viernes, 28 de octubre de 2011

EL ESPACIO DE ADINA CHELMINSKY Y SU COLUMNA EN "EXCÉLSIOR":

Especial Navideño: El Aguinaldo que se vaaa

Deberían de repartir esta prestación en un mes “aburrido” como marzo, en donde las presiones por gastar son menores y las tentaciones a nuestro alrededor son muchas más.

Adina Chelminsky

Este es el tercero de una serie de seis artículos que enfatizan los principales problemas que enfrenta nuestra cartera durante las fiestas decembrinas y soluciones prácticas para abordar cada uno de ellos, con el objetivo de que todos empecemos 2012 más ricos y más felices.

Deberían de repartir el aguinaldo en un mes “aburrido” como marzo, en donde las presiones por gastar son menores y las tentaciones a nuestro alrededor son muchas más.

Me queda claro que no es coincidencia. La legislación pretendió otorgar esta prestación a los empleados en el mes de mayores gastos. Algo muy útil para solventar el pavo, pero desastroso para el ahorro.

Una de las preguntas más comunes de todas las personas al llegar diciembre es qué hacer con el aguinaldo. Lo irónico es que la mayoría ya tiene en su mente la respuesta a la pregunta: Independientemente de lo que les recomiende cualquier experto financiero, ellos ya saben que el aguinaldo es para gastarlo.

¿No habrá un punto medio entre el gasto de todos los bonos que recibimos a fin de año y la angustia de tener que guardarlo todo?

Claro que lo hay y es justamente ésta la clave para poder aprovechar al máximo este dinero. Si pensamos sólo en gastar el aguinaldo estamos siendo irresponsables, pero la mera idea de tener que guardar todo este dinerito que recibimos es irreal y angustiante. Así es que aquí unos consejos para maximizar el provecho que le sacamos.

1.-No hay soluciones de esquina. No pienses en destinar todo tu aguinaldo a un único propósito. Antes de recibirlo, divídelo en tu mente en dos o tres partes: Una para el gasto, una para repagar deudas y una para ahorrar. No tienen que ser partes iguales, pero sí cada una ser sustancial. O sea, no vale 99 por ciento para gasto y uno por ciento para ahorro y repago de deudas. Si no tienes deudas, divídelo simplemente en dos.

2.-No tengas los ojos más grandes que la cartera. Antes de gastar la parte que vas a destinar a este uso, piensa muy bien en qué lo vas a hacer y confirma que la cantidad que vas a utilizar te vaya a alcanzar, antes de prometerle a los demás o emocionarte. Algo que ocurre muy comúnmente es que planeamos las grandes cosas que vamos a hacer con nuestro aguinaldo y al darnos cuenta que no es suficiente (pero ya le prometimos al regalo a los demás) acabamos endeudándonos o sacando dinero de otros ahorros.

3.-No sólo repagues. Si vas a hacer pagos anticipados de alguna deuda siéntate a platicar con la institución para poder recibir beneficios adicionales por este pronto pago (en los casos que sea posible), así el dinero tendrá un mucho mayor provecho.

4.-¡Ni lo veas! Si el dinero del aguinaldo te quema las manos y tan pronto lo recibes parece desaparecer, pide a tu empleador que te deposite directamente una parte en tu cuenta de ahorros. Así disminuyes la tentación. Si esa cuenta de ahorro es o no la que da mayor rendimiento, no importa, el objetivo inicial es simplemente no tener ese dinero en las manos. Empezando enero ya puedes decidir a qué instrumentos más rentables lo destinas.

5.- No olvides otro gasto muy importante. Si puedes, destina una parte de tu aguinaldo a hacer un donativo a alguna institución de beneficencia (elige la causa más cercana a tu corazón y vigila que la institución esté bien conformada, respaldada y auditada), no hay mejor manera en la que puedes gastar tu dinero.

*Especialista en finanzas personales.

Doktor Dinero

adina@doctordinero.com

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II. Especial navideño: No soy yo, es la tradición

Muchas veces los gastos de esta época ni los hacemos con gusto. Son tan “voluntariamente a fuerzas” que nos pasamos diciembre sufriendo por los regalos, las comidas, la decoración…

Adina Chelminsky

Este es el segundo artículo, de una serie de seis, en donde abordaremos los principales problemas financieros-navideños y su solución:

Alguna vez leí un dicho que decía: “Tradición es la manera de explicar cuando actuamos sin pensar”. De esta manera, cada vez que se nos cuestiona por qué hacemos esto o aquello y respondemos “es que es una tradición de mi familia/país/religión/etcétera”, evitamos cualquier responsabilidad sobre nuestros actos. Puede ser que ni siquiera nosotros estemos muy de acuerdo con nuestro actuar, pero si es una tradición ni siquiera lo cuestionamos. Hay que rendirse ante lo “inevitable”.

Las fiestas decembrinas están llenas de estas tradiciones que son como lobos en piel de oveja. Es tradición empacharse en la cena del 24 y en el recalentado del 25 (y luego lloramos ante la báscula el primero de enero); es tradición emborracharse en las posadas, preposadas, Año Nuevo… Y, la peor de estas “tradiciones”: hay que gastar y gastar y gastar. Gastos que acaban con nuestros ahorros y revientan nuestro nivel de deudas.

Irónicamente, muchas veces estos gastos tradicionales ya ni siquiera los hacemos con gusto. Se vuelven una tradición tan “voluntariamente a fuerzas” que nos pasamos diciembre sufriendo los gastos de los regalos, las comidas, la decoración…

Así es que he aquí una serie de consejos prácticos para dejar a un lado la “tradición”, gastar menos y empezar el año con la cartera más llena y el corazón más contento:

• Querer no es poder… Antes de empezar la temporada decembrina evalúa tus finanzas y haz cuentas de lo que PUEDES gastar. Elabora un presupuesto en donde marques cuánto vas a gastar en regalos, cuánto en vacaciones y cuánto en fiestas.

• Haz una lista Y REVÍSALA DOS VECES… La clave para no gastar de más en esta temporada es sencillamente dar menos regalos. Elimina de tu lista a aquellas personas a quienes regalas sólo por compromiso o que el regalo sea innecesario. Puede sonar cursi, pero mandar una tarjeta bonita escrita a mano es una bellísima tradición. Tus amigos te lo van a agradecer. Al recortar tu lista de regalos les permites a ellos recortar también la suya. Maravilloso regalo en una época en donde todos vivimos apretados.

• Poco y bueno. En cuestión de regalos opta por regalar mejores cosas aunque sea en menor cantidad. Si tienes 500 pesos asignados para tu esposa, es mejor comprar un collar de este precio que tres piezas diferentes de 180 pesos cada una.

• Sólo efectivo. Una buena estrategia a seguir es gastar puro efectivo. A mediados de diciembre cambia a billetes todo el dinero que piensas gastar (¡ojo con guardarlo en un lugar seguro!) y encierra tus tarjetas de crédito fuera de tu vista. Esto además de ser una excelente manera para no gastar de más (una vez que se acabó el dinero, punto), te ayuda a ser más cuidadoso con tus gastos (no es lo mismo firmar que desembolsar el dinero) y es una garantía de no endeudarte que te permitirá empezar el año nuevo sin la cruda de gasto.

• En sus marcas, listos, fuera. Inicia tus compras navideñas lo antes posible. Las compras de última hora sólo llevan a la desesperación y al derroche. O, por el contrario, da “pagarés de regalo”, en donde compres el regalo prometido aprovechando las baratas postnavideñas.

• Todos para uno. En lugares donde todo el mundo tiene muchos compromisos, la oficina, por ejemplo, organiza un esquema de “amigo secreto” en donde cada quien sea responsable de regalarle sólo a una persona en particular.

• Come menos. Reduce al máximo las comidas y cenas de fin de año (con los de la oficina, con los cuates, con los clientes…); elige cuidadosamente a cuáles de ellas asistir.

La próxima semana hablaremos de qué hacer con ese dinerito extra que tanto nos quema las bolsas: el aguinaldo.

*Especialista en finanzas personales.

Doktor Dinero adina@doctordinero.com

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I. Especial navideño: la cuesta de enero empieza aquí

Para la mayor parte de las familias mexicanas, incluso aquellas que durante todo el año son cuidadosas con sus finanzas personales, la temporada navideña presenta un reto especial.

Adina Chelminsky

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Nada más empieza noviembre (y limpian los arreglos del Día de Muertos) y la temporada navideña está oficialmente inaugurada. Entre los villancicos en el altavoz del supermercado y las ofertas prenavideñas, a algunos les empieza a inundar un sentimiento de festividad decembrina. A otros les empieza el sentimiento de angustia por la cantidad de gastos y presión por gastar que la temporada implica.

La cuesta de enero se empieza a gestar cuando aparece el primer Santa Claus decorando un aparador. Para la mayor parte de las familias mexicanas, incluso aquellas que durante todo el año son cuidadosas con sus finanzas personales, la temporada navideña presenta un reto especial. Y muchas veces el sucumbir ante este reto hace que, una vez más, empecemos enero plagados de deudas y de angustias.

Dado que la anticipación es la madre de muchas de las virtudes financieras, esta columna se dedicará desde hoy, y durante todo noviembre y diciembre, a tratar diferentes aspectos de los retos de dinero que enfrentamos en la temporada de fin de año; esperando que así podamos iniciar 2012 con la cartera más llena y el corazón igual de contento.

¿Por qué gastamos lo que gastamos?

Para poder elaborar una estrategia congruente que nos permita tomar las mejores decisiones financieras en fin de año, lo primero que tenemos que hacer es entender las causas del exceso en gasto. Pueden algunas parecer lógicas, pero vale la pena puntualizarlas y ponerlas en contexto:

1. Es “tradición” gastar y regalar en esta temporada. Cierto, la Navidad está caracterizada por los regalos, pero ¡ojo!, cada vez que queremos poner un pretexto a nuestro mal manejo financiero lo justificamos como una “tradición”. La tradición navideña se ha convertido en la competencia por comprar los mejores, últimos y más caros regalos a costa de nuestra cartera. En el momento que enfatizamos el placer que debe ser regalar, podemos recortar muchos de los regalos inútiles y extra caros que damos.

2. Hay más dinero. Fin de año es época de bonos y aguinaldos y en el momento en que tenemos el dinero (o la mera expectativa de que lo vamos a recibir) genera en nuestro cerebro una percepción de riqueza que distorsiona las decisiones que tomamos. Los límites que tenemos el resto del año se relajan porque nos asumimos más ricos. El problema es que esta riqueza es temporal (no nos aumentaron el sueldo, es sólo un shot de dinero) y que los ojos nos crecen más que la cartera, por cada peso que recibimos de dinero extra nuestras necesidades de gasto crecen en dos.

3. Hay más presión por gastar. El cliché de que vivimos en un mundo “consumista” es cierto y se intensifica en estos meses. Los anuncios, las ofertas, las promociones, las cosas lindas que vemos, lo que el vecino presume haber comprado, todos estos impulsos nos hacen querer más. Y nadie es inmune a estas presiones, sobre todo cuando tenemos hijos y las presiones nos llegan por triplicado.

4. Hay un ambiente festivo que permea todas nuestras decisiones. No es sólo el alcohol o la fiesta o la comida, en el ambiente hay una sensación de relajación y de felicidad que hace que nos fijemos menos en los límites. Es muy curioso pero incluso la gente que no celebra la Navidad (me incluyo, por obvias razones religiosas, en este grupo) tienda a relajar más sus patrones de gasto y de atención a sus finanzas personales.

5. Limpiamos culpas. Sí, es cierto. Queramos o no aceptarlo nos han enseñado tácitamente (y de manera errónea) que el dinero soluciona muchas cosas, que si bien no compra el amor definitivamente alivia nuestra conciencia culposa. El regalo grande a la mamá que tenemos meses sin visitar o el exceso de videojuego para los niños porque trabajamos mucho durante el año, el ofrecer pagar toda la cuenta de la cena porque me siento mal con los amigos a los que no les presté dinero… Caso tras caso de gastos que pretenden ser paliativos para problemas más profundos. Estos gastos no sólo no solucionan el problema de fondo, además causan problemas nuevos.

En las próximas semanas iremos aterrizando y dando soluciones a cada uno de estos problemas.

Empecemos a celebrar las fiestas decembrinas desde hoy. Privilegiando lo más importante: la riqueza emocional de nuestra familia y, también, el buen manejo del dinero.

*Especialista en finanzas personales.

Doktor Dinero

adina@doktordinero.com

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FERNANDO BOTERO EN LA GALERÍA MARLBOROUGH DE NUEVA YORK CON SU VIA CRUCIS: UN CRISTO GORDO Y OTRAS 26 IMÁGENES SOBRE LIENZOS, ADEMÁS DE 34 DIBUJOS:




“He trabajado sobre la violencia en Colombia, sobre la tortura en Abu Ghraib. Ahora, tenía necesidad otra vez de expresar un tema dramático y apareció el vía crucis. No expreso ninguna sátira, ni ningún humor, como alguna vez he hecho en mis cuadros. Expreso la violencia con la que combatió la divinidad de Cristo. Yo presento la idea de un hombre que produjo una gran revolución…”

Entérate de toda la historia. Haz clic aquí: http://bit.ly/s4vW5k
Se inauguró el 27 de octubre en la Galería Marlbourough. El artista colombiano regresa así a Nueva York por primera vez desde 2006, cuando estrenó una serie de pinturas y grabados sobre las torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, con la que aportó su granito de arena para denunciar aquel escándalo protagonizado por soldados estadounidenses que se había destapado dos años antes.

EL ESPACIO DE JUAN VILLORO Y SU EDITORIAL DE CADA SEMANA EN REFORMA. TAMBIÉN APARECEN OTRAS CURIOSIDADES COMO, POR EJEMPLO, ALGUNOS DE SUS TUITS.

Incógnitos

Juan Villoro

11 Nov. 11

En La Habana para un infante difunto, Guillermo Cabrera Infante describe el momento excepcional en que subió por primera vez una escalera. A los 12 años se trasladó a La Habana y el deslumbramiento de la gran ciudad se presentó, antes que nada, como la ascensión a un segundo piso. En Gibara, el pueblo de casas bajas donde había nacido, se desconocía el sencillo artificio de los escalones.

La Habana para un infante difunto describe un aprendizaje paulatino; la capital cubana revela sus secretos como una gramática que comienza a ser conjugada. Cabrera Infante descubre el vertiginoso chirrido de los tranvías y el difuso resplandor del neón, prometedor de placeres.

La trama ocurre en los años cuarenta del siglo pasado, cuando la urbe aún puede deslumbrar a quien llega del campo. Hoy en día las ciudades se conocen a priori. El cine, las agencias de viajes, los portales de internet y Google Earth nos ponen en contacto con sitios de los que tenemos una idea sin haber estado en ellos. Obviamente, este conocimiento no elimina otros asombros. Aún es posible desconcertarse con las ciudades. Lo que ha cambiando es que las características básicas de la vida urbana (las avenidas numerosas, los transportes, el alumbrado público, la movediza muchedumbre) carecen del halo de maravilla que tuvieron en otro tiempo. Además, las distinguimos por signos específicos: la torre inclinada, el niño que orina, el coliseo, el alto reloj junto al río, el ángel bajo un cielo sin estrellas. Una metrópolis ya sólo puede ser terra incognita para el esquimal que no ha ido al cine.

Mientras las ciudades se volvían comprensibles sus habitantes dejaban de serlo. En su novela autobiográfica, el joven Cabrera Infante ignora las calles pero ordena la fauna en reconocibles tipos sociales (el vagabundo, la querida, el guajiro, la prostituta, el pandillero). Las personas son más clasificables que el territorio y resulta más sencillo ser antropólogo que cartógrafo.

En tiempos de GPS ocurre lo contrario. Las vastas ciudades están llenas de gente hermética. El conocimiento de la vida urbana ha sufrido un giro radical. Cuesta trabajo entender a las personas porque ellas luchan para ser entendidas por las máquinas.

En vez de arquetipos sociales tenemos códigos: credencial del IFE, afiliación al RFC y los PIN con que nos identifican las computadoras. Nuestros principales patrones de conducta derivan de los números telefónicos a los que llamamos, los passwords que dominamos, los precios de lo que compramos. En ocasiones, estos datos fríos se humanizan con una quimera: tenemos "amigos" en Facebook.

Definirnos a través de siglas sería una circunstancia inofensiva de no ser porque eso elimina la posibilidad de que una persona avale a otra. El trato ha caído en desuso como forma de certificación social. Durante siglos, las sociedades autentificaron las reputaciones a través de cartas de recomendación. En la automatizada actualidad, la frase "yo respondo por él" tiene sentido si se refiere a un doberman. Los humanos dependen de su historial bancario.

Es un lugar común decir que casi nadie se interesa en sus vecinos. Lo raro es que las máquinas se interesan en nosotros. Para circular socialmente, debes ser aceptado por el criterio de las computadoras.

Hasta hace tres meses yo pertenecía al sector atávico de los que no tienen celular. Compré uno para comunicarme con mi familia ahora que estoy en Princeton. Sin embargo, no pude contratar el servicio de roaming porque carezco de antecedentes telefónicos. En ese universo soy como Kaspar Hauser, un sujeto sin pasado. Lo curioso es que ningún otro historial crediticio me avala. Ya que dependemos de las máquinas sería significativo que dialogaran entre sí para que la computadora de Telmex o la de Banamex pudieran convencer a la de Telcel. Pero cada sistema es independiente. Al modo de las indescifrables ciudades de la antigüedad, un nuevo trámite es otra calle que va rumbo al infinito.

Quizá hemos dejado de asombrarnos con el territorio porque nuestra vida es un laberinto de datos.

Me reconfortó saber que en Nueva York la opinión de los demás aún tiene peso social. Para comprar un condominio, una pareja de amigos tuvo que recabar 14 cartas de recomendación: seis para ella, seis para él y dos para la mascota. Sin embargo, me decepcionó saber que las cartas a favor de mis amigos no hablaban de sus méritos afectivos sino de sus estados de cuenta y las cartas a favor de las mascotas no estaban firmadas por animales sino por veterinarios. En otras palabras, se trataba de una versión artesanal, es decir humana, de los certificados que expiden las computadoras.

Sería estupendo que la tecnología diseñara cajeros automáticos que nos conocieran a priori. Pero esto no sucede, y las dificultades con las máquinas comienzan a afectar la vida en común. "¿Cómo voy a confiar en él si ni el cajero automático lo reconoce?", oí que alguien decía.

Sabemos cómo son las ciudades antes de llegar a ellas. La nueva terra incognita somos nosotros.











Tiempo de miedo

Por Juan Villoro

Hace 10 años los mexicanos redondeamos nuestra contundente presencia en la Tierra. Un bebé lanzó el alarido que nos convertía en 100 millones. Con ese motivo escribí un "Retrato de grupo" en el que entrevisté a Roger Bartra, autor de La jaula de la melancolía, ensayo decisivo para superar la búsqueda del mexicano como un ente unívoco y asumir una idea plural de lo que somos: "Hemos tenido identidad nacional en demasía, exorbitante nacionalismo, revolución desmesurada, simbolismo sobrado", comentó el antropólogo.

En 2002, Bartra publicó Anatomía del mexicano, selección de textos donde la indagación del "alma nacional" se asumía como un tema ya histórico, definitorio del acervo cultural del siglo XX. En el nuevo milenio no sabíamos del todo cómo éramos, pero aceptábamos que el mexicano en estado puro es difícil de encontrar. Como sucede con las bebidas, nos resignábamos a tener un contenido adulterado.

En el prólogo a su antología, escribió Bartra: "Estoy convencido de que el siglo XX dio fe tanto del origen como del fin de esta curiosa modalidad cultural, aunque no cabe duda de que podemos encontrar un sinnúmero de precedentes y que veremos no pocas reminiscencias en los tiempos venideros". El tema no estaba completamente enterrado, pero se podía decir de él lo que Frank Zappa dijo del jazz: "No está muerto, pero huele un poco raro".

Una década después se ha vuelto urgente recuperar las instrucciones para ser mexicano. Heriberto Yépez, Agustín Basave y Jorge G. Castañeda han reflexionado sobre la peculiar tarea de pertenecer al país del chícharo y el ajonjolí. ¿A qué se debe el resurgimiento de la exploración del alma patria?

Los problemas para definirnos comienzan por el escudo nacional, el único que representa un acto de depredación. La bandera de Corea del Sur tiene por emblema el yin y el yang, la dialéctica de los opuestos. Nuestras mascotas tutelares no se complementan: están unidas por un mordisco. No es una mezcla de culturas sino una lucha. De acuerdo con una de nuestras más populares canciones, el águila se presentó al combate con buena educación: "Para subir al nopal, pidió permiso primero". En México la cortesía nunca ha estado reñida con la violencia. En La ciudad letrada, Ángel Rama dejó importantes reflexiones sobre el apego de los criollos novohispanos al español correcto, la forma más directa de aspirar a la riqueza y el poder. La lengua no siempre unía; garantizaba jerarquías y facultaba para la disputa.

Si el águila y la serpiente disputaran hoy en día, se someterían primero a una encuesta para despedazarse después, al estilo de los precandidatos del PRD. No hablarían como los animales en las fábulas de Esopo o Monterroso, sino con la retórica del enredo perfeccionada por los letrados del Virreinato, Cantinflas y los políticos del PRI. El águila estaría dispuesta a "coadyuvar a un enfrentamiento conducente a cumplimentar la voluntad popular", es decir, a manducarse a la serpiente en nombre de la patria.

La primera sección de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, lleva un subtítulo que define nuestra circunstancia: "Mexicanos perdidos en México". Desde una perspectiva antropológica y psicológica, Heriberto Yépez publicó en 2010 La increíble hazaña de ser mexicano. Ahí dedica un capítulo a la "mieditis": "El sistema político mexicano es corrupto, autoritario, disfuncional porque somos un pueblo con mucho miedo y elegimos a las personas que nos protegerán de nuestros miedos". En el país donde el águila se zampó a la serpiente, el jefe de familia domina a una madre victimizada y el consentido recibe patente de impunidad. No es casual que la mayor obra de nuestra narrativa, Pedro Páramo, trate de un patriarca, el padre colectivo, dueño de todos los destinos.

En la escuela se amplía esta educación a la inversa: la relación de fuerzas entre los compañeros no depende de lo que se aprende en el aula sino de lo que sucede en el patio. El gandaya que manda ahí concede los beneficios de la protección.

La burocracia y las pirámides empresariales, culturales y políticas acaban por configurar un país medroso, donde la iniciativa no se premia y el éxito se percibe como una traición a una comunidad resignada al fracaso. Cuando le pregunté a Manuel Lapuente, entonces entrenador de la selección nacional, cuál es el rasgo distintivo del futbolista mexicano, respondió sin vacilar: "la obediencia".

En 1987, La jaula de la melancolía prefiguró un país de identidades líquidas, dispuesto a aceptar los desafíos de la variedad cultural. El tema de la autodefinición ha vuelto en un momento en que el temor ontológico descrito por Yépez recibe el estímulo externo de la violencia y en que se anhela el regreso de un gobierno fuerte, similar a un padre atrabiliario pero seguro de sí mismo.

La portada de Nexos de noviembre, diseñada por Víctor Solís, resume la situación. Un retrato de familia donde todos llevan cascos y tienen caras de pánico. El encabezado es de irónica elocuencia: "Nuestra guerra".

Copyright © Grupo Reforma Servicio Informativo




Campamento

Por Juan Villoro

En los años setenta no íbamos de excursión a la naturaleza sino fuera de la realidad. Aunque las hormigas encontraban la forma de entrar a la tienda de campaña, demostrando que el campo tiene otros dueños, acampábamos para estar al margen de las convenciones de la vida burguesa y cerca del cosmos, que en esa época estaba en la mente: el lado oscuro de la luna era un disco de Pink Floyd.

Aunque ya no pedían que les habláramos de usted, los padres aún no se volvían suficientemente permisivos. La forma más sencilla de asumir las aventuras de la libertad y graduarte como adulto psicodélico era ir a la lejanía donde solo te vigilan los alacranes.

Conocí a Gregorio Sánchez Pin en la playa de Zipolite, a donde llegamos siguiendo el rumor de que ahí las gringas nadaban sin otra vestimenta que un signo de peace & love. Sánchez Pin tenía un aire de ermitaño atlético, pero sus virtudes eran contraculturales: se volvió indispensable porque llevaba una casetera con suficientes pilas para oír las obras completas de Incredible String Band.

Por un resabio atávico, yo había empacado un cuchillo de monte de los Amigos del Bosque. Aún no entendía que la naturaleza había dejado de ser el sitio donde tiemblan los conejos para convertirse en un desmesurado proyecto alternativo: cada claro en la maleza era una oportunidad de Woodstock.

Gregorio fue el primero que me reveló un misterio rural mexicano: "Ten cuidado: la Arcadia puede estar en terrenos ejidales". No acampábamos en el jardín del Edén sino en un país donde la reforma agraria llevaba décadas fracasando.

Con gran talento para las relaciones públicas, se hizo amigo de un comisario ejidal que nos permitió extender nuestros sleeping bags a cambio de unos pesos. Sánchez Pin siempre estaba sobrio y había sacado a varios intoxicados de las salvajes olas del Pacífico. Fue la compañía ideal durante dos semanas. Nos despedimos con un sentido de la hermandad profundo. Como es de suponerse, no nos vimos en más de 30 años.

El antiguo excursionista de la conciencia acaba de volver a mi vida a causa de otro campamento. Nuestros hijos decidieron hacer un curso de preparación para el examen de ingreso a la UNAM. Dos sexenios panistas no han podido acabar con el prestigio de la educación pública superior. Para decenas de miles de estudiantes, Ciudad Universitaria goza del aura intangible de la Ciudad Prohibida de Pekín.

La dificultad de acceso ha hecho que proliferen los métodos para preparar el examen. Uno de ellos tiene tal fama que los solicitantes acampan durante tres días para obtener ficha de ingreso. En esta circunstancia reapareció Gregorio. El destino de nuestros hijos nos unió con la misma fuerza con que buscamos un nirvana provisional en Zipolite.

También en esta ocasión mostró su sentido práctico. Repartía botellas de agua, barras de granola y mudas de ropa con la habilidad con que antes repartía casets pirata de Led Zeppelin.

Durante tres días nuestros hijos dormirían en la calle, haciendo cola para obtener cupo. De los mexicanos se puede decir muchas cosas. Una de las más fáciles de comprobar es que somos demasiados. En cualquier sitio hay alguien que se coló. Para impedir la irrupción de extraños, los acampantes dormirían formando una cadena humana, tomados de las manos.

Una metáfora de dos épocas: nosotros habíamos acampado para huir de la realidad; nuestros hijos acampaban para entrar en ella. Hoy en día, ninguna excursión es más extrema que la de conseguir un sitio en la vida cotidiana.

Se lo comenté a Gregorio y habló de los autistas digitales coreanos. Me contó que el talento de los asiáticos para la computación, y su altísimo grado de conectividad, han hecho que muchos jóvenes se aíslen, negándose a salir de su cuarto. Para reingresarlos a la normalidad, un grupo de instructores los lleva de campamento en plena ciudad.

Nuestros hijos hacían lo mismo, no por terapia sino por urgencia. Lo interesante es que enfrentaban el desafío con el entusiasmo con que nosotros enfrentamos las olas del Pacífico. Tres días en la banqueta les parecían pocos.

Nuestro hijo tuvo la suerte de dormir en el patio del colegio, lo cual hacía suponer que estaría entre los 1,200 seleccionados. Otros dormían sin la menor certeza de obtener ficha.

Los organizadores del examen habían colocado pancartas para que se respetara a los vecinos; ante cualquier duda ofrecían consejos y alentaban a los participantes. Parecían los organizadores de un concurso de rock de beneficencia.

Las voluntarias molestias del turismo alternativo de los setenta son en 2011 un modo de acceder a la vida diaria. Gregorio Sánchez Pin y otros "vagabundos del Dharma" tratamos de evadirnos en busca de nuestra esquiva y acaso ilocalizable vida interior. Ahora nuestros hijos miraban la calle, la banqueta y los coches como una naturaleza desafiante, pero conquistable. Su apuesta era más alta.

Salir de la realidad es un mérito muy inferior al de soportarla. Se lo dije a Gregorio. Nos dimos un abrazo de hermanos y quedamos de vernos pronto.

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EL ESPACIO DE VERA MILARKA Y SU COLUMNA "LA DIABLA" EN REFORMA.









Peter Brook: la totalidad del vacío

Por Vera Milarka

26-Oct-2011

Quienes tuvimos el beneficio ritual de decirle adiós a Peter Brook ayer (25/oct.) en el Teatro Julio Castillo presenciando Una Flauta Mágica según W.A. Mozart, en una emotiva función con una audiencia de 900 almas desbordadas de reconocimiento y respeto por este rey de Midas escénico, tocamos un pedacito de cielo teatral, aunque no faltó alguno que otro miembro de la comunidad que salió como un chamuco ardiendo en su propio infierno.

Si algo he aprendido de teatro se lo debo a Brook, un prestidigitador auténtico, un filósofo de la escena más que un director; y eso pasó en los años 70 cuando lo vi en el Teatro El Galeón. Yo era una adolescente estudiante de teatro como los muchos que había esta vez, cargando el ambiente de un clamor de gozo sin reservas culteranas, entregados en cuerpo y espíritu a la experiencia "brookeana".

Aquella función resultó memorable por una lección a "vuelo de avión", dado que en cierto momento los actores que actuaban aquel inolvidable Ubú Rey de Jarry, resolvieron como magos su misión escénica. Ante la irrupción de un avión que parecía rasar el techo del teatro, los actores simplemente se vieron entre sí, y lejos de gritar para omitir la realidad, la incorporaron a la escena siguiendo con la mirada y en silencio, la trayectoria del avión en total concentración y, junto con ellos, la audiencia expectante y actuante también.

¿Puede haber mayor aprendizaje de teatro? Entre esa clase y la de ver convertirse unos ladrillos en casa, barda y panes en cuestión de minutos, Peter Brook había demostrado sin la menor dificultad toda su pedagogía teatral bajo el lema de su famoso libro: "dadme un espacio vacío" (y habrá teatro), máxima de sabiduría equivalente a la de Arquímedes: "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo".

Por eso Brook más que un maestro es un filósofo de la escena (a la manera antigua: esteta, teólogo, matemático); muy distinto a ciertos chamanes del teatro mexicano que sólo ellos "median y hablan con Dios". Me refiero a los que se asumen genios y por lo tanto son incapaces de legar su talento a otros más que a partir de idearios intelectuales que ellos mismos son capaces de seguir al pie de la letra.

No, Brook es un Prometeo del teatro que le ha devuelto el fuego a los actores que son, a fin de cuentas, quienes iluminan y dan vida a la escena; esa energía civilizatoria humana que alcanza su principal sentido -por ende-, gracias a los espectadores. Él nos ha enseñado que los demiurgos son los actores, para desgracia de los dramaturgos que se disputan la "autoría legítima del teatro" contra los dicta-directores.

Peter lo demostró siempre, y Una Flauta Mágica de Mozart bajo su adaptación y la de Franck Krawczyk y Marie-Hêlène Estienne, con la compañía Théâtre des Bouffes, no fue la excepción. Basta tomar un "verso" de su inigualable poética escénica para confirmar dónde hay teatro y no simulación, ese regreso a su teatro esencial, alquímico, que sólo necesita la materia prima para lograr la transmutación del plomo (una historia cualquiera) para convertirla en oro: la mise en escene.

Eligiendo cualquier instante de Una Flauta Mágica, uno casi "insignificante", en la que un actor carga dos varas de bambú en forma de cruz, una vertical como soporte y la horizontal de donde "cuelga" otro actor está la belleza irrefutable del arte. La realidad es que el actor sostiene dichas varas; la construcción de la escena, el teatro como tal, nos muestra a un hombre en la actitud natural del artificio de estar "suspendido", es decir, lo vemos sosteniéndose (y no cargando) dicha vara... allí está el holograma teatral donde se sintetiza todo el lenguaje que lo define, baste decir, paradójicamente, que sobran las palabras...

Esto mismo vamos a observar en toda la obra, la nítida trasfiguración de elementos sencillos donde un cuenco es vientre embarazado de mujer (acaso hombre también) y luego cuna; donde las varas de bambú son choza o haces de luz de un ángel y así, sucesivamente, los recursos se vuelven inmensos, infinitos y exactos como un hai kú o como ecuaciones de primer grado.

La música de piano de Franck Krawcyk también entra en la convención que materializa el andamiaje invisible de la obra, una anécdota humanizada a diferencia del original de Mozart, que revela una cándida historia de amor, sublime en la ternura de la jocosidad simple y sabia. Las voces, así como el texto cantado en alemán que a muchos eruditos parece haberles recalcitrado en los tímpanos, no empañó ni un ápice la pureza del montaje; la lección de un hombre cuya valía radica en que no se traicionó nunca, no al menos como otros que no han sido capaces de ser fieles a su mito.

Brook como filósofo de la escena, hizo de su teatro una actitud frente a la vida, un estatuto estético basado en las premisas fundamentales del convivio que hace posible que lo que veamos sea teatro (no danza, no narración oral escénica, no videoteatro, no performance y arte acción, no oratoria adosada a una espesa masa escenográfica) aunque en algún momento se haya apoyado en todo ello.

Un teatro cuya divina trinidad, hoy como hace 30 mil años, lo hace posible suceder en cualquier espacio vacío (llámese foro, a ras de tierra, calle, garaje, escenario, estadio, etc.). Se trata del acto volitivo primordial que emerge de la mente, el corazón y el cuerpo de un actor, ante los ojos de un colaborador indispensable de todo ceremonial: el espectador. ¿Qué es el vacío en el arte sino la totalidad donde el artista ejecuta su magia?

milarquinarte@yahoo.com.mx

EL ESPACIO DE PEPE GORDON Y EL CUADERNO VERDE, SU COLUMNA EN "REFORMA"

EL CUADERNO VERDE

Mochileros

José Gordon

11 Nov. 11

Hace 35 años conocí a un joven pelirrojo vestido con un overol de mezclilla y una camiseta rosa descolorida. Sus ojos claros encendían su rostro enmarcado en una barba descuidada. Me dijo que estaba muy interesado en hacer un reportaje sobre los cambios fisiológicos que produce la Meditación Trascendental. Se llamaba Vladimir y era de origen chileno. Me sorprendió su disposición para preguntar, investigar y compartir lo que él consideraba valioso.

Se aparecía de la nada y así volvía a desaparecer, pero siempre enfocado, cumpliendo con sus proyectos. En una ocasión, me dijo que estaba enfermo y requería unos textos y artículos que yo tenía. Quedamos de vernos en su casa. Para mi sorpresa, llegue una vivienda abandonada que tenía un letrero que decía: "En venta". Vladimir me recibió. Me invitó a tomar un té. En un rincón se encontraban todas sus pertenencias: un colchón, una lámpara, una tabla donde colocaba libros y ropa. Me explicó que el dueño le permitía vivir ahí mientras se vendía el inmueble.

Vladimir vivía como gitano. Eso no le quitaba la eficacia. Publicaba sus textos en GeoMundo México y la revista Ciencia y Desarrollo, dirigida entonces por Edmundo Flores. Su casa prácticamente estaba en donde estaba su cuerpo. En unos cuantos segundos podía empacar porque él era todo lo que le pertenecía.

Vladimir me recuerda una imagen de Remedios Varo. En el cuadro Vagabundo (1958), la artista dibuja a un hombre que tenía un traje con todo lo que necesitaba: un pliegue en donde aparece un retrato (tal vez el de la mujer amada) y un mínimo estante para libros. En otro lugar, el traje tenía una cazuela y una maceta con una flor (literalmente su jardín privado). En la parte inferior del vestido se encontraba un gato que también lo acompañaba. El traje tenía ruedas que convertían al vagabundo en una maleta fácil de desplazar.

Se podría pensar que se trataba de un hombre libre e independiente. Sin embargo, con ironía, Remedios Varo plantea que aunque todo indica que puede viajar con ligereza, ese hombre depende de los objetos de su manta, lleva consigo la carga del pasado. La artista reflexiona así sobre esta obra:

"Este cuadro es a mi juicio uno de los mejores que he pintado. Es un modelo de traje de vagabundo, pero se trata de un vagabundo no liberado, es un traje práctico y cómodo, tiene tracción delantera, si levanta el bastón, se detiene; el traje se puede cerrar herméticamente por la noche, tiene una puertecilla que cierra con llave, algunas partes del traje son de madera, pero como digo, el hombre no está liberado: en un lado del traje hay un recoveco que equivale a la sala, allí hay un retrato colgado y tres libros, en el pecho lleva una maceta donde cultiva una rosa, planta más fina y delicada que las que encuentra por esos bosques, pero necesita el retrato, la rosa (añoranza de un jardincito de una casa) y su gato; no es verdaderamente libre."

Al igual que el vagabundo de Remedios Varo, Vladimir también llevaba su carga. Aunque más ligero de equipaje que la mayoría de nosotros, llevaba a cuestas su pasado: el amor de una mujer a la que le había perdido la pista. La buscó en España, en Suiza, en Holanda, en Estados Unidos. Fue estibador, reportero, fotógrafo, excavaba zanjas. Finalmente la encontró, pero esa es otra historia. Como muchos jóvenes de su época se desprendió del equipaje externo. El ideal era viajar ligero, lograr que la mochila fuera cada vez más pequeña. Dormían bajo las estrellas buscando la felicidad en el minimalismo, en lo simple. Sin embargo, muchos de ellos tendrían que descubrir lo que encontró el poeta Antonio Machado: librarse de la carga de lo superfluo era el resultado de la generosidad, del trabajo externo e interno que brinda serenidad: "Y cuando llegue el día del último viaje,/ y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,/ me encontraréis a bordo ligero de equipaje,/ casi desnudo, como los hijos de la mar".

pepegordon@gmail.com














EL CUADERNO VERDE

Narrativas en el Ipad

Por José Gordon

El autor aborda la propuesta de libro electrónico infantil que hace Raghava KK

En la tableta del Ipad se ven las ilustraciones a color de un libro infantil. Se llama Se abre en casa. Una mirada peculiar a la relación entre padres e hijos (Pop it at home). El autor es el artista Raghava KK. El libro interactivo nos permite asomarnos a escenas de la intimidad del hogar en donde se construye el juego, el aprendizaje y la comunicación entrañable que nos marca. Aparecen estampas de amorosos padres que celebran el rito del baño de un niño. En la tina salta un pequeño pez de color naranja mientras otros peces idénticos flotan dentro de unas pompas de jabón. Al mover los dedos en la pantalla, las imágenes se animan, estallan, podemos transformarlas ligeramente, usar un lápiz de color rosa para dibujar unas líneas y participar en la página electrónica del libro. En escenas siguientes vemos a un niño en el momento en que se reconoce junto con su padre en el espejo y explora gestos que ignoraba. En otra página encontramos a una pequeña que ríe mientras se abraza del cuello a su madre que está bailando en la sala. Luego vemos los instantes en que los padres le cambian el pañal a su bebé. El movimiento de nuestros dedos en la pantalla nos hace descubrir con humor la alegría y el olor que acompañan esas imágenes irrecuperables. Aparece después la iniciación en la computadora tanto de los padres como del pequeño.

La sorpresa que nos reserva Raghava es que estas tiernas escenas pueden ser interpretadas por diferentes protagonistas. Si se sacude ligeramente la tableta del Ipad los padres pueden ser un hombre o una mujer o, cuando están juntos con el pequeño, una pareja heterosexual, una pareja de lesbianas o una pareja de homosexuales. Lo importante es ver que el amor y la intimidad es el mismo con diferentes rostros. Hay que aprender a leer lo que tenemos en común más allá de las distintas perspectivas.

En una conferencia de TedTalks, Raghava KK plantea que esta mirada peculiar fue fruto de una historia que se movió en entornos multiculturales:

"Fui a una escuela cristiana muy correcta. Fui educado por monjas, sacerdotes, hermanos y hermanas. Me educaron para ser un buen samaritano, y lo soy. Al final del día, iba a un hogar hindú tradicional que probablemente era el único hogar hindú en un barrio predominantemente islámico. Básicamente, yo celebraba todas las fiestas religiosas. De hecho, cuando había una boda en el barrio todos pintábamos nuestras casas para la boda. Recuerdo que llorábamos a mares cuando las cabritas con las que jugábamos en verano se transformaban en 'biryani'. Todos teníamos que ayunar en Ramadán. Fue una época muy hermosa.

Cuando tenía 13 años ocurrió algo que nunca olvidaré. Babri Masjid, una de las mezquitas más hermosas de India construida por el rey Babur en el siglo XVI, fue derribada por activistas hindúes. Esto causó disturbios importantes en mi ciudad. Por primera vez me afectaron estos problemas comunales. Mi vecinito de 5 años vino corriendo y me dijo: 'Hindúes. Los hindúes nos están matando a los musulmanes. Ten cuidado'. Le dije: 'Amigo, soy hindú'. Él nada más exclamó: '¡Ahh!'".

Al cambiar la perspectiva cultural el amigo seguía siendo amigo. Raghava quiere asomarse a la perspectiva del otro sin demonizarlo. Con una pequeña agitación del Ipad cambia la cultura y el rostro del protagonista, nos podemos adentrar en la narrativa del otro. Así, Raghava piensa hacer un libro infantil sobre la independencia de la India que narre lo que vieron los hindúes; con un pequeño movimiento veremos la misma historia desde el punto de vista pakistaní, con otro más, tendremos la perspectiva británica.

Para Raghava, los niños deben aprender distintas perspectivas desde la más temprana infancia. Solamente así podrán imaginar y ponerse en el lugar de alguien diferente. Raghava subraya: "Sostengo la idea de que el arte y la creatividad son herramientas esenciales para la empatía. No le puedo prometer a mi hijo una vida libre de sesgos; todos somos parciales, pero prometo sesgar a mi hijo con perspectivas múltiples".

pepegordon@gmail.com

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