miércoles, 16 de enero de 2013

DOS CUENTOS. EL UNO DE MILORAD PAVIC, EL OTRO DE HARUKI MURAKAMI. AMBOS INDISPENSABLES.




Té para dos.    
MILORAD PAVIC



El escritor les aconseja, queridos lectores, que no lean este cuento un miércoles y de ninguna manera antes del mes de mayo. Además, lo más conveniente sería que lo leyeran por las noches y en la cama. Descubrirán las razones por ustedes mismos. Aún debo decir que en este cuento no hay héroes; los únicos héroes aquí son ustedes, sus lectores.

Yo sé que, mientras escribo esto, mi ojo izquierdo mira el papel como el ojo de mi padre, y el derecho, como el ojo de mi madre. Tal vez por esa razón esto no resulta tanto un cuento como una especie de elixir de amor, y estos renglones se convierten en las instrucciones para el uso de dicho elixir.
Ustedes, no obstante, saben que la diferencia entre dos amores puede ser más grande que la diferencia entre el amor y el odio. Quizás por eso cada amor grande empieza con tres pequeñas mentiras y son justamente ellas, esas pequeñas mentiras, lo que tenemos que agregar al cuento como base para esta pócima de amor.

La primera de ellas, queridos lectores, sean quienes sean o se llamen como se llamen, será su nombre secreto, es decir falso. Así que el nombre de la lectora de este cuento será desde ahora Aseneta, como la esposa del hermoso Josefo, mientras que el nombre secreto del lector será Aristin como se llamaba un escritor del siglo XII.
Pero el elixir de amor aquí ofrecido podrán aprovecharlo, queridos Aseneta y Aristin, sólo si pasan por una iniciación especial, es decir, si logran alinearse entre los héroes de este cuento. Porque no todos los lectores de este texto podrán realizarlo. Por otro lado, tengan en cuenta que eso no es inocuo, porque la conversión del lector en el héroe de un libro le da la posibilidad al escritor de lastimarlo, incluso de matarlo, en cuestión de dos renglones. Sin embargo, nuestro objetivo aquí es el amor, y no la muerte, un elixir de amor, y no un veneno. Así que ármense de valor y escuchen las primeras instrucciones. Aparentemente, todo parece bastante fácil, es suficiente que en un futuro cercano mientan tres veces, pero también se necesita que algo ya haya ocurrido en su pasado reciente. Un evento aparentemente pequeño e insignificante, que, sin embargo, representa la condición para acceder a la pócima del amor.
Mis instrucciones seguirán por separado para Aseneta y después para Aristin, porque difieren dependiendo de su destinatario.

Instrucciones para Aseneta

1. Querida Aseneta,
Tal vez tiene usted unos maravillosos ojos negros que lanzan miradas aromáticas a su alrededor, tal vez siembra tras de sí sombras costosas y tal vez orina agua de colonia, como dijo una escritora, pero eso no le ayudará a llegar a ser la heroína de este libro. Lo puede conseguir sólo la lectora que antes del día en que empieza a leer este cuento haya perdido una llave. Una llave cualquiera. La llave del maletín de maquillaje, la llave de su auto, o de un departamento ajeno, da igual. Si eso le ha pasado está en buen camino y sólo usted puede considerarse la heroína de este cuento y la portadora del nombre falso de Aseneta. Ninguna otra. Las demás lectoras pueden tirar este libro, inclusive, porque él ya no se refiere a ellas.

2. Su siguiente deber, querida Aseneta, es soñar un sueño. Antaño los monjes de Constantinopla curaban las enfermedades del sueño de sus hermanos, o de otra gente, solicitándole a toda la hermandad de su monasterio que una determinada noche soñara el mismo sueño, previamente descrito. Algo semejante se necesita aquí también. Sólo que aquí el modelo tiene que ser un sueño femenino, por lo que vamos a aprovechar un sueño que había soñado mi media hermana. Así que la lectora que se sentó a leer este cuento habiendo olvidado en algún lugar una llave, por lo que tiene derecho a llevar el nombre de Aseneta, debe soñar el siguiente
Sueño femenino

Sueño que camino de noche por una calle desierta. Es tarde, está oscuro, empiezo a sentir miedo cuando de pronto escucho unos pasos detrás de mí. Son pesados y resuenan cada vez con más velocidad. Aún estoy lejos de mi casa, me apresuro, y luego empiezo a correr con pánico. Los pasos pesados son cada vez más frecuentes y el desconocido a mis espaldas está corriendo. Me persigue. En una esquina alcanzo a verlo con el rabillo del ojo. Es un hombre más robusto que yo, que apresura su paso sin hablar en la oscuridad. Allí ya no hay calles, sólo una zona densamente poblada, uno atraviesa los patios de las casas, viejas escaleras, pasa por los pórticos, a veces por las antesalas abandonadas de las casas. De pronto, como suele ocurrir en los sueños, las piernas ya no me obedecen. Sigo corriendo, pero no me muevo de un portal que me observa con su oscuridad. Me quedo paralizada. El desconocido se acerca cada vez más, casi me cubre su sombra, pero en el momento decisivo de repente deja de perseguirme, se detiene en una esquina, se para junto a la pared y orina por un largo, largo rato…

3. Por supuesto que a la mañana siguiente, en cuanto se despierte, querida Aseneta, usted se dará cuenta que no lo ha logrado. No ha soñado el sueño solicitado, sino algún otro, diferente, quién sabe cuál. Pero no se preocupe. Eso no importa en absoluto. El sueño, en realidad, no le fue solicitado para que lo soñara, porque hoy en día ya nadie sabe hacerlo, sino para recordarlo muy bien. Incluso, hay una razón adicional, pero cada cosa en su momento. Ahora debe buscar algún arete suyo. Cualquiera. Necesitará sólo uno. Póngalo en su bolso.

4. El siguiente miércoles debe ir a la terraza de la taberna más cercana a la iglesia principal de su lugar (aquí en Belgrado, sería la terraza de la taberna “El signo de interrogación” en la calle Kralja Petra, número 6). Al medio día debe sentarse allí, al sol, y ordenar un té. Mientras lo esté bebiendo ponga sobre la mesa aquel arete. Luego ya no tendrá que hacer nada, salvo esperar. Debe esperar a un joven que pondrá sobre la mesa ante usted una llave sin cortar. Sin embargo, la espera es un oficio difícil. También una buena escuela…Pero, tenga cuidado, el cuento en este punto puede dejar de ser un cuento de amor en un sentido clásico. Porque, sólo Dios sabe a quién traerá la casualidad ante usted un miércoles en la terraza de la taberna para que en un té para dos se tope con quien le hace falta en la vida…Puede suceder que nadie con una llave aparezca no sólo ese miércoles, sino tampoco el siguiente. O puede suceder que un solo joven con una llave sin cortar se tope con diez chicas con aretes sobre la mesa. Es decir, este cuento se convirtió en una tienda de elixir de amor, pero éste, como todas las demás pócimas mágicas, no es inocuo.


*

En este lugar de pronto dejé de escribir porque en mi mente apareció una pregunta clara como el cristal:
-¿Por qué le mientes? ¿Por qué mientes a Aseneta, si sabes muy bien que es totalmente incierto que algo ocurra y qué cosa puede ocurrir el miércoles siguiente en la terraza de dicha taberna?
Al pensarlo un poco me respondí a mí mismo:
-Porque cada gran amor empieza con tres pequeñas mentiras…

Instrucciones para Aristin

1. Querido Aristin,
Usted puede tener las manos y la voz que hacen temblar los oídos femeninos, los bigotes que embellecen su sonrisa y la sonrisa que embellece sus bigotes, pero eso no va a ayudarle a convertirse en el héroe de este cuento. El lector atinará fácilmente si él es el verdadero, si es el único que puede lograrlo, si por la noche, en la cama, cuando se disponga a leer este cuento, recordara que hace poco encontró en el pasto o en la calle un arete perdido. Un arete femenino común que no tiene que ser caro en absoluto. Ese lector es el elegido. Y sólo él tiene derecho de llevar el nombre secreto del héroe de este cuento: Aristin. Los demás ya pueden desistir de los intentos y la lectura de este cuento ya no les va a concernir.

2. Si ha leído la instrucción del punto 2 para Aseneta se refiere a usted también. Aquí está el sueño que se requiere de usted para los fines mencionados con la advertencia de que se trata de un sueño masculino que yo había soñado, por lo que supongo lo podrá soñar usted también, Aristin…
Sueño masculino
Sueño que estoy acostado en una cama. Arriba de mí está el techo de madera al cual está sujeta una mesa cuadrada puesta para comer. Parece como si estuviera clavada a un suelo de madera volteado. En la mesa están de cabeza, pero sin caerse, un plato lleno de comida, tenedor, cuchara y cuchillo, una fuente con pan y un vaso de aguardiente de ciruela pasa. Tal vez en el plato está el bagre frito en agua para el Día de San Nicolás. El techo es bajo y la mesa está justamente a una distancia que acostado pueda tomarme el aguardiente y almorzar todo lo que hay en ella. Y eso resulta tan fácil que causa un placer supremo, una calma y felicidad que desconocemos en la tierra. Todo allí es completamente “natural”, adaptado al cuerpo, un cuerpo astral, que está conectado con mi cuerpo a través de mi ombligo astral…Mientras aquí, en la Tierra, camino por un bosque y me duele cada hoja.

3. Querido Aristin, creo que usted no pudo soñar el sueño exigido y comerse allí el almuerzo, aquel bagre frito en agua para el Día de San Nicolás. Pero no se desespere. Usted ya sabe, porque echó un vistazo en las instrucciones para Aseneta, que el sueño no se le exige para soñarlo, sino para otros propósitos. Por eso, continúe ahora su camino, es decir, pase por una tienda y cómprese la llave sin cortar.

4. El siguiente miércoles váyase a la terraza de la taberna más cercana al templo de su lugar (aquí, en Belgrado, está en la calle Kralja Petra, número 6, donde se encuentra la taberna “El signo de interrogación”). Tendrá que estar allí al mediodía y buscar a una persona femenina que esté tomando té y sobre la mesa ante ella tenga un arete femenino. Acérquese a ella, ponga la llave sobre la mesa y pregúntele si usted puede sentarse. Si ella no le da permiso, preséntese, dígale que se llama Aristin. Si ella es Aseneta, se puede suponer que le ofrecerá el asiento y usted le contará lo que soñó la noche anterior. En realidad, el sueño que no ha soñado, sino que le fue exigido. Cuénteselo como si lo hubiera soñado, aunque no lo hubiera hecho. Si también ella le cuenta un sueño que le fue pedido, el cual usted ya leyó en este cuento, se cumplió el objetivo y todos los requisitos están ahí. Es decir, cada amor grande empieza, como dijimos, con tres pequeñas mentiras. Esa condición la habrán cumplido los dos parcialmente, mintiendo haber soñado lo que no soñaron y presentando sus nombres falsos. Eso significa que están en el mejor camino para aprovechar el elixir de amor y convertirse en los protagonistas de un gran amor. Si Aseneta le pregunta a usted, querido Aristin: ¿por qué precisamente una llave y por qué precisamente un arete?, usted contestará lo siguiente: No tiene ninguna importancia si es una llave o un arete. Lo importante es que a los hombres, por lo general, les falta algo de atención, así que alguien que fue lo suficientemente atento para notar en el pasto o en la calle un arete perdido es muy recomendable. A las chicas, por lo general, les falta ser un poco distraídas, entonces, es recomendable la que puede llegar a perder unas llaves. Esos dos, según parece, podrían formar una pareja bastante armoniosa…


*

En este lugar interrumpí por segunda vez la escritura de este cuento porque en mi mente apareció una pregunta clara como el cristal:
-¿Por qué le mientes? ¿Por qué mientes a Aristin, si sabes muy bien que todo es totalmente incierto? Porque los que lo intenten experimentarán por sí mismos que una relación basada en llaves sin cortar y una chuchería femenina no debe significar gran cosa. Puede ocurrir que Aseneta y Aristin simplemente no se gusten. O aún peor, puede darse el caso que, yo mismo me lo imaginaba, que Aseneta o Aristin no encuentren a nadie para tomarse un té para dos con ellos, alrededor del medio día en la terraza junto a la iglesia. La cosa puede convertirse en la amistad entre dos chicos, un compañerismo mutuamente útil entre un viejo y una joven, la plática entre dos viejas, un romance entre dos lesbianas o quién sabe qué más. Entonces, ¿por qué mientes a Aristin?
-Porque cada gran amor –me respondí a mi mismo- empieza con tres pequeñas mentiras…

II
Casi dos años después de que este cuento fuera escrito y publicado en un periódico me llamó por teléfono una voz masculina, me dijo que no nos conocíamos, que era mi lector y que tenía que decirme algo extraordinario en relación con el cuento “El té para dos”. Quedamos en encontrarnos en la terraza de la taberna “El signo de interrogación”. En ese entonces yo ya había cumplido setenta años, había entrado en el siglo XXI y empezaba a olvidar sin orden muchas cosas – cazar cornejas, tirar los guijarros sobre la superficie del agua, entrar por la puerta de espaldas, días de la semana primero en ruso y después en francés, mientras que los nombres de días en inglés brotaban de mi memoria a pesar de que jamás lo había aprendido bien. En resumen, el alma se me salía por la nariz, y yo tenía que estornudar cada mañana. Aunque todavía no me olvidaba cómo reír. Por eso me reí en el auricular, él no lo hizo, y nos encontramos en la terraza de la taberna “El signo de interrogación”. Él estaba tomando café y leyendo el periódico “La voz pública”. Estaba en la mejor edad, cuando las virtudes aún no empiezan a convertirse en vicios. Vestía bien, de negro, tenía tres caras transparentes una encima de la otra, cada una hermosa a su propia manera. Y tres tipos de cabellos en la cabeza – uno cerdoso, otro parecido a plumas y un corto pasto hirsuto en la mollera. Con su mirada podía congelar el agua en el vaso delante de él…Yo me desconcerté y concluí: Dios cura, nosotros sólo cambiamos vendajes…

Me contó lo siguiente.
El cuento del lector
“Antes que nada, quiero decirle que yo no soy ningún ratón de biblioteca. Es todo un milagro que haya leído su cuento y el milagro se dio de la siguiente manera. Un día mientras paseaba por Kalemegdan, mi mirada cayó, por pura casualidad, sobre un objeto que brillaba en el pasto. Me agaché y encontré un arete femenino. Parecía un poco aplastado, probablemente pisado, pensé, y lo metí en el bolsillo. Lo olvidé allí, porque los bolsillos son los mejores lugares para olvidar cosas. Cuando después de algunos días volví a ponerme el mismo saco palpé el arete en el bolsillo, primero sorprendido de que estuviera ahí, pero luego pasé por “El Bazar del Milenio” a visitar a un joyero que fue mi compañero de escuela.
- ¿De dónde sacaste esta maravilla? –preguntó.
- La encontré.
Examinó el arete bajo la lupa y dijo:
- Oro de catorce quilates con tres diamantes, tres verdaderos diamantes.
- ¿Cuánto vale eso?
Mi amigo dijo una suma aproximada que hizo dar vueltas a mi cabeza. Siguió examinando el arete cuidadosamente bajo la lupa.
-En el arete hay un poco de sangre seca. Fue arrancado de la oreja de una chica. Por eso está un poco deformado…
Al devolverme la joya mi amigo quedó un poco pensativo y agregó:
- Yo sé de quién es ese arete.
Me quedé pasmado.
- ¿Estás bromeando?
- Lo sabe todo el mundo. Perteneció a Ksenia Kaloper. Hace un mes todos los periódicos escribieron sobre ella. Fue robada y asesinada en Kalemegdan. Sabes aquello: “Nena, ¡quítate la chuchería para que no te arranque la oreja!” No obedeció. A juzgar por los periódicos, le arrancaron los aretes, le quitaron las sortijas de las manos y un anillo de un pie, todo con violencia y rapidez. El asesino tenía prisa. El anillo del pie fue encontrado ahí mismo. Lo demás no…
- ¿Y qué hago ahora con esto?
- Tienes varias posibilidades, cada una peor que la anterior. Entregar el asunto a los órganos de justicia, devolver el arete a la familia de la difunta Ksenia Kaloper, vendérmelo a mí bajo la condición de que yo quiera comprarlo. En los tres casos tendrías que explicarle a la policía cómo lo obtuviste.
Desesperado regresé el arete al bolsillo y decidí olvidarlo allí de nuevo. Por ahora. Antes de salirme de la tienda mi amigo me gritó:
- Todo eso tiene un lado bueno.
- ¿Cuál?
- Te convertiste en el personaje de un cuento.
- ¿Cuál cuento? –me quedé asombrado de nuevo.
- El cuento se llama “Té para dos” y sus personajes llegan a ser todos aquellos que encontraron cualquier arete en cualquier lugar. Yo leí hace poco en un periódico. Un momento…aquí está.
De un montón de periódicos sacó uno y me tendió su cuento. Así llegué a “Té para dos”. Y así se dio que leyera su cuento. En un momento pensé irme a la cita en la terraza del “Signo de interrogación”, hasta conseguí una llave sin cortar por si acaso, pero esas intenciones se vieron impedidas entonces por un gran cambio en mi vida.

Dos semanas después de haber leído “El té para dos” me dieron inesperadamente un empleo en el extranjero. Estuve fuera de Belgrado varios meses, trabajaba en Moscú y tenía la intención de continuar mi vida allá cuando me avisaron que mi padre había muerto, así que vine a enterrarlo y a encargarme de su departamento. Después del funeral y de los demás trámites regresé al desierto hogar paterno lleno de cosas viejas que desde hace mucho habían perdido sus aromas y adquirieron una especie de tufo común. Miraba fijamente esas cosas y a mí mismo en medio de ellas a través de un espejo de mi padre, gastado y con un agujero y sentí que el hombre cada día tenía la oportunidad de ser inteligente al menos por un instante. Porque todo hombre pasa cada día, sin siquiera percatarse, por un semi-instante anterior a su nacimiento y por un semi-instante posterior a su muerte. Entre esos dos semi-instantes está la gota de la sabiduría que apenas notamos…Con esos pensamientos me tumbé en la cama, pero no pude dormirme. Toda la noche estuve dando vueltas y me levanté tarde sin pegar un ojo. Miré por la ventana, me di cuenta de que era casi mediodía y de que era primavera; me puse mi viejo saco que estaba en el armario y que no me había puesto en mucho tiempo. Palpé una llave en el bolsillo, la saqué, me pregunté de qué era y con sorpresa noté que no tenía cortes. Me acordé, por supuesto, que estaba preparada para la cita en la taberna “Signo de interrogación”, pero que jamás tuve tiempo de verificar si funcionaba o no. En el otro bolsillo estaba, desde luego, el arete de oro con diamantes.
De pronto se me ocurrió que podría tomarme el café de la tarde, que necesitaba sobremanera, justo en “Signo de interrogación” y me fui directamente a la calle Kralja Petra. Hacía calor, en la terraza había mucha gente sentada, y no quedaban mesas desocupadas. En una mesa noté a una chica sola tomando té. Tenía un zapato negro con el tacón blanco, y otro blanco con el tacón negro, junto a su taza estaba un arete. De oro con tres piedritas brillantes. Con tres diamantes. Algo deformado. Me quedé petrificado. El otro igual a ése, estaba en mi bolsillo. Al acercarme, puse aquella llave sobre la mesa y dije:
- Buenas tardes, soy Aristin, ¿puedo sentarme?
- Cuéntame un poco de eso –contestó la chica- ¿quién se llama así hoy en día? Es decir, mientes, pero siéntate, ya que el lugar está lleno. Tomate un café y largo de aquí.
Me senté, pedí un café e intenté una vez más. Le pregunté:
- ¿Quiere que le cuente lo que soñé anoche?
- Está bien, si no va para largo. De todos modos estamos matando el tiempo –dijo.
Entonces empecé a contarle el sueño que me fue encargado en el “Elixir de amor””:
- Sueño que estoy acostado en una cama. Arriba de mí está el techo de madera al cual está sujetada una mesa cuadrada puesta para comer. Parece como si estuviera clavada a un suelo de madera volteado…
- Mientes de nuevo. En tus ojos veo que anoche no pegaste un ojo. ¿Cómo pudiste soñar despierto?
Ante esas palabras yo quise levantarme de la mesa cuando ella preguntó:
- ¿Y dónde está tu arete?
- ¿Disculpe? –me desconcerté, pero empecé a revisar mis bolsillos aunque sabía que, por ahora, no iba a enseñarle el arete de ninguna manera. Finalmente pregunté sólo por decir algo:
- ¿Cuál arete?
Creo que mi rostro lucía una sonrisa acartonada mientras pagaba el café, pero ella no desistía:
- ¿Cómo que cuál arete? El que es prerrequisito para que te conviertas en el héroe del cuento “Té para dos” y vengas acá. ¡Felicidades! Es tu tercera mentira hoy. ¡Mentiste antes de que terminaras de leer el cuento! Tú no encontraste ningún arete en absoluto…
Me reí y regresé a la mesa. Desde entonces empezamos a vernos a diario. En las mañanas, mientras me iba a trabajar, la dejaba sola en mi apartamento. Era fácil notar que revisaba los cajones en mi ausencia. Buscaba los diamantes. Anteayer, por fin, le enseñé el arete. Le dije que lo había comprado para mi hermana, que supuestamente usaba esos adornos siempre en una sola oreja. Sabía que eso iba a obligarla a ella y a su cómplice, probablemente el asesino de Kalemegdan, a descubrirse y comenzar a actuar con rapidez antes de que el arete que apenas pudieron encontrar en mi casa, se esfumara de mis manos. Así podía agarrarlos y entregarlos a las manos de la ley…”


*

Ese fue el cuento del joven. Estábamos sentados tomando café y callamos por un instante, cuando el joven apuntó con la mano hacia la chica que estaba entrando en la terraza. Tenía los labios pintados de un brillo labial negro, y en el moño una aguja de plata con una canica de vidrio verde. Calzaba un zapato blanco con el tacón negro y otro negro con el tacón blanco…
Un paso blanco, un paso negro, otra vez blanco, otra vez negro. Y luego un silencio particular. Un silencio salado, diría. Él se levantó, se besaron y mientras todos miraban ese beso, ella le dio la mano a pesar de que él tuviera sus dos manos alrededor de los hombros de ella. Después se volvió hacia mí y se presentó:
- Aseneta. Se ve que usted ha desechado más gorras en su vida que las que yo he comprado. Usted tuvo razón. Aquel elixir suyo sí funciona. Cada amor grande empieza con tres pequeñas mentiras…
Entonces la chica puso ante mí,  sobre la mesa,  una caja de dulces con whiskey para hombres “Laroshell de Luxe”.
- Es para usted –agregó-, además le tengo dos preguntas, profesor. Primero, el elixir del amor, su té para dos, ¿también le concierne a usted? Segundo, ¿se puede considerar como una pequeña mentira algo que en el futuro llegará a ser una gran verdad?
- Por supuesto –dije.
- ¿Por qué, entonces, no toma un poco de su elixir de amor que con tanta generosidad nos ofrece a nosotros?
Me reí, ellos se despidieron y se fueron abrazados, y yo ordené en vez de café un té de menta con alcaravea. Como si esperara a alguien en un té para dos. Al abrir “La Voz Pública” que Aristin dejó en la mesa, leí en el periódico que ese día yo había muerto en las primeras horas de la mañana.


*

Mi querida lectora y mi querido lector, seas quien seas, recordarás que mis palabras al final de este cuento son, en realidad, mi declaración de amor hacia ti. Mi tercera pequeña mentira que llegará a ser verdad en el futuro.
Porque cada gran amor empieza con tres pequeñas mentiras.





Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril
Haruki Murakami



Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.

A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto.

Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las narices, no puedo recordar la forma de la de ella –ni siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza. Extraño.

-Ayer me crucé en la calle con la chica 100% perfecta –le digo a alguien.
-¿Sí? –él dice- ¿Estaba guapa?
-No realmente.
-De tu tipo entonces.
-No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella, la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho.
-Raro.
-Sí. Raro.
-Bueno, como sea –me dice ya aburrido- ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste?
-Nah, sólo me crucé con ella en la calle.

Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste a este. Era una bella mañana de abril.

Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981. Algo que seguro nos llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz reinaba en el mundo.

Después de hablar, almorzaríamos en algún lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.

La posibilidad toca en la puerta de mi corazón.

Ahora la distancia entre nosotros es de apenas 15 metros.

¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?

-Buenos días señorita, ¿podría compartir conmigo media hora para conversar?

Ridículo. Sonaría como un vendedor de seguros.

-Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el barrio alguna lavandería 24 horas?

No, simplemente ridículo. No cargo nada que lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?

Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres la chica 100% perfecta para mi.

No, no se lo creería. Aunque lo dijera es posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata madurar.

Pasamos frente a una florería. Un tibio airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.

Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde en la multitud.



Ahora, por supuesto, sé exactamente qué tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso, demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no son prácticas.

Bueno, no importa, hubiera empezado “Érase una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”



Érase una vez un muchacho y una muchacha. El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100% perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y ese milagro sucedió.

Un día se encontraron en una esquina de la calle.

-Esto es maravilloso –dijo él- Te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100% perfecta para mí.

-Y tú –ella le respondió- eres el chico 100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es como un sueño.

Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.

Sin embargo, mientras se sentaron y hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones: ¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?

Y así, tras una pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?

-Sí –ella dijo- eso es exactamente lo que debemos hacer.

Y así partieron, ella al este y él hacia el oeste.

Sin embargo, la prueba en que estuvieron de acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran. Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.

Un invierno, ambos, el chico y la chica se enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte, perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.

Eran dos jóvenes brillantes y determinados, a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.

El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo treinta y dos, la chica treinta

Una bella mañana de abril, en búsqueda de una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste, mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:

Ella es la chica 100% perfecta para mí.

Él es el chico 100% perfecto para mí.

Pero el resplandor de sus recuerdos era tan débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para siempre.

Una historia triste, ¿no crees?



Sí, eso es, eso es lo que tendría que haberle dicho.




lunes, 14 de enero de 2013

LA TORRE Y EL JARDÍN de Alberto Chimal. Océano.


DE ALBERTO CHIMAL

Pero entérate del cómo, cuándo, por qué y sus consecuencias.


"Chimal fusiona con naturalidad el género fantástico con la ciencia ficción. La torre y el jardín es la historia de El Brincadero, un burdel peculiar, extravagante: desde afuera, es un simple edificio; desde adentro, los pisos son infinitos." Edmundo Paz Soldán, El Boomeran[g] (El País)

Y tú, ¿qué opinas?



PAPELES PERDIDOS, EL BLOG LITERARIO DE EL PAIS. DE OBLIGADA CONSULTA Y REFERENCIA

Papeles perdidos es un cajón de sastre de la cultura y la creación, elaborado por el equipo que hace cada semana Babelia, la revista cultural de EL PAÍS. Es el blog literario de este periódico que busca acercar el universo del libro a sus lectores. 
Como dijo alguien sobre la cerveza de botella y la de barril, 
"lo mismo, nomás que diferente".

VISITA:  http://bit.ly/W3SrE5

DISFRÚTALO













domingo, 13 de enero de 2013

ARTISTA SUECO RECONOCE HABER EMPLEADO CENIZAS DE RESTOS DE SERES HUMANOS SACRIFICADOS EN CAMPO DE CONCENTRACIÓN PARA REALIZAR ALGUNA DE SUS OBRAS "ARTÍSTICAS"


Carl Michael von Hausswolff 
es el nombre del  artista sueco que causó indignación al afirmar que una de sus pinturas fue realizada con cenizas que robó del  campo de concentración nazi Majdanek en Polonia durante una visita en 1989. El sueco ha sido denunciado a la policía.



Un artista sueco que causó indignación al afirmar que una de sus pinturas fue hecha de cenizas que tomó de un campo de concentración nazi ha sido denunciado a la policía.

Carl Michael von Hausswolff anunció que su obra, expuesta en la Galería Martin Bryder en la ciudad sueca de Lund, contenía las cenizas que robó del campo de concentración de Majdanek en Polonia durante una visita en 1989.

El campo, ahora un museo, ha denunciado el robo de residuos humanos y ha declarado que la “obra de arte” pintada por Hausswolff  es "un acto de barbarie inimaginable".

Hausswolff ha sido denunciado a la policía por violar una ley sueca que protege la paz de los muertos, conocida como “Brott mot griftesfriden”, según el sitio web de noticias sueco The Local.

El artista, según declaró, mezcló las cenizas con agua para crear un efecto de carboncillo sobre papel acrílico.

Se refirió a que decidió utilizar cenizas humanas como  materia prima para obtener un efecto "muy cargado de atrocidades como las que se habían producido en ese lugar".

Hausswolff, quien alguna vez fue descrito como "austero y divertido" por el New York Times,  ha representado a Suecia en la Bienal de Venecia.

Por otro lado, Salomón Schulman, una voz líder en la comunidad judía de Suecia, describió la obra como "repugnante en extremo".

Escribiendo en el periódico Sydsvenskan, Schulman dijo: "Quién puede saberlo, algunas de las cenizas podrían ser inclusive de algunos de mis familiares."


En el museo (Anteriormente Campo de concentración) de Majdanek  se anunció: "Estamos profundamente consternados e indignados por la información que el cuadro supuestamente se hizo con las cenizas de las víctimas de Majdanek.”
"Esta acción es una provocación supuestamente artística que merece  ser condenada"

En tanto los propietarios la Galería Martin Bryder defendieron su decisión de exhibir la obra y declararon, además: "Venid a la galería a ver la pintura y juzgar por ustedes mismos si es controversial. El señor Schulman ya ha declarado a la prensa que él no vendrá,  si lo hiciera, tal vez tendría una opinión diferente…”

Unas 80.000 personas fueron asesinadas por los nazis en Majdanek, tres cuartas partes de ellos, judíos polacos, desde 1941 hasta 1944.



"Memory works",
presuntamente pintada por el sueco con mezcla de pintura y cenizas de restos humanos


EN MÉXICO, entrevistados por MILENIO, los críticos de arte Avelina Lésper, Teresa del Conde y Carlos Blas Galindo, hablan de la polémica obra del artista polaco Carl Michael von Hausswolff, y de hasta dónde debe llegar la ética de un creador para hacer una obra como ésta.

Lésper comenta que lo hecho por el creador polaco es una apología del nazismo. “Como seguramente todas las personas que realizan este tipo de proyectos, Hausswolff se excusa en sus buenas intenciones. Sin embargo, la utilización de las cenizas de personas que murieron en el Holocausto es un arma de propaganda similar a la empleada por los nazis. Es una obra antisemita y racista”.

Al cuestionársele hasta dónde puede llegar la ética de un artista para hacer una obra de estas magnitudes, la colaboradora del suplemento Laberinto de MILENIO responde que la ética es universal, por lo que no hay estética sin ética. En México, ejemplos como el de Hausswolff se pueden ver en la obra de Teresa Margolles, quien, según Lésper, “ha sido la vocera oficial del gobierno calderonista al hacer escarnio y apología de la violencia del narcotráfico”.

Para Teresa del Conde, el creador polaco está tratando de llamar la atención: “Este tipo de acciones es bastante común en el campo artístico. Probablemente quiera denunciar y hacer ver que la apilación de gente en los campos de concentración fue ejecutada”. La crítica de arte mencionó que Hausswolff está imitando otras posturas: “Tendríamos que valorar si la obra Memory Works logra conmover al espectador y evoca tan trágico hecho”.

Carlos Blas Galindo explicó que para él el hecho de que se investigue a un artista que empleó cenizas de personas que murieron en el Holocausto para hacer una obra se debe tomar con reservas.

El crítico de artes plásticas dijo que, en rigor, desde que el arte se separó de lo sagrado todas las expresiones se puede abordar. Explicó que “no hay nada intocable y sagrado, siempre y cuando se respete la memoria de la gente. El empleo de los materiales no debe ser lo criticable, sino su postura ante el mundo”.

y, ¿usted qué opina?



viernes, 21 de diciembre de 2012

SEGÚN OCATVIO PAZ, JULIO ORTEGA "PRACTICA EL MEJOR RIGOR CRÍTICO: EL RIGOR GENEROSO"



BLOG DE JULIO ORTEGA
Biografías del ensayo

 Francine Prose y la lectura


Narradora bien conocida y analista de la dimensión bio-gráfica de la lectura, Francine Prose (New York, 1947) acaba de contar su experiencia de leer Cien años de soledad.  Todo lector tiene algo que decir sobre su primera lectura de la novela de García Márquez, la que suele producir casi una redefinición geo-gráfica que  forma parte de la historia de la lectura en español. Nos había ocurrido otro tanto con las primeras lecturas de Don Quijote y de los cuentos de Borges. El NYT Book Review le ha preguntado a Francine Prose: “¿Qué libro es el que ha tenido mayor impacto en Ud.? ¿Qué libro la hizo querer escribir?” Y responde ella: "Cien años de soledad me convenció de que debía dejar los estudios del doctorado en Harvard. Esa novela me recordó todo lo que mi programa doctoral estaba tratando de hacerme olvidar. Gracias, Gabriel García Márquez.“ En su lbro Reading like a writer (2006), una guía inspirada para leer mejor, que es el único método seguro de aprender a escribir, recomendaba Francince Prose una biblioteca bajo el perentorio título de “Libros que hay que leer inmediatamente.” En primer lugar, está el Quijote.  Luego, Pedro Páramo de Juan Rulfo. Y por fin, Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera.  Hoy el éxito popular de la novela de GM  en Estados Unidos es un fenómeno cultural, y Cien años de soledad se lee en la escuela secundaria como un rito de pasaje a la Universidad. Menos evidente es el éxito de El amor en los tiempos del cólera entre los escritores norteamericanos. Me sorprendió mucho que John Hawkes, quien adoraba la novela picaresca, fuera vencido por El amor en los tiempos del cólera, al punto no sólo de gustarle más que Cien años de soledad,  sino de hacerlo llorar. Si Francine Prose abandonó Harvard después de leer al Gabo, Jack no pudo soportar la muerte del doctor Urbino y cerró la novela. La retomó después, adolorido. Me preguntó, excusándose, si ese episodio no era, en español, demasiado cruel. ¡Pero Jack, respondí, si la novela en español, desde la picaresca, es una paliza! Me pidió recomendarle otra novela latinoamericana. Le sugerí El obsceno pájaro de la noche de José Donoso. Le gustó tanto que la declaró la mejor novela latinoamericana. Cuando murió ( yo estaba en México ese día de mayo del 98) Hawkes se encontraba escribiendo su primera novela mexicana: la historia de una niña novicia en un convento de Cuernavaca. 



Video-ensayo de Hito Steyerl



No sé si tú, lector, has tenido que decidir entre Benjamin y Adorno, pero yo debo confesar que cuando me tocó hacerlo no dudé: la crítica que Adorno le dedica a la idea del “montaje” que Benjamin expone como la forma artistica de exceder los meros contextos, me resultó no sólo empiricista sino inamistosa.  Tampoco me parece justo que en su artículo sobre el ensayo Adorno incluya a Benjamin entre ensayistas más bien sociológicos y sostenga que el ensayo se dedica a lo acontecido, cuando es más interesante que para Benjamin el ensayo fuese una interpretación estética que fragmenta lo nuevo para ver lo moderno con-figurándose. Leer los signos de la historia haciéndose en la urbe es la nueva articulación (caleidoscópica) de la mercancía, el consumo y las artes.  En el Art Institute de Chicago pude por fin visitar la extraordinaria exhibición de Hito Steyerl (Alemania, 1966),  cuya práctica de “video-ensayo”, basada precisamente en el montaje, se desarrolla como una serie de secuencias interpoladas, en un despliegue de imágenes, videos, entrevistas, testimonios, y una teoría de esa misma praxis. “Focus” llama ella a esta escenificación entre paneles que sugieren una cámara oscura, y que empieza desplegando la idea de lo gris.  Un video muestra como pintar el gris: raspando en la superficie de un muro blanco aparece una materia grisácea. Lo gris remite, claro, a Goethe: gris es toda teoría, etc.  Hegel, por su parte, había dicho que cuando la filosofia pinta su propia grisura, una forma de vida ha envejecido.  Los filósofos Nina Power y Peter Osborn especulan, en el video, sobre  la “dialéctica negativa” de Adorno, que no postula la negatividad de lo no existente, sino el potencial creativo de lo que aún no existe. Lo gris es, finalmente, el recomienzo de lo utópico.  Este no- color del color, contiene, de hecho, la posibilidad de todo color.  Lisa Dorin, la curadora de esta exposición, describe tanto el proceso del montaje como sus elementos focalizados en cada emblema de este ensayo visual.  Si el gris es el único color que te obliga a focalizar, el arte, y el pensamiento crítico se generan desde tu negatividad.



Esta serie de secuencias tiene como eje el episodio que sufrió Adorno en la que iba a ser su última conferencia, en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt, el 22 de abril de 1969.  El filósofo iba a empezar su charla cuando tres de las estudiantes caminaron hacia el podium con los torsos desnudos, y empezaron a danzar en torno suyo.  El evento, silencioso pero desafiante, se conoce como el “Busenattenttat” o “Breast attack” (ataque de tetas).  La filmación muestra a un Adorno de pronto dudoso y rígido, que sin saber qué hacer busca sus papeles, los mete en su maletín y abandona la sala, más gris que nunca.  Según Power, Adorno no pudo entender la función no sexual  ni maternal de unas tetas que eran, más bien, beligerantes o militantes.  Tomó, parece, como una ofensa a su magisterio un acto silencioso y pacífico cuyo significado no quería ser evidente. Había sido uno de los inspiradores del movimiento juvenil de protesta radical de entonces, pero la protesta silenciosa de sus alumnas lo excedió.  Murió pocos meses después. Este “video-ensayo” incluye varias otras focalizaciones, como “Territorios Mezclados”, donde se ilustra otro orden de información crítica: cuando la unificación alemana, las armas del ejército del Este fueron vendidas a los turcos, que las usaron contra los kurdos.  De esas contracorrientes de la información se hace este ensayo sobre la teoría y la práctica de ver más y mejor, no en la mera oposición del gris y el color sino en su trama política: en la invención diaria de la visión crítica de un tiempo que ha dejado de ser nuestro.



Ensayo hablado del intelectual público



Pensar el siglo XX  (Taurus), de los historiadores Tony Judt y Thimothy Snyder, fue elegido por los críticos de Babelia como el mejor libro del año 2012.  Esa lectura resulta, de por si, intrigante; más allá de los méritos de un libro que, dramáticamente, es su testamento. Judt estaba paralizado por un desorden neurodegenerativo fatal, y en este “libro hablado”, compuesto con su joven colaborador, hace un juicio sumario del siglo veinte, en buena medida a partir de pensadores europeos. Bien conocido por sus ardorosos artículos en el New York Review of Books y por su obra magistral, Postwar: A History of Europe Since 1945 (2005), Judt incluye en Pensar el siglo XX páginas de otros libros suyos, sobre su historia formativa, y vuelve a sus elogios y sanciones de las figuras claves del XX. Es fascinante la figura de un historiador que fue más bien un académico, convertido por Nueva York, según dijo, en intelectual público. La mejor reseña de este libro se debe al  profesor Robert Westbrook, y está en Bookforum (dic-ene 2012). Judt tuvo el valor de hacerse anticonvencional no sólo por sus matrimonios con tres de sus estudiantes graduadas, sino por sus opiniones desafiantes, empezando por su crítica de Israel (el Holocausto, dice, será devaluado por el mal comportamiento de Israel), y terminando con su puesta en duda de las reglas contra el acoso sexual. Sus blancos favoritos fueron Frederic Hayek, Sartre y Ernest Junger; sus héroes son Keynes, Camus y Koestler. Su apasionada postura anti ideológica alcanza también al actual neoliberalismo y su prédica del mercado ubicuo. Creía que la social democracia requería de un estado capaz de propiciar la responsabilidad compartida. La democracia, dice, no es ni necesaria ni suficiente condición para la sociedad abierta porque, “la vasta mayoría de los seres humanos no están hoy capacitados para proteger sus propios intereses.”  A pesar de ese ingenio amargo, se sumó a la idea de un “pluralismo ético,” que seguramente se remonta a la noción de Weber de una “ética de la responsabilidad,” aunque Judt parecía creer en la condición proteica de la idea del Bien.  Un libro, en fin, provocador por un ensayista ferozmente independiente, libre incluso de sus propias convicciones.



Vale la pena, a quien le interese más la historia que los historiadores, cotejar esta evaluación del siglo con otro ensayo, más filósofico y no menos ideo-gráfico, El siglo, de Alain Badiou, publicado el 2005 y traducido al inglés en 2007. Su tesis es más elegante: las evaluaciones del siglo XX, ya sean conservadoras o liberales, buscan desaparecer el siglo XX. La “victoria de la Economía”, nos dice, pretende borrar la crítica y la creatividad de las grandes rupturas y subversiones del siglo. Quizá el éxito en español del testamento de Judt tenga que ver con la actual interrogante no sobre el debatido lugar de Europa en España sino sobre la suerte de España en esta Europa.



Alarma por los pueblos originales



¿Cómo no escuchar la alarma que nuevamente recorre el precario habitat de las poblaciones originales de las Américas?  La violencia, acoso y marginación que vive el pueblo Mapuche en Chile es del todo ilegible, salvo que uno lea la historia desde el modo de producción dominante, en este caso, la forma del latifundio a costa de la propiedad comunal. La reciente tragedia de una pareja de propietarios asesinada, es un caso condenable y policial; pero se utiliza como otro dictamen oficioso contra los mapuches, cuya exacerbada disputa con esa familia era antigua. La irresolución del drama, a costa de esa nación acorralada, amenaza con propagar la violencia. Sólo los nacionalistas creen que hay una sola nación en un país donde la violencia demuestra que hay varias. Y es lamentable que sean los gobiernos democráticos los que sumen más víctimas. No es demasiado distinto el estado de emergencia indígena en Perú, donde las comunidades protestan, a veces con violencia, la contaminación de sus aguas por las empresas mineras.  Este es un drama que vivió Estados Unidos en el siglo XIX. Lo solucionó desplazando a las tribus de sus tierras, como ya lo había hecho al comienzo de las colonias, cuando fueron desplazadas de las tierras donde el tabaco equivalía al oro de América hispánica. Hoy, en Estados Unidos, no se podría hace otro tanto, pero hay una mecánica paralela: si una real reforma migratoria no se hace efectiva con este gobierno de Obama, seguiremos teniendo padres desplazados de sus hijos, acusados de migrantes “ilegales.” Pero la irresolución del drama ecológico peruano (que algunas empresas extranjeras ofrecen reparar desviando sus residuos) se posterga agónicamente. Y la violencia se cierne, azuzada por una prensa extremista, políticamente suicida.  







Visita y disfruta una entrevista con 
JULIO ORTEGA 
hablando del "BOOM"

http://www.elboomeran.com/blog/483/blog-de-julio-ortega/


Además...


Mis 10 libros Preferidos de 2012
Julio Ortega*


Olvido García Valdés. Lo solo del animal. Barcelona: Tusquets.
La poesía es una de las pocas inteligencias del mundo que nos queda. Casi todo lo demás pertenece a la Banca. Y una de sus entonaciones contemporáneas distintivas es la que debemos a Olvido García Valdés (España, 1950), cuyo nuevo libro, que es muchos libros, despliega con gozo discreto y gusto formal variaciones en torno a los afectos. El lenguaje de las emociones sutiles que el poema trama, produce el lugar donde este mundo se piensa más libre y gratuito. Lo había anticipado César Vallejo: la pureza del hombre es su estado de inocencia animal. De lo animal han dicho algo Derrida y Deleuze, citado éste en uno de los poemas. Sólo que se trata, para esta poeta, del alfabeto de las emociones que el libro interroga en el paisaje transitivo donde los animales, aéreos, terrestres y literarios, discurren como juego, forma, lección y enigma. Estos poemas parecen grabados en el lenguaje pero, al mismo, fluyen liberando al lenguaje de su obligación de intercambio informativo. Son inscripciones en el flujo verbal y afirman, por ello, el asombro de lo vivo frente a las miserias de la muerte y el desafección, allí donde calla “lo solo del animal.” El resto es poesía. 





José Balza: Cuentos. Ejercicios narrativos. Sevilla: Paréntesis.
Por fin en España un libro de relatos del venezolano José Balza (1939), un autor secreto cuya ausencia y renuncia al sistema literario lo mantenía confinado a su ruta voluntaria, entre la Universidad Central y el paisaje acuático del Delta del Orinoco, cuya reputación de origen del mundo, inaccessible acceso, y mapa improbable alimentan la obra de este narrador  mundano, de escritura tan vital como sutil. Balza es el autor más íntimo de la literatura de un país donde los artistas suelen ser de extremos casuales. No frecuenta los foros públicos, rehuye la prensa, y varias veces ha estado ausente de su propia celebración. Balza ha seguido explorando el paisaje del Delta, no sólo navegando su biografía sino escribiéndola con esa tinta espejeante y lustral. Dicho de otro, modo: aquí la escritura habla por el mundo, retrazando sus rutas de obediencia, donde hasta lo ritual es extravío. “Tierrra de gracia,” había dicho Colón de Venezuela; Walter Raleigh prometió que sus arenas eran de oro, lo que le costó la cabeza. Cada cuento, al final, es un bautizo, una ceremonia de los comienzos. En esta escritura todo acaba de formarse y discurre con apetito y goce,  pronto disuelta bajo el exceso de luz. Ejercicios, por eso, de una escritura que rehúsa la fijeza o el dictamen, que nada impone ni reclama. Son cuentos de dar a cada quien el don del camino.






Juan Francisco Ferré. Karnaval. Barcelona: Anagrama.
Esta gran novela española (aunque hace obsoleta la adscripción regional) es también del todo cervantina, sólo que ahora Sancho se actualiza como francés y pornográfico, y ha totalmente corrompido cualquier proyecto de Insula. Pero, ¿hay otra forma de poder?, nos pregunta esta novela festiva, satírica, y apoteósicamente cómica. No es sólo de Strauss-Kahn que Ferré (1962) se ocupa sino de la extraordinaria negatividad que el poder ha encarnado en estos tiempos filosóficamente definidos como Bullshit. Con esa negatividad obscena no hay nada que hacer, salvo una novela, que es (desde Celine hasta Pynchon) la fuerza virtual capaz de celebrar el fin del mundo con una carcajada pantagruélica. Lo propio de Ferré, como en su anterior Providence, es la desmesura, esto es, una nueva medida de la agudeza, más incisiva y mordiente, una lección sado-barroco-carnavalesca de la elocuencia de lo perverso. Sólo que esta vez, la escritura misma reverbera con brío imaginativo y humor gozoso. En este mundo al revés, la novela es la historia interna del futuro: su debate convoca el foro ilustre de los filósofos de la actualidad, entre los cuales el lector aporta la risa. Ferré es de los nuevos novelistas Atlánticos que hacen del género un instrumento subversivo, de sarcasmo y exorcismo.  Para tiempos melancólicos, no hay mejor remedio.





Sergio Ramírez. La manzana de oro. Ensayos sobre literatura. Madrid: Iberoamericana-Vervuert.
Uno de los mayores novelistas hispanoamericanos, capaz de escribir cada novela como si fuera su primera, con asombro por la travesía, renovada de sutileza comunicativa y fascinante de entramado, Sergio Ramírez (Nicaragua, 1942) ha reunido en este tomo sus ensayos sobre escritores y novelas aunque, en verdad, nos propone una biografía de la literatura tal como la entendemos hoy: como una aventura hecha de la errancia de lo vivo y lo fortuito de lo escrito. Vida y escritura se iluminan mutuamente el camino: entre luces y sombras, ambas disputan la versión de los hechos.  Todo es novelesco, nos sugiere Ramírez, porque todo es verdadero entre encuentros, viajes y destinos que se inscriben simétricamente. Autor y lector, así, van a dar al relato, que es la amistad de lo vivido. Desfilan en estas páginas como en una novela memoriosa, Martí y Rubén Darío, Cortázar y García Márquez, Carlos Martínez Rivas y Carlos Fuentes; y a cada uno les da Ramírez su lugar en el ágape. Pronto nos percatamos que el novelista ha citado a un convivio a los mejores contertulios, y nos ha guardado lugar privilegiado en la charla. Esa fe sutil y robusta en la comunicación distingue la obra placentera y la vida comprometida de Sergio Ramírez. La convicción nostálgica en el valor de las palabras ilumina su fecundo trabajo. En este libro, esa pasión fraterna nos asegura que, contra todas las razones contrarias, la razón literaria nos alberga.






Jorge Volpi. La tejedora de sombras. Madrid: Planeta.
“¿Tú a quién prefieres, a Freud o a Jung?” La pregunta de la muchacha que será su amante, la asume el profesor de Harvard no sólo como una aventura amorosa sino como la promesa de sus experimentos: Jung, responde él. Pero la pregunta la plantea esta brillante novela como un ejercicio de exploración y debasamiento de los paradigmas que las disciplinas nos imponen. Esos modelos babélicos están contaminados de biografía, de pasiones y violencia, y son más novelescos que científicos. Si el profesor hubiese respondido “Freud,” sus turbulentos amoríos y experimentos del placer (que harían de Sade un psicólogo feliz) tendrían que someterse a otras prácticas y agonías. Pero como responde “Jung,” sus amores discurrirán entre alegorías y pesadillas. Ya en sus novelas anteriores, sobre todo El fin de la locura, donde Lacan y Althuser se  refutan con saña no por diferencias teóricas sino por los favores de una discípula, Volpi (México,1968) había explorado la naturaleza novelesca de las construcciones teóricas. Esa sátira desmontaba la hipertrofia especulativa de los años 60. En ésta, Christiana Morgan, la “tejedora”, es también la que urde el texto y la textura de su propia misión en la suerte del Amor entre las máquinas de su héroe y las promesas visionarias de Jung. La “sombra” es el abismo que esta Ariadna ya no podrá tramar.  Esta brillante novela discurre con lucidez y nitidez, con gusto por las paradojas, no sin ironía pero también con simpatía.  Ninguna pareja es improbable, nos dice, gracias a los sueños de la razón fabuladora.






Javier Marías. Mala índole. Madrid: Alfaguara.
Recuerdo haber leído un cuento de Javier Marías en inglés, en el New Yorker, y haber pensado que la historia de un hombre que graba un video de su mujer en la playa para recordarla cuando ella muera, ocurría en la otra lengua como otra historia. El lenguaje era más ardoroso, urgido y sensual que el lenguaje del original español, que me pareció más especulativo, reflexivo e intrigante. Eran, o parecían ser, dos cuentos algo distintos.  Consideré que la mirada del narrador, que no usa sus gafas para broncearse mejor, y la mirada del marido desde el video, son dos percepciones que declaran la indeterminación de la pareja como tal. En español, esa función de ver y registrar las consecuencias (como ocurre en algunas de sus novelas) abre en el relato el abismo de lo casual; y, en otro escenario, la inquietud de lo raro y aun extravagante del deseo, que pasa por el ensayo de construir la improbable definición de la pareja. La traducción, deduje, introduce otra lectura. Y el lector, cualquier lector, la que sea capaz de decidir en una historia que no teje sino que desteje la trama variable de lo entrevisto. El cuento se llama, “Mientras ellas duermen.” En otro cuento se lee: “Miré sin ver, como mira que llega a una fiesta en la que sabe que la única persona  que le interesa no estará allí... Esa persona única estaba conmigo, a mis espaldas, velada por su marido.” Otro más, “Prismáticos rotos,” no es menos visual. La mirada reconstruye las representaciones, contaminadas de ficción. Esa palpitación del tiempo vivo anima estos cuentos y su varia seducción.







Edgardo Rodríguez Juliá. La piscina. Buenos Aires: Ediciones Corregidor.
Frente al padre que muere, el hijo considera la más larga agonía de una vida familiar laboriosa y destructiva a partir de las fotos, cartas y postales, verdaderas cicatrices, que revelan las relaciones del padre, la madre y el narrador  desde la perspectiva del luto.  Magnífico relato, que desentraña la íntima violencia de una familia desigual, y reconstruye, como quien arma la trama viva de la muerte cotidiana, la intrincada y fatal deriva de las relaciones humanas, entre un padre que camina “hacia las heridas…sus semejantes,” y una madre arrebatada por los “vientos de su ira.” Sólo que en lugar de la familia como “fábrica de la locura” (Klein) se trata aquí de la familia como perversa máquina de la tragedia, esto es, como el insomnio de la destrucción que los progenitores transfieren a los hijos. El dolor los hace inocentes pero el rencor los torna feroces. Sólo el relato les haría justicia ya no para liberarlos de su infierno acrecentado, sino para dedicarles la tolerancia de los balances, que la novela cede los narradores para, al final, dejar al hijo la herencia del luto.  La condición del hijo es asumir la tragedia familiar, que no en vano demanda los nueve capítulos del Infierno. Pero, como sabemos, el Infierno no es el castigo de los condenados, es lo desarticulado. Es decir, lo impensable; en esta novela, la fractura de lo vivo. Rodríguez Juliá (Puerto Rico, 1946) había ya construido en su Isla las formidables versiones contemporáneas de un barroco funerario. Y había hecho del Caribe el exacto revés del realismo mágico: el lugar residual del costo de lo moderno. Esta vez ha adelantado su piadoso Obituario.








Héctor Llaitul y Jorge Arrate. Weichan, conversaciones con un weychafe en la prisión política. Santiago de Chile: CEIBO Ediciones.
Sobrecogedor testimonio, denuncia y alegato de la extraordinaria saga de la etnia  Mapuche, uno de los últimos pueblos originales que han sobrevivido, en el sur de Chile, la colonización europea y la dominación del estado nacional. Jorge Arrate (Chile, 1941), dirigente socialista bien conocido por la calidad de sus tareas, retoma la palabra en diálogo con el dirigente mapuche Héctor Llaitul para entender él mismo, del lado del lector, la biografía de la protesta, que este dirigente encarna y sus largos años de prisión denuncian. Weichan  (Guerrear) es un testimonio exploratorio que declina la mediación de la grabadora y se basa en las notas del entrevistador, en la documentación mapuche y el proceso judicial. Rehúsa, por lo mismo, la autoridad etnológica pero también la instrumentación de la crónica, que hoy se alimenta de sí misma y eventualiza todo lo que toca. Logra, así, un protocolo de representación más digno del sujeto, y más sobrio: no sustituye al hablante, no lo vuelve a colonizar. Hoy que casi todos los medios de comunicación han renunciado a darle la palabra a los vencidos, este libro ensaya un modo inquietante de asomarse al abismo que rodea a la irracionalidad ideológica de este siglo.







Rosa Beltrán: Efectos secundarios. Madrid: 451 Editores.
En este feroz tratado, que une la sátira volteriana  a la diatriba nitzcheana, Rosa Beltrán (México, 1960) acude a la farmacopea para curarnos de espanto con una alegoría cómica y grotesca del predominio actual de los sacrificios humanos como ceremonia pública mexicana. Si el catastrofismo de Monsiváis y Pacheco ha sido superado por la descarnada refutación actual del otro y de los otros, que en las “redes sociales” se ha convertido en un banquete caníbal, en ésta novela filosófica, sátira literaria y alegato moral, Beltrán nos dice que el fin del mundo (maya o no haya) no sólo ya ocurrió, sino que somos sus fantasmas. El narrador es un lector de vanas banalidades, esto es, de libros de éxito; y su oficio es presentarlos en los foros de la Feria mexicana, entre hijos de la violencia, padres de los muertos, y caciques del poder letrado. Este relato es una protesta contra la vida mexicana como historia necrológica. La sátira literaria se convierte en crítica de una cultura corrupta que, hecha en la violencia, ya no es capaz de reconocer su modo de producción, paralelo al del crimen impune. En una vuelta de tuerca, como en el Orlando, el narrador se torna narradora, para compartir el testimonio. “¿Qué no entienden que estamos aquí para evitar la violencia?”, responde una enfermera en una manifestación a quienes la increpan, pero huye cuando un canalla saca una navaja y propone una violación masiva. Los matones letrados dominan el paisaje y multiplican el desvalor del lenguaje. Perseguidos hasta por los lectores que han secuestrado la lectura, sólo les queda a los pocos humanos el nomadismo, la deriva del sinsentido. Al final, el narrador(a) vuelve a Comala, el pueblo de Pedro Páramo, sólo que ahora la sentencia que definía al Cacique se ha hecho colectiva: “Nos hemos convertido en un rencor vivo.”









Alejandro Oliveros: Espacios en fuga (Poesía reunida 1974-2010). Edición y prólogo de Antonio López Ortega. Valencia: Pre-Textos.
Oliveros (Venezuela, 1948) es un poeta privilegiado. Todo lo que dice está poseído por la gracia dúctil de una prosodia hecha desde las virtudes orales del español: la resonancia vocálica fluida, la enunciación narrativa controlada por la duración del acto verbal, la suficiencia del nombre hecho imagen. Dicción que nos viene de Rubén Darío, enumeración variable que prodigó Neruda, nitidez de la imagen que cultivó Emilio Prados. Poeta, además, educado en el brío del terso coloquio latino, en la precisión referencial, y en el fraseo isabelino, ese pronto arrebato. Llamamos coloquial a esa poesía donde, como dijo Charles Olson, el verso respira en la duración y la sílaba late en la acentuación. El poema es un organismo vivo. La lectura, por ello, un pacto de fe: ¨Ve a las ciudades, libro mío, y busca lectores/ demorados. Huye del halago y la hipocresía.” Y es, también, un acto estoico de estirpe clásica: “La pregunta por el hombre no ha cambiado…Son tiempos difíciles, pero vendrán peores.”



* JULIO ORTEGA
Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima).
De su crítica ha dicho Octavio Paz:  "Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."






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Ttwineun nom geu wie naneun nom
Baby baby naneun mwol jom aneun nom
Ttwineun nom geu wie naneun nom
Baby baby naneun mwol jom aneun nom

You know what i'm saying

Oppan gangnam style
Eh sexy lady
Oppan gangnam style
Eh sexy lady
Oppan gangnam style


¿Y qué es lo que quiere decir?



Lo llaman el BAILE DEL CABALLO

Oppa es Gangnam Style!
Gangnam Style!
Una chica que sea cálida y humana durante el día
Una chica con estilo que sepa disfrutar la libertad de una taza de café
Una chica cuyo corazón se caliente cuando llegue la noche
Una chica con esas características
Soy un chico
Un chico que es cálido como tu durante el dia
Un chico que se toma de un trago su café antes de que se enfríe
Un chico cuyo corazón explota cuando llega la noche
Esa clase de chico
Hermosa, adorable
Si tu, hey! Si tu, hey!
Hermosa, adorable
Si tu, hey! Si, tu hey!
Ahora sigamos hasta el final
Oppa es Gangnam Style
Gangnam Style
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,
Gangnam Style
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,
Heey, sexy chica
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,
Heey, sexy chica op- op- op op-
Eh,eh, eh, eh, eh
Una chica que se ve inocente pero que juega cuando juega
Una chica que se suelte el cabello cuando llegue el momento indicado
Una chica que se cubre pero que es mas sexy que una que lo enseña todo
Una chica sensual como esa
Soy un chico
Un chico que aparenta ser tranquilo pero que juega cuando juega
Un chico que se vuelve loco cuando llega el momento indicado
Un chico que ha aumentado las ideas en vez de sus músculos
Esa clase de chico
Hermosa, adorable
Si tu, hey! Si tu, hey!
Hermosa, adorable
Si tu, hey! Si, tu hey!
Ahora sigamos hasta el final
Oppa es Gangnam Style
Gangnam Style
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,



Gangnam Style
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,
Heey, sexy chica
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,
Heey, sexy chica op- op- op op-
Eh,eh, eh, eh, eh
Sobre el hombre que corre esta el hombre que vuela,
nena, nena soy un hombre que sabe una o dos cosas (BIS)
(Sabes lo que estoy diciendo)
Oppa es Gangnam Style
Eh,eh, eh, eh, eh
Heey, sexy chica
Op- op- op op- Oppa es Gangnam Style,
Heey, sexy chica op- op- op op-
Eh,eh, eh, eh, eh
Oppa es Gangnam Style

miércoles, 12 de diciembre de 2012

DE LUIS LESUR, LAS CLAVES OCULTAS DE LA VIRGEN DE GUADALUPE. COMENTADO POR FERNANDO SOLANA OLIVARES EN DIC. DE 2006. VIGENCIA SIN CADUCIDAD.



Apareció en  http://bit.ly/Z0aBgE  hace seis años... 
con algunas horas:

DICIEMBRE 08, 2006

OCULTA / VISIBLE: GUADALUPE



Con el permiso del poeta Miguel Hernández, inesperada visita de la memoria profunda, umbrío entonces por la situación nacional, casi bruno, porque la pena analítica, la pena de la conciencia sobre la naturaleza de las cosas tizna cuando estalla, este artículo, sin embargo, debe dedicarse al encuentro con un libro perspicaz, atípico y por ello oxigenante, Las claves ocultas de la Virgen de Guadalupe (Plaza y Janés, México, 2005), y a su talentoso e ilustrado autor, el astrólogo mexicano Luis Lesur.
¡Gulp! Astrología. ¿Cómo abordar un tema propio no del pensamiento racional ---cualquier cosa que esto signifique---, tan ajeno al cartesiano literal que todos llevamos dentro y tan tóxico para ese materialista vulgar en el que la modernidad nos ha convertido? Acaso, como todo encuentro casual es una cita, pueden emplearse tanto una variante romántica como otra clásica para ello. Se sabe que el escritor romántico quiere incesantemente expresar, y que el escritor clásico, en lugar de relatar, empeño subjetivo, prefiere describir lo que ve (o lo que lee) tal cual, pues no desconfía de la fuerza, de la poderosa virtud lacónica radicada en los signos del lenguaje.
Así pues, empleando la primera opción, deberá expresarse que hace unos meses, enfrascado en la búsqueda de otras interpretaciones sobre la contienda electoral en curso, este redactor leyó un adelanto del libro de Lesur en una revista especializada en astrología, Casa Nueve, y por el subyugante interés que le despertó se prometió a sí mismo conseguirlo. Tiempo después fue el mismo Lesur quien amable e inesperadamente se lo envió. Ninguna tarea queda cumplida a conciencia si no se conoce al remitente de aquello que se recibe. Pareció indispensable consultarlo como astrólogo para comprobar si tanta sapiencia como mostraba en su libro se desplegaba también en el análisis específico de un sujeto más o menos escéptico y de su biografía secular. El resultado fue una narración existencial mucho más aguda que arbitraria y mucho más precisa que circunstancial.
Recurriendo al segundo proceder clásico, que siempre requiere una petición de principios, debe asumirse que la historia del advenimiento del pensamiento racional oculta una pérdida, aquello que Apolo, dios tutelar del Logos, de la razón, usurpó de los agentes del otro principio divino polarizante y antes culturalmente necesario, Dionisos, lo cual dio cabida al origen de la civilización: el orden oracular propio de la Pitia, de la Sibila, cuyas supuestas incoherencias, al ser interpretadas, fueron los rudimentos de la hermenéutica creados precisamente alrededor de la adivinación. “El Señor cuyo oráculo está en Delfos ni habla ni oculta nada, sino que se manifiesta por símbolos”, explicó Heráclito hace milenios. Lo mismo hace hoy entre nosotros Luis Lesur al revelar (palabra que implica un doble sentido) las claves tutelares y caracterológicas ocultas en el horóscopo de la Virgen de Guadalupe, único emblema capaz de considerarse como abarcante y general para la nación en su conjunto, más allá incluso del espectro devocional católico.
“La sustancia básica del pensamiento astrológico es la imaginación ---escribe Lesur---, cuyas reglas y prioridades son distintas de la racionalidad de las disciplinas científicas, incluso de las sociales. La tradición racionalista supone que la comprensión de un fenómeno social consiste en poder establecer la variedad de causas y efectos que condujeron a él. Frente a esto, el anacronismo de intentar dar sentido a las cosas a través de algo como la astrología tiene que entenderse como una respuesta romántica ante la tiranía de las causas eficientes”. Asumiendo que el trabajo del astrólogo consiste “en establecer un diálogo con formas llamadas símbolos”, aceptando que lo que escribe puede ser “una mezcla de ciencia ficción, filosofía ficción, antropología ficción y psicología ficción”, y postulando, a partir de una voluntad estética más propia de la poesía y la imaginación simbólica, que lo mexicano y su identidad deben entenderse “primariamente desde el lado femenino”, Luis Lesur elabora uno de los retratos más clarividentes y potencialmente completos de la idiosincracia mexicana a partir de una fecha, 1531, donde antes que una aparición metafísica ocurrió una fundación nacional, se trazó un destino colectivo y comenzó una historia patria (o matria) de largo y contradictorio aliento que aún no cesa de manifestar su particularidad.
Recusando los tópicos sobre la identidad nacional que se han concentrado “en explicarla a partir de dilemas y procesos psicológicos característicamente masculinos”, que describen lo femenino “como algo valioso y misterioso, pero pasivo, frágil, mancillado”, Lesur levanta una hermenéutica derivada del horóscopo guadalupano donde “una feminidad activa, poderosa hasta lo amenazante, aunque de ninguna manera libre de patologías, es la que tiene el rol protagónico”. Otros arquetipos, otras narrativas, otras interpretaciones.
Sometido por el espacio del texto, y ya no umbrío por la pena política del país sino exaltado por la sorpresa cognitiva de su veraz naturaleza, al redactor de esta nota sobre un oráculo contemporáneo avecindado en Coyoacán, que no sentencia didácticamente nada sino que sugiere creativamente todo, no le queda más que hacer la sugerencia enfática de que ese libro se lea antes o después del 12 de diciembre para saber quién, la oculta/visible Virgen de Guadalupe, desde su mandorla como almendra, a todos los mexicanos nos sintetiza, nos determina, nos explica y nos tutela.

Fernando Solana Olivares
Premio Nacional de Periodismo.Divulgación cultural, 1993.