sábado, 9 de febrero de 2013

MIGUEL BARBERENA EN REVISTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA "AZ" ESCRIBE ACERCA DE ENRIQUE VILA-MATAS:


Un reportaje cultural de MIGUEL BARBERENA



Texto completo en: http://bit.ly/11Z2f9F


Miguel Barberena

El español Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un escritor exitoso que ha hecho del fracaso el tema de su obra. La paradoja no parece preocuparle: su nueva novela, Aire de Dylan, es una oda al fracaso literario.

“Pocas cosas parecen tan íntimamente vinculadas como el fracaso y la literatura”, escribe de entrada Vila-Matas. Las siguientes 300 páginas son para reafirmar el concepto. Pertenece a la estirpe de Samuel Beckett, el de la famosa cita: “Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez, fracasa mejor” (Worstward Ho, 1983).

El modelo de Vila-Matas es anónimo, perezoso, derrotado. Uno de esos Bartlebys que preferirían no hacerlo, “o como Oblomov, personaje radicalmente gandul de una novela rusa, paradigma del no hacer nada”. O como la frase de Pierre Reverdy que sirve de epígrafe al libro: “Necesito tanto tiempo para no hacer nada que no me queda tiempo para trabajar”.

Vilnius Lancastre, personaje central de la novela, llena el prototipo. En el primer párrafo de la narración ya ha recibido una invitación para participar en Suiza en un congreso literario sobre el fracaso. Y allá irá, con la firme intención de “hacer una exhibición completa y ejemplar en público de cómo se fracasa plenamente y de verdad”.

Vilnius, otro de los innumerables dobles de las (meta) ficciones de Vila-Matas, es barcelonés, cineasta, joven —tendrá unos 30 años— y muy parecido a Bob Dylan, al grado que en la calle la gente se reía al confundirlo con el cantante. Su aire a lo Dylan le había creado algunos problemas, pero a Vilnius le gustaba presentar aquel aspecto “porque creía que le daba un toque de artista sin concesiones”.

La participación de Vilnius en el coloquio suizo sobre la noción del fracaso es sólo una de las líneas de la novela. Porque, como hace siempre, Vila-Matas maneja los hilos de varias intrigas, dejando pistas en el camino. Una de ellas tiene que ver con el proyecto de Vilnius de constituir el Archivo General del Fracaso, una empresa titánica, de aliento borgeano. Otra pista es la biografía novelada que Vilnius y su pareja, Débora, quieren escribir sobre su padre, el célebre escritor Juan Lancastre, quien era el invitado original al coloquio en Suiza. Pero don Juan ha muerto poco antes, fulminado por un infarto. Lástima, porque estaría bien situado para hablar sobre “el fracaso humano por excelencia”: la muerte. Una tercera pista: Vilnius quiere encontrar el origen de una frase utilizada en un cortometraje: “Cuando oscurece siempre necesitamos a alguien”.

¿Esta reflexión es de Scott Fitzgerald, de Erich Maria Remarque, de un libretista de Hollywood o de alguien más? Vilnius y el lector parten juntos en pos de la respuesta.

Hay otras subintrigas que se añaden a las principales, como en un juego de muñecas rusas. La magia de Vila-Matas es hacerlas coincidir, y de manera tan asombrosa, en una narración múltiple, caleidoscopio de variaciones, desviaciones y mutaciones.

Estamos aquí muy lejos del realismo literario. Como hace decir Vila-Matas a uno de sus personajes: “El género realista es una convención muerta, relacionada con un cierto tipo de trama tradicional, con finales y fines previsibles, con diálogos tópicos, con marquesas que salen de casa a las cinco de la tarde y todo eso…”

Aire de Dylan —homenaje a Duchamp y a su Aire de París— es un experimento narrativo irónico, laberíntico y paródico sobre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción. Sobre nuestros rostros y nuestras máscaras. “El fracaso es la prefiguración natural del destino del escritor”, dice Vila-Matas, por interpósita persona, en un momento de la novela. Difícil creerle, cuando escribe libros tan logrados y exitosos como Aire de Dylan.





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