jueves, 5 de agosto de 2010

Laberinto de MILENIO: Fernando Zamora

Calentando motores: te dejo una invitación a la lectura de Laberinto de MILENIO, en su edición 373, de venta el próximo sábado 7 de agosto en puestos de periódicos, etcétera.



El Origen (Inception), "La" película:


Hombre de celuloide

De sueños y mariposas taoistas
Fernando Zamora
Twitter: @fernandovzamora

Dicen que el maestro Zhuang Tzu soñó que era una mariposa. Y cuando despertó había perdido los límites entre realidad y sueño: no sabía ya si había soñado que era una mariposa o era, más bien, una mariposa que soñaba con ser Zhuang Tzu. Con una premisa de semejante taoísmo, el inglés Christopher Nolan escribe y dirige Inception (El origen), historia en la que Leonardo di Caprio consigue, por fin, trascender al genial niño que fue, para consolidarse como actor adulto, bofo y más popular que pertinente.

Además de gozar las características propias de un típico filme palomero, Inception tiene diversos niveles de lectura; no sólo la de aquel chino que revela que la vida tiene la misma cualidad inconsistente y cristalina que los sueños, hay también, en la desazón del personaje de Di Caprio, un reflejo del síndrome de ansiedad que vive el propio Nolan cuando tiene que manejar presupuestos de miles de millones de dólares y dejar contentos a tres entes de muy distintas naturalezas; a saber: los inversionistas, el público y él mismo.

Si así fuera, Nolan lo habría logrado: Inception se encuentra ya en el primer lugar de taquilla en los Estados Unidos y es seguro que recuperará la inversión. Todo parece indicar que el director dejará atrás el stress (un tiempo al menos) contento por haber hecho la película que quiso. Podrá dedicarse a meditar a gusto pensando en mariposas y cuentos chinos antes de embarcarse en la nueva re-interpretación de Batman (su siguiente proyecto). En cuanto a la ansiedad, como el dinosaurio del sueño, el presupuesto multimillonario seguirá ahí, esperando para devorarlo en sus pesadillas.

Sí: hay cierta grandeza en Inception, pero no está en Leonardo Di Caprio (quien a mi parecer destruyó hace poco el clímax de la pretenciosa pero fallida película de Martin Scorsese, Shutter Island). No. Por más que Di Caprio cumple interpretando al rudo y atormentado ladrón de ideas que en una visión psicoanalítica pareciera ser el alter ego del director; no está en él la grandeza.
Tampoco está en el guión de Christopher Nolan, por más que lleva hasta sus últimas consecuencias la obsesión con el tiempo en pantalla (el tiempo diegético) que el cineasta venía trabajando ya desde el 2000, año en que dirigió Memento. No está su grandeza en el complejo rubik temporal que apantalla más a los maestros de guionismo que a un público acostumbrado a Tarantino. La grandeza de Inception está en el diseño de producción y es por ello que esta película tiene el resplandor de lo mejor del cine hollywoodense, porque tiene un look, un sabor que no se parece a nada; Inception tiene la factura de una poderosa industria que ha puesto materiales, texturas y colores al servicio de una historia aparatosa que sin embargo se sostiene en tanto obra de arte visual. Los barroquismos narrativos están tan vistos que no impresionan a nadie, pero la imagen tiene la sustancia de los sueños, por más que es cierto que los sueños, sueños son.


FICHA
El origen (Inception). Dirección: Christopher Nolan. Guión: Christopher Nolan. Fotografía: Wally Pfister. Música: Hans Zimmer. Con: Leonardo Di Caprio, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Ellen Page, Cillian Murphy y Michael Caine. Estados Unidos, 2010

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