domingo, 19 de junio de 2011

BORGES Y HITCHCOCK. De la columna de Sergio González Rodríguez en El Ángel, Reforma.con 19 de junio

BORGES Y HITCHCOCK
por SERGIO GONZÁLEZ RODRÍGUEZ



Escalera al cielo / Borges y Hitchcock



Sergio González Rodríguez. Reforma.com



(19-Jun-2011).-

En plena época de la génesis del hombre planetario, ese producto de la economía globalizada, el consumo y la esfera comunicativa ultracontemporánea, pendiente de las redes sociales y adscrito a su ideología del "tiempo real", la narrativa sobre la alteridad extrema se ha vuelto uno de los contenidos más insistentes.

¿Cuál es la alteridad extrema? Giorgio Agamben escribió una frase que resulta muy descriptiva al respecto: "en cuanto al animal no conoce ente ni no ente, abierto ni cerrado, él está fuera del ser, fuera en una exterioridad más externa que lo abierto y dentro de una intimidad más interior que toda clausura" (Lo abierto, Adriana Hidalgo Editora, 2006). La animalidad en estado puro, algo fuera de nuestro antropocentrismo, podría caracterizar lo mismo a los zombis que a los monstruos o los alien. Tales figuraciones expresan el temor de la especie humana a encarar sus propios límites, allí donde se realiza la biopolítica y se explaya su campo: donde el poder no tiene frente a sí nada más que la pura vida biológica sin mediación alguna.

Trascendidos los Estados-Nación y la idea de la cultura nacional, la narrativa de la alteridad extrema de principios del siglo 21 expresa el horror tan terrenal como cósmico de especular sobre el choque con una biopolítica superior. Los relatos fílmicos-televisivos de la temporada (J.J. Abrams con Súper 8, Michael Bay con Transformers 3, o las series televisivas de Nick Wauters con The Event o Steven Spielberg con Falling Skies) articulan la angustia acerca del tema y ensayan modalidades en la recepción del consumidor planetario y las representaciones de lo animal, lo extraño, lo ultraterreno.

En la serie televisiva The Event, los extraterrestres son demasiado humanos: reproducen las pasiones, los odios, las intolerancias y la inteligencia humanos hasta superarlos. Se vuelven indistinguibles de aquéllos y, en nombre de su supervivencia, planean el exterminio de millones y millones de personas. En Falling Skies, los humanos han de resistir una invasión que supera en fuerza y tecnología a la de los terrícolas. Su capital de resistencia reside en el conocimiento de historia militar que tiene un profesor universitario que encabeza a un grupo de humanos. Sólo la mentalidad militar podrá salvarnos.

Dichos relatos implican proyecciones del enemigo desterritorializado (el terrorista) que, como recuerda Ulrich Beck, permite el uso universal de la violencia en nombre de la seguridad interna (cf. Poder y contrapoder en la era global, Editorial Paidós, 2004). El terrorista como amenaza global, que incluye ya la creciente identificación entre terrorismo y narcotráfico o delincuencia organizada, tiende a suspender la pluralidad social, el conocimiento de los expertos, la independencia de los tribunales y la validez de los derechos humanos.

El gran modelo narrativo de las figuraciones contemporáneas está menos en cintas clásicas como El día que la Tierra se detuvo (1951), de Robert Wise, o La guerra de los mundos (1953), de Byron Haskin, que en la obra maestra de Alfred Hitchcock Los pájaros (1963). En esta última película el tema de lo impensable infesta el relato fílmico desde una eficacia que incrementa el horror: la especie de las aves se convierte en depredadora de humanos y, desde el aire, ejerce un dominio paulatino e invencible por superioridad numérica y organización espacial. Hitchcock destruye con su relato las certezas simbólicas del resguardo urbano, de la privacidad doméstica, de la seguridad del espacio público. A partir del cuento homónimo de Daphne Du Maurier, que recupera el caso de un ataque de aves a la familia Westminster en Estados Unidos de América, Hitchcock reelabora una película de suspenso acerca de la alteridad radical.

La inspiración de Hitchcock aparece expuesta en el magnífico documental de Johan Grimonprez titulado Double Take (DVD Kino, 2009). Grimonprez realiza un análisis del temperamento Hitchcock, un estudio de caso en torno de la sustancia hitckcockiana (la fascinación con el miedo), un retrato de la paranoia durante la Guerra Fría, una parábola sobre el motivo del doble (recurrente en el cineasta anglonorteamericano) y un homenaje a Jorge Luis Borges a 25 años de su muerte a partir de su relato 25 de agosto de 1983. El documental alterna tomas de archivo fílmico de Hitchcock, de su persona y sus filmes, con otras actuales de su doble (Ron Burrage) y una selección espléndida de secuencias noticiosas o episodios históricos de los años 50 y 60 del siglo anterior. El efecto es extraordinario por la riqueza de niveles de lectura que producen las imágenes: un corte transtemporal en verdad deslumbrante.

En 25 de agosto de 1983, Borges se parodia a sí mismo y traza su autorretrato mediante la ficción de desdoblarse en el tiempo y en el espacio y tener un diálogo consigo mismo en un sueño que podrá convertirse en un cuento fantástico. La pregunta capciosa es quién sueña a quién. En algún momento, Borges le dice a Borges: "los estoicos enseñan que no debemos quejamos de la vida; la puerta de la cárcel está abierta. Siempre lo entendí así, pero la pereza y la cobardía me demoraron. Hará unos doce días, yo daba una conferencia en La Plata sobre el Libro VI de la Eneida. De pronto, al escandir un hexámetro, supe cuál era mi camino. Tomé esta decisión. Desde aquel momento me sentí invulnerable. Mi suerte será la tuya, recibirás la brusca revelación, en medio del latín y de Virgilio y ya habrás olvidado enteramente este curioso diálogo profético, que transcurre en dos tiempos y en dos lugares. Cuando lo vuelvas a soñar, serás el que soy y tú serás mi sueño". En Dou-ble Take, Jorge Luis Borges se llama Alfred Hitch-cock, y el desplazamiento, contra lo que podría pensarse de entrada, se ve logradísimo. Una elegía a dos manos. Se imponen lo ultraterreno y el eco de la alteridad extrema. El hombre planetario insiste en bifurcarse en sus miedos.

elangel@reforma.com



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