viernes, 10 de septiembre de 2010

HERIBERTO YÉPEZ en LABERINTO 378

EL GRITO ES UN RITO



Psicoanálisis del Bicentenario

Heriberto Yépez

Clave: el día de Independencia es conocido como la ceremonia de “El grito”.
La expresión ha perseverado debido a su carga inconsciente. No es mera conmoración oficial —tiene fuerza popular— ni fiesta prosaica. El grito es un rito.
El g/rito expulsa emociones negativas; es “Grito de Dolores”. Dolores, Hidalgo e inconscientemente, dolor y rabia mezclados.
El g/rito tiene tres funciones: simular festejo; descargar sufrimiento y darnos seguridad elogiando un estado de no-cambio cultural.
Hay un parto —lo que “independencia” señala— pero dificultad. Por eso la rabia.
Cuando se grita “Viva México” se completa “Hijos de su pinche madre”. Una re-afirmación unida al coraje. G/rito ingrato, agrio.
Lo que caracteriza este Bicentenario es insatisfacción e impotencia.
Observado dentro de su ciclo mítico, el g/rito es una etapa de traba, en que la identidad histórica (cambiante) mexicana es un obstáculo para obtener libertad.
El mexicano se ha identificado con la traba. Para aminorar el dolor, la convierte en orgullo. “México” como escudo de fijeza.
El g/rito: “Viva somos-los-mismos”. “200 años orgullosamente mexicanos”, lema oficial. Ser mexicano = estar petrificado.
Por eso se reelegirá al PRI —cuyo impasse está en su nombre y es símbolo inconsciente de anti-fusión—; las fuerzas que constituyen al mexicano están paradas. Atrapados, nos identificamos con el agresor. (Síndrome de Esto-es-el-Colmo).
El Bicentenario es un rito sobre dos procesos que no han podido lograrse: la autonomía psíquica (la “independencia”) y el autosustento (la “revolución”).
Esta circunstancia es compartida por millones debido a circunstancias éticas (valores familiares y religiosos que traban la autonomía psíquica) y sociales (injusticia, ignorancia, corrupción y pobreza). La mexicanidad como impedimento a la libertad.
El Bicentenario consiste en un g/rito defensivo en torno a no poder volvernos Otros.
Si la frustración crece, el g/rito devendrá atentado, llanto; si el g/rito se repite y nada nuevo ocurre, se pasará de la impotencia al total desánimo, a la apatía.
El Bicentenario es denial. Negación a darnos cuenta que lo mexicano está caducando.
Somos una cultura sin voluntad masiva de actualización. Por lo tanto, a pesar del disgusto que causa esta fijeza, la inercia identitaria alaba al ego. Para mantener esa identidad anacrónica fantaseamos que podemos permanecer los mismos. “En México nada va a cambiar”, queja y, a la vez, alivio, deseo.
Lo que el Bicentenario quiere esconder es que los mexicanos ya estamos globalizándonos. Para negar la despedida, el Grito como rito de disfraces retro.
El Bicentenario: Halloween Patriótico para simular que todavía somos los viejos mexicanos.
Viejas máscaras mexicanas, despedazándose, llenas de telarañas.

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