viernes, 15 de noviembre de 2013

ENTRE PREJUICIOS Y SOLVENTE, UNA CRONICA DE LOS "COMBOS REGAETONEROS"



Es sábado en la mañana en la Ciudad de México y caminamos hacia la estación del metro Insurgentes. Nos subimos a la línea 1 con dirección Pantitlán. Ocho estaciones más tarde, en la estación San Lázaro, nos bajamos y cambiamos a la línea B, dirección Ciudad Azteca. Cruzamos los límites del DF hasta llegar a Impulsora y aunque estamos ya en el Estado de México, se siente como si fuera la misma enorme ciudad. A través del amigo de un amigo y después de dejar varios mensajes en muros de facebook, logramos concertar una reunión con Cidel, el líder del combo Panamiur.

Cidel aparece una hora más tarde, con lentes de sol y el pelo parado con gel, pantalones cargo y una playera aerograbada con un 26 al frente y su apodo en la parte de atrás. Inmediatamente nos explicó que “Panamiur surgió el 26 de noviembre del año 2010 en metro Impulsora. Cada combo pertenece a una estación del metro, cada quién tiene su estación. Panamiur nos juntamos en Impulsora”. Su punto de reunión es una sección de las vías del tren abandonadas que corren junto a la avenida Central, a un lado de la entrada del metro, rodeado por puestos ambulantes. Aunque no es necesariamente el lugar más cómodo para reunirse, Cidel y sus amigos lo han tomado como su pequeño territorio. Poco a poco más jóvenes de entre 16 y 24 años empiezan a aparecer. Todos vienen vestidos con sus mejores camisas, peinados increíbles, muchos de ellos rapados a los lados y con mucho gel, lentes de sol fosforescentes, cadenas de fantasía, gorras de beisbol y pantalones entubados de colores brillantes. Muchos de ellos también traen playeras de Panamiur.

"El grupo son 150, 160 chavos", nos explica Cidel mientras van llegando más miembros de su combo, quienes lo saludan haciendo una "P" con sus manos. "Panamiur es un grupo de jóvenes, basado en un mismo género, que es el reguetón; nos gusta salir de fiesta. Aparte de la música, nos gusta la hermandad, somos una familia, nos queremos y nos apoyamos, en las buenas y en las malas”. De pronto, Cidel llamó a todos sus compañeros para que se reunieran, para luego sacar de una mochila una manta con el nombre de un combo rival. Se la habían robado de una fiesta y era una especie de botín de guerra. Todos gritaban y cantaban porras.
Los Panamiur nos invitaron a acompañarlos a una fiesta en algún lugar en el centro, aunque lo único que nos explicaron es que un DJ tocaría reguetón. El plan original era tomar el metro, pero a estas alturas, cuatro granaderos se habían instalado en la entrada de la estación y estaban listos para impedirle el acceso al combo. Al parecer esto era algo normal, así que como plan B pararon dos microbuses y “convencieron” a los choferes de bajar a los pasajeros ahí mismo, cambiaran su ruta y los llevaran a otra estación del metro más adelante. “Suele pasar que a veces no nos dejan entrar al metro y tenemos que secuestrar las micros para llegar a nuestro destino. Hablamos con el conductor y le decimos: ‘somos tantos y vamos a tal lado, háganos una rebajitade tres pesos por cabeza’. Los cambiamos de ruta”. Cediel nos explicaba todo esto mientras nos apretábamos dentro del camión.

El techo del micro estaba aerograbado con la imagen de San Judas. Todos venían cantando porras burlándose de combos rivales, en especial contra los Uvas Kangri, también cantaban un reguetón sobre Panamiur, que sonaba en un celular: "Mi combo, sí que está cabrón, a Impulsora le llegó su tiempo... Somos tu pesadilla... Haciéndote correr desde Azteca hasta Oceanía”. En pocos minutos el microbús olía a una mezcla entre sudor y pegamento. Varios de nuestros nuevos amigos traían estopas o servilletas en la mano empapadas de “activo”. Uno de ellos sacó una lata amarilla, mojó su estopa y amablemente nos ofreció una probada de su mona; declinamos la oferta.

Nos bajamos en la estación San Lázaro, del otro lado de la calle de la Cámara de Diputados. Cidel se adelantó para hablar con los guardias de seguridad en los torniquetes de la estación para negociar que él y sus 150 compañeros pagaran 2x1. El combo avanzaba por los pasillos y andenes de la estación, cantando más porras, mientras el resto de los usuarios que esperaban el metro nos veían con miedo y confusión. De pronto, un empleado del metro llegó corriendo y empezó a escoltar al grupo hasta la parte de atrás del andén. Cuando el tren llegó, entró y explicó a los pasajeros que debían bajarse y cambiarse al siguiente carro. Los Panamiur tomaron el último vagón. La fiesta había empezado.


La primera vez que los noticieros de todo el país empezaron a hablar de los combos fue el 15 de julio del año pasado, cuando más de 600 adolescentes encabronados empezaron a deambularcerca de las estaciones de Insurgentes y Cuauhtémoc, en la colonia Roma, la Zona Rosa y finalmente en el centro comercial Reforma 222. Estaban enojados porque se había cancelado una tocada de reguetón en un bar llamado El África. Había miembros de dos combos rivales y empezaron a pelearse. Más de 200 jóvenes fueron arrestados (y más tarde liberados) y la historia corrió por todos los noticieros y las redes sociales. Al día siguiente, los principales canales de televisión reaccionaron alarmados ante la aparición de una nueva “tribu urbana”, a quienes llamaron los reguetoneros.



Tres semanas después, el 4 de agosto, sucedió otra confrontación en la estación Chabacano, donde se cruzan las líneas 2, 8 y 9, cuando cincuenta miembros del combo Estilo & Clase fueron emboscados por más de 150 porros de Bachilleres y Conalep. Videos grabados por las cámaras de seguridad del metro mostraban explosiones de petardos, y a miembros de los combos destruyendo un par de letreros en el andén. Estos videos se hicieron virales y nuevamente aparecieron en todos los noticieros. Algunos de los reguetoneros involucrados en los desmanes de ese día, declararon a la prensa que tal vez el gobierno estaba detrás del conflicto, que habían enviado porros para provocarlos y hacerlos quedar mal. A pesar de sus sospechas, mucha gente empezaba a ver a los reguetoneros como un problema social.


Tal vez por historias como ésas, los pasajeros del metro se veían asustados mientras los Panamiur brincaban y cantaban dentro del último vagón, aunque nadie fue lastimado ni agredido, ni causaron ningún daño a las instalaciones del metro. Nos bajamos en la estación Candelaria en la línea 1, en la zona de la Merced, salimos del vagón y junto con todo el grupo nos dirigimos a la salida. Subimos las escaleras y fuimos recibidos por otros combos que nos estaban esperando del otro lado de la estación. Los Panamiur gritaban porras: “Hey, su puta madre del Jori se está bañando, ¡eh oh! A orillas de nuestro rumbo, ¡eh oh! Y un Panamiur lo está acechando, ¡eh oh! Con una vergotototota y una mona en la mano, ¡eh oh! Y la banda dice: La vamos a violar, la vamos a violar. Duro, duro, duro por el culo. ¡Pinche vieja puta! ¡Putísima!” Los otros combos contestaban con porras similares. Pronto nos dimos cuenta de que todo esto era un juego y que todos se estaban riendo, pero era imponente ver cómo, por un momento, los combos se adueñaron completamente de la estación.

Mientras salíamos a la calle, parecía que entrábamos a la primer escena de The Warriors, pero en plena luz del día. Miembros de, por lo menos, otros diez combos, con playeras y jerseys de futbol americano, y los nombres de sus bandas, peinados engelados y haciendo señales con las manos de sus respectivos combos estaban listos para empezar la fiesta. Policías los observaban desde lejos, pero se abstuvieron de hacer cualquier cosa. La banda se separó en grupos pequeños, y nosotros seguimos a Cidel entre los puestos del mercado hasta uno que vendía ollas y utensilios de cocina. Detrás del puesto estaba la entrada a una pequeña bodega. Antes de poder entrar, tuvimos que negociar con los líderes de todos los combos presentes. Por obvias razones le tienen desconfianza a los medios. Finalmente nos presentaron a Brenan. Era su fiesta de cumpleaños y también él era el responsable de que todos los combos estuvieran juntos, bailando y tomando sin querer partirse la madre. Brenan era su Cyrus y nos invitó a su fiesta. Entramos y detrás de nosotros se bajó la cortina de metal. Adentro, más de 300 jóvenes, hombres y mujeres tomaban caguamas y algunos moneaban también. El reguetón sonaba a todo volumen desde un sistema de sonido improvisado y varias parejas perreaban al ritmo del dembow.

"A mí me ubican no como un dirigente, sino como un organizador. Yo organizo a la gente, la trato de guiar a que no hagan cosas que no deben de hacer” nos explicó Brenan. El 18 de noviembre de 2011, fundó lo que hoy se conoce como FU Ántrax (Familias Unidas), aunque en un principio algunos también le llamaban La Iniciativa Brenan. “Antes de que se creara FU Ántrax ya existíanlos combos. Pero antes se daba de que yo venía con mi grupo, pero si en la siguiente estación había otro grupo y no los conocía, yo me bajaba. Nosotros aventábamos una porra y ellos igual, y era el enfrentamiento. FU Ántrax se creó para que se acabara todo eso. Ahorita podemos juntarnos 15 grupos y no nos tocamos”.


Brenan trabajó por un tiempo en la puerta de un antro en Ecatepec al que iban varios combos a bailar reguetón, y ahí es donde se hizo amigo de muchos de los líderes. Se dio cuenta de que había fiestas a las que no llegaban más de 30 personas porque tenían miedo de encontrarse con bandas rivales, y que pudieran terminar en pleito. Así que los reunió con el objetivo de poder organizar fiestas más grandes y mejores, en paz. Su fiesta de cumpleaños era una clara muestra del éxito de su iniciativa.

“A la primera junta que hicimos sólo fueron cinco grupos: Sikarios, Metálicos, Pizikatos, los Real y Pauta. Por ejemplo, Sikarios y Pizikatos no se podían ver porque se pegaban. Metálicos y Tíos igual. En la primera cita todos se quedaban viendo a ver a quién tiraba el primer golpe. Pero se hablaron, se sacaron los puntos, y borrón y cuenta nueva” nos dijo Brenan. Estas reuniones, o citas como las llaman ellos, en las que los líderes de los diferentes combos se reúnen para ventilar sus diferencias, discutir problemas con la policía y organizar fiestas aún suceden una vezpor semana. Brenan nos invitó a una de estas reuniones, pero sólo nos permitieron observar desde lejos. Aunque eran 15 jóvenes hablando sentados en las bancas de un parque, al poco tiempo, apareció una patrulla y les pidió que se separaran.

Brenan tiene menos de 25 años, habla en voz baja y su look es mucho menos estridente que el de muchos de sus amigos. “Cuando empezamos Familias Unidas éramos casi 30 grupos, de la línea B, la azul, la A, la rosa, la amarilla. Los viernes y sábados, ya te imaginarás; atascadas las fiestas. Más de mil, mil 500 gentes. Hubo problemas y se empezaron a abrir y ahí se formó LF, La Familia, no la michoacana, sino otra. Y empezaron como a declararnos la guerra y mi gente me decía, ‘vamos a darles en la madre’, pero yo les decía: ‘hay que pensarlo bien, porque como están las cosas, si vamos a armarles un relajo, ya es directamente al MP’. [Los policías] ya están más pesados. Ya no es tan fácil hacer un desmadre en el metro, porque si eres mayor de edad, directo al reclusorio, y si eres menor, al tutelar”. Hoy, los combos que pertenecen a La Familia, se reúnen principalmente en estaciones de la línea 1, mientras que los de FU Ántrax se juntan en estaciones de la línea B.

Aunque la fiesta de Brenan transcurrió en paz y todos la pasaron bien, no dejaba de sentirse como un evento clandestino. Eran las cuatro de la tarde y estábamos todos encerrados en una bodega escondida detrás de puestos del mercado. Según nos explicó Brenan, “el gobierno dice que nuestras fiestas son clandestinas, pero eso es porque no tenemos un espacio. El gobierno ve que nos estamos juntando, por ejemplo en una casa, y luego luego llegan un buen de patrullas y lo quieren cancelar. Aunque no estemos haciendo nada malo, simplemente vamos a la fiesta. La gente se asusta”.



La Ciudad de México tiene una larga historia de intensas y complejas subculturas, o como se les llama más comúnmente: tribus urbanas. Podemos irnos atrás, hasta los pachucos en los cincuenta, los chavos banda de los setenta, los punks en los ochenta, los darketos en los noventa y los emos en la primera década de los dosmiles. Todas estas subculturas han sido estigmatizadas y juzgadas por la sociedad en algún momento, y han sido malentendidas o tergiversadas por los medios de comunicación. También cada una de estas subculturas fue confrontada por sus propios antagonistas. Basta recordar lo que pasó hace cinco años, cuando los punks empezaron a amenazar y a golpear emos. La historia se convirtió en noticia internacional y terminó con muchos de estos emos cortándose sus flecos y abandonando su look para evitar problemas. Fue más o menos en ese tiempo cuando surgieron los primeros combos.

“Nos dicen chakas por nuestra forma de vestir y el corte de pelo”, se queja Brenan. Chaka es un término que se ha usado para referirse de forma muy general a jóvenes de barrios pobres, que son fieles de San Judas, escuchan reguetón, inhalan solventes y se dedican a robar y a otras actividades ilegales. “Pero hay gente hasta de dinero que le gusta el reguetón, ¿no? Y no por eso les voy a decir chakas. El reguetón no tienen nada que ver. El nombre de chakas fue por nuestra imagen, por cómo nos vestimos. Te veían en la calle y pensaban que los ibas a robar, cuando nosotros veníamos saliendo de la escuela y ¡ni en cuenta! Muchos piensan que no hacemos nada, ¡pero sí! Yo por ejemplo tengo una carrera. Estudié electrónica industrial en un Conalep. Tengo título y certificado”. Cuando le preguntamos sobre sus amigos que habíamos visto inhalar mona en las fiestas, nos dijo: “La gente no se droga sólo porque sea reguetonero o jale con un combo. De mucha gente, yo he visto que sus papás se pelean, o se quieren divorciar y se arrinconan en las drogas. Hay políticos que se drogan, hay artistas o actores que se drogan, y no por eso son reguetoneros, lacras o chakas. Vas a una fiesta de reggae y todos fuman mota, pero tampoco queremos ponerle un tache a ellos. No soy de los que juzgan”.

La “mona” o “activo” puede hacerse con cualquier tipo de disolventes volátiles, siendo los más populares el pegamento o limpiador para tubos de PVC. La marca Dismex es la más popular entre los combos. Este producto no está catalogado como droga; una lata cuesta 15 pesos en cualquier ferretería y alcanza para “activarte” a ti y a varios de tus amigos. Los efectos incluyen mareo, náusea, ojos vidriosos, una sensación de mayor libertad, confianza felicidad y euforia, además de que quita el hambre y el frío. Si pensamos que la mayoría de estos jóvenes, que muchas veces vienen de familias disfuncionales, tienen que negociar un 2x1 en un boleto del metro que cuesta tres pesos, tiene cierta lógica que ésta sea su droga predilecta. Es mucho más barata que los cigarros, la cocaína, la mariguana, el cristal y hasta que la cerveza, el café y los refrescos. La mona es cada vez más popular en el DF, no sólo entre los reguetoneros, sino también en las secundarias y preparatorias de los barrios populares.

De regreso en la línea B, la verde con gris, nos dirigimos a la estación Garibaldi, en el centro de la ciudad, para encontrarnos con los Sikarios, el combo más grande y famoso de la ciudad. Aunque su logotipo incorpora un cuerno de chivo para formar la “k” de su nombre, este grupo no tiene relación con ningún cártel de narcotraficantes. Justo afuera de una de las entradas a la estación del metro, en una banqueta que han tomado como su territorio, conocimos a Mickey, el líder del combo. “Hace tres años surgen los Sikarios y Sikarias de Garibaldi. El grupo lo empezamos seis personas, de las cuales ahorita ya no baja nadie, sólo yo. Poco a poco hemos llegado a ser hasta 400 personas. Por la represión de las autoridades y los problemas que hemos tenido, ha disminuido nuestro cotorreo. Llegamos a ser en una cita entre cien y 150”, nos explicó Mickey, quien llevaba una playera negra con el nombre de su combo.

El día más importante para cada combo es su aniversario. Los combos más viejos, o “antaños” como les dicen ellos, tienen apenas cinco años de existencia. Ese día, los Sikarios celebraban su tercer aniversario y habían mandado a hacer playeras y jerseys de futbol americano para la ocasión. Algunos de los combos han adoptado este tipo de jerseys como su uniforme. Les imprimen sus nombres, la fecha del aniversario y frases como “Sikarios, la banda que nunca te abandona” o “No somos leyenda, pero ya creamos historia”. Esta nueva tendencia, ha sido uno de los puntos de conflicto entre porros y reguetoneros. Los porros por definición están afiliados a unaescuela, desde la UNAM o el Politécnico, hasta las vocacionales y Conaleps; algunos grupos fueron fundados desde los sesenta, muchos tienen la reputación de ser violentos y han llegado a ser financiados por partidos políticos y otras organizaciones para llenar mítines políticos o infiltrarse en manifestaciones pacíficas. “Los porros dicen que los imitamos que por losaniversarios, que las camisetas”, nos dijo Mickey. “Si ellos se dieran cuenta, desde siempre ha habido aniversarios de cualquier cosa, como los sonideros. Así como ellos tienen sus jerseys, nosotros podemos tener los nuestros. Para mí, mi jersey vale mucho y lo voy a defender como mi vida”. Muchos porros han creado grupos en internet donde promueven la violencia y el odio contra los combos, con frases como: “Haz patria y mata un chaka”.
Para la una de la tarde, se habían reunido más de 400 Sikarios afuera del metro Garibaldi. Se tomaban fotos haciendo una “s” con ambas manos, echaban porras y finalmente bajaron todos hacia el metro. La fiesta de aniversario se celebraría en un antro al final de la línea B, cerca de la parada Ciudad Azteca.

Los Sikarios se veían más rudos y eran más escandalosos que los Panamiur y definitivamente estaban mejor organizados. En cuanto entramos a la estación, dos empleados del metroescoltaron al grupo hacia los últimos dos vagones del tren, los cuales apenas fueron suficientes para el numeroso grupo, todos uniformados y cantando porras como: “Arre que soy Sikario desde la cuna, le aviento huevos y soy rivete hasta la tumba. Dicen que soy cabrón, borracho y mujeriego, arre que soy Sikario, señores, no lo niego”. El ambiente era festivo y aunque algunos medios han tachado a los combos de misóginos, había muchas mujeres en el grupo, cantando y brincando tan duro como sus compañeros. Pronto, apareció un grupo de granaderos que aunque mantenía su distancia, no dejaba de observarlos.

José Alfredo Carillo es el Gerente de Seguridad Institucional del Metro, un sistema que mueve a más de cinco millones de personas diariamente. Según nos dijo, en un sábado normal, vigilan a más de tres mil reguetoneros, porras de futbol y porros de diferentes escuelas, mientras se transportan a diferentes fiestas, eventos o partidos. Cuando le preguntamos a Carrillo su opinión sobre los combos, nos dijo: “en los últimos años sí nos han generado una serie de problemas que ponen el riesgo a los demás usuarios, las instalaciones, y el material rodante que utiliza el metro. Cada vez son más violentos y agresivos, y tenemos que preparar un operativo para poder transportarlos y garantizar la seguridad de ellos y de los demás usuarios. Una vez que entran, se forman grupos para su traslado, porque no podemos mezclar a los reguetoneros con los demás pasajeros. Hemos tenido la experiencia de que se agreden entre ellos, asaltan o agreden a otras personas. Según el número se les puede asignar uno o dos vagones del metro y les ponemos vigilancia para que lleguen seguros a su destino”.

Durante nuestra conversación, Carrillo habló de los dos incidentes del año pasado como una muestra de la violencia de los combos, pero cuando le preguntamos si este tipo de situaciones eran frecuentes, nos aclaró que en realidad eran casos excepcionales. “Afortunadamente no todos son iguales. No es la norma, pero se llegan a dar”.

Según Mickey, los casos de violencia han sido causados por combos pequeños cuyos líderes no son capaces de controlarlos. “Por unos pagamos todos, por eso fue el problema en Chabacano”. Aunque según reportes de varios medios, muchos de los implicados en el primer incidente del 15 de julio de 2012, eran miembros de los Sikarios.

A pesar de que no hubo ningún tipo de violencia en el trayecto hasta Ciudad Azteca, en cuanto salimos de la estación más de una docena de granaderos con cascos, toletes y escudos empezaron a caminar junto al combo; varios policías más estaban esperando afuera. El enorme grupo llegó hasta el antro e inmediatamente empezó la fiesta. Una hora después apareció la policía otra vez y empezó a catear a varias personas, incluyendo a nuestro fotógrafo. “Llegó la autoridad diciendo que habíamos robado una panadería, cuando la verdad no hicimos nada”, se quejó Mickey. “Estábamos afuera con nuestros tambores y no sabían ni para qué eran. Y agarraron parejo, les dieron la vuelta y les quitaron su efectivo y sus celulares. Cada semana es lo mismo. La represión con la policía siempre ha existido contra cualquier grupo que es minoría. La policía representa el sistema y se supone que nadie puede ir en contra. A los Sikarios nos estigmatizaron, nos encasillaron en que éramos unos drogadictos, violentos y rateros. Cosa que no es así”. A pesar de esta situación, el reguetón siguió a todo volumen en una fiesta llena de sudor, perreo y mona que duró por horas.


Le preguntamos a Carrillo, el gerente de seguridad del metro, si opinaba que los combos eran grupos criminales o simplemente grupos de jóvenes buscando una forma de pasársela bien, a lo que nos contesto: “Entendemos que es una manifestación cultural, son jóvenes buscando una manera de expresión, de vínculo entre ellos mismos. Afortunadamente no todos son iguales. Hay grupos reguetoneros y porras que se saben comportar. El problema es cuando se cruza la línea entre lo legal y lo ilegal, y pasan a afectar intereses de empresas, de negocios o de instituciones”.

Cuando el aniversario de los Sikarios estaba en su mejor momento, El Chino, uno de los amigos de Mickey se acercó y nos dijo: “Conforme pasa el tiempo, siempre hay un estigma contra un grupo de personas o una minoría. Primero los pachucos, los punks, los rockeros, los emos y ahora nos toca a los reguetoneros. No sé por qué tanta gente ataca este estilo de vida. En su casa seguro ponen a Daddy Yankee o a Wisin y Yandel, a Pablito Mix y lo que nosotros escuchamos, y también lo bailan. Es muy hipócrita de su parte”.
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