jueves, 16 de septiembre de 2010

FERNANDO V ZAMORA comenta para LABERINTO 379: EL ESCRITOR FANTASMA de POLANSKI

Hombre de celuloide

Autorretrato como escritor fantasma

¡Polanski!

Fernando Zamora Twiter: @fernandovzamora

Los actores:


La escena:


Roman Polanski, a la manera de los pintores del XVII, suele encontrar espacio para introducir, en sus obras, autorretratos. En los guiños histriónicos de Ewan McGregor uno adivina el carácter del director que se ha retratado aquí como escritor fantasma, uno que, con pasado brumoso y buena pluma, ha sido contratado para escribir las memorias de un “ficticio” premier británico. Como tal —esto es, como fantasma del primer ministro— el nombre suyo será borrado de la historia oficial. La verdadera historia ha de volar por las calles húmedas de Londres durante una de las mejores secuencias que ha filmado Polanski. Con profundas dosis de metáfora, la escena tiene sabor a divertimento.

The ghost writer tiene entonces dos caras. En una hay un thriller político y en la otra un juego de ironías que se siente desde el principio, allá al fondo, subrayado siempre con la música juguetona de Alexandre Desplat.

Y como sucede a menudo con obras de semejantes tamaños y lecturas, la película parece lenta al principio, pero una vez que despega, cargada con la brillantez de sus propias convenciones, el espectador avezado entiende que está frente a una de las mejores películas de Polanski. No es poco: En 1971, con Macbeth, el realizador estuvo a la altura de Shakespeare.

En este retrato suyo como escritor fantasma, el director aprovecha para burlarse de la idea de justicia que tiene la democracia estadunidense. Luego de un juicio que recuerda las cacerías de brujas, de comunistas o de pederastas que han emprendido en diversos momentos los gobiernos de Estados Unidos, Polanski tiene ya el privilegio de haber vivido en carne propia lo que se entiende en Washington cuando se dice justicia. Y es la ironía en torno a este concepto lo que conecta el nivel de thriller político, en The ghost writer, con el nivel de burla o divertimento.

Pocos artistas como Polanski (sólo Kubrick, Coppola, tal vez Bertolucci y Kurosawa) han conseguido indagar en los diversos géneros teatrales y fílmicos con igual éxito. La danza de los vampiros (una farsa), El pianista (una tragedia), El bebé de Rosemary (cine de terror) o Tess (una pieza) lo confirman como referencia obligada en la historia del cine.

En todas estas películas el realizador se ha retratado en diversas formas: como cazador de vampiros, como pianista, como esposo y como traidor. En The ghost writer se retrata como este amanuense que luego de una relación ominosa (tal vez sea el fantasma de Sharon Tate quien persigue al escritor fantasma) continúa enamorado de las mujeres, pero ya sin capacidad de compromiso. Una de las escenas que más remiten al carácter real de Polanski es esa en que el fantasma luego de haberse acostado con la mujer del Premier evade las confesiones y apurado se pone los calcetines. No está el director para confesarse. En todo caso está para reírse de sí mismo en esta pequeña película que entretiene con la delicadeza de quien sabe ser, a un tiempo, juguetón y profundo.

El escritor fantasma (The ghost writer). Dirección: Roman Polanski. Guión: Roman Polanski basado en la novela de Robert Harris. Fotografía: Pawel Edelman. Música: Alexandre Desplat. Con: Ewan McGregor, Olivia Williams y Pierce Brosnan. Alemania, Francia, Gran Bretaña, 2010.

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