jueves, 23 de septiembre de 2010

FERNANDO V ZAMORA en Laberinto 380 comenta VINCERE: La amante de Mussolini


Hombre de celuloide
Cinco minutos para vencer a Dios

Fernando Zamora
Twitter: @fernandovzamora



Si en el gran cine de Hollywood hay siempre una emocionante carrera de coches (o su equivalente), en el gran cine europeo hay, siempre, una buena escena sexual. La hay en Vincere, esta magnífica película de Marco Bellocchio que, retomando el estilo visual de la propaganda fascista, la vuelve contra sus creadores para demostrar, otra vez, que el cine es un arte visual.

Para contar la historia del ascenso del Duce, Bellocchio echa mano de la imagen del futurismo y mezcla secuencias de época con retratos de una mujer loca y escenas del cine mudo: Mussolini lesionado mira en el techo de un hospital la escena cumbre del Christus de Giulio Antamoro. La imagen del hospital en ruinas, las enfermeras-monja, los heridos y el retrato de Alberto Pasquali interpretando al Cristo que muere tienen su dosis de belleza, de ironía y de señalamiento social.

En el jardín de un manicomio las enfermas miran The Kid de Charles Chaplin. La escena en que Charlot besa al niño Jackie Coogan y lo empapa de lágrimas se ve cargada de significación toda vez que sabemos que a la heroína de esta historia le han arrancado a su niño.

Durante una escena temprana en el filme, Mussolini y su amante miran una película de guerra. “¡Viva Italia!” Grita el joven Benito. Otros, pacifistas, gritan “¡Viva la paz!” Los fascistas se enojan, comienza la lucha. El pianista en el cine no deja de tocar.

Que el neorrealismo italiano es uno de los grandes momentos de la cultura humana, es un lugar común que a nadie escapa. Lo que sorprende es, sin embargo, que los directotes italianos hayan conseguido sobreponerse a semejante tradición para crear otra cosa. Ahí están: Il divo de Paolo Sorrentino, Gomorrah de Matteo Garrone y este Vincere de Marco Bellocchio.

Visto que Vincere está narrada en estilo modular (pequeñas historias cerradas sobre sí mismas que van avanzando la trama principal) da la impresión a veces de ser lenta. A diferencia del cine hollywoodense, que nos ha acostumbrado a saber más o menos en qué parte de la película estamos, aquí el tiempo escapa. Y desde el limbo nos introduce en una compleja historia de amor: y mientras que la protagonista trata de olvidar, Italia se llena de la imagen del amado. Así sucede: En el duelo amoroso, todo evoca el rostro de lo perdido; más si el amado es especialista en el culto a la personalidad. ¿Quién puede amar tanto a Mussolini? Vincere reflexiona en ello, en la historia de Italia y en el génesis de las masacres de la Segunda Guerra Mundial. Y es aquí donde el filme adquiere un profundo nivel reflexivo: ¿Dónde está Dios? Durante la primera secuencia Mussolini pide a un hombre en un mitin que le preste su reloj.

“¡Dios no existe!” Grita el futuro Duce. “Y si existe tiene cinco minutos para matarme”. Hacia el final de la película, en un montaje que deconstruye el tiempo, Bellocchio retoma esta secuencia. Y es tan hermoso que recuerda aquella escena de Proust en que Combray entero y sus alrededores, pueblo y jardines, salían de una taza de té.


FICHA
Vincere (La amante de Mussolini). Dirección: Marco Bellocchio. Guión: Marco Bellocchio y Daniela Ceselli. Fotografía: Daniele Ciprì. Música: Carlo Crivelli. Con: Giovanna Mezzogiorno, Filippo Timi y Corrado Invernizzi. Italia, Francia, 2010

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