jueves, 5 de agosto de 2010

Avance: BRAULIO PERALTA en Laberinto, de MILENIO



Calentando motores: te dejo una invitación a la lectura de Laberinto de MILENIO, en su edición 373, de venta el próximo sábado 7 de agosto en puestos de periódicos, etcétera.



A salto de línea
La danza de las becas, la ausencia de libros

Braulio Peralta

Me da gusto que algunos amigos reciban becas y resuelvan, en parte, su vida económica. No sé si su vida creativa. No me gusta el tema de los regalos del Estado a sus artistas e intelectuales que sabrá Dios si la van a hacer con sus trabajos tirados al mar. Yo lo plantearía al revés: becaría aquellos libros que el tiempo les ha dado un lugar en la biblioteca del futuro. Sería más fácil, útil y lógico. Piénselo un poquito y verá que tengo razón.

Becar a gente porque trabaja escribiendo, es un despropósito. Hacerlo por un libro, por una pieza, por una investigación, es lo más sano. El autor entrega un libro con la referencia del tiempo. El Estado podría hacer muchas cosas por ese libro: llevarlo a bibliotecas, regalarlo a estudiantes, hacer coloquios en torno, abrir debates sobre las nuevas tendencias escriturales.

Hay libros que merecen ser premiados no con un reconocimiento o galardón literario. Eso sería aparte. Libros que por su importancia, su trascendencia, la prueba del tiempo, merecerían la atención de parte del Estado para hacer con ellos la gran biblioteca imprescindible, de papel, o con las nuevas tecnologías. Esto sin duda parece loco pero en poco tiempo veremos que es una mejor idea que becar a jóvenes —y ni tanto—, que llevan años en el medio cultural y no tienen siquiera un libro que valga tanto como para que reciban un salario-beca por parte del Estado.

Conozco escritores que con o sin beca trabajan y realizan una obra de trascendencia. No al revés. Hay un montón de escritores que han recibido las becas, han escrito sus libros y no ha pasado absolutamente nada con ellos ni con sus libros. Duro pero cierto. Sé que escribir esto es impopular. O mejor, poco populista.

Repito: qué bueno que algunos amigos tienen su beca. Van a poder ir a Europa. Van a comer mejor. Podrán dedicarse de tiempo completo a su creatividad (aunque no estoy muy seguro). De lo que estoy cierto es que una beca no los hará más escritores. Porque una beca, hoy, no es sinónimo de prestigio. Pero si no la tuvieran, acuérdense que está el trabajo de dar clases, hacer cuidado de edición, múltiples oficios relacionados con el quehacer literario. Es duro, se paga mal, pero la satisfacción de salir por sí mismos nadie se los va a quitar.
Hay gente así. No quiero dar ejemplos porque son muchos. Por sus libros los conoceréis. Creo que son un buen ejemplo a seguir. Las becas déjenlas a los estudiantes de escasos recursos, a los pobres de las rancherías que no tienen para llevar a sus hijos a la escuela, a los indígenas que quieren superarse y esperan el apoyo para poder aprender a leer y escribir. Esos sí que necesitan becas.

No creo que un leído y escribido necesite de becas para salir adelante, ¿o sí? Se supone que estudiamos para eso: para hacerla sin necesidad de dádivas. ¿Quién nos dijo que escribir no es un sacrificio de todo tipo, incluso la inseguridad del futuro? Y ya. Me callo. Más enemigos a mi saldo a punto de extinguirse.

Los que no ganaron beca ni lloren. Quizá puedan demostrar que sin beca hacen mejores libros, contra los que la ganaron. Y los que la tienen: buen viaje y, espero, buen futuro. Todos nos encontramos al final de nuestras vidas porque somos el resultado de una carrera sin rumbo.

Coda
¿A ver, quiénes son los agraciados con el mayor número de becas proporcionadas por el Estado? Son más conocidos por eso, que por sus obras, ¿o no? Nombres, nombres, nombres…

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