como si ese libro nunca hubiera sido escrito para quien llegó a tenerlo entre sus manos. Veamos al libro como una casa de muchas habitaciones, cada una con un decorado diferente. Uno puede asomarse a esas habitaciones a través de sus múltiples ventanas, o entrar a vivir en ellas.

Al hablar de la enseñanza de la literatura, Jorge Luis Borges cita una frase del doctor Johnson, el sabio británico de las letras que vivió en el siglo XVIII: La idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de felicidad obligatoria.

No hay felicidad obligatoria, pero la lectura depara felicidad; cuando un libro nos atrapa, y llegamos a un punto en que nos sobrecogen el asombro y la admiración, estos sentimientos se transforman en dicha, una dicha inefable. Es un asunto de libertad de escogencia. No podemos sacar gozo del castigo, y un libro impuesto viene a ser un castigo. Si el relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, déjenlo de lado, agrega el doctor Johnson.

Nadie disfruta de una promesa de aburrimiento. Cuando a un escritor le piden señalar los 10 libros que se llevaría consigo a una isla desierta, generalmente empieza por La Odisea, El Quijote, La Biblia o La Divina Comedia.

Son obras clásicas, y a muchos esa palabra los pone en alerta. Y a los clásicos, por definición se les considera soporíferos. Al contrario. Un clásico es una promesa de dicha que siempre estará allí esperando por nosotros. Siempre tendrá algo nuevo qué contarnos o qué enseñarnos.

Lo importante es que el candidato a lector al que estamos induciendo entre en la lectura con pies ligeros, sin temor a las cargas, y se convenza de que al enfrentarse a un clásico no se hallará con un libro que se le caerá de las manos, la cabeza pesada de sueño.

Entonces, la nostalgia por lo leído nos llevará a emprender dos o tres lecturas más de ese libro, y luego muchas otras, porque se nos habrá vuelto infinito, en el sentido de que siempre estará recomenzando, y esas nuevas lecturas llegaremos a hacerlas ya no en el orden en que están puestos los capítulos, sino entrando por cualquiera de ellos a cualquier habitación, asomándonos por cualquiera de las ventanas.

El mundo de las novelas es divertido y atractivo porque es humano. Las novelas no son sobre periodos de la historia, sobre espacios geográficos, sobre teorías filosóficas ni sobre asuntos religiosos. Tratan sobre seres como nosotros, sus ambiciones, su idealismo, su perversidad, sus heroísmos y debilidades, la maldad y la nobleza, la devoción y la envidia, la generosidad y los celos, y nos muestran cómo estos atributos, siempre en tensión y contradicción, se dan dentro de los mismos individuos.

Fiodor, el padre rencoroso y atrabiliario, avaro y despiadado, que se disputa a la misma mujer con Dmitri, su propio hijo, llega hasta nosotros en toda su plenitud en las páginas de Los hermanos Karamazov, porque somos capaces de reconocerlo tal como lo retrata Dostoievski; existió, sigue existiendo, así como las voces de los muertos que Juan Rulfo pone a hablar unos con otros debajo de las tumbas enPedro Páramo, nos son familiares porque lo que cuentan son ambiciones mal cumplidas y pasiones de amor que carcomen hasta en la muerte. Y siempre seguiremos viendo a una lady Macbeth que incita a su marido al crimen para perpetuar el poder, movida por la ambición, aunque Shakespeare haya muerto hace siglos.

No hay que creer entonces a quienes nos dicen que sólo debemos aceptar lecturas serias o edificantes, porque entonces nunca vamos a ser lectores adictos. Cuántos buenos lectores se han perdido por causa de las imposiciones escolares, que mandan leer por fuerza de los programas de estudio libros pesados e indigeribles, o que por falta de método son presentados como tales. Y cuántos buenos lectores, y a lo mejor escritores, se han ganado gracias a los libros prohibidos por la escuela, por el hogar, por la religión, porque lo que la imposición no consigue, lo consigue la curiosidad por lo prohibido. Y los censores son, sin excepción, personas amargadas y hostiles al espíritu de libertad que campea en los libros.

Y quien no aprende nunca a leer, quien no se vuelve desde temprano un vicioso de los libros, no sabe de lo que se pierde. Se expondrá a llevar una vida mutilada y, a lo mejor, amarga, igual que la de los censores, lejos de los espejismos y los fragores de la imaginación.

¿Cómo crearse ese vicio? Empezando por un cuento de los hermanos Grimm, luego yendo a uno de Chejov, o de Rulfo, antes de llegar por fin a una novela de Faulkner, o al Ulisesde Joyce, ya no se diga. O yendo primero a los capítulos y pasajes más divertidos de El Quijote, a alguno de los cuentos de Las mil y una noches.

Para que un niño o un adolescente adquiera el vicio de la lectura, antes deben adquirirlo los padres y los maestros, con espíritu cómplice, lejos de la severidad de quien encarga una tarea. Ser parte de la conspiración de leer, comportarse como cabecillas de una hermandad de iniciados. Abrirles una puerta al paraíso, donde espera la manzana dorada entre las frondas del árbol del bien y el mal.

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MÁS DE VIVIR BIEN

AMOR ETERNO


Por Iván Santín

Se suele creer que los hombres que tenemos sexo con hombres somos compulsivamente infieles, incapaces de establecer relaciones duraderas y fructíferas. Esta percepción es errónea. En primer lugar, todo el mundo sabe (o debería saber) que sexo y amor son cosas diferentes. Tener múltiples parejas sexuales no implica de ninguna manera que no se puedan establecer nexos de amor verdadero y total. Para demostrar que el amor entre hombres es y ha sido posible, será necesario evocar la antigüedad clásica, ello debido a que en aquellos tiempos los hombres libres podían abiertamente tener amantes (hombres y mujeres), estar casados, sin que ello supusiera una contradicción o la imposibilidad de amar.

El amor de los hombres por los muchachos era altamente apreciado por los antiguos griegos y romanos. Entre un hombre y un joven que se enamoraban se establecía lo que los griegos denominaban una relación de filotés (Φιλότης), es decir, una unión de amor-amistad que constaba de diferentes fases y que duraba toda la vida.

El hombre cumplía la labor de educador, debía cultivar al joven para elevarlo al rango social que le era propio. Un joven y su familia podían sentirse orgullosos si su amante era por ejemplo un gran guerrero, ya que ello indicaba que el joven adquiriría la destreza y la habilidad propias de su amante para convertirse a su vez en un gran guerrero.


El hombre enamorado era designado con la palabra erastés (ἐραστής), mientras que el joven era designado con la palabra erómeno (ἐρώμενος). Los actos sexuales entre el erómeno y el erastés se llevaban a cabo en general los primeros tres o cuatro años una vez iniciada la relación de filotés, es decir, hasta que el joven cumplía diecinueve o veinte años. Transcurrida esta primera fase, cuando la pasión erótica disminuía, una amistad irrompible afloraba, fruto del divino intercambio corpóreo y espiritual del cual fueron partícipes. Platón, en su diálogo Fedro o de la amistad, asegura en boca de Sócrates que es a través del amor sensual que podemos en la vida estar más cerca de la Belleza.

Como bien señaló Foucault en el segundo tomo de su Historia de la sexualidaddenominado El uso de los placeres, los antiguos griegos asumían que “amar a los muchachos era una práctica libre en el sentido de que no sólo estaba permitida por las leyes (salvo circunstancias particulares) sino admitida por la opinión. Más aún, encontraba sólidos apoyos en distintas instituciones (militares o pedagógicas). Tenía sus cauciones religiosas en los ritos y fiestas en los que se clamaba en su favor a las potencias divinas que debían protegerla. Finalmente, era una práctica culturalmente valorada por toda una literatura que la ensalzaba y una reflexión que fundamentaba su excelencia.”

Los dioses griegos nos dan ejemplo de este tipo de prácticas. Un buen día Zeus, mirando la tierra desde su altura olímpica, se percató de la presencia de un joven pastorcito llamado Ganimedes, el más hermoso de todos los mortales. Zeus no se pudo aguantar las ganas, se transformó en águila y descendió a la tierra con el fin de cortejar al majestuoso muchachito. Una vez que Ganimedes le dio muestras de amor, Zeus lo tomó entre sus garras y lo raptó para llevarlo al Olimpo, donde lo convirtió en su eterno amado y escanciador oficial del embriagante líquido que consumen los dioses.

Sin lugar a dudas el amor más célebre de la antigua Roma fue aquel que consagraron Adriano y Antinoo. Se recomienda ampliamente la lectura de Memorias de Adriano, novela histórica publicada en 1951, escrita por la maravillosa creadora belga Marguerite Yourcenar.


Adriano fue el más sabio y prudente de todos los emperadores romanos. Desde muy joven fue notable su afición por el mundo heleno, en especial por la filosofía epicúrea y estóica. Nació en Hispania en el año 76 y gobernó el Imperio Romano del 117 al 138, año en que falleció a los 62 años de edad. Antes de acceder al trono se casó con Vibia Sabina, matrimonio que le permitió estrechar lazos con su antecesor el emperador Trajano. Durante su reinado el Imperio alcanzó la mayor extensión territorial de su historia y, dadas sus habilidades diplomáticas, gobernó entre la paz y la concordia salvo por una revuelta protagonizada por un grupo de fanáticos monoteístas a los que aplacó. Fomentó el desarrollo de las artes y las ciencias a lo largo y ancho del Imperio, prohibió que se asesinara o torturara a los esclavos y llevó a cabo múltiples proyectos que permitieron que mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Pasó más de la mitad de su reinado fuera de Roma. Durante uno de sus viajes a Grecia, cuando contaba con 48 años de edad, como Zeus a Ganimedes, Adriano conoció a un pastorcito de 14 años llamado Antinoo cuya belleza despertó en el emperador un amor insondable que perduraría hasta su muerte. Desde el momento en que se conocieron, Antinoo acompañó a Adriano en todo momento… Una vez, en África, estando los dos solos en la sabana, un león atacó a Antinoo y Adriano lo salvó clavando una lanza en el corazón del animal antes de que alcanzara a su amigo. La salud del emperador era endeble; cuando Antinoo contaba con veinte años de edad, un oráculo le dijo que el emperador moriría a menos que él se sacrificara en su lugar… Quizá por esta razón, o temiendo dejar de ser el favorito de Adriano debido a su edad, Antinoo decidió quitarse la vida arrojándose a las aguas del Nilo, ahogándose como se ahogó el dios Osiris. Adriano quedó absolutamente desconsolado, su corazón se hizo pedazos, nunca volvió a ser el mismo. Deificó a su querido Antinoo, le construyó una ciudad (Antinópolis) y se establecieron diversos cultos en todo el Imperio que asociaron al dios Antinoo con otros dioses, particularmente Dionisio y Osiris.


Fernando Pessoa, el poeta portugués más grande de todos los tiempos, escribió un extenso poema llamado Antinoo dedicado a la memoria del amor entre éste y Adriano. Un fragmento del poema dice: “Algunos dirán que todo nuestro amor fue vicio y crímenes./ Otros contra nuestros nombres, como piedras, afilarán/ el cuchillo de su alegre odio por la belleza, y harán/ de nuestro nombre una picota, un andamio y una hoguera/ adonde quemar a nuestros hermanos aún no nacidos./ Sin embargo nuestra presencia , como mañana eterna,/ siempre regresa en la hora de la belleza, y brilla/ salida del Este del Amor, y sea la capilla/ de futuros dioses a quienes ningún desprecio humano les perturba.”

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MÁS DE NO TE LO CALLES

¿PESADILLAS O TRASTORNOS?


Que un niño se despierte a mitad de la noche con pesadillas es normal. Incluso lo es si experimenta terror nocturno. Lo que no es tan común es que ocurra con regularidad y a los largos de los años.

Si esto pasa, investigadores en el Reino Unido sugieren que puede ser un síntoma temprano de un trastorno psicótico. Esta es la conclusión tras 12 años de estudio.

De acuerdo con el trabajo publicado en la revista Sleep, si bien la mayoría de los niños tienen pesadillas, aquellas que son más persistentes pueden ser una señal de algo más serio.

Tener terrores nocturnos -con gritos y patadas durante el sueño y dificultad para despertarse completamente- aumenta el riesgo.

Los especialistas hicieron un seguimiento a casi 6.800 pacientes hasta los 12 años, a cuyos padres se les preguntó con regularidad sobre algún problema de sueño en sus niños.

Al final se realizó una evaluación para determinar experiencias psicóticas como alucinaciones, delirio y pensamiento de que sus mentes estaban siendo controladas.

El estudio mostró que la mayoría de los niños tuvo pesadillas en algún momento. Pero en el 37% de los casos, los padres informaron de problemas con pesadillas durante varios años consecutivos.

Uno de cada 10 niños tuvo terrores nocturnos, generalmente entre los tres y los siete años.

Señal de advertencia

El equipo de la Universidad de Warwick, en Inglaterra, concluyó que las pesadillas y los terrores a largo plazo estaban vinculados a un mayor riesgo de problemas mentales más tarde en la vida.

Estiman que aproximadamente 47 de cada 1.000 niños tienen algún tipo de experiencia psicótica. Es decir, el 4,7% de los pacientes.

No obstante, aquellos con pesadillas frecuentes a los 12 años eran 3,5 veces más propensos a tener problemas.

Un riesgo que casi se duplica si se trata de terrores nocturnos.

Uno de los investigadores, el profesor Dieter Wolke, le dijo a la BBC que las pesadillas son relativamente comunes, así como los terrores.

"Pero si persisten, entonces debe haber algo más serio", agregó.

Dos teorías

La relación entre los problemas de sueño y la psicosis no está clara.

Una teoría es que el acoso u otros eventos traumáticos a muy temprana edad pueden causar esos síntomas.

La otra puede ser la forma en que el cerebro de algunos niños está conectado puede significar que la frontera entre lo real y lo irreal, o el sueño y el estar despierto, esté difuminada.

Lo que significa que tratar los problemas de sueño no implica necesariamente prevenir eventos psicóticos.

Sin embargo, las pesadillas pueden ser señales tempranas de problemas futuros más serios.

Al respecto, Wolke señaló que la rutina regular y la calidad del sueño eran clave para enfrentar las pesadillas. "La higiene del sueño es muy importante, (los niños) deben tener un descanso más regular, evitar las películas que promueven la ansiedad antes de ir a la cama, y no usar el computador en la noche".

En cuanto a los terrores nocturnos, el experto explicó que ocurren en momentos específicos durante el sueño y se pueden manejar despertando durante poco rato al niño.

La directora de campaña de la fundación británica YoungMinds, Lucie Russell, considera que el estudio es muy importante debido a que "cualquier cosa que podamos hacer para promover la identificación temprana de síntomas de enfermedad mental es vital para ayudar a los miles de niños que la sufren".

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MÁS DE VIVIR BIEN

domingo, 2 de marzo de 2014

CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ MICHAEL PREPARA "LA BIOGRAFÍA DEFINITIVA" DE OCTAVIO PAZ. AQUÍ UN FRAGMENTO QUE PUBLICÓ "R" DEL DIARIO REFORMA:



Fragmento de Octavio Paz en su siglo, de Christopher Domínguez Michael, libro editado por Aguilar y de próxima circulación.

La gran rebelión


Por Christopher Domínguez Michael

Ciudad de México  (2 marzo 2014).-   El crítico Christopher Domínguez Michael prepara 'Octavio Paz en su siglo', una biografía definitiva del Nobel mexicano con motivo del centenario del nacimiento del poeta. Ofrecemos un adelanto de dicho texto.

Las luces de bengala era la señal esperada por el Batallón Olimpia, compuesto de guardias presidenciales vestidos de civil e identificables por un guante blanco, que, apostado en las azoteas de los edificios, disparó contra la multitud para hacer creer a los soldados (ignorantes del operativo paramilitar) que los agresores eran los estudiantes, motivo por el cual la tropa empezó a disparar sin orden ni concierto. El general al mando de la operación, José Hernández Toledo, recibió un balazo en el tórax. Es sorprendente, además, que dada la crudeza de los acontecimientos y la confusión en que ocurrieron, el número de víctimas mortales haya ido decreciendo con los años. Octavio Paz, en Postdata, habla de que "The Guardian, tras una investigación cuidadosa, considera la más probable: 325 muertos" (1), aunque las estimaciones más recientes hablan de menos de 100. Es extraño que una ciudad como la de México, gobernada por la izquierda desde 1997 y donde el 2 de octubre es día de luto oficial, nadie se haya animado a dar más nombres de los asesinados ese día.

Jorge G. Castañeda, un antiguo comunista convertido a posiciones liberales que le permitieron ser canciller en el gobierno de Vicente Fox, ha dicho que exagerar el número de víctimas fue conveniente, durante décadas, para ambas partes: a los gobiernos del PRI, esa reputación genocida les permitía hacerse temibles ante una izquierda a su vez permanentemente enlutada y sedienta de martirologio (2). Paz, con su polémica interpretación sacrificial del 2 de octubre en Postdata, contribuyó paradójicamente al poderoso mito regenerador del 68. Caricaturizando esa visión de Paz, no faltó quien dijera que la sangre derramada en Tlatelolco alimentaría un nuevo ciclo, un nuevo sol.

Lo que no es un mito es que las Olimpiadas se desarrollaron en paz. El Consejo Nacional de Huelga (CNH) decretó una "tregua olímpica" y, al terminar ésta, con los juegos, aumentaron las denuncias públicas del crimen de Estado al tiempo que el movimiento se descubría del todo derrotado.

El gobierno, pese a que hubo protestas frente a algunas de sus embajadas, no pagó mayor costo político internacional por la represión, según Castañeda, y Díaz Ordaz murió convencido de que había salvado a México de una conjura comunista. En su siguiente informe, el 1 de septiembre de 1969, en un gesto inusual entre los autócratas latinoamericanos, asumió toda la responsabilidad por la represión. Al inaugurar los juegos, recibió una fuerte rechifla en el Estadio Olímpico y algunos estudiantes se las ingeniaron para que un papalote con una paloma negra sobrevolara el palco presidencial en muda señal de luto. El 2 de octubre de 1968 inició una larga cuenta regresiva que daría fin, treinta y dos años después, al régimen original de la Revolución mexicana, desalojado del poder, electoralmente, en 2000.

El embajador Paz no pensaba lo mismo del 68 mexicano que el poeta Paz del 68 francés. A fines de agosto, recibe en Nueva Delhi, por órdenes del secretario de Relaciones Exteriores, Antonio Carrillo Flores, la instrucción de elaborar un informe sobre qué medidas tomaría la India en caso de enfrentarse a agitaciones estudiantiles como las que sufría México. El 6 de septiembre, Paz contestó con un informe oficial y una reflexión personal, que como bien dice Guillermo Sheridan, será el germen de Postdata. En aquel informe, Paz le dice a su jefe "el problema me preocupa y me angustia" y que se atreve a enviarle "reflexiones que nadie me ha solicitado" porque "si me he excedido como funcionario, creo que he cumplido mi deber de ciudadano". "Los disturbios estudiantiles", apunta Paz, "forman parte de nuestro desarrollo" y no son "una crisis social sino política", iniciada hace más de diez años antes con los movimientos sindicales magisteriales y ferrocarrileros. "En el fondo", dice el embajador Paz, "el problema consiste en introducir un equilibrio entre el desarrollo económico, el social y el político. Agrego que la reforma de nuestro sistema político aceleraría el progreso social" y sería benéfico para la economía. "La reforma de nuestro sistema político", concluye, "requiere no sólo realismo sino imaginación política" (3).

En la nota manuscrita personal que acompaña ese oficio confidencial, rescatada por Enrique Krauze de los archivos de Carrillo Flores, dice Paz: "La segunda parte de mi informe contiene apreciaciones personales sobre la situación mexicana porque no pude ni quise contenerme" y le reafirma que las nuevas clases mexicanas, hijas de nuestra propia versión de la abundancia son grupos que "de un mundo intuitivo encuentran que nuestro desarrollo político y social no corresponde al progreso económico. Así, aunque a veces la fraseología de los estudiantes y otros grupos recuerde a la de los jóvenes franceses, estadounidenses o alemanes, el problema es absolutamente distinto. No se trata de una revolución social, aunque muchos de los dirigentes sean revolucionarios radicales, sino de realizar una reforma en nuestro sistema político. Si no se comienza ahora, la próxima década será violenta..." (4).

Desde que comenzó el movimiento, Paz contempló la posibilidad de renunciar y volver a México en noviembre a buscar trabajo en la Universidad o en El Colegio de México. Así se lo confiaba, por carta, a Tomlinson, el 3 de agosto: "Parece que la represión en México es severa, brutal... Temo que estos disturbios fortifiquen aun más a la derecha. La herencia revolucionaria se disipa... Desde hace bastante tiempo proyecto renunciar a mi puesto y lo que ahora ocurre contribuye o disipa mis últimas dudas" (5).

Días después, el 27 de septiembre, insiste con su amigo el poeta inglés Charles Tomlinson: "Es incongruente –desde el punto de vista moral como sentimental mi permanencia en el Servicio Exterior Mexicano. Precisamente había yo iniciado el trámite para obtener mi retiro. Lo que pasa ahora me revela que lo debería yo haber hecho antes. Todo esto me tiene apenado, avergonzado y furioso –con los otros y, sobre todo, conmigo mismo" (6).

En agosto, también, Paz escribe una primera versión de su famoso poema sobre el 68, México: Olimpiada del 68, aquel que le enviará el 7 de octubre a los organizadores de la paralela olimpiada cultural que le habían pedido, meses antes del inicio de la agitación estudiantil, un poema de tema olímpico. Considerándolo una cursilería, Paz se había negado a participar en un certamen de esa naturaleza, pero, ocurrida la matanza de Tlatelolco, reconsidera, y como un gesto de ironía envía aquel poema que dice, en el paréntesis más celebre de nuestra poesía: "(Los empleados/ municipales lavan la sangre/ En la Plaza de los sacrificios)" (7).

Ocurre, según averiguó Jaime Perales Contreras en la Biblioteca de la Universidad de Amory, que la primera versión del poema se titulaba Agosto de 1968 y reflejaba la indignación del poeta al saber que los tanques habían ocupado el Zócalo en la Ciudad de México, como estaban en las calles tanto de Praga como de Chicago (8). Esa primera versión, como la segunda, estaba dedicada al pintor Adja Junkers (ilustrador de Love Poems for Marie Jose y de una edición de lujo de Blanco) y a su esposa, la crítica de arte Dore Ashton. Paz les explica que los versos en cursivas ("La vergüenza es ira/ vuelta contra uno mismo:/ si una nación entera se avergüenza/ es león que se agazapa/ para saltar") los había tomado de una carta de Marx a Ruge en 1843. El poema hizo escuela y muy pronto Juan Bañuelos, José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid (quien publicó su eficaz Lectura del soneto 66 de Shakespeare), entre otros, publicaron sus memoriales de Tlatelolco.

La renuncia de Paz a la embajada, con estos antecedentes, pierde todo carácter caprichoso o intempestivo. Fue el resultado de una reflexión de días y semanas, como se lo hace saber a Carrillo Flores (canciller estimado por algunos de los intelectuales por su "pragmatismo", lo cual en un régimen autoritario podía ser hasta una bendición) en la carta de renuncia del 4 de octubre de 1968. "Anoche, por la BBC de Londres", le dice con toda franqueza a Carrillo Flores, "me enteré de que la violencia había estallado de nuevo. La prensa india de hoy confirma y amplía la noticia de la radio: las fuerzas armadas dispararon contra una multitud, comprendida en su mayoría por estudiantes. El resultado: más de veinticinco muertos, varios centenares de heridos y un millar de personas en la cárcel. No describiré a usted mi estado de ánimo. Me imagino que es el de la mayoría de los mexicanos: tristeza y cólera" (9).

En su carta, le recuerda al canciller sus veinticuatro años en la diplomacia mexicana y le dice: "no siempre, como es natural, he estado de acuerdo con todos los aspectos de la política gubernamental pero esos desacuerdos nunca fueron tan graves o tan agudos como para obligarme a un examen de conciencia. Cierto, desde hace diez años, precisamente al final del periodo presidencial de Ruiz Cortines y ante ciertos desórdenes y manifestaciones obreras y estudiantiles, expresé públicamente que era necesaria una reforma de nuestro sistema político, si queríamos evitar nuevos trastornos y el regreso de la violencia –esa violencia que ha ensombrecido nuestra historia" (10).

Por primera vez con toda claridad, Paz dice que el régimen del partido revolucionario fundado en 1929 entrañaba un "compromiso" que habiendo sido "saludable en su origen" para la nación, ya no lo era. El mexicano era un régimen ogresco, como lo calificaría en la década siguiente en El ogro filantrópico. Comienza Paz una travesía que aun en 1985 cuando publica "Hora cumplida (1929-1985)" en Vuelta y afirma que el PRI ha terminado su misión histórica, causa escándalo en un partido oficial que sólo tres lustros después, cuando Paz llevaba un par de años fallecido, abandonará el poder.

Entonces, en octubre de 1968, lo que parecía abrirse para el país era una nueva eternidad, que ya no transcurriría en la paz autoritaria sino en la zozobra civil: "Basta leer a la prensa diaria y semanal de México en estos días para sentir rubor: en ningún país con instituciones democráticas puede encontrarse ese elogio casi totalmente unánime al Gobierno y esa condenación también unánime de los críticos. No sé si estos últimos tengan la razón en todo; estoy cierto de que no tienen acceso a los medios de información y discusión" (11).

La solicitud de renuncia, como lo explican Andrés Ordóñez y Guillermo Sheridan, burocráticamente no podía tener otra forma que la "puesta en disponibilidad", pues el reglamento diplomático mexicano no contemplaba la posibilidad de renunciar. La palabra disponibilidad fue utilizada maliciosamente no sólo por los gacetilleros gubernamentales. Al día siguiente de abandonar la presidencia, el 2 de diciembre de 1970, lo primero que hizo Díaz Ordaz fue denigrar a Paz insistiendo, en unas declaraciones ante la televisión, en que no había sido un renunciante sino un despedido (12).

La renuncia de Paz presentada a Carrillo Flores decía así: "Ante los acontecimientos últimos, he tenido que preguntarme con lealtad y sin reservas mentales al Gobierno. Mi respuesta es la petición que ahora le hago: le ruego que se sirva ponerme en disponibilidad, tal como lo señala la Ley del Servicio Exterior Mexicano. Procuraré evitar toda declaración pública mientras permanezca en territorio indio. No quisiera decir aquí, en donde he representado a mi país por más de seis años, lo que no tendré empacho en decir en México: no estoy de acuerdo en lo absoluto con los métodos empleados para resolver (en realidad: reprimir) las demandas y problemas que ha planteado nuestra juventud" (13).

El 16 de octubre, Carrillo Flores le responde amablemente, invitándolo a tomarse unos días para reflexionar y consultar con otros colegas del Servicio Exterior. Inclusive le dice que su informe anterior lo había comentado con el presidente. Díaz Ordaz le habría dicho sibilinamente a su canciller que "la intuición de los poetas es a veces la más certera". El canciller, por cierto, no estaba en México en su oficina, en esa Torre de Relaciones Exteriores situada a pocos metros de la Plaza de las Tres Culturas (torre que según la fabulación de Díaz Ordaz iba a ser tomada por el CNH el 2 de octubre), pero le dice a Paz lo que le contaron: "No es exacto en cambio que el Ejército haya hecho los primeros disparos ni menos sobre una reunión pacífica. Los soldados empezaron a hacer fuego cuando su comandante ya había sido herido por la espalda. Y el grupo que se hallaba en el Edificio Chihuahua tenía y usaba armas de alto poder. Esa era la razón por la que se iba a proceder a su detención" (14).

Lo que Carrillo Flores no sabe o no cuenta es que ese grupo que "tenía y usaba armas de alto poder" era el paramilitar Batallón Olimpia que había disparado a mansalva contra soldados y estudiantes para destruir, en una sola tarde de sangre, física y moralmente al movimiento democrático.

La renuncia de Paz a la Embajada de México en la India fue, como dijo Enrique Krauze, "su hora mejor", una decisión histórica que puso "un límite histórico al poder imperial de la Presidencia de México" (15), uno de esos momentos que lo convirtieron, a cabalidad, en "un hombre en su siglo", el ciudadano que toma la decisión más sabia en la circunstancia más ardua. De los miles y miles de funcionarios que el Estado mexicano tenía el 2 de octubre nadie, salvo Paz, renunció a su puesto. Ningún otro.

El mismo día en que amablemente le pedía reflexión, Carrillo Flores aceptó la renuncia de Paz y lo puso en disposición. De inmediato, le llega al Presidente de la India una carta de Díaz Ordaz informándole que ha decidido poner fin "a la misión que el señor Octavio Paz venía desempeñando". En Vislumbres de la India, leemos que discreta y amable "Indira Gandhi, que ya era primera ministra, no podía despedirme oficialmente, pero nos invitó, a Marie José y a mí, a una cena íntima, en su casa, con Rajiv, su mujer, Sonia, y algunos amigos comunes". Hubo un homenaje de despedida en The International House y el corresponsal de Le Monde, Jean Wetz, publicó un "extenso comentario sobre el caso" (16).

"Las semanas que me esperan (después de 'la fatal decisión') son horribles –revisar papeles, guardar libros, deshacerse del pasado o, mejor dicho, rehacerse frente a lo pasado", le escribió Octavio a Juan Almela, quien todavía no usaba su nombre de pluma de poeta como Gerardo Deniz. Finalmente, los Paz tomaron el tren hacia Bombay, donde se embarcaron en el Victoria, un barco que hacía el servicio entre el Oriente y el mediterráneo, obligado a tornear África porque el canal de Suez estaba cerrado por el conflicto árabe–israelí. "El viaje de Delhi a Bombay fue emocionante, no sólo porque me recordaba el que había hecho unos años antes, sino porque en algunas estaciones grupos de jóvenes estudiantes abordaban nuestro vagón, para ofrecernos las tradicionales guirnaldas de flores" (17).

En México, pese a los acontecimientos de Tlatelolco –de los cuales millones de mexicanos que no leían el periódico no tuvieron otra noticia que las del rumor– se respetó la llamada "tregua olímpica" que el propio CNH había ofrecido. El 19 de octubre, Excélsior anuncia, como noticia secundaria, CESA RELACIONES A OCTAVIO PAZ y días después, los cuatro principales hacedores de La cultura en México, Fernando Benítez, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y Vicente Rojo, al desmenuzar los comunicados oficiales donde se anunciaba el "despido" de Paz en contraste con el ya difundido poema México: Olimpiada de 1968 dicen: "Allí queda, por un lado, la prosa burocrática de los que no dimiten nunca, punto final a una honrosa trayectoria de veinticinco años, y por el otro, un breve poema donde la ira y el desprecio han sido expresados con una claridad deslumbradora. Su terrible peso ha inclinado la balanza a favor de la justicia y de la verdad sin equívocos y ya de una manera definitiva, pues tal es el privilegio de un gran poeta" (18).

Al de La cultura en México siguieron otros dos desplegados donde la inmensa mayoría de los intelectuales mexicanos respaldaban, orgullosos, a Paz. Pero entre las excepciones había un par, dolorosísimas y estridentes, que hacían del drama nacional un drama familiar: Elena Garro y Laura Helena Paz Garro.



Referencias bibliográficas
1. Octavio Paz, Obras completas, V. El peregrino en su patria. Historia y política de México, edición del autor, Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores, Barcelona, 2002, p. 331.

2. Jorge G. Castañeda,  Mañana o pasado. El misterio de los mexicanos, traducción del inglés de Valeria Luiselli, Aguilar, México, 2011, p. 156.

3. Paz,   "Un sueño de libertad: Cartas a la cancillería" precedidas de una nota de Enrique Krauze,         Vuelta, México, no. 256, México, p. 10.

4. Ibid.

5. Krauze,           Redentores. Ideas y poder en América Latina, Debate, México, 2011, pp. 228-229; Guillermo Sheridan, "My dear Charles, Paz le escribe a Tomlinson", Letras Libres, no. 180, diciembre de 2013, pp. 51-52.

6. Ibid.

7. Paz, Obras completas, VII. Obra poética (1935 1998), Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores, Barcelona, 2004, p. 445.

8. Jaime Perales Contreras, Octavio Paz y su círculo intelectual, Coyoacán/ITAM, México, 2013, p. 108.

9. Paz, "Un sueño de libertad. Cartas a la cancillería", op. cit., p. 11.

10. Ibid.

11. Paz, "Un sueño de libertad. Cartas a la cancillería", op. cit., p. 11.

12. Andrés Ordóñez,     Devoradores de ciudades. Cuatro intelectuales en la diplomacia mexicana, Cal y Arena, México, 2002, p. 238; Sheridan,                Poeta con paisaje. Ensayos sobre la vida de Octavio Paz, ERA, México, 2004, p. 492; Xavier Rodríguez Ledesma,         Escritores y poder. La dualidad republicana en México, 1968-1994, Universidad Pedagógica Nacional, México, 2001, pp. 109-110.

13. Ibid; Sheridan,           Poeta con paisaje, op. cit., p. 487-489.

14. Paz, "Un sueño de libertad. Cartas a la cancillería", op. cit., pp. 11-12.

15. Ibid., p. 6.

16. Paz, Obras completas, VI. Ideas y costumbres. La letra y el cetro. Usos y símbolos, edición del autor, Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 1241.

17. Sheridan, Poeta con paisaje, op. cit., p. 491: Paz,      Obras completas, VI. Ideas y costumbres. La letra y el cetro. Usos y símbolos, edición del autor, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 1241.

18. Jorge Volpi, La imaginación y el poder. Una historia intelectual del 68, Era, México, 1999, p. 580.












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Fecha de publicación: 28-Feb-2014



¿CUANDO ENTENDEREMOS QUE LA OBESIDAD ES UNA ENFERMEDAD RIESGOSA? SOBRE TODO EN NIÑOS:





Viven riesgos niños obesos


Por Dalila Sarabia

Ciudad de México  (2 marzo 2014).-   Los niños obesos están en riesgo de perder 10 años de vida.

Y en esa situación se encuentran el 38.6 por ciento de los alumnos de primaria del DF, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud local.

En la actualidad la esperanza de vida de un mexicano es de 76 años, pero la obesidad y sobrepeso provoca que se le resten 10 años a quien las padecen.

"A partir de 2006 cuando se comenzó a reflejar que estábamos por arriba de las medias nacionales en cuestión de sobrepeso y obesidad esta esperanza comenzó a bajar y disminuyó aproximadamente 10 años de vida", explicó Marisol Villegas, directora de Promoción de la Salud de la dependencia.

Aunque llegaran a vivir más de 70 años, perderían calidad de vida, pues lo harán padeciendo diabetes, hipertensión, con ceguera o amputaciones derivado de los efectos del sobrepeso en su salud, aseguró María Luisa Ponce López, presidenta de la Academia Mexicana para el Estudio de la Obesidad.

"Los niños obesos no tienen la misma esperanza de vida y si vivieran (esos años) vivirán con discapacidad, eso es un hecho", aseguró Ponce López.

La experta señaló que las frituras, galletas, panes y refrescos se han convertido en la base de la alimentación de los menores.

Agregó que el 3 por ciento de las personas con obesidad o sobrepeso tienen este problema por factores genéticos o endocrinos, mientras que el 97 por ciento lo padecen a causa de factores del ambiente cotidiano como la falta de ejercicio, el consumo excesivo de alimentos chatarra, refrescos, jugos con fructosa y sacarosa.

Además, el 44 por ciento del total de líquido que ingieren los niños en un día son bebidas de alto valor calórico como refrescos y bebidas endulzadas con sabor a fruta y néctares, de acuerdo con estudios de la Secretaría de Salud del DF.

Un estudio de este año de la Procuraduría del Consumidor sobre los hábitos alimenticios de los capitalinos, revela que 25 por ciento prefiere desayunar tamales con atole y el 59 por ciento cena tacos con refresco.

Actualmente, los padecimientos derivados de la mala alimentación y la nula actividad física han hecho que los servicios de salud de la Ciudad atienden a niños de entre 8 y 14 años con problemas de diabetes e hipertensión, enfermedades que raramente se diagnosticaban en menores.

Susana Lara, psicoterapeuta infantil, explicó que el sobrepeso y la obesidad influyen directamente en el desempeño académico de los pequeños, quienes a causa de este problema, sufren depresión y ansiedad al verse relegados del resto de sus compañeros.

Marca peso extra desde los 5 años

Para muchos adultos obesos, la suerte estuvo echada cuando tenían 5 años de edad.

Un estudio de más de 7 mil niños encontró que una tercera parte de los niños que tenían sobrepeso en el jardín de niños eran obesos para cuando estaban en segundo grado de secundaria. Y casi todos los niños que estaban obesos así continuaron.

"El principal mensaje es que la obesidad se establece a una edad muy temprana, y que básicamente continúa hasta la adolescencia o la edad adulta", dijo Ruth Loos, catedrática de medicina preventiva en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en Nueva York.

Estos resultados surgieron de un estudio poco común que monitoreó el peso corporal de niños durante años, desde el jardín de niños hasta segundo año de secundaria.

Los hallazgos, publicados en The New England Journal of Medicine, no explican por qué ocurre este efecto. Los investigadores dicen que podría ser una combinación de predisposiciones genéticas y entornos que fomentan comer en exceso en las personas propensas a la obesidad.

Pero los resultados sí proporcionan una posible explicación de por qué los esfuerzos para ayudar a los niños a perder peso con frecuencia tenían resultados decepcionantes.

Las medidas podrían haberse dirigido demasiado ampliamente a todos los niños en edad escolar, en lugar de iniciar antes de que los niños ingresaran a preescolar.

Con información de NYT News Service


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Fecha de publicación: 01-Mar-2014

sábado, 1 de marzo de 2014

ADIÓS A PACO DE LUCÍA. AQUÍ INTERPRETABA CONCIERTO ARANJUEZ DE JOAQUÍN RODRIGO CON LA ORQUESTA DE CADAQUES:



Con una misa en la que se rompieron protocolos, como lo hiciera en vida el guitarrista español Paco de Lucía , terminaron los actos públicos para decirle adiós al artista que murió de un infarto a los 66 años.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Palma de Algeciras, uno de las principales símbolos de identidad de esta ciudad andaluza, fue la sede de este adiós en el que hubo muchos aplausos, vítores, cánticos y llantos flamencos e incluso un mensaje del guitarrista de jazz John MacLaughlin.

Luego el cortejo fúnebre se dirigió a la última morada del artista, el cementerio viejo de Algeciras, su ciudad natal, donde reposará muy cerca del sitio donde fueron sepultados sus padres.

Paco de Lucía, quien nació en esta ciudad andaluza murió el miércoles pasado en Cancún, México, a los 66 años, de un infarto fulminante, mientras jugaba fútbol con uno de sus hijos.

Su representante, Michael Stein, que trabajó durante 27 años con él, apuntó que “sabiendo que no es lo usual en una ceremonia religiosa tomar la palabra para hablar sobre una persona querida, pero ya que Paco rompió muchas reglas, yo también quiero hacerlo”.

Destacó la relación de amistad que mantenía con Paco de Lucía y le agradeció que su música “ha hecho feliz al mundo”.

Al guitarrista gaditano le expresó que ahora inicia “una gira en la que no podemos acompañarte, aunque tu música me acompañará siempre en el corazón”.

Fue Stein el que transmitió el mensaje de MacLaughlin, quien está en Camboya, y quien dijo que “Paco fue un hombre auténtico en el sentido real, en cuanto a su persona, su música, él mismo”.

“Un hombre que tenía el entendimiento de la condición humana y todo ello se proyectaba en su música y en su maravilloso toque de guitarra”, expresó.

MacLaughlin, quien tocó junto con Paco de Lucía, aseguró que ha sido una de las mayores bendiciones de su vida.

“Decir que le he perdido, es decir poco, en el lugar donde él vive, que es dentro del corazón, hay ahora un vacío que permanecerá conmigo hasta que me reúna con él”, manifestó.


Su biógrafo, Juan José Téllez, también tomó la palabra en la Iglesia de Nuestra Señora de la Palma para recordar cómo fue Paco de Lucía, “un hombre que fe capaz de componer, de tocar, de interpretar algunas de las obras maestras del mundo”.

No dejes de visitar  http://www.pacodelucia.org/