martes, 3 de junio de 2014

CORTADOS DE LA MISMA TIJERA

03 de Junio 2014
Los taxis siguen siendo uno de los medios de transporte más socorridos en la Ciudad de México, territorio en el que moverse a veces es una autentica proeza.

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Sí, quizá no son tan económicos como el Metro o el Metrobús, pero a veces es la opción más viable para ir de un punto a otro en menor tiempo (si el tráfico así lo permite) o cuando no hay otro modo de transporte. Sin embargo, abordar uno de estos autos, al menos en esta ciudad, implica convivir con unos personajes muy peculiares: los taxistas.

No sabemos si van a una academia especial o si todos los taxistas están hechos de la misma madera, el chiste es que las personas dedicadas a esta noble chamba tienen el mismo comportamiento.

Tras un breve análisis, identificamos algunas de las frases y comportamientos en los que incurren los taxistas defeños, los cuales recopilamos en esta breve nota. Si eres cliente frecuente seguro te resultarán familiares, si nunca abordas taxis porque eres nice, checa lo que te has perdido:

1. Son unas máquinas sexuales

Es común que la mayoría de los taxistas en algún punto del viaje (y sin que el tema venga al caso) comiencen a relatarnos varios pasajes de su extensa vida sexual. Aunque el chofer en turno diste mucho de ser un galán nórdico, algo debe tener pues según él “así como me ve, joven, yo he estado con muchas mujeres, guapetonas, chichonas, mexicanas, extranjeras, de todo”.

Hasta ese punto la charla está cotorra, pero la cosa se torna incómoda cuando el taxista empieza a contar con lujo de detalle las posiciones y detalles íntimos de esos encuentros, provocando un momento incómodo. ¿Los taxistas realmente son unas bombas caribeñas, o de plano son mitómanos?

No es casualidad que Arjona, el gigante guatemalteco, les haya compuesto una canción.


2. Estuvo a punto de ser un futbolista profesional

Uno de los temas favoritos de los taxistas es el futbol. Todo empieza con la pregunta ¿Y qué joven, le gusta el futbol? Sí respondes que sí, prepárate para hablar del tema durante el resto del viaje.

Con preguntas como “¿Quién para ganar el Mundial?” o “¿A qué equipo le va, joven?”, el ruletero irá guiando la conversación pambolera hasta confesar que, de no ser por el destino, él hubiera estado destinado a ser el próximo Chicharito Hernández. Lástima que la oportunidad de ser un crack de las canchas se diluyo cuando el ahora chofer se lesionó, o la mafia del futbol le cerró las puertas.

“Pero de que movía la pelota, la movía”.

3. Son temerarios, a su lado Rambo se queda corto

Los taxistas también son héroes de acción casi al nivel de Chuck Norris. En sus historias relatan como se han enfrentado a delincuentes, los han perseguido mafiosos y han evitado varios crímenes, o ya de perdis, se pusieron parejo a quién fingiendo ser un pasajero, quiso asaltarlos cuando iba a bordo del taxi.

4. Todos eran ricos y poderosos

No es raro toparnos con profesionistas que ante la falta de oportunidades deciden ganarse la vida como taxistas, sin embargo, de eso a creer que quién conduce el taxi en el que vamos era poco menos que Bill Gates hay un gran trecho. Nunca falta el taxista que con entusiasmo nos cuenta que anteriormente tenía propiedades, un puesto importante y fajos de billetes.

“Pero pues llegó la crisis joven”, nos dicen, para después compartirnos que tienen una idea brillante que les devolverá el poder. Ojalá y así sea, no puedo esperar para decir que el nuevo Carlos Slim alguna vez me dio un aventón.

5. Tuvo encuentros con extraterrestres y experiencias fantasmales

Además de combatir al crimen organizado en sus ratos libres, y de poner a las mujeres jacarandosas, los taxistas también tienen un imán especial para que los extraterrestres los contacten (son la envidia de Maussan), o bien, para tener encuentros con aparecidos.


6. Sin saberlo, sus vehículos son una oda al kitsch

Hay taxis que por su decoración tan singular son unos museos sobre ruedas. Ya no se trata únicamente de una pata de conejo colgando del retrovisor o de traer el tablero con peluche, sino de llenar el interior de muñequitos, objetos alusivos al América, luces interiores y exteriores “pa’ que de noche luzca más la nave”, tecnología de punta, etc.

La imaginación no tiene límites y los taxistas son la muestra.


7. No son sexistas, pero…

Algunos taxistas continuamente andan tirándole mala onda a las mujeres que van tras el volante. Para muestra este comentario que escuchamos no hace mucho mientras ibamos a bordo de uno de estos vehículos:

“Mire joven, la verdad no es por ser sexista o algo así, pero en serio las viejas no saben manejar… el problema principal está en que no miran los espejos: si te andas voltee y voltee mientras llamas por teléfono y te maquillas pues a huevo vas a chocar”

¡Zas!

8. Todos los taxistas son chafas, menos ellos.

No sólo ocurre con los diseñadores gráficos, los electricistas o los albañiles. También los taxistas aprovechan cualquier oportunidad para demeritar el trabajo de sus colegas y enaltecer el propio:

“¿Qué no te quieren llevar hasta allá? Pinches huevones, si la chamba es la chamba, yo voy a la Villa de ida y de regreso ¿y qué?”

9. Son expertos en el clima citadino y sus inclemencias

Pocas personas están preparadas para los constantes cambios del tiempo como los taxistas.

“Pinche sol, la neta yo prefiero andar con camisa larga, así mira, para no tener todo el brazo rojo luego”, me comentó alguna vez un taxista. También suelen usar sus mangas de tela para protegerse de la radiación, tienen instalado un ventilador en el tablero del auto para combatir el calor, o traen franelas que colocan entre las puertas para que no se meta el agua cuando llueve.


10. Tienen algún conocido que se dedica a lo mismo que tú

Típico, te preguntan a qué te dedicas y a continuación te hacen un comentario así:

“Tsss, n’ombre, mi primo tiene un amigo que hace casi lo mismo”

11. Saben dónde están todos los buenos tugurios del DF y dónde conseguir chavas buena onda

No saben dónde está el sitio al que quieres llegar o siempre eligen la ruta más larga para llegar a tu destino, pero eso sí, saben dónde están los mejores tugurios, tables, centros de perdición y bares de mala muerte de la ciudad. Si es viernes o sábado por la noche, amablemente te sugieren llevarte con unas chicas que conocen y que no cobran muy caro.

* * * * *

Y estas son sólo algunas de las muchas frases y comportamientos característicos de los taxistas. Sirva este pequeño recopilado para rendirles un homenaje a todos estos choferes que diariamente salen a trabajar en las calles. Gracias a ellos nuestros trayectos son más amigables.

MI OTRA MITAD


03 de Junio 2014

Beatriz Sanchís acaba de estrenar su primer largometraje 'Todos están muertos', una fábula sobre vencer los traumas del pasado para poder seguir adelante que protagoniza Elena Anaya. Pero el nombre de la directora valenciana no nos era desconocido y es que con tan sólo dos cortometrajes consiguió hacerse un nombre dentro del panorama del cortometraje internacional.

Su corto más premiado fue 'Mi Otra Mitad', se alzó con el Premio Especial del Jurado y el del Jurado Joven en el Festival de Málaga en el 2010 y compitió en el Festival de Cine de Berlín. El corto, protagonizado por los jóvenes Fernando Tielve y Nadia de Santiago, cuenta la historia de Andrea y Adrián, unidos por una inusual deformación óptica que les hace ver el mundo de una manera incompleta y que complementan con la visión del otro. Otra fábula en la que Beatriz Sanchís asentaba las bases de su estilo personal.

Os dejamos con el corto:

CONTRASTES

03 de Junio 2014
Esta fotografía de Daniel Rodríguez Villa obtuvo una mención honorífica, como parte de las 120 imágenes seleccionadas a partir de la convocatoria "El México de los mexicanos II”, que se muestran en la Galería Abierta de las Rejas de Chapultepec. 


La imagen muestra a dos mujeres en el Metro de la Ciudad de México y deja ver los contrastes del país. (La imagen original se muestra al centro).

lunes, 2 de junio de 2014

LA PLAYA DEL AMOR

02 de Junio 2014
Probablemente nunca has oído hablar de las Islas Marietas, cerca de la costa de Nayarit, México. A mediados del siglo XX, el uso de estas islas estaba reservado para el ejército mexicano, lo cual, combinado con la extraña belleza del lugar, ha dado lugar a un leyenda muy extraña.


Desde los años sesenta las islas dejaron de pertenecer al ejército y se convirtieron en un santuario natural que incluso está protegido por la UNESCO. El turismo fluye en estas islas, aunque necesitas un permiso especial para poder llegar a ellas y sólo pocas agencias de viajes pueden ofrecer tours por el lugar. La vida en las Marietas es un milagro de la naturaleza. Puedes ver pulpos, delfines, mantarrayas, tortugas marinas y espectaculares ballenas jorobadas que vienen a reproducirse desde Alaska.

Adicionalmente, una de estas islas alberga la llamada Playa del Amor, un sitio con una magia única capaz de hechizar a cualquiera. Se trata de una formación volcánica que parece un hueco bajo la isla que guarda la playa más encantadora del mundo. Para llegar ahí necesitas nadar por un pequeño hueco o usar un kayak. Hay muchas complicaciones para llegar ahí, desde permisos del gobierno, contratos con agencias y viajes accidentados; pero definitivamente vale la pena.

La peculiar forma de este lugar ha dado pie a la leyenda de que las Marietas eran islas en las que los militares mexicanos probaban bombas. De manera que la Playa del Amor habría nacido como la violenta acción de un explosivo. Por supuesto, se trata de una leyenda. En primer lugar, nadie sabe nada del desarrollo de bombas por parte del ejército mexicano que necesiten ser probadas en locaciones específicas. Además, si las Marietas hubieran sido escenario de muchas explosiones, la vida natural actual no habría podido desarrollarse y subsistir. Finalmente, la Playa del Amor simplemente es demasiado perfecta como para nacer de las torpes manos militares, poco acostumbradas a las sutilezas. Si no nos crees, checa esta galería:










INTERRUMPE CREATIVAMENTE TU LECTURA

02 de Junio 2014

El viernes pasado se inauguro la 73º edición de la Feria del Libro de Madrid, bajo el lema 'Deletrear el mundo', que podrá visitarse hasta el próximo 15 de junio en el Parque del Retiro.


Una fiesta llena de actos y encuentros con autores para disfrute de los amantes de los libros. Para ellos, estas 23 formas originales de hacer una pausa en la lectura, vía The HuffPost:



Cremallera para cerrar la lectura

¿Has acabado por hoy? ¡Abróchala hasta mañana!.


Una loncha (de mentira) de bacon

Para devorar un libro por partes. 


Es justo aquí

A ver... Sí, lo dejé justamente en esa línea. ¡Gracias marcapáginas!.


Los brotes verdes llegan a los libros

Ideas que crecen de los libros. 


Guardapáginas y guardalibros

Mucho más que un marcapáginas: atorníllalo a la pared más cercana a tu lugar de lectura favorito y así y tendrás tu libro esperándote con la página preparada. 


Esquinero con forma de corazón

Los marcapáginas esquineros están infravalorados. Eso es así. 


Lámpara de mesilla de noche Buonanotte

Atención, atención. Esta es la mejor lámpara para mesillas de noche jamás inventada. No solo puedes usar la base como marcapáginas cuando estás listo para dormir, sino que al apoyar el libro la luz ¡se apaga! Qué eficiencia... 


En busca de los zapatos

Aplasta a este chavalillo en tu libro (ahora entendemos los motivos de su cara de sorpresa) y deja que sus pies cuelguen para volver a encontrarle rápidamente. 


La bruja mala del Este, a tus pies

Para los amantes de la literatura (y los zapatos), aquí llegan los chapines de rubíes de de la Bruja del Este del Mago de Oz. Ten cuidado cuando marques tu página: tiene una hermana muy vengativa. 


Albatros

No marcarás una página nunca más. Simplemente deja caer este inteligente marcapáginas cada vez que pasas la página, y señalará el punto en el que has parado cuando cierres el libro. Brillante. 


Protector y con un toque art déco

Gentes de bolsos siempre llenos: alegráos. Este marcapáginas tiene una banda elástica que mantiene tu libro cerrado cuando te desplazas y asegurando que las páginas de tu nueva novela no se arruguen en la jungla de tus cosas. 


Lili Lite

Estantería, lamparita y además marcapáginas. No hay nada que pueda compararse a este chisme tres en uno para los amantes de los libros. 


El lugar donde dejar apoyada la lectura

Un giro en el diseño de los marcapáginas.


Marcapáginas con marcapáginas

Marca tus partes favoritas cuando lees, mientras que lo usas como marcapáginas. 


Escribiendo en el lomo

Tan divertido como cuando escribías en los lomos de los libros de texto del colegio, pero sin costes extras por los daños causados .


Marcapáginas magnéticos de flores japonesas

Deja una obra de arte en tu página. Los imanes aseguran que no te perderás nada. 


Naturaleza ilustrada

Las cabezas y las colas de estos pajarillos asomarán por tus libros cuando quieras hacer un descanso de la lectura. 


Marcación líquida

¿Eso es sangre derramándose por tu libro o simplemente un marcapáginas de silicona?


Pequeños e icónicos

Clips de aviones, coches, gatos o animales pequeños, en brillantes colores. 


¡¡¡¡¡Para los que son muy expresivos!!!!!

¿Te ha tocado parar en ¡¡ESE!! momento en el que el libro se ponía realmente apasionante? Expresa tu frustración con estos artísticos signos de admiración. 


Cabaña

Este marcapáginas tiene un extra: el hueco central es perfecto para dejar un boli o tus gafas de leer. 


La cucharita

Seamos sinceros: ¿por qué usas marcapáginas? A veces no consigues mantenerte despierto hasta que acabas el libro. Y esta bonita cuchara con mensaje también lo sabe. 


Tarjetas en mi libro

Estas tarjetas de felicitación sirven como extras literarios y te darán ganas de reutilizarlas como marcapáginas. 

ENTRE TIBURONES

02 de Junio 2014

Hizo trasladar 1,6 millones de litros de agua de mar desde del Golfo de México, pingüinos desde Perú y Japón, arena desde las playas de Florida: Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, ya tiene listo su acuario en Ciudad de México y cobrará por la entrada $129. 


Sólo faltan algunos detalles para la apertura al público el 11 de junio, pero hoy fue su presentación oficial: un edificio de cinco plantas, cuatro de ellas subterráneas, con 3,500 metros cuadrados de área de exhibición.

El Acuario Inbursa, que requirió de una inversión de 250 millones de pesos (unos 19 millones de dólares), está ubicado en una zona conocida como Nuevo Polanco, que se ha convertido en territorio de Slim. 



Ahí están, entre otros de sus edificios, la sede principal de su conglomerado, Plaza Carso, y el Museo Soumaya, que alberga parte de su colección de arte. 


El acuario se ubica justo frente al museo y tiene 26 metros de profundidad bajo tierra, así que apenas sobresale entre abigarradas torres de apartamentos y oficinas. Según el director del acuario, Alejandro Nasta Icaza, por sus dimensiones, número de especies y cantidad de peceras se le puede comparar con el acuario de Londres.


Nasta Icaza hizo hoy un recorrido para la prensa que precedió a la inauguración de este viernes por parte del alcalde de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, y el propio Slim.


El proyecto de edificación es obra del arquitecto Fernando Romero, yerno de Slim, que también fue el creador del Museo Soumaya, aunque participaron también especialistas en construcción de acuarios.

El nuevo atractivo de Ciudad de México abrirá con unos 3,000 ejemplares de 230 especies y, de manera gradual, se espera llegar a más de 10,000 ejemplares de más de 300 especies para fin de año.

Algunas provienen de capturas, otras de granjas o cautiverio y otras de donaciones. En los estanques hay ya tiburones, rayas, medusas, caballitos de mar, pirañas, peces de todos los colores y cocodrilos, entre otros.

“Nosotros decidimos, dado que no estamos en ninguna costa, poner las especies más llamativas, las que todo el mundo quiere ver”, dijo Nasta Icaza. 


El acuario tiene capacidad de recibir a unas 7.500 personas en un día. Los pingüinos, de dos tipos diferentes, unos nacidos en un zoológico de Lima y otros en un zoológico del sur de Osaka, en Japón, aún no han llegado: están en periodo de cuarentena.

Situada entre cerros en el centro del país, Ciudad de México no tiene costa. Los destinos de playa más cercanos son Acapulco y Veracruz, en la costa del Pacífico y en el Golfo de México, respectivamente, ambos a unos 400 kilómetros de distancia.

Desde Veracruz se trasladó el agua extraída del mar en camiones cisterna especiales de una sola vez y se le agregó una cepa de bacterias llevada desde Alemania. El agua se filtra 15 veces al día.

La idea surgió hace cinco años y la construcción llevó dos años y medio, con los desafíos propios también de una ciudad sísmica, donde la tierra se estremece con frecuencia por movimientos telúricos.

“El último mes tuvimos tres temblores y les quisiera decir que no se sintieron aquí abajo”, dijo Nasta Icaza. Slim, que es el magnate de las telecomunicaciones en México, dotó al edificio de internet gratuito y desarrolló una aplicación para tabletas y teléfonos inteligentes que permitirá escanear unas fichas ubicadas junto a las peceras para ver cada especie en 3D o escuchar una explicación.


UN APODO A LA MEDIDA

02 de Junio 2014


Por Emiliano Pérez Cruz

Para María Moliner el apodo es el sobrenombre aplicado entre gente ordinaria. Y así, como gente ordinaria vamos por la calle, en el Metro, trolebús, pecerda, microbio, Metrobús, o ejecutando paso que dure o trote que canse, o a bordo de un taxi si andamos con prisa y dinero en el bolsillo, y también ahí se les pronuncia: son los apodos, algunos personales, otros genéricos o gremiales; no respetan jerarquía, edad, ni género: chafiretes los choferes, ruletas los taxistas. Cansadón si es persona de paso lento y pausadas maneras. Nopal, si piensan que la baba se le cae. Bóiler es el cuate que quema cannabis a todas horas yAmarguro el que hizo de su existencia pura hiel.

Los apodos suelen reflejar racismo, clasismo, violencia de género: Pasitaes la señora de piel oscura y avejentada; Rupestre, persona venida del campo a la ciudad; Güilota era llamada la prostituta; Milusos, el que carece de oficio o profesión…

A Sara Pérez Romero, esposa del Mártir-de-la-Democracia, Francisco I. Madero, con respeto se le conoció como La Primera Dama de la Revolución y Sarita, pero la gente ordinaria la motejó como el Sarape de Madero. Fecal se popularizó durante el sexenio pasado, en lugar el nombre del Presidente de la República, y un legislador se popularizó en los medios como el Diputéibol por su concurrencia a los antros con table dance…

En el mismísimo hogar dulce hogar florecen los apodos: primero fueron diminutivos afectuosos (El Chiquilín) que surgieron como ocurrencia (a la postre imperdonable) de un padre o madre cariñosos, o una característica que en la infancia tuvo su gracia, pero que al correr los años se volvió seña de identidad: “¿Qué ondas, mi Chata Narizona?”

Las características físicas ofrecen, por lo regular, materia prima para generar el apodo. Si alguien de repente embarnece y su ropa tiende a reventar, es posible que se gane como sobrenombre El Tamal o una variante de Rambo: Tambo; si es ella quien ha perdido las curvas en aras de una sola pero bien trazada, las tijereteadoras pueden reconocerla como la Cinturita de Gallina.

Si por desgracia a la persona le fueron mal atendidas enfermedades como el acné, los barros o espinillas, puede que sea reconocida como El Cacahuate. ¿Que está tilica y flaca? Lombricia tenías que ser. ¿Que tiene la cara alargada y los dientes de buen morder? Te llamaremosMíster Ed, el caballo que habla, o La Dientefino. ¿Paliducha? Morticia, en honor a la serie televisiva Los Locos Adams…

Si la estatura no alcanzó a desarrollar, alguien será El Llaverito. En ocasiones la propiedad del Chaparrito resulta blanco de los poneapodos:

—Aguas-aguas, que ahí viene el Auto Increíble.

—¿Por qué? Pues porque no se ve que lleve chofer, va solito...


Gente hay a la cual el nombre se le perdió entre la cantidad de apodos, variantes de una misma imagen, por ejemplo, aquella que comenzó siendo Gordis, avanzó a Garrafoncito —en pequeño, para que no se sienta la muchacha— y degeneró en Bomba, Tonel, Kilowattito...

Tocino es un tipo que, además de ser gordo, suda grasa a la menor provocación. Y El Rugidor es quien por su potente y gruesa voz lastima tímpanos y apantalla personalidades endebles. El Muerto: aquel que se desempeña tras la caja de pagos.

En el cine se dieron apodos famosos: quizá muchos ni recuerden su nombre pero saben quién es El Pichi: el actor que le hacía de atarantado novio de Chachita en la saga de Ismael Rodríguez, donde Pedro Infante fue Pepe el Toro y Blanca Estela Pavón La Chorreada, y Las Kúkaras se desdoblaron en La Guayaba y La Tostada, y al personaje con joroba le llamaban Camellito.

Los peluqueros fueron fígaros, cuicos los policías, alzadedo los diputados, lorocutores las voces titulares de la radio, macuarros los albañiles; toques, los electricistas; caco, el ratero; matasanos, el médico…

Los apodos exageran y en la exageración definen, describen: Arturo El Silencioso, tímido vecino; Tony El Chupes, bebedor consuetudinario; Genaro El Chinche, afanoso y rotundo carnicero; Alfonso Niñoviejo, calvo prematuro; Chabela La Buenona, locataria del mercado entrada en carnes; Guille El Cautín, siempre caliente; Beto El Clamores, hojalatero que platica a gritos sus aventuras; Luis El Arrugas, monopolizador de surcos en el rostro; Juana La Minisuper, pequeña pero con atributos corporales; Juan El Burris presume grandes dimensiones tras la bragueta, y Gustavo El Lamewebs es aquel que en la ofis destaca por ser diligente, tapete hasta la ignominia con los jerarcas…

Por desgracia, muchos de los apodos son calca vil de aquellos que se dan en la programación televisiva y dominios donde Azcárraga es el bueno: futbol o deportes en general, espectáculo. Sin embargo, la realidad de nuestro país, con el narcotráfico y sus personajes, ha lanzado al estrellato más apodos que la tele: Joaquín El Chapo Guzmán; Papá Pitufo; Miguel Ángel Treviño Morales, Z-40; Servando Gómez La Tuta; Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca; Jorge Eduardo Costilla Sánchez,El Coss; Nazario Moreno González, El Más Loco; Ignacio Nacho Coronel; Ismael El Mayo Zambada; Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy; FernandoEl Ingeniero Sánchez Arellano; Maxiley Barahona, El 19 alias El Contador; Sergio Ricardo Basurto, El Grande…

Apodos como El Rey (Jesús Zambada García), El Señor de los Cielos(Amado Carrillo Fuentes) o El Jefe de Jefes (Arturo Beltrán Leyva) están en vías de extinción, pues “lo que estamos viendo es un apodo distinto que refleja una manera distinta en la que los criminales se identifican y las nuevas formas de violencia”, comentó a la agencia AP Martín Barrón, experto en criminología del Instituto Nacional de Ciencias Penales de México.

Para ilustrar, la misma agencia señala que “cuando fueron capturados El Comegusanos y La Rata, llevaban cinco granadas y aproximadamente un millón de dólares en efectivo. A Basura lo agarraron tratando de extorsionar a conductores de autobús, según la policía, y La Puerca era notorio por la manera cómo mataba a sus enemigos. El Vago calcinaba a sus víctimas y las enterraba en fosas clandestinas”.

Por fortuna, en las relaciones de pareja los apodos derraman miel y cursilería, que son escudo ante la cruda realidad real; pero quien tenga pruebas en contra que arroje el primer apodo con ternura y pasión: para él, ella es Gordita, Nena, Primor, Pastelito, Gatita, Bomboncito, Princess, Vida, Mami, Bolita, Nena, Cosita rica, Chiquita, Güerita, Flaquita, Mi Reina; para ella, él no es más que lo máximo: Mi Rey, Ternura, Conejito, Tigre, Muñeco, Bombón, Bizcocho, Cuchurrumín, Piojito, Cosita, Corazoncito, Papito, Mi Sol, Cielito.

Apodos para la vida íntima, apodos para florecer en sociedad…

MI LLORADA HERMANA ULTRAORTODOXA

02 de Junio 2014



Hace 19 años, en un pequeño salón de bodas en Bnei Brak, mi hermana mayor murió, y ahora vive en el barrio más ortodoxo de Jerusalén. Hace poco pasé un fin de semana en su casa. Fue mi primer sabbat allí. Suelo visitarla entre semana, pero ese mes, con todo el trabajo que tenía y mis viajes al extranjero, o era sábado o nada. "Cuídate", dijo mi mujer mientras me marchaba. "Que ya no estás tan en forma, ¿eh? Y que no te convenzan de que te vuelvas religioso o algo". Le dije que no tenía por qué preocuparse.

La época en la que mi hermana estaba descubriendo la religión coincidió con el periodo más deprimente de la historia del pop israelí. La guerra contra Líbano acababa de terminar y nadie estaba de humor para alegres melodías. Pero, claro, todas esas baladas para soldados jóvenes y guapos que habían muerto en la flor de la vida también nos ponían de los nervios. La gente quería canciones tristes, pero no de las que insistían en una guerra miserable y cobarde que todo el mundo trataba de olvidar. Y así es como de repente nació un nuevo género: el canto fúnebre a un amigo que se ha vuelto religioso. Esas canciones siempre describían a un colega cercano o a una chica preciosa y sexi que había sido la razón de vivir del cantante cuando, inesperadamente, algo horrible les había ocurrido y se volvían ortodoxos. El colega se dejaba barba y rezaba mucho; la chica preciosa se cubría de la cabeza a los pies y ya no se lo montaba más con el cantante taciturno.

Los jóvenes escuchaban esas canciones y asentían con gravedad. La guerra contra Líbano se había llevado a tantos de sus colegas que lo último que nadie quería era ver a los otros desaparecer para siempre en alguna yeshivá [centro de estudios de la Tora] en las cloacas de Jerusalén.

No era solo el mundo de la música el que estaba descubriendo judíos renacidos. Era un tema candente en todos los medios. Cada programa de debate sentaba con regularidad a una antigua celebridad recién convertida que se esforzaba por contarle a todo el mundo que no echaba de menos en absoluto su pasado disipado, o al antiguo amigo de un judío renacido bastante popular que revelaba cuánto había cambiado su amigo desde que se había vuelto religioso y cómo ya ni siquiera se podía hablar con él. Y luego estaba yo. Desde el momento en que mi hermana cruzó la línea en dirección a la Divina Providencia, me convertí en una especie de celebridad local. Vecinos que nunca me habían dado ni la hora se paraban solo para estrecharme la mano y darme el pésame. Estudiantes hipsters de último año de Bachillerato, vestidos totalmente de negro, me chocaban los cinco justo antes de meterse en el taxi que los llevaría a alguna discoteca en Tel Aviv. Y después bajaban la ventanilla y me gritaban lo afligidos que se sentían por mi hermana. Si los rabinos se hubieran llevado a alguien feo, podrían haberlo manejado mejor; pero captar a alguien tan atractivo, ¡menudo desperdicio!

Mientras tanto, mi llorada hermana estaba estudiando en algún seminario de mujeres en Jerusalén. Venía a visitarnos casi todas las semanas, y parecía feliz. Si había una semana en la que no podía venir, íbamos nosotros a verla. En esa época yo tenía 15 años y la echaba muchísimo de menos. Cuando, antes de volverse religiosa, estuvo en el ejército sirviendo como instructora de artillería en el Sur, tampoco la veía mucho, pero, por algún motivo, entonces no la echaba tanto de menos.

Cuando nos veíamos, la estudiaba con detenimiento tratando de descubrir cómo había cambiado. ¿Habían reemplazado la mirada de sus ojos, su sonrisa? Hablábamos como siempre habíamos hablado. Seguía contándome historias graciosas que se inventaba especialmente para mí y me ayudaba con mis deberes de mates. Pero mi primo Gili, que pertenecía a la sección juvenil del Movimiento contra la Coerción Religiosa y sabía mucho sobre rabinos y esas cosas, me dijo que era solo cuestión de tiempo. Todavía no habían terminado de lavarle el cerebro, y en cuanto lo hicieran, empezaría a hablar en yidis, le raparían la cabeza y se casaría con algún tipo sudoroso, fofo y repulsivo que le prohibiría que volviera a verme. Todavía podían pasar un año o dos, aunque más me valía mentalizarme porque, una vez que se casara, tal vez siguiera respirando, pero desde nuestro punto de vista sería como si se hubiera muerto.

Hace 19 años, en un pequeño salón de bodas en Bnei Brak, mi hermana mayor murió, y ahora vive en el barrio más ortodoxo de Jerusalén. Tiene un marido, un estudiante de la yeshivá, justo como pronosticó Gili. No es sudoroso, ni fofo, ni repulsivo, y de hecho parece contento cuando mi hermano o yo vamos de visita. Gili también me aseguró en ese momento, hace unos veinte años, que mi hermana tendría hordas de niños y que cada vez que los escuchara hablar en yidis, como si vivieran en algún shtetl [villa con una gran población de judíos en Europa Oriental antes del Holocausto] dejado de la mano de Dios en el este de Europa, me entrarían ganas de llorar. Sobre ese asunto también tenía razón, pero a medias, porque sí que es verdad que tiene muchos hijos, cada uno más guapo que el anterior, pero que hablen en yidis solo me hace sonreír.

Cuando entro en la casa de mi hermana, menos de una hora antes de que empiece el sabbat, los niños me saludan al unísono con su "¿Cómo me llamo?", una tradición que empezó después de que los confundiera en una ocasión. Considerando que mi hermana tiene 11 hijos y que cada uno de ellos tiene un nombre compuesto, como es costumbre entre los jasídicos, mi error desde luego se podía perdonar. El hecho de que todos los chicos vayan vestidos igual y engalanados con idénticos peyot[mechones largos que los varones jasídicos normalmente se dejan crecer a los lados de la cabeza] proporciona algunos argumentos atenuantes de peso. Pero todos ellos, desde Shlomo-Nachman hasta el último, solo quieren asegurarse de que su peculiar tío esté lo suficientemente concentrado y entregue el regalo adecuado al sobrino adecuado. Hace solo unas semanas, mi madre comentó que había estado hablando con mi hermana y que sospecha que todavía habrá más, así que en un año o dos, Dios mediante, tendré otro nombre compuesto que memorizar.

Hasta hace una década, cuando por fin me casé, la parte más difícil de nuestra relación era que mi novia no podía venir conmigo cuando iba a visitar a mi hermana

Una vez aprobé el examen de pasar lista con sobresaliente y me agasajaron con un vaso de cola estrictamente kósher, mientras mi hermana, a la que no había visto en mucho tiempo, se situaba al otro lado de la habitación y decía que quería saber cómo andaba. Le encanta cuando le digo que me va bien y que soy feliz, pero, puesto que el mundo en el que vivo para ella es un mundo de frivolidades, en realidad no le interesan demasiado los detalles. El hecho de que mi hermana nunca vaya a leer ninguna de mis historias me molesta, lo admito, pero el hecho de que yo no respete el sabbat o el kósher a ella le molesta aún más.

Una vez escribí un libro para niños y se lo dediqué a mis sobrinos. En el contrato, la casa editorial accedió a que el ilustrador preparara una copia especial en la que todos los hombres llevaran kipás y peyot, y las faldas y las mangas de las mujeres fueran lo suficientemente largas como para considerarse recatadas. Pero al final incluso esa versión fue rechazada por el rabino de mi hermana, con el que ella consulta los temas de convención religiosa. El cuento describía a un padre que huye con el circo. El rabino debió de considerar esto demasiado temerario y tuve que llevarme la versión kósher del libro —en la que el ilustrador había trabajado con tanta dedicación— de vuelta a Tel Aviv.

Hasta hace una década, cuando por fin me casé, la parte más difícil de nuestra relación era que mi novia no podía venir conmigo cuando iba a visitar a mi hermana. Para ser honesto, debo mencionar que en los nueve años que llevamos viviendo juntos nos hemos casado docenas de veces en todo tipo de ceremonias que nos hemos inventado: con un beso en la nariz en un restaurante de pescado en Jaffa, intercambiando abrazos en un hotel ruinoso de Varsovia, nadando desnudos en la playa en Haifa, o incluso compartiendo un huevo Kinder en un tren de Ámsterdam a Berlín. Pero, por desgracia, ninguna de esas ceremonias está reconocida por los rabinos o el Estado. Así que cuando iba a visitar a mi hermana y a su familia, mi novia siempre tenía que esperarme en un café o un parque cercano. Al principio me daba vergüenza pedírselo, pero ella entendió la situación y la aceptó.

En cuanto a mí, bueno, la acepté —¿qué remedio me quedaba?—, pero en realidad no puedo decir que la entendiera.

Hace 19 años, en un pequeño salón de bodas en Bnei Brak, mi hermana mayor murió, y ahora vive en el barrio más ortodoxo de Jerusalén. En aquella época había una chica a la que yo amaba locamente, pero ella no me quería. Recuerdo que dos semanas después de la boda fui a visitar a mi hermana a Jerusalén. Quería que ella rezara por que esa chica y yo estuviéramos juntos. Así de desesperado estaba. Mi hermana permaneció en silencio durante un minuto y luego me explicó que no podía hacerlo. Porque si rezaba y después esa chica y yo llegábamos a estar juntos, y el estar juntos resultaba ser un infierno, se sentiría terriblemente mal. "Pero rezaré para que algún día conozcas a alguien con quien seas feliz", dijo, y me regaló una sonrisa que intentaba ser reconfortante. "Rezaré por ti todos los días". Vi que quería darme un abrazo y que lo lamentaba porque no le estaba permitido, o puede que solo me lo imaginara. Diez años después conocí a mi mujer, y estar con ella sí que me hizo feliz. ¿Quién dijo que las oraciones no tienen respuesta?

Los siete años de abundancia, de Etgar Keret (Siruela), saldrá a la venta el 6 de junio. 160 páginas. 15,95 euros.