lunes, 10 de enero de 2011

BRAULIO PERALTA en Milenio. LA LETRA DESOBEDIENTE: HOMOTEXTUAL


MILENIO 10 de enero 2011

Homotextual

Por Braulio Peralta

Francia, 1573. Panfleto a Enrique III, acusado de sodomía (lo asesinó un monje dominico, en 1639):

Ni soy macho ni soy hembra/y si estoy confuso/sobre cuál de los dos he de elegir/no importa a quién parezca./Tener los dos es mucho mejor / pues se recibe el doble de placer.

La historia de la sodomía principia en la Edad Media. Fue por 1200 que emergió el término para someter a los homosexuales a los designios de la Inquisición (establecida por Gregorio IX en 1233). A partir de ahí la iglesia tolera el deseo carnal sólo para procrear. Lo demás es “antinatural” y por consecuencia sujeto a la persecución, el castigo, la hoguera, el empalamiento, la horca… hasta la fecha, con Sandoval Íñiguez por delante.

El siglo XII es también el inició de la persecución de la iglesia contra los albigenses y los caballeros templarios, opositores de la estrechez religiosa, basados en valores filosóficos. No pudieron. En 1307, en Francia, Felipe IV mandó a detener a varios de esos pensadores libres para ser ejecutados. Aquel año emerge como el primer ejemplo de acusación de la homosexualidad con fines políticos. Lo que prosiguió fue una masacre en todo el mundo.

En las pinturas de época hay innumerables ejemplos de la satanización contra los homosexuales masculinos o mujeres adúlteras (no hay mucho sobre lesbianas). Hay sodomitas de todo tipo social: Durero los dibuja en un baño público con tintes homoeróticos; Berruguete pinta a la Inquisición ejecutando sentencias en secreto; Taddeo di Bartolo los colorea empalados por la boca y por el ano (no es diferente a los crímenes por homofobia actual); Boticelli ilustra los “crímenes contra las leyes de la naturaleza” (el mismo pintor fue acusado de sodomía, en 1502).

Por todo lo anterior el libro poético de Luis Felipe Fabre, La sodomía en la Nueva España, es un acontecimiento de primera magnitud. Por su horrorosa y sacrílega belleza, su entrega apasionada —de mofa y sarcasmo inteligente contra la Inquisición—, y la poesía encarnada en boca de los sodomitas caídos. Un antihomenaje a “confesiones, cartas, edictos, testimonios” que dejó en la historia la religión católica. Gracias a eso Fabre reinventa a los “homotextuales”, los resucita a través de las letras; una herejía literaria impecable e implacable: poesía sin tregua.

Editado en Pre-textos, no hay pretexto para aprender a respetarnos.

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