domingo, 22 de mayo de 2011

J.J. MILLÁS EN "EL ÁNGEL" DE REFORMA: EL INVENTOR DEL DIVÁN:




El inventor del diván


Por Juan José Millás

(22 mayo 2011).- Si un día me animara a escribir una historia de los objetos, dedicaría un capítulo al diván, que fue el precursor del psicoanálisis. Hasta el descubrimiento del inconsciente, no se sabía muy bien para qué podía servir un mueble tan raro. Quizá Freud lo vio de pequeño en una tienda, acompañando a su madre a comprar una cama turca, y esa visión terrible de un mueble sin función determinó su vida.

De hecho, no paró hasta que le encontró una utilidad que se plegara a sus formas: la del análisis. Personalmente, puedo asegurar que si no me hubiera psicoanalizado, no habría tenido la oportunidad de usar nunca un diván, que no es un bicho doméstico, pues para permanecer sentado resulta incómodo y para estar acostado insuficiente.

No le den más vueltas. El inventor del diván era un poeta que se anticipó en varios siglos al descubrimiento del psicoanálisis. Los poetas tienen intuiciones de este tipo. De todos modos, hay unos divanes más austeros que otros.

El de mi analista, aunque bueno para la espalda, era terrible para los sentimientos porque tenía algo de catafalco o de mesa de autopsias. Siempre pensé que se lo había hecho un amigo aficionado al bricolaje, lo que no me parecía mal. La deconstrucción personal que se lleva a cabo en una sesión tiene mucho que ver con la terapia manual, sobre todo a la hora de ocultar las piezas que sobran cuando empiezas a montarte de nuevo.

Después de que me diera de alta, intenté comprarle el diván a mi analista, para continuar practicando en casa, por mi cuenta. Ella lo interpretó como una resistencia a desprenderme de las menudencias anímicas que se me habían caído en la tapicería del mueble, como las monedas que se salen de los bolsillos cuando uno se sienta en los sofás y aparecen entre sus cojines meses más tarde.

El caso es que no me lo vendió y ahora a veces meto la mano en los bolsillos psíquicos, buscando una manía para defenderme de algo que me duele y no encuentro ninguna porque se quedaron todas en el diván, como la calderilla del alma. ¡Qué loco, el inventor de ese trasto!

Escritor español

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