martes, 11 de marzo de 2014

UN MUSEO QUE DEJA MARCA



“No hay lienzo más hermoso para pintar que la piel humana. Cuando pasan los años y vuelves a encontrar a alguien que tatuaste te das cuenta que hiciste una obra viva pero también que estás unido a esa persona permanentemente”.

Así reflexionó en voz alta Roberto López Tito, uno de los decanos del tatuaje en México, quien desde hace 50 años comenzó a dejar trazos indelebles en la piel de las personas. Habló con modestia, pero con aplomo, en la conferencia inaugural que marcó la apertura del primer Museo del Tatuaje en México, que desde el 6 de marzo recibe gratuitamente a sus visitantes en avenida Insurgentes 221, en la ciudad de México.

Mientras hablaba este hombre tan canoso como musculoso, cientos de personas hacían fila afuera del museo para conocer algunas de las tres mil piezas que se exhiben en este lugar y que documentan los últimos 25 años de historia de la dermografía en este país. Bocetos, posters, máquinas de tatuar artesanales, agujas, tintas, revistas y tarjetas fueron reunidas por el tatuador Tony Chacal Serrano. Su deseo es educar y explicar qué es esta forma de expresión artística que, aunque nunca ha sido ilegal, sí ha sido segregada y marginada por numerosos grupos.

“Aunque hay muchas personas a quienes no les gustan, creo que la sociedad mexicana ya entendió que un tatuaje es una historia de vida. Además, es importante decir que aunque en la actualidad hay cinco o seis reality shows en la televisión sobre tatuadores, aquí en México esta actividad no surgió como en otros países. Aquí la historia del tatuaje se construyó con muchas limitaciones y en medio del rechazo de mucha gente… Hace 25 años yo estaba tatuando con un palito de paleta, una aguja y tinta china. Hoy ya tenemos leyes que nos rigen, protocolos de salubridad con los que cumplimos y tenemos una historia que queremos compartir”, dijo Tony Chacal.


DERMÓGRAFOS. Sólo en la ciudad de México se calcula que existen dos mil personas dedicadas a tatuar, pero los más profesionales están agrupados y registrados en la Asociación Nacional de Dermógrafos. Este grupo ha documentado la evolución de la sociedad a través de los dibujos que piden ser tatuados en el cuerpo, desde los cristos y rosas, en los años 80 y 90, hasta las figuras de San Judas Tadeo y el Infinito, en los albores del siglo XXI.

“Los dibujos que pide la gente han cambiado, pero desde que yo recuerdo me piden que tatúe nombres de mujer. Antes pedían más anclas, rosas y corazones. Luego se puso de moda pedir cosas tribales, prehispánicas o el símbolo del infinito”, cuenta Tito, quien lleva en su pecho un tatuaje con una mujer, que fue hecho a mano, sin máquina, hace más de tres décadas.

La idea de la apertura del museo surgió cuando visitó México el famoso tatuador holandés Hanky Panky (Hendrikus Johannes Everhardus Schiffmacher) y conoció parte de la colección personal de 9 mil objetos de Tony Chacal. Él fue quien le sugirió la idea. Hoy se puede visitar gratuitamente una exhibición de un lobby y dos salas, distribuidas en tres niveles, en la colonia Roma.

Para la apertura del museo se contó con la participación de invitados especiales, como el fotógrafo, documentalista y editor californiano Edgar Hoill, autor de libros de tatuaje como Black and grey Tatoo Book, así como el tatuador uruguayo Víctor Portugal, reconocido como uno de los más prestigiados de todo el mundo por sus trabajos hiperrealistas en la piel.


“Cuando vemos a una persona tatuada vemos a un sujeto que está plasmando el conocimiento incorporado y hecho cuerpo. Dibuja sus experiencias, pero también dibuja sus fantasías”, dijo también en la conferencia de apertura el doctor en sociología Víctor Alejandro Payá, especialista de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM y autor de uno de los libros más recientes sobre tatuajes en mujeres de México.

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