miércoles, 4 de agosto de 2010

CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA, sept. 1910

La noche del día 15 de septiembre, mismo día en que el presidente cumplía ochenta años, Díaz presidió la ceremonia del "Grito", en el Zócalo de la Ciudad de México, ante más de cien mil personas. Antes de 1910, esta fiesta se celebraba en las primeras horas del día 16, pero el presidente la adelantó a la noche del 15 a fin de que pudiese coincidir con su cumpleaños. Al día siguiente se inauguró el monumento conocido como el Ángel de la Independencia, cuya construcción databa desde 1902.

IMÁGENES DE LA CELEBRACIÓN









Y Don Porfirio,
¿qué ordenó para las celebraciones del Centenario?


sofía g. buzali

Diez años antes del Centenario de la Independencia, el entonces presidente Porfirio Díaz marcó los lineamientos ha seguir. No debe de haber, sentenció, ningún pueblo que en la solemne fecha no inaugure una mejora pública de importancia. Una de las que más ansiaba construir el General Díaz para México era un monumento a la Independencia, como lo tenían numerosos países de Europa. A ese respecto, durante los años, se hicieron diversas propuestas. Concursos e ideas fueron y vinieron, así como lugares para edificarlo, tales como la actual Plaza de la Constitución.
Años después, haciéndole algunas modificaciones, el proyecto quedó en manos del Arq. Antonio Rivas Mercado, quién había realizado estudios en Francia y supo percibir lo que el señor presidente deseaba. El Arquitecto Rivas Mercado tenía una gran trayectoria, además de haber construido el Teatro de Guanajuato, uno de los más bellos recintos arquitectónicos del país. Para realizar el monumento de la Independencia, se inspiró en algunas de las más famosas columnas del mundo, como la de Trajano en Roma, la de la Place Vêndome en París y la de Alejandro I, en San Petesburgo, evocaciones todas ellas hechas para conmemorar el triunfo de un ideal. Estará listo para ser inaugurado el 16 de septiembre, le dijo el arquitecto al señor presidente, y será edificada en una de las glorietas del hermoso Paseo de la Reforma, con la cara principal orientada hacia el centro de la ciudad.

¡Esto sucedía, ocho años antes de la gran inauguración en 1910!
El Presidente colocó la primera piedra el 2 de enero de 1902, instalando dentro de la cimentación, un cofre dorado con el Acta de Independencia y una serie de monedas de cuño corriente de la época. Culminaremos los festejos del centenario, con la inauguración del Monumento de Independencia, ordenó al Gabinete.

¿Quién hará el Ángel y las demás figuras?, preguntaron entonces a Rivas Mercado. Él les informó que el escultor y artista francés y, maestro de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Enrique Alciati. En México se realizarán los moldes en yeso y en Florencia, el vaciado en bronce. El Ángel, desde luego, estará recubierto en oro y medirá alrededor siete metros de altura.

A su vez, se organizaron un sin número de eventos, desfiles, recepciones y bailes ya que se extendieron invitaciones a todo el cuerpo diplomático extranjero y a personas importantes para que asistieran a las festividades, quienes, por supuesto, había que recibir con honores. Días antes del mes de septiembre de 1910, llegaron a la ciudad de México representantes de Francia, Estados Unidos, España y Alemania. Acompañado a sus delegados, arribaron también al puerto de Veracruz, en buques de guerra, marinos de esos países, quienes participarían en los distintos desfiles. El Presidente Díaz no estaba solo, las familias de alcurnia de la sociedad mexicana albergarían en sus residencias a distintas personalidades.

La agenda,
Un evento e inauguración cada día.
Día 1,
Día 2,
Día 3.
Hasta el día 30 de septiembre.


Construcciones urbanas, escuelas, hospitales, reaperturas de Museos, monumentos y exposiciones, mismos que han quedado hasta nuestros días, después de cien años. Cabe mencionar unos cuántos, El Asilo General, edificado en los terrenos de la antigua hacienda La Castañeda, la Estación Sismológica Central, la Reapertura del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía. Se inaugura la Escuela Normal para Profesores, a la que se le añade, El Hemiciclo a Juárez y la máxima casa de estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México.

Hace unos días leía la lista de los obsequios simbólicos que recibió la Ciudad de México de las delegaciones extranjeras.

Por parte de Italia, una reproducción de la escultura de San Jorge de Donatello, que ahora se encuentra en uno de los nichos de la Academia de San Carlos. En el cruce de Bucareli y Atenas luce el reloj público que regaló la colonia China. Turquía obsequió otro reloj público que fue colocado en la esquina de Bolívar y Carranza. Además, los tibores de Japón, con incrustaciones de oro y perla, las prendas personales de José María Morelos, que se encontraban en un Museo de Madrid y muchos otros.

Las crónicas cuentan que las banderas de todas las naciones se izaban en los edificios y se tendían a lo largo de los balcones. También, se exhibían los caudillos y las fechas 1810-1910. Las avenidas principales de la ciudad se iluminaron con cientos de focos y tubos de mercurio. A los festejos del centenario debemos la tradición de iluminar la ciudad en septiembre, el mes patrio.
Uno de los eventos que llama la atención, además de la ceremonia del Grito, los desfiles, la verbena popular y los fuegos artificiales, es imaginar las actividades del Castillo de Chapultepec, donde vivían el Presidente Díaz y Carmelita Romero Rubio, su sobrina y segunda esposa, con sus hijos Porfirio, Luz y los dieciséis nietos. Candiles encendidos, niños y sirvientes yendo y viniendo por los pasillos. El ministro Justo Sierra recibiendo instrucciones del general para que todo saliera a la perfección, en tanto Don Porfirio se coloca su uniforme, la banda presidencial y las decenas de medallas que se colgaba en el pecho. Y, Doña Carmelita, preocupada, orquestando los últimos detalles para la gran cena de Palacio Nacional.

Los periódicos de la época cuentan que el Presidente Díaz ofreció uno de los banquetes más suntuosos jamás visto. El Palacio colmado de arreglos florales e iluminado por hileras de focos blancos no sólo para celebrar el Centenario de la Independencia, sino también para festejar su octogésimo cumpleaños. El chef francés, Sylvain Daumont, cocinero personal del presidente, se esmeró en preparar el extraordinario menú para diez mil personas. De ese menú, escrito en francés como era la costumbre durante el Porfiriato, se conserva el original, hoy resguardado en la Universidad Iberoamericana.
Melón helado con champaña
Salmón asado con salsa de mariscos
Langostinos
Berenjenas al vino del Rhin
Duraznos Florida, chocolates, pastelillos y tartaleta.
Además, un ejército de meseros, elegantemente vestidos de frac y guantes blancos, sirvieron vinos franceses, champagne y finos licores.

Día 16.
Para culminar los festejos del Centenario y tal como estuvo previsto desde 1902, se llevó a cabo la inauguración del Monumento de Independencia. En aquel tan esperado día de septiembre, imagino a la gran columna, coronada por el Ángel, lista, pulida, brillante, erguida a cuarenta y cinco metros de altura. Es la representación alegórica de Niké, la diosa griega alada de la victoria. Lleva en la mano una corona de laureles, como si quisiera colocársela a los valientes vencedores, en la otra, representando la ruptura del dominio español, una cadena con eslabones rotos. Pero, no es la única en el mundo, existen actualmente dos hermanas más, una en Berlín, otra en Francia.

Así, durante la apertura, vislumbro a los militares haciendo valla, deteniendo al público para que el gabinete y el Honorable Cuerpo Diplomático lleguen hasta la escalinata, el pie de la columna. Había embajadores, empleados públicos con sus esposas ataviadas a la moda francesa, con grandes parasoles, compartiendo con el pueblo en general tan importante acontecimiento.

Desde entonces, Ángel de la Independencia es testigo de cuanto acontece en la ciudad, seguramente en ciertos momentos le invade la tristeza como aquel día en el que, desde el monumento, partimos hasta el Zócalo para expresar, vestidos de blanco, nuestro desacuerdo contra de la inseguridad.
O en otros, el júbilo de victorias o el marco de bodas y celebraciones. También ha visto huelgas de hambre, manifestaciones y protestas sociales.
Sólo en una ocasión, la columna quedó acéfala y fue durante el terremoto de 1957. El Ángel se derrumbó, el vacío en el elegante Paseo de la Reforma fue enorme, pero pronto volvió a su lugar para continuar mirando el paso de la historia.

Es difícil imaginar que pocos meses después de los festejos del Centenario, estallaría la Revolución, la primera en la historia universal del siglo XX y cuyos ideales de tierra, justicia social y libertad siguen pendientes.

Hoy me pregunto, ¿Quiénes serán los diplomáticos extranjeros invitados? ¿Vendrán? ¿Qué construcción o monumento importante quedará como símbolo del Bicentenario durante el gobierno de Felipe Calderón? ¿Terminarán la remodelación del Teatro del Palacio de las Bellas Artes? ¿Acabarán la restauración del Monumento de la Revolución? ¿Qué recordaremos?

AGOSTO 2010

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