viernes, 20 de agosto de 2010

EL CUADERNO VERDE en REFORMA, de José Gordon ¡CLAP...CLAP...CLAP...CLAP...!


EL CUADERNO VERDE
Sembrar una idea
José Gordon
20 Ago. 10

En la película El Origen (Inception) se plantea la posibilidad de entrar dentro del sueño de una persona y descubrir sus más íntimos secretos. Al explorar las capas más profundas de la fortaleza síquica surge la tentación de sembrar una idea en la mente del otro sin que se dé cuenta conscientemente de cómo sucedió.

En el libro De los vínculos en general, Giordano Bruno señalaba que la magia tenía que ver con la introducción de fantasmas y deseos en otras personas. El mago era el cazador de almas (animarum venator). En el texto Eros y Magia en el Renacimiento, Ioan Culianu decía que los aparatos estatales, la publicidad y los medios de comunicación masiva operan de una manera similar. Despiertan el deseo de los otros, lo manipulan mediante un vínculo de atracción o rechazo por ciertas formas de vida. Mueven al otro a distancia, le siembran ideas que piensan que luego piensan que generaron de manera independiente.

De acuerdo con Platón, los manipuladores de ideas más peligrosos son los poetas, ya que las ocultan en medio de las emociones seductoras del arte. Así se nubla el proceso de inseminación de una idea. El guionista Robert McKee se opone a este noción. Defiende al arte como la posibilidad de entrelazar pensamientos: los artistas develan las mentiras e inspiran la pasión necesaria para el cambio. Así, sembrar ideas es crear una comunidad de deseos que son liberadores. Por eso, como señala McKee, cuando los tiranos ejercen el poder, "sus escuadrones de fusilamiento apuntan al corazón de los escritores".

Sin embargo, el poder de una idea es difícil de contener. En una entrevista que realicé hace varios años con el poeta ruso Yevgeni Yevtushenko, conversamos sobre el efecto que puede tener la literatura ante la soberbia del totalitarismo. ¿De qué sirven las frágiles palabras de un poema ante el poder de los tanques y la represión?

Yevtushenko recordó que en una ocasión lo mandó a buscar Gorbachov. Por reflejo condicionado, se atemorizó. Gorbachov le dijo: "¿Se acuerda de esos encuentros con miles de jóvenes en los que usted recitaba sus poemas?" (En la ex Unión Soviética, la lectura de poesía era un poderoso ritual colectivo). Yevtushenko asintió, recordando los días de palabras cifradas para no despertar al tigre de la censura. Gorbachov prosiguió: "Pues bien, yo era uno de esos jóvenes y sus palabras sembraron en muchos de nosotros la idea de la perestroika que ahora vivimos". La comunidad de la libertad se había forjado en el sueño de la poesía.

En la obra de teatro La maravillosa historia del chiquito Pingüica, Sabina Berman (FCE) nos adentra en este territorio. Escrita en 1982, nos habla de un rey (el Señor Venado) que impone sus ideas por medio de la fuerza y la manipulación. Sin embargo, conforme a una leyenda antigua aparece un enanito verde llamado Pingüica. Los signos míticos son claros. Él debe ser el rey de Uxmal. Para dirimir las diferencias se decide una competencia entre el venado y el enanito. Mediante su sagacidad, Pingüica llega a la última prueba: el rey será aquel que levante la pirámide más alta. El venado sonríe y le ordena a sus esclavos que se pongan a trabajar: todo consiste en poner piedra tras piedra. Así logrará el montón más alto para retener su reinado.

El enanito verde se recoge en silencio bajo la luz de la luna. Cierra los ojos y empieza a soñar un sueño muy grande que ya fue soñado -con una pirámide enorme el centro-. Es un sueño tan grande que no le cabe. Con los ojos cerrados lo empieza a repartir. En el pueblo que duerme, el sueño entra en cada uno de los habitantes: "Hay un sueño... Otros antes lo soñaron... Es un sueño tan grande...".

Lentamente, todos se despiertan. Saben qué es lo que deben hacer. Así se erige la pirámide de Uxmal. Es un pensamiento compartido, el sueño de la tribu. Sembrar una idea no es manipularla al estilo de "Tú eres los pesos viejos, los pesos nuevos y tantas cosas...". Ahí es donde se confunden tanto los políticos. Por eso carecemos de líderes. Ignoran nuestros deseos más profundos.


pepegordon@gmail.com
Lee aquí "La maravillosa historia del chiquito Pingüica" de Sabina Berman

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