viernes, 25 de abril de 2014

LA ILUSIÓN DE LA REALIDAD: ¿QUÉ VE NUESTRO CEREBRO CUANDO LOS OJOS NO VEN?


25 de Abril 2014
Buscando magufos para el último artículo, me encontré con una práctica que prometía producir alucinaciones (de una forma más que económica) a la cual no podía dar crédito, no había forma de que una cosa así pudiera ser cierta.

La técnica en cuestión es conocida como “El Procedimiento Ganzfeld” y lo primero que descubrí fue un esquema que detallaba una forma simple de llevar a cabo este experimento.


[...] Comienza por encender la radio y colocarla en una frecuencia en la que suene ruido (blanco). Después, túmbate en el sofá y pega con cinta un par de mitades de una bola de ping pong sobre tus ojos. En cuestión de minutos, comenzarás a experimentar una serie de distorsiones sensoriales. Alguna gente ve caballos corriendo entre nubes u oyen la voz de algún familiar muerto. Resulta que la mente tiene adicción por las sensaciones, así que, cuando hay poco que percibir, [...] tu cerebro acaba inventándose sus propias sensaciones.




Dispuesto a descubrir si esta técnica tenía validez cientítfica me puse a buscar alguna fuente que pudiera probar la veracidad del método de Ganzfel, para lo cual, comencé mi búsqueda por algo sencillo, consultar la Wikipedia.

Según la enciclopedia digital, el experimento Ganzfeld es:


(Una) técnica empleada en el campo de la parapsicología para probar la percepción extrasensorial de las personas.
[...] Parapsicólogos como Dean Radin y Daryl J. Bem ponen de manifiesto que los experimentos ganzfeld han ofrecido resultados que se desvían de la aleatoriedad hasta un nivel estadístico significativo y que esos resultados presentan algunas de las pruebas cuantificables más fuertes de telepatía hasta día de hoy.

Pues empezamos mal.

El método Ganzfeld parece ser una técnica parapsicológica utilizada por algunos “doblacucharas” para intentar demostrar que existen la telepatía basándose en supuestas pruebas “científicas”. De momento, todo parecía indicar que el Procedimiento Ganzfeld se trataba de otro bulo pseudocientífico.

Pero de entre toda la morralla parapsicológica, un detalle me llamó la atención, el experimento Ganzfeld tenía como objetivo provocar experiencias similares al aislamiento sensorial, una técnica de la que ya había oído hablar con anterioridad en algún texto sobre psiconáutica.

La entrada de Wikipedia sobre aislamiento sensorial nos cuenta que ésta es “una técnica usada en medicina alternativa y psicología”. Bueno, parece que algo vamos mejorando. Pero existe todo un mundo más allá de la Wikipedia y resulta que el aislamiento sensorial ha sido una técnica ampliamente estudiada en el ámbito de la psicología. Pero para saber más al respecto, vamos a remontarnos a los orígenes de esta técnica.

Un repaso a la historia del aislamiento sensorial como método científico

Hasta mediados de los años 50 se pensaba que el sistema nervioso central requería de un flujo constante de estímulos exteriores para funcionar con naturalidad y que, en ausencia de los mismos, el cerebro simplemente entraría en una especia de estado de coma o reposo.

Para corroborar esta teoría, en 1954 el Profesor John C. Lilly realizó una serie de experimentos en los que se sometió a los pacientes a una reducción de la “actividad absoluta de estímulos físicos recibidos” desde el exterior. Para ello, Lilly se encargó de diseñar lo que denominó “tanques de aislamiento”, unos contenedores de forma ovoide que contenían una solución salina a una temperatura de 34.5ºC en la que los individuos se introducían con una máscara que anulaba completamente la visión, de este modo los sujetos del experimento veían reducidas de forma significativa la cantidad de estímulos que recibían de forma auditiva, visual y táctil.


John Lilly es, sin duda, un personaje curioso dentro del panteón de psiconautas. Tras renunciar al puesto que había ocupado por casi 8 años en el Instituto Nacional de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), se dedicó a intentar crear, mediante el uso de ordenadores, un lenguaje de comunicación entre los seres humanos y los delfines dentro de lo que denominó “proyecto JANUS” (Joint Analog Numerical Understanding System), acrónimo forzado deliveradamente para que coincidiera con el nombre (en inglés) del dios romano Jano, una deidad consagrada a los procesos de transición, el dios del principio y del fin, prediciendo que su investigación sería el punto de incio de una sociedad en la que cetáceos y humanos podrían vivir en armonía en condiciones de igualdad intelectual.

En 1961, Lilly formó parte de la primera conferencia del proyecto SETI, en la cual se discutió sobre la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre según la famosa ecuación de Drake. 

En 1964, Lilly entra en contacto con la LSD y se lanza a experimentar con esta sustancia en sus dos ámbitos de investigación, los delfines y los tanques de aislamiento (de las experiencias de este último campo surgiría el libro “El Centro del Ciclón”). A principios de los años 70, Lilly es introducido al uso de la ketamina como alucinógeno por el Dr. Craig Enright, lo que añadiría una sustancia psicoactiva más a la vida del “hombre de los delfines”, como ya se le conocía por esa época.

Las investigaciones que continuaron con el trabajo de John Lilly fueron llevadas a cabo por Donald Hebb en la Universidad de McGill (Canadá) y suponen uno de los capítulos más oscuros de la historia médica de Canadá. Estos experimentos se centraron en incrementar tanto la intensidad como la duración de la privación sensorial en una serie de experimentos que se sospecha estaban financiados por la CIA dentro del proyecto MK-Ultra con el fin de descubrir nuevas formas de lavado de cerebro (McCoy, 2007).

Los resultados de este último experimento demostraron que tras varias horas de privación sensorial, los sujetos tenían problemas para generar ideas y pensamientos organizados y eran más propensos a la sugestión de nuevas ideas, se descubrió que la magnitud de las alucinaciones incrementaba con el tiempo permanecido en condiciones de privación sensorial y aquellos sujetos que permanecieron en condiciones de aislamiento por periodos superiores a 72 horas siguieron experimentando estas alucinaciones hasta 24 horas después de la finalización del experimento.


Tristemente, ésta no ha sido la única aportación canadiense al temido proyecto MK-Ultra, ya que se sabe que un gran número de huérfanos del orfanato Du Plessis, que fueron catalogados como enfermos mentales de forma totalmente arbitraria, también sirvieron de cobayas humanos en experimentos sobre métodos de tortura y lavado de cerebro, todo esto apenas una década después de los crueles experimentos en los campos de concentración nazi.


Los resultados de todos estos experimentos, llevados a cabo en los años 50 y 60 mayoritariamente, han sido objeto de mucha controversia tanto por sus métodos como por la validez de sus resultados. Estudios contemporáneos a éstos, en los que se llevaron a cabo exposiciones prolongadas a condiciones de ausencia de estímulos exteriores o exposiciones a estímulos sin un patrón lógico aparente, parecen desmentir la ocurrencia de alucinaciones de tipo visual o auditivo en la mayoría de los pacientes (Cameron y otros, 1961), pero investigaciones más recientes sí que parecen haber encontrado evidencias de alucinaciones producidas por condiciones de aislamiento sensorial en periodos de incluso únicamente 15 minutos (Mason, 2009).

Este mismo estudio incluso sugiere que los sujetos con mayores tendencias a percivir alucinaciones o los sujetos con tendencia a sufrir trastornos esquizotípicos experimentan mayores alteraciones sensoriales, anhedonia y paranoia en condiciones de privación sensorial a corto plazo, lo que supone que el aislamiento sensorial podría ser utilizado como una herramienta de diagnóstico prematuro de ciertas enfermedades mentales. Pero los resultados son todavía poco concluyentes, existen pocos estudios al respecto y cierta controversia en torno a este estudio en particular (Bell, 2010).



Podemos encontrar, de todos modos, dos técnicas de alteración sensorial muy similares pero que merecen distinción. El aislamiento sensorial consiste en la reducción de la cantidad de estímulos que un individuo percibe desde el exterior (el sujeto puede ser confinado en un espacio a oscuras o en completo silencio, por ejemplo en una cámara anecoica), mientras que la denominada “privación perceptual” se consigue mediante una “ausencia o disminución de grupos significativos de estímulos, que puede deberse a un ruido de fondo constante y/o a una iluminación insuficiente constante” (generalmente se consigue mediante el uso de ruido blanco en lugar de sonido y luces tenues y monocromas, en lugar de oscuridad), como es el caso del controvertido “Procedimiento Ganzfeld”.

Los efectos de estas dos técnicas son bastante similares, pero parece ser que la privación perceptual es el método más eficaz para producir alteraciones psicológicas como alucinaciones o ansiedad. Se sabe, desde los años 60, que la privación perceptual produce una reducción de las frecuencias del lóbulo occipital de una forma más significativa que el aislamiento sensorial, lo que podría explicar las diferencias en cuanto a perturbaciones sensoriales entre estas dos técnicas (Zubek y Welch 1963).


Otros casos similares de alucinaciones provocadas por la ausencia de estímulos exteriores

Una vez que alguno de nuestros sentidos se ve dañado hasta el punto de ser anulado o su función se ve reducida, la región cerebral encargada de percibir dichos estímulos suele ser reorientada hacia la recepción y procesamiento de otro tipo de estímulos en lo que se conoce como “plasticidad cruzada” o “plasticidad intermodal” (cross-modal plasticity).

Pero ocurre en ciertos casos, que no se da esta plasticidad intermodal y el área cerebral encargada de recibir y procesar un tipo particular de estímulo se mantiene intacta. Este área sufrirá, por tanto, una especia de aislamiento sensorial, que en algunos casos provoca la aparición de alucinaciones, principalmente de tipo visual, en personas mentalmente sanas. Esta patología se conoce desde el siglo XVIII como el “Síndrome de Charles Bonnet“, en honor al biólogo y fisiologo suizo homónimo, quien la catalogo por primera vez.

Tanto en el caso de los experimentos de aislamiento sensorial como en el Síndrome de Charles Bonnet, se cree que las alucinaciones surgen a raíz de un fallo de las habilidades metacognitivas involucradas en discriminar entre fuentes de información autogeneradas (internas) y fuentes de información externas.

Para todos aquellos que estéis interesados, el neurólogo Oliver Sacks dedicó una TED Talk en el año 2009 a este fenómeno titulada “¿Qué revelan las alucinaciones sobre nuestras mentes?”.

Repercusiones sociales de estos estudios y del proyecto MK-Ultra

Cuando las atrocidades del proyecto MK-Ultra fueron reveladas a finales de los años 70 (pese a que la mayoría de los documentos habían sido destruidos previamente en 1973), el ya maltrecho (tras el caso Watergate) prestigio de los servicios de inteligencia estadounidenses se vió seriamente perjudicado. Pero es bien sabido que la opinión pública es olvidadiza y ya nadie guarda ningún rencor hacia esos hechos pasados, aún cuando estas mismas técnicas de tortura y lavado de cerebro se siguen utilizando a día de hoy en lugares como la cárcel de la Bahía de Guantanamo o la cárcel naval de la base de Charleston en Hanahan (en California del Sur).

Sin embargo, algunas de las repercusiones a largo plazo de estos hechos aún perduran y curiosamente han sido bastante beneficiosas para los intereses del gobierno norteamericano. Una de las secuelas más importantes que trajo la revelación del proyecto MK-Ultra fue la exposición por vez primera de que la psicología y las drogas eran algunas de las potenciales herramientas usadas por los gobiernos con fines de control mental (no solo del gobierno estadounidense sino también por los gobiernos comunistas de Rusia y China), lo que automáticamente supuso una demonización de las mismas.

Como siempre, es interesante recurrir a la ciencia ficción, como el espejo en el que se reflejan los miedos de la sociedad de una época concreta, para darnos cuenta de que este temor al aislamiento sensorial y a las drogas como herramientas de control mental fue un tema recurrente en los años 60. 

Es interesante destacar algunas películas como “The Tingler” (1959) y su relación con la LSD, o series de televisión como la celebérrima “The Twiligh Zone”, serie cuyo primer episodio trata casualmente de forma directa el tema del aislamiento sensorial. Otras películas posteriores, como The Mind Benders(1962) o Altered States (1980), tratan una temática que guarda relación con la el aislamiento sensorial y el miedo de la sociedad a esta técnica psicológica. 

Una curiosa excepción a esta tendencia (bastante más actual) sería el capítulo “Dejad sitio a Lisa” (episodio 16 de la décima temporada) de la serie de televisión “Los Simpsons”, en el cual Homer y Lisa se embarcan en un viaje introspectivo mediante el uso de tanques de aislamiento.


Pero los años dorados de la experimentación con tanques de aislamiento quedaron atrás y aunque parece ser que esta técnica esta viviendo un tímido resurgimiento en algunos ambientes alternativos de los Estados Unidos, sus estrambóticos adeptos se alejan del estereotipo del científico de bata blanca y entran más bien en la categoria de freaks con derecho a merecer un apartado en alguna de las secciones de VICE o de parapsicólogos con un completo desconocimiento de los avances científicos de los últimos 50 años.



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