lunes, 12 de noviembre de 2012

EL PAÍS RECOMIENDA: DEMUESTRA QUE NO ERES BRUJA


Fotografía de ZIGOR ALDAMA



Demuestra que no eres bruja

Miles de personas, sobre todo mujeres,
son acusadas de brujería en Nepal:
Es una maldición que puede acabar con sus vidas.

Janakpur 8 NOV 2012. Diario El País


A Ranwati Chowduri la llaman bruja. Porque, cuando una de sus familiares enfermó, un chamán aseguró que la dolencia estaba provocada por un maleficio que ella le había lanzado. Para descubrir la procedencia de la magia negra que mantenía postrada en la cama a la mujer, el curandero utilizó una curiosa técnica: cuando la fiebre hacía delirar a la enferma, él le zurraba. “Con cada golpe solo decía una palabra: mi nombre”, recuerda Ranwati con un escalofrío. Para los habitantes del poblado en el que reside esta mujer de 38 años, situado en una remota zona del extremo oriental de Nepal, la relación causa-efecto resultó muy clara. “Me acusaron de haber provocado su dolencia”.

A partir de entonces, la vida de Ranwati se convirtió en un infierno. “Incluso mi marido me gritaba, y quiso echarme de casa”. Pero se armó de valor y decidió dar la cara. La única solución en un poblado en el que la mayoría es analfabeta y jamás ha pisado una escuela era someterse a la prueba que propuso el chamán para salir de dudas: propinaría otra paliza a la mujer convaleciente; si las magulladuras aparecían en el cuerpo de Ranwati, se demostraría que esta era la culpable de su padecimiento. Ambas accedieron. A la enferma estuvo a punto de enviarla directamente a la tumba, pero el cuerpo de Ranwati continuaba inmaculado. Así que el santón la declaró inocente.

Pero ahí no acabó su odisea. El pueblo comenzó a sospechar, y finalmente decidió que Ranwati había sobornado al chamán. “Todos creyeron a una mujer que dijo que me había visto con dinero ese día”. Así que el jefe del poblado, generalmente la persona más adinerada o influyente, decidió recurrir a la justicia popular, que consiste en una asamblea presidida por él y que conforma el órgano en el que se dirimen las disputas en primera instancia. “Se formaron tres grupos: uno que me apoyaba, otro que estaba en mi contra y un tercero de indecisos que quería repetir la prueba”. Ganó el último, y una vez más la enferma tuvo que pasar por un calvario.

En esta segunda ocasión, al exorcista no se le ocurrió otra cosa que quemar con cigarrillos a la víctima del supuesto conjuro. Una vez más, para culpabilizar a Ranwati era imprescindible que las quemaduras apareciesen en su cuerpo. Lógicamente, eso no sucedió, y su inocencia quedó nuevamente certificada. O así debería haber sido, porque, aunque nadie se atreve ya a acusarla directamente, lo cierto es que la mujer ha sido segregada de la comunidad. “Tienen un pacto secreto para volver a culparme en cuanto suceda algo negativo en el pueblo, y me han dicho que me darán de comer heces y me harán beber orina. Yo estoy tranquila, porque sé que no soy una bruja, y ya les he dicho que si consiguen probar lo contrario, comeré lo que tenga que comer”. Y si los vecinos se sobrepasan, acudirá a la policía.

El caso de Ranwati roza el surrealismo, pero es frecuente en los países del subcontinente indio, donde diferentes factores se alían para crear situaciones propias de la Edad Media. “La superstición y la falta de formación son el caldo de cultivo perfecto para que la envidia o el odio se canalicen de esta forma contra quienes generalmente son los eslabones más débiles de la sociedad: mujeres solas, en muchos casos viudas, pertenecientes a los grupos de intocables Dom y Mester”, explica Ram Kumari Das, presidenta de la Asociación de Mujeres de Siaraha Lahan, la comunidad en la que reside Ranwati, que recibe apoyo deAction Aid Nepal y de su organización hermana Ayuda en Acción España. “La población cree en la magia blanca de los chamanes para la curación de todo tipo de enfermedades, y eso lleva a que la mayoría también crea en el mal uso que se puede dar a esos poderes”. Las acusaciones se pueden lanzar sin prueba alguna y, en ocasiones, las consecuencias resultan fatales.

Es el caso de Dengani Mahato, una mujer de 40 años cuya muerte en febrero provocó gran consternación en el país del Himalaya. Había sido acusada de brujería tras la muerte de un niño que residía cerca de su choza, y fue ajusticiada por una decena de hombres que la apalearon antes de rociarla con queroseno y prenderle fuego delante de su hija de nueve años. La quemaron viva, y ni siquiera querían permitir que la policía recuperase el cuerpo para realizar la autopsia. El primer ministro nepalés, Baburam Bhattari, anunció una compensación de un millón de rupias (en torno a 10.000 euros) para los dos hijos de Dengani, y pidió a la población que no confíe en los chamanes. Sin éxito.

 “Los casos van en aumento”, sentencia Ram. “En nuestro distrito tenemos documentados casi 40 en los últimos tres años, pero solo uno ha llegado a los tribunales y nadie ha sido castigado. Generalmente, la policía no quiere involucrarse, y deja la justicia en manos de los comités locales, quienes, aunque el código penal recoge castigos de hasta dos años de cárcel para las personas que acusen a alguien de brujería, no siempre fallan en favor de la víctima”. La ley en este país de cohesión imposible es poco más que papel mojado y, por eso, la Asociación de Ram se reúne cada mes para ofrecer consejo a las víctimas.
Panu Chowdury es una de las últimas. “A un niño de mi pueblo le picó un escorpión. El chamán dijo que el veneno era raro, que tenía mucha más fuerza de la habitual y que no podía pertenecer al animal. Que había sido enviado por alguien que quería hacerle daño. La madre me acusó de brujería”, cuenta. Fue suficiente para que una masa enfurecida atacase su vivienda, destrozase el altar que tenía dedicado a Shiva y le diese una paliza a su marido.

La Asociación de Ram intercedió antes de que fuese demasiado tarde, y ofreció pagar 100.000 rupias (algo más de mil euros) si se conseguía probar que Panu era una bruja. Pero si no, los atacantes tendrían que abonar una compensación de dos millones (20.000 euros). “Consiguieron que depusieran su actitud”, recuerda Panu. “Pero no han dejado de hostigarme. Incluso mi nuera me acusa de guardar un espíritu maligno que terminará matando a su hermano”. La nuera y ella mantienen una disputa económica, y la primera ha considerado que la acusación de brujería es la mejor forma de hacer presión para salir victoriosa. “Me consta que ha pagado a un chamán para que la ayude”, denuncia.
Mangal Paswen personifica la otra cara de estas historias. Es un exorcista. Y cree sinceramente en la existencia de las brujas. En el porche de su casa duerme el nieto que nació hace dos meses y su cuerpo está lleno de amuletos y hierbas medicinales destinados a protegerlo de espíritus maléficos y de la magia negra. “Mis dos nietos anteriores fallecieron, y temo que éste, que también está enfermo, corra la misma suerte”, reconoce este hombre de 68 años, que recibió los poderes sobrenaturales de un viejo santón cuando era niño, durante los nueve días que dura el festival de Nourata, “el único momento en el que uno puede convertirse en chamán”.

A Mangal le va bien el negocio. Ofrece todo tipo de rituales, la mayoría para curar dolencias físicas y psicológicas que debería tratar personal médico cualificado. Pero en Nepal este escasea, y su ayuda es la única que muchos vecinos pueden costear. Lo metafísico se impone. “Es casi imposible saber quién es una bruja, pero el refranero dice que ‘cuando hay un leopardo, la cabra desaparece’. Así que si una mujer llega a un lugar y sucede alguna tragedia, es evidencia suficiente”, asegura. Él desentraña la verdad mediante ritos que le permiten entrar en contacto con los espíritus y determinar qué deidad está irritada o quién ha lanzado un maleficio, pero afirma que nunca fomenta la violencia. “Cuando descubro a una bruja trato de convencerla de que deje de practicar magia negra”. Eso sí, si no consigue su objetivo o la acusada no reconoce los hechos, el chamán aboga por medidas extremas. “A las brujas hay que cortarles la nariz y el pelo, y embadurnarles la cara de negro para quitarles sus poderes”.

Afortunadamente, Mangal asegura que, gracias a curanderos como él mismo, muy pocas veces hay que llegar al límite, y que cada vez hay menos juicios de brujería. Sin embargo, solo durante la noche que este periodista pasa con él lleva a cabo dos rituales. En el primero, el objetivo es hacer huir al fantasma de una bruja que está volviendo loco a Ramashish Paswan, un adolescente que sufre brotes psicóticos. “Cuando viene el chamán me encuentro mejor”, asegura él. La escenografía es muy sencilla. Ramashish se sienta en un pequeño taburete a la entrada de la chabola en la que está recluido, y Mangal masculla una retahíla de palabras ininteligibles mientras agarra su cabeza y lo rocía con polvos vegetales. El clímax llega con unas brutales convulsiones que el chamán sufre “en la lucha contra el fantasma”, que escapa a campo través perseguido por Mangal. Con un grito al borde de un arrozal concluye el espectáculo, que el pueblo ha seguido en silencio sepulcral.

La noche acaba con otra escenificación teatral destinada a impedir que el embrujo que sufre una madre enferma pase a la niña que sujeta en brazos. “Es un tratamiento que llevará semanas”, le avisa el curandero frente a una multitud expectante.

Aunque Mangal rehúsa hablar de sus honorarios, las dos familias que han contratado sus servicios aseguran haber pagado “todo lo que ha pedido”. Desde animales hasta tierras. “Son gente muy poderosa en su comunidad. Muchas veces no cobran dinero, pero se resarcen con propiedades e incluso con favores sexuales”, afirma Ram Kumari Das, cuya asociación se las ve y se las desea para convencer, incluso a quienes han sido acusadas de hechiceras, de que las brujas no existen.

De hecho, a Maya Chowdury le ha costado convencerse de que no es una bruja. Porque su madre ya era considerada eso antes de que ella naciera, y ha vivido toda su vida bajo una sospecha que se convirtió en certeza después de que una niña enfermase tras vestir ropa que ella había confeccionado. Tenía 23 años cuando incluso su familia vio en ella al fantasma de su madre. Su marido, militar, la abandonó, y la familia política la obligó a marcharse con sus dos hijas. Hace diez años que vive en dependencias de la Asociación de Mujeres, donde ha descubierto que la ley está de su parte.

Y ahora prepara el contraataque. “He denunciado a mi marido, que se ha vuelto a casar. El juez me ha otorgado una pensión para las niñas de 3.000 rupias al mes (30 euros), y exige a mi marido que me dé parte de la tierra que teníamos”. Sin embargo, desde que este se fue al extranjero en una misión de paz, Maya no ha visto ni una rupia, y peligra la escolarización de sus dos descendientes, de 8 y 12 años. “Cuando regrese volveré a demandarlo. Porque no somos brujas”.

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA PRIMERA VERSIÓN CINEMATOGRÁFICA DE "ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS", EN 1903, CASI 38 AÑOS DESPUÉS DE LA EDICIÓN DEL TEXTO DE LEWIS CARROLL, ¡ES CASI ANECDÓTICA! EL PAIS.COM







Esta es la primera versión cinematográfica de la famosa historia de Lewis Carroll, "Alicia en el País de las Maravillas", la cual ha sido recientemente restaurada por el Archivo Nacional de los Materiales BFI (el original estaba severamente dañado). Esta versión fue filmada justo 37 años después de que Lewis Carroll escribiera su novela y ocho años después del nacimiento del cine. La adaptación fue dirigida por Cecil Hepworth y Percy Stow, y se basó en las ilustraciones originales de Sir John Tenniel. En un acto que solo se haría eco más de 100 años después, Hepworth coloca  a su esposa como la Reina Roja, y él mismo aparece como el lacayo Frog. El gato de Cheshire es interpretado por una mascota de la familia.

viernes, 9 de noviembre de 2012

PHILIP ROTH ANUNCIÓ QUE DEJARÁ DE PUBLICAR. SU ÚLTIMA NOVELA, DICE, FUE "NÉMESIS".

Philip Roth parafraseó a Joe Luis:
El escritor recurre entonces al boxeador Joe Louis y su célebre cita:
“hizo su trabajo lo mejor que pudo con lo que tuvo”.
“Eso es exactamente lo que diría de mi trabajo”.


ENTÉRATE DE LA NOTA COMPLETA:

jueves, 8 de noviembre de 2012

DRÁCULA, LA PALABRA QUE PUDO ENGULLIR A SU AUTOR, BRAM STOKER, AÚN HOY, A 165 AÑOS DE SU NACIMIENTO.


DRÁCULA
UNA SOLA PALABRA QUE  PUDO ENGULLIR A SU AUTOR
BRAM STOKER



Héctor Porto para LA VOZ DE GALICIA. ES


Bram Stoker (1847-1912), nacido en un pequeño pueblo irlandés hace hoy 165 años,se convirtió en inmortal en el momento en el que engendró el personaje principal de su gran obra maestra, Drácula. Oscar Wilde dijo de ella que era la novela más bella escrita jamás y fue la propia obra y, sobre todo, el vampiro moderno ideado por Bram Stoker en 1897, lo que, inevitablemente, eclipsó a su autor, convirtiéndolo en el claro ejemplo de creador devorado por la criatura. Drácula no fue solo una obra literaria de la época victoriana. Fue mucho más. Desencadenó la pluma de Bram Stoker una efervescente pasión por el folclore rumano, el ocultismo, los orígenes de este personaje de ficción marcado por su cercanía a la muerte, a la sangre, a la enfermedad y al erotismo.
No es que Bram Stoker sea un escritor merecedor de figurar en el top ten de la literatura universal, pero sí tiene una producción apreciable como para ser tenido en cuenta. Sin embargo, los cien años que han pasado desde su muerte -el 20 de abril de 1912- no han añadido postergación al arrumbamiento. Bram Stoker ya murió enfermo, olvidado y pobre en una pensión londinense mientras su novela mayor, Drácula, se reeditaba con éxito razonable. El Drácula de Bram Stoker fue uno de los mitos literarios que mejor ha arraigado en el imaginario colectivo hasta el punto de que mantiene hoy plena vigencia y sigue generando nuevas recreaciones artísticas y subproductos tanto culturales como de ocio. Max Schreck fue el primer vampiro del cine para Nosferatu, el clásico que Friedrich Wilhem Murnau realizó en 1921 sobre la novela de Bram Stoker considerada una de las cumbres de la literatura gótica.

Dicen sus allegados que en su último aliento Bram Stoker murmuraba «strigoi, strigoi» («espíritu maligno», en rumano) mientras apuntaba con el dedo a un lugar en penumbra de la habitación. La escena recuerda a los tristes años finales del actor Bela Lugosi (quien mejor puso rostro a Drácula), abandonado en una residencia y con confusión de personalidad, que tan acertadamente homenajeó el cineasta Tim Burton en su bello pero irregular filme Ed Wood.


Nacido el 8 de noviembre de 1847 en Clontarf, un pueblecito que entonces aún no había sido absorbido por Dublín, Bram Stoker fue un niño enfermizo. Y en las largas horas de cama, convalecencia y melancolía fraguó un carácter imaginativo y amante de lo oculto, alentado por las historias de terror de tradición gaélica que su madre le contaba para animar sus tediosos días. La invalidez llevó a Bram Stoker a la voluntad de superación, pero fue esta propensión a la fantasía, mezclada con el rigor que le proporcionaron sus brillantes estudios de matemáticas en el Trinity College y desbordada por la fascinación que le provocó en 1871 una obra de la pareja de dramaturgos franceses Erckmann-Chatrian, la que lo conducirá a abandonar su seguro puesto de funcionario local en Dublín (como lo fue su padre). La impresión que le produjo a Bram Stoker la interpretación de sir Henry Irving en aquella representación teatral lo alentó a publicar su primer trabajo como crítico en prensa y, de ahí, a conocer a su admirado actor. Poco tiempo después, este le propuso que ejerciese como su agente y secretario y finalmente mánager del Lyceum Theatre, tarea que obligó a Bram Stoker a trasladarse a Londres, donde se instaló con su esposa, la actriz Florence Balcombe (la misma que fue novia de Oscar Wilde, buen amigo del escritor).
Bram Stoker y Henry Irving, el tirano
Bram Stoker se convirtió así en mánager, confidente y hasta esclavo de Irving, a quien terminó dedicando buena parte de su vida (alrededor de 30 años). Es más, su actitud tiránica se cree que pudo inspirar, como personalidad vampírica, la construcción de Drácula. De hecho, dicen que el motor de la escritura de la novela fue un desafío del actor a Bram Stoker.
Eso sí, vista la fuerza de sus imágenes, el andamiaje del libro tiene mucho que ver con los conocimientos que del mundo teatral adquirió Bram Stoker. En el poder de la atmósfera, y de su personaje (que revisita la figura de Vlad Tepes, el Empalador), reside precisamente la clave del éxito. Bram Stoker fue miembro de la sociedad secreta The Golden Dawn, como lo fueron Yeats, Conan Doyle, Machen, Haggard, Meyrink, Blackwood o Crowley, quien con su espíritu libre y sus polémicas dinamitó el ocultismo de esta fraternidad de magia ceremonial.
Bram Stoker y sus ensayos de Drácula
Al contrario de lo que se ha dicho, la primera aparición literaria del gran personaje de Bram Stoker no hay que buscarla obsesivamente en el relato El invitado de Drácula. Este cuento, independiente y no desgajado del cuerpo principal como se pensó, fue escrito de forma paralela por Bram Stoker mientras diseñaba su obra mayor y trabajaba en las notas para acometerla, casi como un ensayo.
Dos años después de la muerte de Bram Stoker, el relato fue incluido por su viuda, Florence Balcombe, necesitada de dinero, en un volumen que reunía varias piezas breves. Bram Stoker da cuenta de una aventura en los alrededores de Múnich del invitado inglés de Drácula que movido por su escepticismo se adentra en un valle en busca de un pueblo maldito para los habitantes de la zona, y lo hace además a solo unas horas de la noche de Walpurgis.
No es el único cuento notable del ramillete. Diría más, Bram Stoker tiene en El entierro de las ratas uno de sus grandes hitos creativos más allá de la antología que edita el sello coruñés Ediciones del Viento (siguiendo la versión original de 1914 y en una nueva traducción).
El invitado de Drácula fue la única novedad editorial en España con motivo del centenario de la muerte de Bram Stoker, el pasado mes de junio -ocasión que la Fundación Luis Seoane aprovechó para para reivindicar el legado del escritor irlandés con la exposición Drácula. Un monstruo sin reflejo-, si bien durante los últimos años, con la resucitada fiebre por los vampiros, sí han ido surgiendo otras obras relacionadas con el legado se Stoker. En el 2009, su sobrino biznieto Dacre Stoker recuperó con Drácula, el no muerto el origen del mito con una visión «más actual» y aseguró estar así cumpliendo el deseo secreto de su antepasado, «mantener viva la historia». Valdemar, además, presentó otra versión de Drácula que incluye cuatro piezas reunidas por primera vez por el estudioso Peter Haining. El sello especializado en literatura fantástica tiene además una edición muy recomendable de Drácula de Bram Stoker, preparada por Óscar Palmer.
Drácula: el origen del mito
Pero, ¿Quién es Drácula? ¿Existió? ¿Es una pura invención de Bram Stoker o tiene precedentes? Más allá de que Bram Stoker se inspirara en el asombroso príncipe rumano (también llamado Vlad Draculea), que vivió entre 1431 y 1476 y fue famoso por empalar a sus víctimas, Drácula no es más que un vampiro, una criatura siniestra que se alimenta de la vida de otra, un cadáver que abandona la tumba aprovechando la noche para succionar la sangre de los vivos.
Esta palabreja (vampir) surge antes de Bram Stoker en letra impresa en Alemania, pero ya en torno al año 200 Filóstrato el Viejo traza en Vida de Apolonio de Tiana el primer esbozo de cuento de vampiros cuando relata la historia del enamoramiento inducido de Menipo de Licia. Lo que resulta más complejo es averiguar el origen de la figura, que se pierde en el rastro de los tiempos antiguos entre demonios, muertos vivientes, fantasmas chupasangres más o menos corpóreos, diosecillos de dudosa catadura... Así, como recuerda Jacobo Siruela en el ensayo que abre la antología de cuentos que preparó sobre Vampiros(Atalanta, 2010), las culturas china, babilónica, hebrea, islámica, griega guardan un lugar para, sea cual sea su aspecto físico, sus características, una criatura cuya existencia está indefectiblemente marcada por la muerte, la sangre y un insoslayable componente erótico.
De la tradición folclórica al cine
La construcción del mito que popularizó Bram Stoker se va consolidando muchas veces asociada a la aparición de epidemias, plagas, la peste, la superstición y los miedos atávicos colectivos que favorecen su propagación entre el pueblo, como el propio contagio hace con la muerte, la violencia y la locura. Un escenario típicamente medieval que contaminaba el acervo popular en la Europa oriental y que vino de perlas a románticos, ávidos de paisajes góticos para componer sus historias de necrofagia, sexualidad, pecado y horror. Sin embargo, no puede obviarse que la incorruptibilidad de la carne remite en el fondo a las ansias de infinitud del alma y, recuerda Siruela, a aqueññas palabras de Cristo que fueron y son, después de Bram Stoker, el sustento de la consagración de la misa: «Aquel que coma mi carne y beba mi sangre tendrá la vida eterna». Tabú demoniaco el ideado por Bram Stoker, la promesa de inmortalidad, contra el que tanto advierte, pero tanto fomentó, la propia Biblia.
Una lenta metamorfosis lleva al vampiro, hecho popular hace un siglo por Bram Stoker, a ir abandonando los atributos animales (alas, garras, cola de pez, ojos llameantes, similitudes con el murciélago) y lo acerca hacia una morfología netamente humana (ojos inflamados, tez cerúlea, orejas puntiagudas, uñas afiladas, cuerpo delgado y encorvado, rostro feo, labios gruesos y rojos, dientes grandes y afilados). Es esta descripción la que refrenda Drácula, que ayuda al vampiro a dar el decisivo salto a la literatura desde la oralidad de raigrambre rural a la que lo confinó, demonizándolo, la Iglesia cristiana.

Bram Stoker sentó el canon iconográfico al tomar la tradición folclórica y tamizarla en el cedazo de los modelos de corte aristocrático creados por Polidori (secretario de Byron) y Rumer. Una imagen que está muy próxima a la que Murnau le confiere a Nosferatu en su filme de 1922, en parte gracias a la genial interpretación de Max Schreck. Inspirada directamente en Drácula (el cineasta cambió el nombre para evitar responder por los derechos de autor ante la viuda de Bram Stoker), esta cima de la escuela expresionista alemana inaugura la fulgurante carrera cinematográfica del personaje. La aportación posterior de Bela Lugosi (dirigido en 1931 por Tod Browning) será definitiva en el esfuerzo por profundizar en la humanización: la dignidad mortificada del héroe trágico acerca a Drácula al seductor clásico, que ya en contadas ocasiones aparecerá como un ser abyecto y horrendo. La recreación de Coppola de 1992, Drácula, de Bram Stoker, sí dará a Gary Oldman esa tortura física de la transformación cual remedo del doctor Jekyll y míster Hyde.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

ROBERT CRUMB CARICATURISTA DEL "UNDERGROUND", CABALGA DE NUEVO: UNA EDICIÓN MONUMENTAL:




KAFKA

UN DOCUMENTAL EXTRAORDINARIO QUE PRESENTA
DAVID LYNCH 
SOBRE VIDA Y OBRA DE ROBERT CRUMB



Los tesoros escondidos de Robert Crumb

Una edición monumental de cerca de 3.000 páginas y tirada limitada exhibe los dibujos preparatorios del genio del cómic underground, 600 de ellos inéditos.


BORJA HERMOSO. EL PAIS
Madrid 7 NOV 2012

Crumb cabalga de nuevo en campo abierto. El incansable azote de conciencias biempensantes, el eterno dedo en el ojo de las viejas, bienintencionadas y asfixiantes apariencias burguesas de serenidad y confort político, económico y sexual, el Atila underground puesto hasta arriba de LSD e infinidad de hierbas no precisamente aromáticas (eso pasó a la Historia)... el tipo adorado y escondido, el casi setentón Robert Crumb que hace por lo menos 40 años se instaló definitiva, inalterablemente en el Olimpo de la historia de los comics... sale de la cueva (la cueva es su casita de Sauve, aldea recóndita del sur de Francia, pertrechado entre su esposa Aline, sus dibujos y su colección de 5.000 discos de 78 revoluciones por minuto), sale de la cueva y le dice al mundo: “Aquí estoy”.

La culpa la tiene la editora estadounidense Dian Hanson, una de las factotum indiscutibles de la casa Taschen, esa gruta de las maravillas de papel en tiempos tan digitales y de tan poco papel (y lo que queda por ver), una editorial alemana que lanza al mercado libros de alta/altísima gama, auténticos tesoros para quien (en tiempos tan turbulentos y de tan poco dinero) pueda comprarlos. Aunque siempre queda el recurso de quedarse con la copla y, llegada la fecha mágica, pedir el regalito de marras. Es lo que debería hacer todo fan de Crumb que se precie con estos Sketchbooks o, lo que es lo mismo, seis volúmenes, seis, con los bocetos, apuntes, dibujos preparatorios, ocurrencias gráficas y demás variables del Robert Crumb no oficial: 1.344 páginas, lo que, toda criatura racional convendrá, son una burrada de páginas. Y lo que queda: otro tanto para el próximo año, ya que esta es tan solo la primera de dos monumentales entregas que en su conjunto rozarán las 3.000 páginas. Todo, a cambio del nada módico precio de 1.500 euros. Precio de oro. Precio de coleccionista puro y duro.

Es sencillo. Taschen convenció al creador de Mister Natural y El gato Fritz —la suma de dinero a cambio del sí, quiero del maestro no es conocida, pero cabe deducir que fue descomunal— para que seleccionara de entre el inmenso arsenal artístico solo aquellos dibujos que a su juicio mereciesen la pena de verdad. También convencieron al fundador de revistas como Zap Comix o Weirdo, sucesivas biblias del cómic undeground en la América de los años 60 y 80, respectivamente, de que estampara con su propia letra sus pensamientos sobre sí mismo. Eso, tratándose de un señor tan elusivo como Robert Crumb, revestía caracteres de hazaña, pero la hazaña se consumó y, en el texto que abre el primero de estos seis volúmenes, escrito en el verano de 2011, el interesado se autorretrata y explica así su progresiva pérdida de interés y de ganas a la hora de ejecutar estos trabajos preparatorios: “La compulsión de trabajar en cuadernos de dibujo ha remitido de forma gradual a través de los años y ahora ya casi no lo hago. No les aburriré explicando por qué... no estoy seguro de saberlo. La motivación ha ido disminuyendo”. Y para evitar ambigüedades, remacha: “Por supuesto, sigo dibujando para ganarme la vida, dibujar sigue siendo mi sustento, pero ya no es el centro de mi identidad”.

Él mismo exigió a los editores que se comercializara en primer lugar la que, por lógica, tendría que haber sido la segunda entrega: los trabajos comprendidos entre 1982 y 2011; que se dejara para 2013 el lanzamiento de los volúmenes sobre el período 1964-1981. La razón es sencilla: para Crumb resultaba prioritario atender la demanda de materiales nuevos por parte de sus fans. De hecho, en los últimos 20 años el artista de Filadelfia ha ido reduciendo de forma exponencial su ritmo de trabajo en lo que a esta técnica de los bocetos y series preparatorias se refiere. Y lo que ahora incluye esta entrega lujosísimamente editada, en edición limitada de 1.000 ejemplares y con un grabado en color firmado de puño y letra por el propio Crumb es más de 600 dibujos inéditos. O, lo que es lo mismo, un verdadero tesoro de Ali-Babá para los irredentos seguidores del genio del comic underground.

Estos Sketchbooks constituyen, en ese sentido, todo un legado de la forma de pensar y ejecutar el cómic a cargo de uno de sus maestros. Su tormentosa relación con las mujeres (“muy mejorada desde que me hice famoso”, ha reconocido más de una vez Crumb, recurrentemente tachado de misógino y ultramachista por los colectivos feministas), sus personajes angustiados y sin encaje claro en las vidas que les toca vivir, su aversión a las certidumbres de las sociedades acomodadas, su fascinación por la música popular y ante todo el blues, su capacidad para captar al vuelo las actitudes, las vestimentas, los peinados, los gestos, las costumbres y la fisonomía del hombre y de la mujer de los siglos XX y XXI, sus neuras producto de una infancia transcurrida entre su padre militar, su madre neurótica y el tremendo influjo de su hermano Charles... todo está ahí, en una galería inacabable de filias y fobias firmada por este Leonardo de la contracultura.


EL TERCER OJO



GÉNESIS ILUSTRADO

"DISTANCIA", LA NOVELA MÁS RECIENTE DE BEATRIZ RIVAS, ENTÉRATE:





La novela Distancia de Beatriz Rivas, “se sitúa en la época de López Portillo (1976-1982), trata de la distancia que hay entre los mil países que conforman México, cuando estudié en los archivos todo lo que pasó durante el sexenio de López Portillo me di cuenta que hemos avanzado muy poco, el país está muy mal, el regreso del PRI es una especie de involución. Después de estar metida en tantos amores y adulterios que podrán parecer banales, pero son temas profundos, comencé a pensar: ¿qué puedo hacer yo para colaborar y lograr un cambio en este país?, desperté con la angustia de ver que el país sigue igual que en los años de López Portillo, estamos muy mal, cobré conciencia y decidí hacer algo dentro de mi trinchera literaria”.

martes, 6 de noviembre de 2012

DANIEL MORDZINSKI: "Retrato con los oídos más que con los ojos".


RUY SÁNCHEZ

VARGAS LLOSA

BENEDETTI

VOLPI

ECHENIQUE

AIRA






Fotos de escritor: la verdad de la pose

27-07-2011 

“Mordzinski lleva al escritor a la situación en la que ya no se reconoce, y justo ahí lo fotografía”. Martín Kohan analiza las claves de las fotos de Daniel Mordzinski.

Texto escrito para la exposición de trabajos de Mordzinsky en El Centro Cultural Recoleta, R.A.
Por Martín Kohan.



Qué más verdad que la pose, la pura pose, puede haber en un escritor. Lo suyo es la escritura, que es decir sacar el cuerpo, por mucho que se insista con metáforas en sentido opuesto y se hable de que hay un “cuerpo de la letra”, que se escribe “poniendo el cuerpo”, etcétera, etcétera, etcétera. Porque llega un día en que, por las razones que sea, el escritor tiene que poner el cuerpo ahí (el cuerpo de veras, de veras ahí) al menos para ser fotografiado, y la diferencia salta literalmente a la vista. Ya vimos a Charles Baudelaire retratado por Nadar: tembloroso, huidizo. Una cosa es esa “imagen de escritor” que se hace con palabras, con puras construcciones verbales, un tramo más del decir. Y muy otra es esta clase de imagen: la que se da a ver, pero más directamente, en el cuerpo expuesto a la captación de la fotografía. En respuesta, los escritores posan. Adustos o embibliotecados, posan. Responden así, con golpes de artificio, a las pretensiones de naturalidad que impugnan por falaces. En esas poses, las de Oscar Wilde por ejemplo, se encuentra por eso mismo su verdad. La pose no viene a encubrir una verdad, aunque tampoco a descubrirla; la pose es la verdad. No la oculta, pero tampoco la representa; más bien la ejecuta, la lleva a cabo, la realiza.


Hay que admitir no obstante que, en cierta forma, a fuerza de insistir con ella, la pose acabó por volverse natural. Perdida la afectación acentuada de la pose como tal, perdida la premeditada mostración del artificio, se llegaría, estereotipo mediante, a una inútil, paradójica y engañosa naturalidad. Por eso podría decirse que sacar a los escritores de la pose ha llegado a ser una verdadera consigna en el momento de sacarles una foto. Solamente de esa manera podría ser posible obtener de ellos (no de ellos, sino de su apariencia) alguna clase de autenticidad. Sacar al escritor de la pose convencional para provocar en ellos el destello de lo auténtico.

En este mismo sentido podrían considerarse las fotos de Daniel Mordzinski. Sólo que Mordzinski parte para ello de una premisa radical, poderosa, determinante: la única manera de sacar a un escritor de una pose es ponerlo en otra pose. Para sacarlo de su pose hay que imponerle otra, una que le sea ajena, una que le sea impropia. Es a su modo una vuelta a los atentados contra la naturalidad, pero ya no a cargo del escritor fotografiado, sino a cargo del fotógrafo que lo fotografía. El escritor es su objeto, en un sentido muy pleno: lo pone y lo saca; y sólo entonces, cuando lo saca (de lugar) le saca (la foto). Mordzinski lleva al escritor a la situación en la que ya no se reconoce, y justo ahí lo fotografía; lo lleva al punto en que no sabe bien qué hacer, con su cuerpo sobre todo, y justo entonces lo fotografía. El efecto es muchas veces cómico, pero siempre verdadero.

Mordzinski se vale de recursos diversos para ejercer ese arte de la descolocación al que luego convierte en fotografía. Detectar lugares insólitos, o bien inventarlos, es el más notorio de sus procedimientos: pienso en Adriana Lisboa metida dentro de una vidriera de ropa, en Pedro Mairal subido a la estructura de metal de un guardia de tránsito, en Ricardo Silva acostado en un techo de tejas, en Javier Cercas leyendo de pie en un enorme piletón, en César Aira empotrado al través en una bañera, en María Fasce apretada en un carrito de supermercado, en Hanif Kureishi tapado hasta arriba en su cama, en Marcos Aguinis atareado en los aparatos de un gimnasio. Mordzinski los ubica (es decir, los desubica) y los pone a hacer alguna cosa: Antonio Ungar, en el arco, se agazapa a la espera del penal; Alfonso Mateo Sagasta monta un burro, Raúl Guerra Garrido monta un kárting, Alberto Fuguet atiende un comercio de tortas y refrescos, Senel Paz amarra un buque al muelle, William Ospina barre el pasillo del hotel, Inaki Abad espera por los huéspedes en la conserjería.

Otras veces Daniel Mordzinski procede a agregar un objeto a la escena, pero siempre un objeto impropio, con el que mas bien procura dejar al escritor sin objeto. Así por caso Alejandro Zambra bajo el sol y con un paraguas abierto, Álvaro Enrigue con una lamparita en la boca, Roberto Fernández Retamar con un cajón de tomates en los brazos, Daniel Alarcón empuñando una aspiradora, José Manuel Fajardo con un enorme pescado entre manos, o Goncalo Tavares, Andrés Neumann y Eduardo Halfon haciendo malabares con manzanas verdes. “Ponete incómodo”, podría llegar a adivinarse como consigna previa de estas fotos, siempre que se la entienda como una conjura eficaz contra las trampas habituales de la falsa comodidad.

La pregunta “¿Qué hago yo con esto?” es entonces una variante que se agrega a la pregunta “¿Qué hago yo acá?”. Mordzinski alienta estas preguntas para poder fotografiar las respuestas. “Qué hago acá” no sólo refiere a un sitio, sino también a un entorno. Mordzinski monta escenas de entornos impropios, para colocar (que es, otra vez, descolocar) al escritor exactamente ahí: pienso en Álvaro Bisama con tres guardias armados justo detrás, en Anne Enright haciendo la venia entre cuatro policías que la franquean, en Elena Poniatowska con un policía en la plaza, en Iván Thays o en Gonzalo Celorio mezclados con niños de escuela, en John Jairo Junieles en medio de una orquesta de mujeres con ropas típicas, en Alberto Torres entre dos gimnastas, en José Ovejero y el homeless, en Matilde Sánchez y los tres jóvenes de cuero y cerveza, en Antony Beevor con fondo de futbolistas formados.

Las fotos de Mordzinski hacen justicia así con los escritores que no necesariamente encajan. Por eso suelen alterar las convenciones de la puesta en foco y de la puesta en cuadro, como si el retrato de un escritor exigiera saber desenfocar no menos que saber enfocar, saber desencuadrar no menos que saber encuadrar. Mordzinski acentúa algunos primeros planos que detallan (tanto que hasta fragmentan los rostros de Ronaldo Menéndez, de Yolanda Arroyo, de Eduardo Belgrano Rawson), o decide segundos planos que diluyen (el escritor un poco perdido, un poco más allá, un poco por ahí: José Pérez Reyes en el techo de una combi lejana, Raúl Zurita al pie de una larga escalera mecánica, Marcelo Cohen detrás de la puerta de la cocina, Arturo Carrera al trote bajo la lluvia en un cruce de calles, Ricardo Piglia en algún lugar de una estación de trenes, Santiago Gamboa en algún lugar de una estación de metro). Vemos a los escritores algo perdidos entre la gente, cuando se trata de gente, o algo ocultos por un objeto, cuando se trata de objetos (Alfredo Bryce Echenique detrás del antifaz, Santiago Roncagliolo detrás del escobillón, Ian Mc Ewan detrás del paraguas rojo).

¿Quién es entonces el escritor? Es ése que nosotros sabemos. Pero ése que nosotros sabemos puede convivir significativamente en las fotos de Mordzinski con algún otro que merodea y que en cambio lo ignora, y que es a la vez ignorado. Ese otro introduce un principio de ajenidad dentro de la lógica de identidad que preside el género retrato. El tercero o los terceros aquí no están excluidos, forman parte de la imagen que el fotógrafo se hace del escritor: son las chicas que leen a un lado de Eduardo Halfon, el niño que está detrás de Guadalupe Nettel descalza, el tipo que se lava las manos en el baño mientras Rodrigo Blanco Calderón toma posición frente al mingitorio, la mujer que se acoda en la puerta de la peluquería donde rapan a Ariel Magnus, las mujeres que están al pie de la muralla que erige a Alberto Barrera, el torero que practica detrás de Gonzalo Santoja, la mucama de hotel que habla por teléfono mientras Antonio García Ángel yace justo debajo de la cama. Ese alguien que se desentiende decide la foto, ese entorno de gente que sigue en lo suyo decide la foto, porque sin eliminar del todo la regla elemental del reconocimiento, le agregan un comentario decisivo (y no necesariamente al margen) acerca de la desatención.

Lo que vemos por lo tanto son escritores en pose y a la vez fuera de pose. O en todo caso en una pose que entrega otra vez, pero de otra forma, una verdad descubierta y revelada. Son escritores descolocados, desacomodados, fuera de lugar, desubicados; escritores sin objeto, que no encajan, que un poco se pierden, que un poco ajenos quedan. ¿Y acaso no es ésa la imagen más verdadera de su manera de estar en el mundo? En esa descolocación, en esa desubicación, en esa inadaptación, en esa extrañeza, ¿no se percibe acaso la manera más auténtica de existir, no digamos ya de los escritores, sino de la propia literatura, en medio de las cosas reales, en medio de la realidad misma? Ese nunca encajar por completo en el contexto al que, sin embargo, pertenece, ¿no es una cualidad muy singular de la propia literatura? Mordzinski impone esa condición a los escritores, y en esa clave los retrata y los exhibe.

Si toda fotografía certifica, según decía Roland Barthes, el haber-estado-ahí de su objeto, estas fotos de escritores vendrían a señalar qué tan complicado y laborioso puede ser ese estar ahí. Sobre todo para aquellos que hacen de la escritura un recurso para no estar, para practicar el arte del retraimiento, una rara pasión de ausencia.
EL ARTISTA

EL LIBRO QUE REGISTRA RETRATOS Y AUTORRETRATOS
ALMADÍA-UNIVERSIDAD VERACRUZANA



AULLIDO DE GINSBERG EN LA FIL GDL, VOZ DE DIEGO LUNA Y MÚSICA DE JAIME LÓPEZ:






Guadalajara, Jalisco, a 6 de noviembre de 2012

Diego Luna y Jaime López aullarán a Ginsberg en la FIL
El actor y el músico mexicanos protagonizarán una lectura dramatizada de Aullido, el poema más emblemático de la Generación Beat, bajo la dirección de Sergio Zurita, el 29 de noviembre durante la FIL Guadalajara

“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura…”. Cuando Aullido se publicó por primera vez, en 1956, Allen Ginsberg tenía “la curiosidad de legar a las siguientes generaciones una bomba de tiempo emocional que seguiría explotando en la conciencia americana”. El próximo 29 de noviembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el emblemático poema del escritor estadounidense estallará una vez más con la lectura dramatizada que, dirigida por Sergio Zurita, reunirá en el escenario al actor Diego Luna y al músico Jaime López.

La lectura de Aullido llegará a la FIL Guadalajara como parte de los festejos por el décimo aniversario de la editorial mexicana Sexto Piso, que el año pasado publicó una versión ilustrada del poema a cargo de Eric Drooker. Con una mesa de ping-pong, una guitarra y una máquina de escribir sobre el escenario, Diego Luna y Jaime López tomarán el texto de Allen Ginsberg para hablar de esos personajes “expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera”, o de aquellos que vagaron “a medianoche en los patios de ferrocarriles preguntándose dónde ir, y se iban, sin dejar corazones rotos”.

Tras su publicación hace 56 años, el poema de Allen Ginsberg (1926-1997) se sobrepuso a los juicios de censura y obscenidad iniciales para convertirse en uno de los textos más leídos de todos los tiempos, traducido a más de veinte lenguas, y modelo para las nuevas generaciones. Figura central de la Generación Beat junto con Jack Kerouac y William S. Burroughs, Ginsberg fue un férreo opositor a la guerra estadounidense en Vietnam y participó activamente con grupos defensores de la libertad de expresión y los derechos humanos. Las minorías étnicas, sexuales y religiosas hallaron en él una voz solidaria dispuesta a hacer del compromiso una razón de vida.

Diego Luna (1979) es actor, productor y director de cine. Ha actuado en filmes como Y tu mamá también, Soldados de Salamina, El búfalo de la noche y Rudo y cursi, entre muchos otros, y es director de los largometrajes JC Chávez y Abel.  Jaime López (1954) es uno de los compositores más influyentes del rock mexicano. Ha editado, entre muchos otros discos, La primera calle de la soledad, ¡¿Qué onda, ese?!, Oficio sin beneficio, Nordaka, Por los arrabales y Mujer y ego, además de Odio fonki y No más héroes por favor, en colaboración con José Manuel Aguilera.


Aullido, de Allen Ginsberg
29 de noviembre, de 20:00 a 21:30 horas
Salón Enrique González Martínez, Área Internacional, Expo Guadalajara
Lectura dramatizada del poema Aullido por Diego Luna, con música de Jaime López


LEONARDO FAVIO, AUTOR DE "QUIZÁ SIMPLEMENTE LE REGALE UNA ROSA" FALLECIÓ A LOS 74 AÑOS. ¿QUIÉN ERA? ESCÚCHALO Y ENTÉRATE:



FALLECIÓ LEONARDO FAVIO A LOS 74 AÑOS.

¿QUÉ QUIÉN ERA LEONARDO FAVIO?
PUES FUE PARTE, AL MENOS, DE MI ÉPOCA: 
"HOY CORTE UNA FLOR"

sábado, 3 de noviembre de 2012

JUAN JOSÉ MILLAS NI PIDE NI NECESITA PERMISO DE NADIE





Cuando Juan José Millás se levanta por la mañana, 
se viste con ropa suficiente como para repeler el frío 
y se dirige a hacer un reportaje, siente miedo... (LEER MÁS )




viernes, 2 de noviembre de 2012

jueves, 1 de noviembre de 2012

ETGAR KERET VISITARÁ LA FIL GDL 2013 MOTIVO ISRAEL INVITADO DE HONOR. AQUÍ UN CUENTO, SU LIBRO MÁS RECIENTE, Y ALGUNOS COMENTARIOS.




Utero,
de Etgar Keret

El día de mi quinto cumpleaños le detectaron a mi madre un cáncer y los médicos dijeron que le tenían que extirpar el útero. Fue un día muy triste. Nos fuimos todos al hospital en el Subaru de papá y nos quedamos esperando hasta que el médico salió del quirófano con lágrimas en los ojos.

       -En mi vida había visto un útero tan bello- dijo, al tiempo que se retiraba la mascarilla blanca de la cara-, me siento como si fuera un asesino.

                 Y es que mi madre tenía realmente un útero precioso. Tan precioso que el hospital lo donó a un museo. Así que un sábado nos fuimos todos a visitarlo y  mi tío nos tomo una foto junto a él. Para entonces mi padre ya no estaba en el país. Se había divorciado de mi madre el día después de la operación.

                -Una mujer sin útero no es una mujer, y un hombre que se queda con una mujer que no es una mujer deja de ser un hombre –nos dijo a mi hermano y a mí un segundo antes de tomar un avión para Alaska-. Cuando sean mayores, lo entenderán.

                La sala en la que estaba expuesto el útero de mamá se encontraba completamente a oscuras. La única fuente de luz provenía del propio útero, que desprendía una claridad difusa, como el interior de un avión en un vuelo nocturno. En las fotos no parecía gran cosa, a causa del flash, pero cuando lo vi al natural comprendí perfectamente por qué había llorado el médico.

                -Ustedes salieron de ahí –dijo mi tío señalándolo-, vivían ahí dentro como unos príncipes, créanme. ¡Qué madre tienen, qué madre!

                Al final mi madre murió, y es que al final todas las madres mueren. Y mi padre se convirtió en un famoso estudioso del Polo Norte y un gran cazador de ballenas. Las chicas con las que yo salía siempre se ofendían cuando les examinaba la matriz, porque les parecía que estaban en la consulta del ginecólogo, que no es precisamente de lo más romántico. Pero una de ellas, una que estaba muy bien formada, accedió a casarse conmigo. Yo les pegaba mucho a nuestros hijos, desde bebés, porque su llanto me ponía nervioso. Y la verdad es que ellos aprendían la lección y dejaban de llorar para siempre a partir de los nueve meses, e incluso antes. Al principio los llevaba el día de su cumpleaños al museo para enseñarles el útero de su abuela, pero como no parecía impresionarles demasiado y mi mujer se ponía frenética, poco a poco me fui inclinando por llevarlos a ver películas dobladas.

                Cierto día, la grúa se llevó mi coche y, como el depósito de la policía municipal estaba al lado del museo, decidí entrar. El útero no estaba en su lugar habitual, sino que lo habían trasladado a una sala secundaria llena de cuadros antiguos, y al observarlo de cerca vi que estaba totalmente recubierto de puntitos verdes. Le pregunté al vigilante por qué nadie lo limpiaba, pero él se limitó a encogerse de hombros. Le supliqué al conservador del museo que me permitiera limpiarlo a mí, si no tenía personal suficiente para hacerlo. Pero él, malévolamente, se negó a ello y me recordó que yo no podía tocar ningún objeto porque no trabajaba allí. Mi mujer dijo que el museo tenía toda la razón y que además le parecía demencial tener expuesto un útero en una institución pública, y encima en un lugar por el que pasaban niños. Yo, por el contrario, no podía pensar en otra cosa. En mi interior sabía que, si no forzaba la puerta del museo, robaba el útero y me ocupaba de él, dejaría de ser lo que era. Como mi padre aquella noche en la escalerilla del avión, supe exactamente lo que tenía que hacer. Dos días después tomé la camioneta de la empresa donde trabajo y llegué al museo cuando iban a cerrar. Las salas se encontraban desiertas, pero aunque me hubiera encontrado con alguien no me habría preocupado lo más mínimo. En esta ocasión iba armado, aparte de que no tenía un plan excelente. El único problema con el que me topé fue con que el útero propiamente dicho había desaparecido. El conservador del museo se sorprendió bastante al verme, pero cuando le metí el cañón de mi nuevo revólver Jericó bien hondo en el gaznate se apresuró a informarme de mil amores. El útero había sido vendido un día antes a un filántropo judía que había pedido que se lo enviaran a uno de los centros de la comunidad judía de Alaska. Por el camino había sido robado en alta mar por algunos miembros de una organización ecologista local. Esta organización había emitido un comunicado a la prensa en el que declaraba que no era justo que el útero permaneciera en cautiverio y por ello había decidido liberarlo en el seno de la naturaleza. Esa organización ecologista, según la agencia Reuters, estaba considerada como muy extremista y peligrosa y operaba desde un buque pirata al mando de un cazador de ballenas redimido. Le di las gracias al encargado y devolví la pistola a su funda. Durante todo el camino de regreso a casa me encontré con los semáforos en rojo. Navegué entre los carriles sin hacer uso de los retrovisores y esforzándome por hacer desaparecer el nudo que había decidido instalarse en mi garganta. Intenté imaginarme el útero de mi madre en medio de un campo verde cubierto de rocío, o nadando en el océano rodeado de delfines y de atunes.

EL DEPARTAMENTO NUEVO DE ETGAR KERET EN VARSOVIA
KERET-HOUSE SERÁ HABITADA 
EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO


Etgar Keret a la mexicana
IVAN THAYS


Como venganza al sometimiento al que nos han tenido por décadas los españoles y sus traducciones (vale, chaval, jilipollas, etc), los editores de Sexto Piso deciden traducir del hebreo al mexicano el último libro del israelí Etgar Keret. Fíjense el título. No dice “un toque” y menos “un golpe” sino un charrísimo “toquido”. Ni más ni menos. En fin, siempre es una buena noticia que se publique un nuevo libro del extraordinario Keret, del cual Sexto Piso ha traducido varios libros.


*Dice la nota:

Buenas noticias para los fans de Etgar Keret: ¡ya llegó su nuevo libro, DE REPENTE UN TOQUIDO EN LA PUERTA! A partir de la semana que viene en todas las librerías.
“De repente un toquido en la puerta” hilvana un cúmulo de historias, personajes entrañables y situaciones hilarantes y al mismo tiempo desconcertantes que caracterizan a los breves pero contundentes relatos de Etgar Keret. Llenos de humor, tristeza, compasión, pero sobre todo de un gran sentido del absurdo de la vida, los cuentos que componen este libro, considerado su trabajo más maduro hasta ahora, han confirmado a su autor como uno de los escritores más originales de su generación.

“There were lots of lies along the way in life. Lies without arms, lies that were ill, lies that did harm, lies that could kill. Lies on foot, or behind the wheel, black-tie lies, and lies that could steal.”
—        Etgar Keret




Israel pega el brinco


La firma del convenio sienta las primeras expectativas para la FIL del 2013, que tendrá a Israel como su invitado de honor. Escritores como Etgar Keret calentarán los motores en este otoño

Por Verónica de Santos

El Instituto Cultural México Israelí fue la sede para la formalización del convenio que designa a Israel como el próximo invitado de honor a la Feria Internacional del Libro, en su edición de 2013.

Firmaron el documento Raúl Padilla López, presidente de la FIL, y Rodica Radian-Gordon, embajadora de Israel en México, quien no dudó en calificar a su patria como “un país de lectores” y señaló que en Israel se publican cada año siete mil títulos en hebreo. Además estuvieron presentes en el acto Nubia Macías, directora de la FIL, y Rafael Zaga, presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de México.

“Me congratulo de que sea la FIL Guadalajara, el encuentro editorial más importante de Iberoamérica, la que brinde la plataforma para un mayor conocimiento de esta cultura joven, dinámica y vanguardista”, dijo Padilla López, quien además señaló que Israel “destaca por tener un amplio programa de traducciones, señal de su voluntad para abrirse al mundo y a la palabra”.

Radian Gordon retomó esta idea más tarde cuando dijo que el Instituto para la Traducción de Literatura Hebrea ha puesto especial interés últimamente por la literatura hispanoamericana (especialmente en autores del Boom), y al adelantar que jugará un papel central en 2013. Por su parte, Nubia Macías apuntó que este organismo ha tenido ya presencia en la feria durante los últimos siete años, específicamente en la negociación de derechos.

La visita coincidirá con el aniversario número 65 de la fundación del Estado de Israel, “fecha altamente simbólica” lo cual además servirá “para refrendar el pacto de amistad que une a nuestras naciones”, dijo la embajadora.

Este lazo tiene en 1958 una fecha importante, pues fue cuando se fundó el Comité Mexicano Pro-Palestina Hebrea, cuyo primer presidente fue el escritor mexicano Martín Luis Guzmán, autor de La sombra del caudillo y, entre cuyos miembros fundadores se cuentan personalidades como Isidro Fabela y Jacobo Zabludovsky.

“Como pocas naciones en el mundo, Israel encarna modernidad y tradición”, dijo también la embajadora, y llamó la atención sobre una característica única de la literatura de su país, que es el ser escrita en una lengua resucitada, el hebreo.

Esta lengua milenaria será la protagonista de la presencia israelí en Guadalajara el año próximo, dijo la embajadora. Sin embargo, existe diversidad lingüística en Israel, donde también el árabe es idioma oficial, y donde además existe todavía una tradición textual en yiddish, la lengua de la diáspora judía desde Europa del Este por la persecución nazi, mientras que el ruso también se instaló ahí junto con los judíos ahuyentados por el régimen stalinista.

Sin adelantar ningún nombre ni responder a las preguntas de la prensa respecto a las posibilidades de que la delegación israelí sea encabezada por el novelista Amos Oz (frecuente candidato al Premio Nobel), la embajadora dijo que además de la literatura, la participación israelí pondrá especial énfasis en temas de ciencia y tecnología debido a la excelencia de su producción académica, y aquí sí probablemente con presencia de nobeles



*Etgar Keret, un adelanto

Aunque la presencia del autor de Extrañando a Kissinger se debe a su editorial mexicana (Sexto Piso) y no a la diplomacia, Etgar Keret será sin duda una buena probadita adelantada de la literatura israelí más contemporánea.

Cuentista breve y refrescante, las solapas de sus libros lo presumen como el escritor más popular entre la juventud de su país, y sus historias han inspirado más de 40 cortometrajes cinematográficos. Algunos títulos suyos disponibles en español son Pizzería kamikaze y otros relatos y El hombre sin cabeza.

En la FIL tendrá cuatro actividades públicas: una charla con “Mil jóvenes” el jueves 29 de noviembre; el viernes 30 una visita a la Preparatoria 10 como parte de los “Ecos de la FIL” y la presentación de su nuevo libro De repente un toquido en la puerta, y el sábado 1 de diciembre participará en el Encuentro Internacional de Cuentistas.