domingo, 21 de octubre de 2012

SANTIAGO RONCAGLIOLO: SU COLUMNA EN LA REPÚBLICA,Pe. : "UN ESCRITOR PARA HOMBRES"


                                                                                          
“Tu cuerpo te hace traicionar a quienes te aman.                                      Y luego tu cuerpo te traiciona a ti”
                                                                                                                                                   P.R.
Operación Shylock 




Un escritor para hombres
Por Santiago Roncagliolo
Domingo, 21 de octubre de 2012
La República

El novelista Philip Roth recibe este mes el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. El jurado destaca su “compleja visión de la realidad contemporánea”, y la prensa lo celebra como un autor “mordaz” y “cosmopolita”, un “bombardero del sueño americano”. Pero un amigo mío, abogado, funcionario y para nada intelectual, me dice emocionado:–Nadie entiende a los hombres como Philip Roth. Y es el que más razón tiene.

Es comprensible que a los políticos les esté vetada la palabra “pene”. Es algo que preferimos no oírles decir. Más aún en el caso de la familia real, donde la prohibición se transmite genéticamente. Pero la prensa cultural hispana podría ser menos mojigata, gazmoña y meapilas, y echar mano de la palabreja de vez en cuando, que al fin y al cabo es sólo una parte del cuerpo, y por cierto, una que resulta imprescindible para leer a Philip Roth. El protagonista de La contravida, por ejemplo, sufre un tratamiento que le produce disfunción eréctil.

El de La mancha humana vuelve a la vida gracias al Viagra. Los universitarios de Indignación inundan el campus en una competencia masiva de onanismo. El titiritero de El teatro de Sabbath entretiene sus soledades con una foto y una pieza de ropa interior de la hija adolescente de su mejor amigo. Y mi favorita: el narrador de El pecho es una versión actual del Gregor Samsa kafkiano que una mañana amanece convertido en… teta.

Uno podría creer que, aunque el novelista Philip Roth sea un ácido provocador, el ser humano real es tímido y pudoroso, y por eso, para no incomodarlo, sus acólitos pasan de puntillas sobre los temas lascivos. Lo dudo. Isabel Coixet, que llevó al cine El animal moribundo, ha contado en público que Roth le explicó personalmente las escenas de sexo oral que quería, con ruiditos y todo. Y alguna ex pareja de él lo ha retratado en público como un depredador sin excesivos escrúpulos.

Es cierto que, para muchos lectores de Roth, todo este asunto es secundario. Según una opinión extendida, es mucho más importante el novelista político que el sexual. Yo creo que eso es una sandez. Para Philip Roth, el sexo también es una expresión de los conflictos políticos. En La orgía de Praga, un grupo de artistas de la Checoslovaquia comunista se acuestan entre todos como protesta contra el régimen. Y qué decir del delirante redentor de Operación Shylock, que pretende liderar a los judíos en un éxodo para abandonar el Estado de Israel, y tiene un implante artificial de miembro viril. En un mercado lleno de best sellers para mujeres, Philip Roth escribe sobre hombres, y sobre la relación de esos hombres con sus cuerpos. Uno de sus personajes, infiel compulsivo que ha llegado a la vejez, se lamenta: “Tu cuerpo te hace traicionar a quienes te aman. Y luego tu cuerpo te traiciona a ti”.

A sus fanáticos no siempre nos seducen sus proclamas sobre antisemitas o americanos, pero todos somos sensibles a su retrato de la fragilidad de la hombría. De hecho, aun en las sociedades más liberales y progresistas, ése sigue siendo el tabú. Uno puede ventilar ideas políticas de todo pelaje en cualquier conversación, incluso de extrema derecha, pero pregúntenle a un hombre sobre sus fracasos en la cama, y verán qué cara pone. Roth habla de lo que nadie se atreve a hablar. Y el tema es tan explosivo que ni siquiera sus defensores se atreven a mencionarlo.

Para mí, Philip Roth es uno de los mejores escritores vivos. Y sin duda, es el premio Príncipe de Asturias de las Letras más políticamente incorrecto que se ha concedido hasta hoy. Pero si dejamos que nos hablen de él las instituciones oficiales, los académicos y los críticos más solemnes, nunca nos vamos a enterar de qué escribe en realidad.


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