viernes, 27 de junio de 2014

DE PUTOS, EDECANES Y MACHOS ALFA

27 de Junio 2014
México sigue siendo un nutrido caldo de cultivo para la discriminación, el machismo con disfraz de "Alfa" y la cosificadora industria de las edecanes.


Ya hemos leído, escuchado, escrito y hablado suficiente sobre el tema -espero-, y no queda gran cosa que añadir -ja, not-, fuera de mi sorpresa al ver que una de las últimas grandes, masificadas y tan necesarias discusiones sobre discriminación, lenguaje y roles de género, vino de donde nunca me lo hubiera esperado: el mismísimo fútbol.

(No me odie, lector, fue inevitable)

Sí me da gusto, mucho, porque probablemente es una de las muy pocas maneras en las que, en México, estos temas se puedan profundizar de manera masiva, así es la cosa, ni modo, o se asume o se le busca una variedad de chaquetas mentales para sentirnos mejor. Siempre he preferido el dolor de la verdad a los anestésicos pasajeros; siempre he preferido, tal vez como fruto de una carrera de psicología, el dolor de la aceptación de la neurósis como único camino a mejorar que las ganancias secundarias que la neurosis misma brinda mientras va carcomiendo y destruyendo poco a poco todo alrededor.

Sí, el “puto” tiene su raíz básica en una intención de dañar al hombre homosexual o al que asociamos con comportamientos que lamentablemente llamamos “femeninos”, como eufemismo de lo no deseable en un hombre, mucho menos en lo que asumimos y representamos como un gran “Alfa”, otra tragicomedia del absurdo que vendrá más adelante en este texto. Sí, también el “puto” es contextualizado y resignificado de muchas maneras, en la sociedad mexicana, como un insulto o una expresión de enojo que nada tiene que ver con la homosexualidad. Dos realidades, de tantas que puede tener una palabra, concepto o situación al encontrarse en diferentes discursos. “Insulto al fin y al cabo”, sí. Todos insultamos, todos nos enojamos, todos despotricamos y así como hay palabras para los poetas y para nombrar lo más hermoso y fantástico del universo, también hay palabras para mandar a chingar a su reputérrima madre a quien nos tiene hasta los putos jodidos huevos. Y no está bien, no está mal, es. Las palabras son, y ya.

Será entonces que lo interesante está en nuestras representaciones mentales, en lo que está ahí, dentro de todos nosotros, eso anterior a las palabras, en lo individual y en lo colectivo, en el juego que se da entre estos dos, en su retroalimentación, en ese hacerse el uno al otro en todo momento.

Dejémonos de paliativos, entonces: la cultura y sociedad mexicana son un nutrido caldo de cultivo para la discriminación, el racismo disfrazado de clasismo, el clasismo en sí, el prejuicio contra lo “diferente”, la sociopatía de hundir al otro o pasar sobre él en vez de sobresalir por aquel lento y sano camino de los talentos o trabajo propios, el “nacionalismo” y nuestra celebrada “picardía” como justificaciones del diario andar, o para este caso, desandar.

¿Que importan las palabras en sí, esos vehículos, cuando el piloto es lo que está podrido? Desgraciadamente, para todos, homosexuales, heterosexuales, ricos, pobres, “locos”, “sanos”, delincuentes y ciudadanos honorables por igual, nuestro entorno, lo que han creado los que estuvieron antes y nos dejaron como legado, y lo que nosotros aceptamos y fomentemos como tal, es la plaga en sí. Afortunadamente, para todos también, la historia y la cultura no son estáticas: pequeños cambios, que normalmente son recibidos con fuerte resistencia del establecimiento, se pueden dar y pueden llenarse de poder.

El fan holandés mundialista que dice “no soportará los insultos de la porra mexicana”, tiene toda la razón y derecho, fueron y serán recibidos con un culturalmente estático, mexicanísimo y rezagado “pues qué putos, ni aguantan nada”. Está bien, porque eso es parte de una gran parte de la sociedad mexicana, eso es, es lo que hay. La mejor manera de atacar este rezago, esta idiotez invisible, esta nuestra burbuja en la que vivimos, es exhibirla. Que se exhiba en todo su gran absurdo con el que todavía se da el lujo de engalanar y llenar de brillos y lentejuelas, que se vea en su grotesco esplendor, que se visibilice reina y rey de un territorio anacrónico, que se empequeñece día a día, infértil. Sí, que duela, que nos deje pensando, que nos mueva de lugar, que nos deje ver nuestros propios patrones patológicos para poder hacer algo con ellos y que alguien más nos sirva como espejo, porque si algo mágico tiene la neurósis, tanto la individual como la colectiva, es hacernos creer que nuestra pequeña burbuja, nuestra pequeña cajita fuera de la que no podemos pensar, es lo único que existe, lo único que puede existir, por lo tanto natural, por lo tanto bueno, porque así debe de ser, porque no hay de otra. Sorpresa, en estos temas, siempre hay “de otra”, de hecho, “de muchas”.

Ahora, esta terrible confusión entre “usar groserías”, “ofender” e insultar al otro con la clara, explícita y manifiesta intención de violentarlo, esto ya se me hace medio de hueva ¿no? si hay gente que no le agarra, tampoco puede andar uno llevándolos de la manita pa todos lados, chingao.


Hagan sus palomitas y acompáñemonos en el gran espectáculo del grotesco cotidiano inconsciente, ahora con modalidad señalatoria visibilizadora con intenciones teleológicas de formar una cultura de aceptación, igualdad y consciencia auténtica. ¿No quiere? ¿no le gusta? ¿le ofende que se le señale mientras violenta con toda intención a otro, creyendo ser todo un “loquillo” y un “pícaro mexicano”?, pues: es lo que hay.


ALFAGEEKS ILUMINADORES Y CUERPAZOS QR

No muy alejado del tema, viene el escándalo de ayer en cierta conferencia-plática en Campus Party. Este evento siempre se había distinguido por ser una de las puntas de tecnología y pensamiento avanzado en México. Programadores, autores y celebridades de tecnología, nuevas empresas y geeks en general se reúnen para buscar nuevos caminos en un México todavía ajeno a los actuales desarrollos en otras partes del mundo. Se encuentra desde un nuevo software o revolucionaria aplicación hasta las “nuevas” maneras de entender una “empresa” o el “trabajo” mismo. Hablamos acerca de gente que está poniendo su grano de arena para revolucionar tecnológica y culturalmente a México y al mundo.

¿Qué coñazo pasó entonces con la plática “Hackeando al sexo femenino” y con una edecán con publicidad en las nalgas?

Cale usted el video, cale usted la galería que le regalo después de estar viendo, atónito, el desarrollo de esto en las redes sociales:


*El video original de Youtube fue bajado, afortunadamente, el buen @CristianViera lo tenía y lo subió a Vimeo para que todos comprendamos qué no se debe hacer en Campus Party… o en la vida.


“Hasta que se deje dar tallones”

¿Polo Polo en un show en el que ya sabes a lo que vas? ¡No, Campus Party, baby!






Yo sé que se me van las tildes de repente y que mi redacción de frases largas no es del agrado de muchos, pero después de leer lo que hay en estas fotos, no saben lo bien que me siento.

¿Escándalo? sí, ¿Sorpresa? not. Regresemos a lo anterior y los invito a corear conmigo un cansadísimo “Estamos en México”. Esto, lectores y lectoras, si recuerdan lo anteriormente escrito, no tiene que ver con un conformismo y mucho menos con un “¿Entonces qué? ¿no hacemos nada?”, no, todo lo contrario. Puede usted también interpretarlo como un condescendiente, separatista y elitista mame de mi parte, usted escoja, si quiere evitarse las ojeadas a la realidad, su anestésico de preferencia.

Tal vez esté usted pensando “¡Es una barbaridad! ¿cómo es posible?” y sí, concuerdo con usted, pero lo invito a buscar en Twitter el hashtag #CPMX5 para ver cómo reaccionan ante esto tantas presonas, sí, muchísimas indignadas, pero, fíjese bien en la otra parte, que bien podría ser mayoría, que empieza opinando que “ni que fuera para tanto”, que “se alivianen, seguro han de ser feministas” y terminan en cosas como “Pinche vaginoarenosa, ya bájale, cállate y vete a dormir”; cualquier coincidencia con el “Cállate y ponte a trabajar” por parte de nuestros ajustados, productivos y trabajadores mexicanos silenciosos, y tan criticado por mí -sí, hasta el cansancio, ya sé, no hay de otra-, no es mera coincidencia, o ya usted decidirá hasta qué altura del cogote tenemos metida como “normal”, y fomentamos, la tradición de silenciar lo inconveniente para el status quo.

Pero no se enoje, mire, tome un gran meme mundialista:


Así llegamos a este discurso tan común en la actualidad, el del macho “Alfa” dominante, penetrador, agresivo, encantador en su manipulación, competitivo, condescendiente con la “estupidez y superficialidad natural” de la mujer, un gran hombre que cree saber qué es “lo que quieren las mujeres”, que debe enseñar a los betas de su manada cómo ser como él, al mismo tiempo dejándolos en su lugar como inferiores, no vayan a querer tomar las riendas de la manada y quitarle el trono ilusorio, esa alucinación grupal.

La celebración de la competencia por la competencia, tener la razón por tenerla, mostrarse por mostrarse, creer ser “deseable” e incluso evolutivamente superior gracias a esto, todas esas y tantas más, las ilusiones con las que el cavernícola de hoy piensa estar ajustándose a la selección social y hasta a la natural. Así, Darwin se nos revuelve en la tumba mientras el “Alfa” lleva su día a día pensando que es importante para la humanidad o para la vida diaria si sus poderosos genes -según sus criterios- son los que van a perpetuarse -según su extraña interpretación de la evolución biológica estirada a huevo hacia la ética y lo sociocultural (?!)- gracias a que estuvo toda su efímera vida buscando agresivamente la confrontación de sus cotidianas banalidades o siendo parte de la lamentablemente aceptada cultura del acoso sexual o evangelizando rompebolísticamente a los demás creyendo saber qué es lo “bueno para todos” y convirtiéndose en un hitlercito o yendo al “pelódromo” para unos “privados” con los “betas” de la oficina o acumulando a lo pendejo más dinero en el banco del que tres generaciones pueden usar o dedicar la vida a ponerse mamadín y estar a la moda porque YOLO o simplemente, tristemente, lastimeramente, dar, aceptar, fomentar y hasta justificar pláticas como “Hackeando al sexo femenino”. Madre hay que tener. Geeks hackers alfas, acosadores, machos, ligadores y con tendencias a lo docente… así la cosa. Como suele pasar en este congal, a veces, lo mejor es reírse. Es otra manera de hacer visible la imbecilidad que tan premiada es hoy en día, la ajena, y en el mejor de los casos, la propia, la compartida.

Así nuestro nivelazo de análisis, reflexión, discurso y aceptación de lo “normal”, de lo que es así porque así es y así debe de ser.


Si bien concuerdo con una crítica de que es estúpido criticar la sexualización y cosificación promoviendo la foto de la edecán, también creo que ilustrar la situación es importante. No es como que haya aquí una galería de fotos de la edecán o de otras, no nos radicalicemos ni nos perdamos en falacias de supuesta incoherencia, el contenido es el contexto, que creo que es el que da la lectura correcta.

La edecán… ah, la edecán. No sólo es la idea de ponerle publicidad sobre, y exclusivamente en, nalgas y tetas, también lo que imagino debió haber sido interpretado por publicistas creadores y personas que le dieron luz verde a esto como “magnífica idea”, por lo menos, lo suficientemente maravillosa como para echarla a andar: poner un código QR, que debe ser escaneado, de cerca, con la cámara de tu celular, en las nalgas de una muy nalgona edecán con cuerpazo y entallado vestido blanco con tela que parece capa de harina.

¿Moralidades? ninguna, que ella y todas las mujeres se vistan como se les dé la gana y hagan de su cuerpo lo que se les dé la gana, pero es muy fácil y muy tentador desviarse hacia el tema de la chica, que si fue su decisión, que si fue su libertad, que no fue sometida y que es su rollo, que no necesita ni defensores, ni críticos. Sí, en efecto, es su “libertad” y es su rollo, este tema es lo de menos y hablar de personas en vez de hablar de ideas o fenómenos siempre es un error, siempre lleva a salirse de órbita y alejarse del centro de gravedad del tema: ya el hecho de que exista una industria que sexualiza un objeto o servicio de consumo a través de una mujer que cumple los parámetros comerciales estéticos de belleza, cosificándola e hipersexualizándola en el proceso, es una jodidez, esa es la jodidez. Poner un código QR en un par de bonitas y abultadas nalgas es la cereza del pastel, no puedo hacer otra cosa más que aplaudir a quien se le haya ocurrido esto, hay que tener algo especial y mexicanísimo (o gringísimo, ya no se sabe cuál es cuál) en la mente para salir con estas mamarrachadas y hacerlas realidad.


Remember?

Caigamos un poco en la tentación, la carne es débil, la mente más: Sí, la chica quiso; sí, ella aceptó ese trabajo; Sí, es su libertad. Claro, esa “libertad” que se tiene cuando vives sumido en una economía tercermundista como la mexicana, tienes buen cuerpo, estás guapa y no tienes otras oportunidades al momento o ¡sí las tienes y simplemente no las quieres! ¡Existe toda una industria que estará ahí para apoyarte incondicional y desinteresadamente, baby! y existe toda una cultura con demanda de hipersexualización -y tantas otras aspiraciones inculcadas por mamá TV- que estará ahí para tomarte fotos, verte lascivamente con justificación (“para eso está, eso quiso, eso aceptó y es su libertad”) que resultará en un cheque dos meses después, si es que te pagan, normalmente con ningún tipo de prestaciones o regulaciones por parte de la ley. A esto le llamamos “libertad” ahora, a poder escoger entre no pagar la renta, o medicinas, o mantener una familia y tener que aceptar la cosificación y la hipersexualización. “Libertad”, “democracia”, “El trabajo es el trabajo”, ah, tantas y tantas maneras de sobarnos prepucios y clítoris mentales para no voltear a ver el abismo cultural, consumista, sexista, racista, clasista, manipulador, violento y lleno de tentáculos de poder que está bajo toda esta endeble tablita de palabrerías vacías que creemos que nos soporta y soportará por siempre.

Si tienen amigas edecanes, o lo son, o lo han sido, sabrán el gustazo que da ser objeto de miradas, fotos, insinuaciones y piropos de machos “Alfa”, sobrios o borrachos, cibergeeks o ignorantes de la tecnología, para poder pagar la renta o el hospital de la mamá, papá o chamacos. Pero, en fin, podremos ver un nivel de “análisis”, de “discusión” y “argumentativo” -cheque usted mis poderes de profeta- del tipo “Eso les pasa por no estudiar”, “Que se busquen un trabajo de verdad”, “Les gusta, son exhibicionistas”, “Les gusta, son medio putonas” y otras muestras más del nivel de análisis y discusión de nuestro México mágico, picarón, buenaondita, despreocupado, de gente con sangre caliente, bailadora, chambeadora, soñadora, ensoñada, que busca ligar chicas cosificadas como edecanes mediante un curso de hackeo al sexo femenino por parte de machos “Alfa”.

Así el pedo.

Es lo que hay. Eso no significa que es lo único que hay, ni lo único que puede haber.

Sígueme @JorgeHill


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