jueves, 20 de enero de 2011

BRAULIO PERALTA en LABERINTO 397 de MILENIO. Sábado 22 de enero.




A salto de línea

Bellas Artes: museo o teatro vivo

Braulio Peralta

No acostumbro escribir “bien” de ninguna autoridad a cargo de las instituciones culturales en México. Si algo está bien hecho forma parte de las obligaciones para las que fueron contratados. Por ello mi crítica ha ido siempre enfocada sobre el suceso que se da en alguna institución cultural. Escribir de la cultura, no de los funcionarios.

Hoy quiero hacer la excepción.

Pareciera que todos nos sentimos dueños del Palacio de Bellas Artes, o el “teatro Blanquito” —en chiste de José Antonio Alcaraz (qepd). Pero pocos sabemos las dificultades técnicas que enfrenta esa pieza arquitectónica, Patrimonio Artístico, desde 1987. Una tramoya que data de 1908 y que, a los tiempos actuales, enfrenta las dificultades técnicas para las grandes óperas, conciertos, escenografías, todo un sistema de cambios de escena que la hacen anacrónica para las vanguardias culturales, hoy.

Los grandes teatros del mundo han venido renovando sus torres de tramoya, la acústica, el mobiliario, aun cuando son recintos escénicos considerados tesoros de la nación. Bellas Artes no es la excepción en el mundo, más bien es un retraso a esa modernidad. Bellas Artes se ha venido parchando a lo largo de décadas, sin realizar un trabajo profundo, con tecnología de punta.

Desde 2002 se pidió un estudio con esas intenciones, cuando aún ejercía la dirección de Bellas Artes Teresa Franco. Fue el Ingeniero Domingo Pánico el encargado de hacerlo. Su única recomendación: cambió de cableado de la instalación eléctrica. Creo, de aquí, viene el inicio de la grilla. Porque Teresa Vicencio decidió cirugía toral al coloso de mármol con presupuesto de 700 millones de pesos.

La polémica que sigue a la decisión —que llevó poco más de dos años concluir el remozamiento—, aun no es transparente. Apenas hace unos días tres diarios “de circulación nacional” no se ponían de acuerdo en su manera de informar. Leía en Milenio: “Diputados federales, satisfechos por la restauración…” La Jornada: Diputados visitan el recinto para conocer el origen de la polémica por su remozamiento”. El Universal: “Diputados respaldan obras en Bellas Artes”. ¡En el verbo está la diferencia!

Lo anterior cuando ni siquiera conocemos el dictamen que la semana próxima otorgarán las autoridades competentes; cuando el International Council of Monuments and Sites, ICOMOS, tampoco han dado su veredicto oficial, más allá de declaraciones descalificadoras. Y cuando Teresa Vicencio declaró a quien le diera un espacio público que lo hizo en “absoluto respeto del patrimonio artístico y arquitectónico”.

Creo que todos deberíamos esperar antes de politizar y polemizar sin todos los argumentos de la información. Pero me atreveré a decir algo a favor de la decisión de Teresa Vicencio. Claro que el recinto era ineficaz de cara a la modernidad. Claro que necesitaba estar en la vanguardia. Mejor un teatro vivo que un museo inútil y turístico. El recinto debe ser para los artistas de hoy.

Dejemos que venga la temporada programada este año. Ahí descubriremos quién miente: las autoridades o los polemistas, por cierto, muchos de ellos antiguos funcionarios de la institución. Bellas Artes necesitaba cambios drásticos. Dejemos atrás la idea de “nadie se mueva en la foto”. Hay que proponer con el riesgo de perder ante los estáticos. Teresa Vicencio corrió el riesgo. No creo que pretenda quedar manchada para siempre en la historia de la cultura por su intención “deliberadamente destructora”. Pronto lo sabremos.

Coda

Mis comentarios intentan ser una posición objetiva, no una inserción pagada.

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