jueves, 31 de enero de 2013

UNA ENTREVISTA, A PROPÓSITO DE LA NOVELA "ÓSCAR Y LAS MUJERES", LA MÁS RECIENTE DE SANTIAGO RONCAGLIOLO, EN LIBRERÍAS EN MÉXICO A PARTIR DEL 20 DE FEBRERO. ENTÉRATE:





Entrevista con Santiago Roncagliolo
Acaba de publicar su novela más reciente, 'Óscar y la mujeres'

"El culebrón es
el Shakespeare de América Latina"
Por ALBERTO OJEDA | Publicado en EL CULTURAL el 19/02/2013




Cuando un escritor confunde la vida con sus ficciones tiene un problema. Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) confiesa que lo padeció alguna temporada. Perdió de vista cuáles eran las referencias sólidas a las que debía aferrarse: su hijos, su mujer... Estaba más volcado en sus narraciones y las servidumbres promocionales de sus libros que en su propia familia. Al protagonista de Óscar y las mujeres (Alfaguara), su última novela, le sucede lo mismo pero multiplicado por mil. Es guionista de los culebrones más exitosos de América Latina pero en su esfera personal, sobre todo en su relación con el universo femenino, todo es fracaso. Cuando escribe se siente un demiurgo capaz de controlar cada detalle pero cuando sale de ese ámbito se pierde irremisiblemente. El escritor peruano despliega un ejercicio de autoparodia hilarante que invita a la carcajada ante las dificultades que tiene un hombre-niño para convertirse en un hombre adulto.

Pregunta.- Tres citas encabezan el libro. "El arte imita a la vida", Aristóteles. "La vida imita al arte", Oscar Wilde. "La vida imita a la televisión barata", Woody Allen. ¿Cuál le parece más acertada?
Respuesta.- La de Woody Allen, sin duda. La vida está llena de giros fallidos, de historias que no se cierran, o que nunca se abrieron bien. Dios es un guionista de telenovelas baratas, igual que Óscar, el protagonista de mi novela.

P.- En su caso la confusión de la realidad y la ficción es un síndrome grave. ¿En qué medida le sucede a usted también cuando escribe?
R.- Todos mis personajes tienen mucho que ver conmigo. Suelen ser una deformación. Yo también escribí culebrones. También viví inmerso en mis ficciones y en mi vida de escritor, viajando por medio mundo promocionando mis novelas. Me costó mucho darme cuenta que mi vida estaba en mi gente más cercana, en mis dos hijos, en mi esposa... Pero hubo un momento en que vi claro que debía convertirme en un adulto funcional. A Óscar le pasa lo mismo. Él es una autoparodia de mí mismo.

P.- ¿Cómo fue su experiencia de guionista de culebrones? ¿Le ha servido mucho para su carrera posterior como novelista?
R.- Los guionistas de culebrones no pueden permitirse el lujo de bloqueos creativos. De pronto, tienes que rellenar 40 páginas de un día para otro. Aunque estemos hablando de culebrones malos, es un trabajo duro... Además, tienes que cumplir con una regla de oro: la protagonista buena debe mantener la virginidad durante 120 capítulos. Algo muy complicado: en la vida real la pierden a los tres. Todo eso supone que tienes que manejar la historia para demorar la consumación del amor hasta el final. Después de hacer algo así, uno está preparado para escribir las historias más inverosímiles.

P.- ¿Sentía que era necesario dignificar el culebrón?
R.- El culebrón ya está dignificado por sí mismo. Es el Shakespeare de América Latina, el único género que hemos inventado nosotros y que cuenta nuestra historia del último siglo. En realidad, lo que yo hago es desdignificar el culebrón, porque Óscar escribe los de la peor especie, basados en clichés anticuadísimos sobre las mujeres y vida en general.

P.- El que sí ha reivindicado mucho las bondades del culebrón ha sido Boris Izaguirre...
R.- Boris es un fenómeno de la naturaleza. He trabajado varios años en radio con él. Es una de esas personas que si entras con ella en un lugar con gente consigue que nadie te mire a ti. Tiene un talento fascinante.

P.- ¿Entonces es Miami la capital del culebrón?
R.- Sí, es allí donde se facturan las telenovelas que luego se emiten por toda Latinoamérica. Es un lugar muy peculiar. Es Estados Unidos pero no es Estados Unidos. Es Cuba pero no es Cuba. Es un sitio perfecto para ambientar una comedia. Y me daba mucho juego porque yo sabía que Óscar odiaría Miami. Fíjese que es un tipo que no sabe conducir. Eso en Miami es como un suicidio.

P.- Ha dicho que la mejor literatura no se está escribiendo ahora para los libros si no para la televisión. ¿No es tirarse piedras a su tejado?
R.- Es así. Puede verse en series como The Wire, o Boardwalk Empire... Están superando incluso al cine, que es mucho más previsible y convencional y aburrido... Yo soy un contador de historias. No pienso en cuestiones gremiales.

P.- Óscar ofrece una visión de los hombres bastante deplorable. ¿Más piedras sobre tejado propio?
R.- Está claro que el hombre es una especie en decadencia. Desde que asiste a la liberación de la mujer no sabe qué papel debe ocupar en el mundo. Está muy perdido y asustado. Óscar tiene ese problema todavía más agravado porque sólo sabe relacionarse con las mujeres que él mismo diseña en la ficción pero con las reales todos sus contactos son un desastre.

P.- ¿Y cómo fue la comercialización por entregas en digital de la novela, al estilo de los folletines decimonónicos?
R.- Yo tengo bastante interés por Internet y sus posibilidades para la literatura. Ya hice en su día una novela colectiva junto a Fernández Mallo y Cristina Fallarás. También he tenido un blog. Esto me lo propuso la editorial y me pareció muy buena idea. Al fin y al cabo era fiel a la estructura de las telenovelas, que entran cada día en el salón de tu caso. Ha tenido mucho impacto en las redes sociales. Tengo muchos amigos intelectuales que piensan que Internet es el fin de los libros. Este experimento demuestra que se puede utilizar para promocionar un libro de papel. Los dos formatos no tienen por qué mutilarse. Pueden complementarse.






Óscar y las mujeres
Santiago Roncagliolo
  

Óscar Colifatto viste de riguroso negro y detesta la luz del sol, las calles frívolas y chillonas de Miami, los animales y los niños..., lo detesta todo menos a sí mismo. Maniático e hipocondríaco hasta el extremo, trata de mantenerse aislado del mundo para que nada ni nadie trastoque su monótona rutina como guionista de culebrones.

Ha de escribir una nueva telenovela que restituya su fama perdida, pero su creatividad se ve mermada a raíz del abandono —debido a un pequeño incidente— de Natalia, la mujer con quien convive desde hace seis años.

Una vecina explosiva e iluminada de los libros de autoayuda, el adorable perrito de ésta, un exigente productor de telenovelas, una prostituta enviada por este último para calmar el desamor y un hijo que tuvo trece años atrás se entrometen en su proceso creativo. Y en el centro de la trama, Óscar, uno de esos personajes maniáticos, patéticos y freaks pero al mismo tiempo entrañables que quedan en la memoria para siempre.


Comentarios:

«Tiene oficio y una mirada llena de fuerza.»
The Times Literary Supplement

«Un lenguaje poderoso y un estilo brillante y ágil.»
The New York Times

«Roncagliolo reinventa el realismo mágico con métodos modernos.»
Süddeutsche Zeitung

«Constatar la destreza de Roncagliolo para retratar la complejidad de la experiencia, con sus luces y sombras, así como para trazar conexiones entre las peripecias de sus personajes.»
Ricardo González Vigil, El Comercio (Perú)

«Roncagliolo posee un pulso seguro, con hallazgos constantes.»
Antón Castro, Heraldo de Aragón

«Un autor de escritura ágil y efectiva.»
Lluís Satorras, Babelia, El País

«Si una cosa caracteriza a Roncagliolo es la habilidad co la que se enfrenta a cualquier género así como su capacidad para salir indemne.»   Óscar Carreño, Quimera

RECUERDA: EN LIBRERÍAS EN MÉXICO, A PARTIR DEL 20 DE FEBRERO EN LA MESA DE NOVEDADES

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