sábado, 1 de octubre de 2011

DE REGINA KALACH ATRI, SU SELECCIÓN: UN POEMA CADA DÍA, ADEMÁS, EN LABERINTO DE MILENIO, AQUEL 1 DE OCTUBRE, PUBLICÓ DE FRENTE AL "ESPEJO DE MAREAS". DISFRÚTALO COTIDIANAMENTE.





Este es un poema  que está en mi libro Espejo de Mareas. Es un viaje por la literatura y algunos de sus personajes. 

Para su disfrute y el mío al compartir:




Literarios

Un sócrates derrotado
tres quijotes deshierbando
seis dulcineas artríticas
el cid llora en un rincón

nueve inconclusos poemas
que el arturo rey no lee
cien sanchos tartamudean
febriles de andar al sol

catorce helenas bubosas
un paris muerto de amor
trece antígonas intactas
un solo edipo en la cruz

doce brunhildas hinchadas
dando el último estertor
seis afroditas vestidas
todo recato y horror

cuatro ximenas altivas
el tiempo no las cambió
un moisés confuso y solo
oyendo de nuevo a Dios

abraham perdido en colinas
sara planchando un mantel
tres ángeles dicen algo
sobre la torre de babel

hamlet persiste en la duda
y no puede envejecer
ofelia es ninfa del lago
siempre húmeda su piel

ninguno desface entuertos
nadie se juega el honor
ulises no tiene fuerza
la nostalgia lo atrapó
siente dolores de piedra
que asedian su corazón

cinco borges cuentan algo
que cuatro saben leer
cervantes regala rosas
en el semáforo aquel

las gracias se multiplican
penetran en mi dormir
me piden soñar historias
que los puedan redimir.









ME ENCANTO ESTE POEMA DE TOMAS TRANSTÖRMER*



*Estocolmo 1931.  Poeta y traductor sueco.  Desde muy joven alternó su trabajo de psicólogo con la escritura de poesía.  Aclamado por la crítica desde la publicación de su primer libro, 17 Poemas, de 1954m su producción  creció sin prisa y sin pausa, al tiempo que su obra fue siendo traducida a distintas lenguas. Ha ganado varios premios, entre ellos, el celebérrimo Nobel que recibió en 2011.



Kyrie

A veces mi vida abría los ojos en la oscuridad.
Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,
que pasan por las calles camino de un milagro,
mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.

Como el niño que duerme con miedo
escuchando los pasos pesados de mi corazón.
Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en
                 la cerradura
y se abren las puertas de la oscuridad.









EL TURNO ES PARA EDUARDO MITRE



Eduardo Mitre nació en Oruro, Bolivia, en 1943. 
Ha publicado los siguientes libros de poesía:
Morada, Mirabilla, Desde tu Cuerpo, Razón Ardiente, Ferviente Humo y Elegía a una Muchacha.  Como ensayista ha escrito Huidobro, Hambre de Espacio y Sed de Cielo y la antología El Árbol y la Piedra.
        Dice la contraportada de esta selección:  “El poeta no pide ya el vivir en la totalidad, no pide ya el saberse dentro, integrado a un orden que de alguna manera otorgue valor a su estar aquí.  Pero sí pide el matiz, el detalle, las prolongaciones que remiten a esa ausencia, a ese centro presente de tan intuido.”

He aquí algunos de sus poemas.

Para un Adiós

Un abrazo y palabras entrecortadas
habrán dicho el adiós increíble.
Y entre tu cuerpo y el mío
manará sin cesar la distancia.

Como se apela a una hierba mágica
para sanar el mal de ausencia,
escribiré entonces estas líneas.

Y si el tiempo que une y que separa,
lo entrega un día a tu mirada,
léelo, mas no vuelvas la cara.

Hermosa y feliz en tu presente,
no cometas el error de Eurídice;
que yo, al recordar tu dulce voz,
cuidaré que me aten como Ulises.
******
La Ausente

Emigran los pájaros
pero se quedan
el árbol y el tiempo.

Tengo miedo.

Hay mucha trampa
y poca luz
en el recuerdo.

Qué pena amor,
que tu presencia
dependa tanto de tu cuerpo.
********
Epílogo

El olor que deja
en la piel la ausencia.

El sabor de un nombre
que quema la lengua.

El dolor que queda
en la mujer y el hombre.

Y el tiempo que cuelga
las cuatro estaciones.
******

Y, mi favorito de favoritos:

Prólogo al Presente

Abre los ojos. Despierta.
El Paraíso está aquí,
de vuelta.
Con todos y todo
en la luz pasajera.

Es (no hay otro) esta tierra:
mesa de encuetros,
cuna de ausencias.

El Paraíso está aquí
a la espera.  Abre tus ojos
que abren sus puertas.

Despierta.  Está aquí.
No es la dicha.
Es la presencia.


Rubén Darío


Este poema de Dario me ha estado rondando durante varios días.   Me sé de memoria algunas estrofas, como seguramente muchos de ustedes.  Se alojó en mí durante la infancia.  Mi madre se lo sabe de memoria creo que completito porque recuerdo que lo declamaba.  Es muy fácil de memorizar por su ritmo y porque las imágenes van cayendo en cascada dentro de nosotros y las podemos recrear.  Es un cuento en verso lleno de color.  Los invito a disfrutar.  ¿Quién no quisiera entrar al palacio de diamantes o al kiosko de malaquita?




A Margarita Debayle
                Rubén Darío


Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

* * *

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Lee todo en: A Margarita Debayle - Poemas de Rubén Daríohttp://www.poemas-del-alma.com/a-margarita-debayle.htm#ixzz2KEREAyMN






Rubén Bonifaz Nuño

Homenaje

Acaba de morir este gran poeta  mexicano.  Aquí van algunos poemas suyos.  Que los disfruten.
(Córdoba 12 noviembre 1923 - México, D.F., 31 enero 2013)


REGINA KALACH A.



Alguna vez te alcanzará el sonido...

Alguna vez te alcanzará el sonido
de mi apagado nombre, y nuevamente
algo en tu ser me sentirá presente:
más no tu corazón; sólo tu oído.

Una pausa en la música sin ruido
de tu luz ignorada, inútilmente
ha de querer salvar mi afán doliente
de la amorosa cárcel de tu olvido.

Ningún recuerdo quedará en tu vida
de lo que fuera breve semejanza
de tu sueño y mi nombre y la belleza.

Porque en tu amor no alentará la herida
sino la cicatriz, y tu esperanza
no querrá saber más de mi tristeza.



Si nace de tus manos y es oscura...

Si nace de tus manos y es oscura
la angustia de sentirme atardecido;
si sueño, si por ti me es concedido
hacer eterna y fácil mi amargura;

Si es evidente mi dolor y es dura
tu voluntad de verme oscurecido
como el viento de noche sucedido
entre su arteria vegetal madura,

te puedo dar como si fuera tarde,
una sola palabra, y retornar
a lo perfecto que en mis manos arde.

O dejarte llegar inesperada
hasta tu misma voz, adelantar
y hacerte nula ante la sombra dada





Tú das la vista a mis pupilas ciegas...

Tú das la vista a mis pupilas ciegas
y a mi voz la ternura que te nombra;
amor, cuánta amargura, cuánta sombra
se destruye en la luz en que me anegas.

En hoces claras a mi pecho llegas
y la esperanza al corazón asombra,
por ti la mano del olvido escombra
los restos tristes del dolor que siegas.

Por ti vencido, el peso de la angustia
inútilmente ya su fuerza mustia
contra tus simples luces abre inerte.

Amor, ardiente lámpara en la oscura
soledad, segador de la amargura.
Está lejano el miedo de perderte.



DAVID HUERTA


    

Poemas que redescubro de un gran poeta mexicano.  Ojalá los disfruten.  Váyanse despacio y recuerden que los subrayados son míos.  Es lo que hoy me encanta en el más amplio sentido.  Ustedes busquen los suyos.


Escribir

           En memoria del poeta Jaime García Terrés


He de cerrar los ojos
y cruzar con golpe de arcilla
la flama arcangélica
de la tinta.

(Pobre litoral de la página
emblanquecida de fertilidad
y de averno.)

Hundo la mano entonces
en una curva orilla
de cercanas palabras.

Recojo larvas lentas de signos
grafías anulares
para mi ojo intempestivo.

Escribí.  El tiempo lúcido
se desgarró
en los ángulos
de fuego del silencio.



Nadie en el bosque

En medio de la negrura
de los arroyos,
la brisa se extiende.

Los árboles aparecen
debajo de  la niebla.

La hierba luce
una pedrería tenue: reguero
de gotas cristalinas.

Los animales duermen.
El verdor se desmaya
bajo la grisura lunar.

Nadie en el bosque.  Y todo
en equilibrio, durando.



Plegaria

Señor, salva este momento.
Nada tiene de prodigio o milagro
como no sea una sospecha
de inmortalidad, un aliento
de salvación.  Se parece
a tantos otros momentos..
Pero está aquí entre nosotros
y crece como una luz amarilla
de sol y de encendidos limones
- y sabe a mar, a manos amadas,
huele como una calle de París
donde fuimos felices.   Sálvalo
en la memoria o rescátalo
para la luz que declina
sobre esta página,
aunque apenas la toque.



Sediento

Bebo del cosmos de tu mano
el polvo fluido
de los vientos solares.

Bebo arcilla
de tus dedos
la semilla luciferina
del deseo.

Bebo magia
en la frescura de tu piel.





Día de Muertos

El dominio de lo anaranjado.  La muerte/mujer pulula.  Catrina vestida de fiesta que evoca un baile antiguo.
Ciudad luminosa de noviembre, de cielos planos y sol rasante.  Ciudad que alberga su propio deseo de vida en su colorida ofrenda a la muerte.

-Regina Kalach Atri-


Uno a la Muerte que escribí hace un tiempo   Está en mi libro Voces en el Alba que fue una publicación de varias voces de poetas, entre ellas la mía.  Todas del taller de Jenny Asse, mi maestra y amiga.

Uno la invoca y le teme, le da la vuelta y en México, uno se burla, se ríe, le brinda  colores a sus muertos, a la muerte.   Quizás para alejarla.  Uno se sabe mortal y  no quiere irse y entonces baila, canta, recita, compone:   todo al final es una ofrenda. 
Por la vida, queridos, va el poema.


 Uno a la Muerte

                         ¡Qué prueba de la existencia
                          habrá mayor que la suerte
                          de estar viviendo sin verte
                          y muriendo en tu presencia!
                                 -Xavier Villaurrutia-

¡Ah!, muerte, muerte,
te propongo
comenzar con un flirteo
y acabar por desdeñarte.

Desde un diálogo lejano,
pretendernos inventadas,
y en un roce temblorino
iniciar la danza lenta,
                           muerta.

Ni te abrazo, ni te toco
sólo a ratos te vislumbro
y tu tacto tan ligero,
tan escaso, tan en fuga,
me desmieda un poco,
                            muerte,
y levanta mi pisada.

Me penetras por instantes
y en un solo tremular
     te siento,
                    muerte.

Invoqué todos tus nombres
con  tu erres de morirnos
y tus tes de muertos todos.

Eres siempre enamorada
y fatal insatisfecha, fatua,
                      muerta.

Ni me matas ni me dejas
y me alivia murmurarte:
     al final  eres comienzo.










Esta vez, celebro.  Celebro mis días y mis noches, mis años, mi infancia.  Dos poemas de mi cosecha que tienen que ver con mis primeros años.  
De mi libro Espejo de Mareas



A Alberto Buzali
Te ves en el espejo.  Podrías ser la madona de un cuadro renacentista, la Venus de Boticelli, la rubia de Tamayo, pero eres la niña sentada sobre un banco de piedra, áspero y desigual.  El torso echado hacia delante, tu peso sobres tus brazos.  Las piernas se mecen al ritmo de un vaivén crepuscular.
     Repites tu nombre de tres sílabas, lo recorres al tacto con tu lengua; acaricias los bordes, saboreas. Pero te estorba, te incomoda; no es ligero, no se desliza, ni se cuela entre la niebla.  No eres Lorelei, ni Elena, ni Laura, ni Lorena; te faltan eles de nostalgia, de largura.  Tu nombre es gutural y ruge; arremete y es garganta.  Regina: la reina, de qué, no sabes; jamás lo averiguaste.  A ratos juegas y asumes tu realeza, como te dijeron.  Sin embargo, te asusta la consigna, te confunde.  Ni cetro, ni corona, ningún trono de rojos terciopelos.  Entonces te preguntas, para qué.
     Te miras de nuevo en el espejo: eres siempre la niña que contempla el lago, la madona, Venus, la rubia de Tamayo.



A Esther Uziel
A tu lado, la niña de siete años, sentada justo sobre el rayo de sol;  El rayito de sol tan codiciado.  La cercanía de sus cuerpos, el silencio, la mañana que se ha vuelto tibia.
     Ata los cordones de sus zapatos bicolores con cuidado.  Dos nuditos, para que no se desaten, tener los pies firmes en tierra y no caer.   Se levanta.  Su andar, de pasos cortos, su ritmo sincopado.  Le brota una gracia natural, sin contradicciones. 
     Se miran con pudor, se adivinan.  Ha llegado a ti cargada de silencios, fruncido el ceño.  El cabello lacio y rubio le llega a la cintura y ese vestido de falda plisada con flores azules y amarillas; las mangas cortas y abombadas.  Su elegancia te divierte.
     Le gusta columpiar sus piernas; nunca alcanza el piso.  Sonríe, pero no a ti; su mirada es larga y no sabes hasta dónde llega. Suspiras, la observas dos instantes: ella es quien te amasa y te hace blanda.
     Se queda a tu lado a calentarse.  Cuando el rayo desparezca, ella se esfumará.  Por un rato te quedarás inerme, sola, a gotas; hasta que vuelva.









DOS POEMAS DE GENARO HUACAL



Genaro Huacal nació en Sihochac, Campeche, en 1957.  Radica en Monterrey desde 1980.  Ha publicado los libros Bahía de la mala pelea (1990) y Duendecillos mayas (1992).  Los poema que he elegido vienen de Noctambulario.  Son poemas del mar, sobre el mar.   Espero que los disfruten.

Playa Bonita

La mar de nuevo anta mis ojos murmura bienvenidas de salitre.

He aquí la vieja mar, antigua bienhechora de mis días,
Reptil en el verano de las playas campechanas.
De nuevo el mar, caracolas minan la huellas de mi paso.

La tarde es una muchacha presurosa apretándose el bikini.


Gentilicio

Primero la mar, después lo que Dios quiera.
Pero primero el mar en alas de gaviotas.
Gavillas de veleros juegan al sube y baja
remontando la redondez del cielo.

Reflejo de la luz iridiscente, la pupila
realiza el milagro del mar, el rayo verde
se posa en el poniente dintel del horizonte.

Primero el mar, hasta la noche tiembla.
Con su aullido pulula penetrante.
Horada ufano su atavío de sombra.

Primero lo primero: el mar.


PLAYA CAMPECHE









Un poema de Blanca Luz Pulido 



Amanece


Ya los nombres despiertan de su sueño.

Cada noche las formas se liberan
y abandonan su ser en el hastío.
La mañana es la tierra del principio,
y surge de la luz y el claro espacio.

Ya  poblará la tarde con su tedio
de indecisión los gestos y las horas.
Ya alumbrará tal vez mi rostro
el inasible prodigio de otra luna.

Yo vuelvo a las mañanas.  Ellas nombran,
en ellas tiembla el aire.

Surge tu voz:
se puede renacer.

 Estación del Alba
Blanca Luz Pulido 


http://www.prometeodigital.org/MUESTRA_PULIDO_0425.htm
http://www.conspiratio.com.mx/conspiratio/?p=726

REGINA KALACH A.








JorgeFernández Granados (DF, 1965). Ha publicado los libros de poesía La música de las esferas (Castillo, 1990), El arcángel ebrio(UNAM, 1992), Resurrección (Aldus, 1995), El cristal (ERA, 2000) y Los hábitos de la ceniza (Joaquín Mortiz, 2000); así como el volumen de cuentos El cartógrafo (CNCA, 1996) y La fábula del tiempo, antología de la obra poética de José Emilio Pacheco (ERA, 2005). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores (1988) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (1992 y 1997). Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2001. Ha obtenido, entre otros, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines (1995) y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (2000).



http://www.letralia.com/77/le04-077.htm  Más poemas del autor





Antes de leer La perfumista, les pido que se dejen llevar por la sonoridad y entren al mundo que el poeta imagina o describe, como lo quieran ver. Déjense tocar por las delicias.  Hay nombres enigmáticos que quizás no conozcan; yo tampoco.  Quizás los quieran ir a buscar al diccionario.  No sé, pero lo que sí sé es que les pido se permitan este espacio.







La perfumista



Urna de otras reliquias
ante la babilonia de cristal de los estantes
olisca el seco olor del palisandro, la resina
de estoraque (Venus)
o el aroma lunar de la alhucema.
En las alturas habitadas por el polvo
reconoce, con una orientación
de pájaro, los sitios
migratorios de los frascos.
El ámbar gris junto al pebete
y la sortija de durazno del almizcle,
el emoliente de la mirra, la cananga
siamesa que no conoce el frío, el cinamomo,
la perezosa goma del gálbano, el aura de la algalia
y la aromosa Quío de trementina.
Su anciano cuerpo de nao
navega los no muchos
metros cuadrados del negocio
a donde devanó una vida de vahos.
Humecta el heliotropo, el rayado
corazón del opopánax, fija el aceite
de lilas sumisas, glicinas, rododendros,
el inminente jazmín, lavándula, retama.
Líquidas querencias que sahúman
un instante el aire
como un destello íntimo
o un enigma en las narices de los legos.
Ella sonríe (ojos bilingües) satisfecha
del uso y del atisbo y del aviso
que su olfato le fabrica
en ámbar negro.
Reconoce a tiempo, como nadie,
cada temperamento
del planeta persa de las rosas o del dragón
de la gardenia.
(Algún día la busqué en su biblioteca de espíritus. Quería hallar uno. Tuvo conmigo la paciencia de una pitonisa; revolvía y probaba y negaba y volvía a probar. Dimos por fin con la síntesis, la sintonía del perfume que mi memoria fijó años atrás con la imagen de una muchacha en la playa a medianoche con los labios en un verso de Lorca: y que el mar recordó ¡de pronto! los nombres de todos sus ahogados. Salí de ahí con un frasquito. Ella tenía ese lugar de mí en un rincón de sus vitrinas.)
Cajas, etiquetas que
ella dictamina con el catálogo de un gusto
desconocidamente enciclopédico
mientras afina el pianoforte de
una armonía aromática.
Cálidamente sus muñecas
son un matraz
de enfrascados universos
que frota y airea para regocijar las aletas
de su nariz octogenaria.
Puede que existan tres centímetros de ciencia
en esa silla. Por lo menos
la esencial de los detalles.



De la mano del poeta entremos a este otro mundo.

Los peces

Fuimos bajando hasta el fondo
por las calles del puerto. La noche
remaba en el abismo de los ojos. No recuerdo qué tanto
la brisa nos cubrió de sal y estrellas.
Es conveniente dormir a menos que amanezca, dijo,
pero éramos legión para esas horas ya rancias de cantinas.
El ron juntó a los peces
y a todas las criaturas que no duermen
esa noche de pescadores y viajantes, de grasa y aguacero.
Emigramos a La Luna,
que era una carpa improvisada en los
dudosos territorios del suburbio.
Sudores y cervezas, baile, sedimento
de géneros grotescos de alegría,
se fueron combinando con torpeza
hasta temblar en una sombra, un amasijo
de danza, alcohol y extrañas vidas.
Los círculos que lees con tu mirada
no están en realidad aquí,
pero a ti te fue dado contemplarlos,
—dijo sonriendo y se perdió bajo los cuerpos
en la anchurosa fiesta de esa carne.
El ritmo gobernaba la sordidez o la gracia
y en medio de su lago nos fundimos.
Más tarde, ya cansados
los pocos rezagados en La Luna,
sin sueño y con nostalgia de horizonte,
fuimos a buscar el mar:
la sonata del agua, el apetito de su hechizo,
en esa vigilia donde el límite
del cielo y el océano es todavía tiniebla.
Algo nos lleva ante la orilla
a ver cómo la luz se recomienza
y estar aquí sin comprenderlo,
testigos de este mar alucinado,
súbitamente viejos, silenciosos,
oyendo de su más oscuro corazón
una alabanza.
Sentados en el muelle esperamos el día:
poco a poco fue llegando su violeta,
la noticia azul de su marea,
y en el silencio de su gloria amanecimos.


Y para cerrar con broche de oro este poema que es algo totalmente distinto.

CREDO


nunca
nunca tiene sentido
nunca tiene sentido esa descarga
nunca tiene sentido esa descarga de fuerza
nunca tiene sentido esa descarga desigual de fuerza
nunca tiene sentido esa descarga desigual y desesperada de fuerza
nunca tiene sentido esa fuerza desigual y desesperada
nunca tiene sentido esa desigualdad de la fuerza
nunca tiene sentido esa desigualdad
nunca la fuerza sin sentido
nunca la fuerza
nunca 





Por esto él es poeta.  En el más amplio sentido de la palabra.  
No tengo más nada que decir.

JORGE ESQUINCA

Manos de reseco betún, de pintor de brocha gorda, de carbonero itinerante.  Vestigios de una  muy joven Altamira en la pared de la barriada.  Manos en un siglo de manos
Cálidas herramientas de la lenta caricia, instrumentos del crimen que se comete a sangre fría, repartidoras de caridad y bendiciones.  Manos en las manos del que llora, entre la boca y el oído donde pasa el secreto.  Manos para beber en su cuenco, para jugar con sus sombras, para mandar un beso.  Manos de injuria callejera, del reclamo civil, del áspero boxeo.  Huellas de raros pájaros terrestres que, a falta de alas, aprendieron a escalar por las paredes.




Manos de anciana...





Rafael Vargas Pasaye nos platica de este libro de Regina Kalach en la Revista SIEMPRE:



Poema del día


Me encuentro un pequeño libro editado por al Universidad Autónoma Metropolitana.   Se llama El Mar de la Memoria de Carmen Espinosa Maldonado.  Me encuentro con muchos poemas que me gustan y elijo estos dos.  Hallé poco acerca de la autora, yo no la conocía; pero  así he conocido a otros tantos.  Siempre, lo que más ha  importado es el poema.   
He aquí una voz fresca, clara, con matices sutiles y un excelente manejo de lenguaje.
Carmen Espinosa Maldonado:  Uruapán, Michoacán 1966.   Estudió Contaduría Pública en a la Universidad Don Vasco en su estado natal y después  Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM.  En 1992  publicó “Poemas para leer bajo la lluvia”

Lee despacito:




            Niño nuevo de pan
niño de octubre
tantas lunas hace que te espero
para ir a tu lado por la calles de piedra
bajo las bugambilias
                                   y el invierno

            Niño nuevo de sed
mi niño aurora
tus labios fueron hechos a mis labios
y tus manos inmóviles
            (refugio de mis manos)
han moldeado mi ser
                                   mi luz
                                               mi canto

            Niño nuevo   vigilia
sueño siempre pospuesto
tu mirada es mi mar
mi arena tibia   mi embarcadero

Voy a  acercarme a tu piel
a perderme en tu agua

voy a  nacer de ti
            más niña
                        más viento


Hay una  mujer
que ronda mi casa
que la recorre sigilosa
no reconozco su rostro
ni su talle
un las huellas que marcan sus manos
sobre el muro

Hay una mujer
que ronda mi casa
la oigo caminar
la veo a lo lejos
pero no sé en qué recóndito lugar
se duerme
ni quién le dicta versos
que riega como flores
ni de dónde mana la melodía inmensa
que la envuelve







Sólo disfruten, no hay más.





Dos poemas de Blanca Luz Pulido



Nació en México en 1956. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue miembro del Tercer Programa para la Formación de Traductores del Colegio de México. Ha publicado traducciones, ensayos y poemas en diversos suplementos literarios y revistas; las plaquettes "Fundaciones" (Cuadernos de Estraza, 1979) y "Ensayo de un árbol (Oasis, 1983); "Raíz de sombras" (Fondo de Cultura Económica, 1988); "Estación del alba" (serie "Margen de Poesía" de la revista "Casa del Tiempo" de la Universidad Autónoma Metropolitana, 1992); "Reino del sueño" (Aldus, 1996) y "Cambiar de cielo" (1997, obra que reúne sus primeros libros, más el poemario que da título al libro).







Vuelo



A cada paso lento

sucede otro,

y el siguiente,

y otro más.

Siempre tan cerca de las sombras,
y siempre aquí,
atados a la tierra.

Ellas son leves.
El aire es el camino de sus pasos.
¡Cuántas fugaces calles en el cielo,
qué invisibles geografías
dibujadas en la altura con su vuelo!

Y sigo lentamente caminando
mientras las aves regresan del misterio.

Acaso mi libertad tan sólo sea
imaginar el aire
corriendo suavemente entre sus alas.

Yo sólo puedo ver cómo se pierden
serenas en el ávido horizonte.


Amanece
Ya los nombres despiertan de su sueño.

Cada noche las formas se liberan
y abandonan su ser en el hastío.
La mañana es la tierra del principio
y surge de la luz y el claro espacio.

Ya poblará la tarde con su tedio
de indecisión los gestos y las horas.
Ya alumbrará tal vez mi rostro
el inasible prodigio de otra luna.

Yo vuelvo a las mañanas.  Ellas nombran,
en ellas tiembla el aire.

Surge tu voz:
se puede renacer.







OLGA OROZCO 


Es una poeta grande.  Su nombre siempre se debería escribir todo con mayúsculas: su voz es un grito, una ráfaga.  Lo que les envío me lo acabo de encontrar.  Hay que leerlo varias veces para sentir la vehemencia.  Prueben en voz alta,  frente al espejo.  Ya sé que no hay tiempo pero dense esta pausa.  Ella es toda fuerza, denle un espacio a su voz. Ya saben, de repente hago mis subrayados.   Este poema tendría que ir   por completo marcado.  Pero ahí, les dejo mi huellita que mañana sería distinta si lo volviera a hacer.

http://3.bp.blogspot.com/_VS3Y8oEnTt4/THt84fg4KxI/AAAAAAAAFmA/VvN0i-JLvEo/s400/olga_orozco.jpg





Duro brillo, mi boca

                    Olga Orozco





Como una grieta falaz en la apariencia de la roca, como un sello traidor fraguado por la malicia de la carne, esta boca que se abre inexplicable en pleno rostro es un destello apenas de mi abismo interior, una pálida muestra de sucesivas fauces al acecho de un trozo de incorporable eternidad.





Casi no se diría con los labios cerrados. Más bien sólo un error, un soplo de otra especie en la obra incompleta. Y de pronto, un desliz, un relámpago acaso, un salto de animal que descorre los bordes del paisaje sobre la sumergida inmensidad, y se enciende el peligro y estalla la amenaza. Un lugar de barbarie bajo el fulgor lunar.



Dientes como blancura tenebrosa, verdugos alineados en feroces fronteras al filo de la luz, amuletos de viva hechicería erigidos en piedras para la inmolación; y en su sitial el monstruo palpitante, el ídolo cautivo, la leviatán de felpa, esta oficiante anfibia debatiéndose a ciegas desde su raigambre hasta las nervaduras de su propio sabor, de mi dulzona insipidez.



¿Quién hablaba de bocas celestiales para la eucaristía, para el trasvasamiento con los ángeles?

Me adhiero por mi boca a las posibles venas del planeta, extraigo la sustancia de mi vida y mi noche en las arterias de la perduración, y sólo paladeo brebajes y alimentos adulterados por el latido contagioso de la muerte.

¡Ah, me repugna esta voracidad vampira de inocencias, esta sobrevivencia siempre colmada y siempre insatisfecha bajo la mordedura de los tiempos!

¡Y esta risa, con retazos de huesos que iluminan la exhumación a medias de mi cara final! ¡Tanto exceso en la fatua, innoble alegoría!

¡Y tanta ambivalencia en esta boca, bajo el siglo de la carencia y la embriaguez, bajo los dobles nudos ceñidos por el amor y el aislamiento!

¿Aquí no empieza acaso ese maelstrom ardiente que arrebata los cuerpos y trueca los alientos y aspira el corazón de cada uno hasta el fondo del otro corazón, y que a veces devuelve sólo un grano de sal, un jirón de intemperie en medio del invierno?

Y un poco más acá de lo visible, debajo de esta lengua que celebra el silencio y escarba en la prohibida oscuridad, ¿no comienzan también las canteras del verbo, las roncas fundiciones de la poesía, el acceso a las altas transparencias que hacen palidecer la pregunta y la respuesta?

Duro brillo, este oráculo mudo.





Aquí está el link a LABERINTO: http://impreso.milenio.com/node/9036009


Poesía

Espejo de mareas

Estos versos —anclados en la mitología y los vaivenes de la conciencia— son una declaración de amor al mundo contemporáneo, laberíntico pero luminoso.

2011-10-01•Antesala











Aprendiz de cretense
Ariadna,
ojo en la espesura,
espera.
Teseo sabe siempre
en cada recoveco
que la abandonará.
Ariadna, ovillo en mano,
lo invoca.
Desde la madeja,
el verbo,
el verso.
Al querer decir su nombre
humo sale de su boca.
Del ovillo, cercano a sus entrañas,
fluye el ahogo:
su próximo abandono.


Ronda
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de repente la noche.
Salvatore Quasimodo
Sopla el viento sobre el pinar,
la memoria aspira ecos de risas,
sabe a musgo el agua de la fuente,
la luz de la tarde ondula en una piedra.
Solos sobre el corazón de la tierra,
desnudos, a cielo abierto,
hendidos por el último rayo de un sol
que nos salva de orfandades.
Juguemos,
el lobo no está.
Qué importa si la noche
nos cae adentro.


Foto: Especial
El teatro y la poesía son dos de los principales intereses de Regina Kalach Atri (Ciudad de México, 1953), autora de Voces en el alba y Espejo de mareas que, publicado por la editorial Praxis, se presentará el próximo 13 de octubre en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica. Kalach es maestra en Humanidades por la Universidad Anáhuac y participó durante más de ocho años en el taller de análisis de dramaturgia de Hugo Argüellles. Sobre Espejo de mareas, del que tomamos los poemas que aparecen en esta página, comenta: “He querido expresar por medio de la palabra mis fascinaciones, abismos, asombros y obsesiones. Asomarse a ese ‘espejo de mareas’ es adentrarse en el mundo íntimo de un ser humano que ha querido abrir una ventana al lector”.


Regina Kalach Atri

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