lunes, 2 de junio de 2014

UN APODO A LA MEDIDA

02 de Junio 2014


Por Emiliano Pérez Cruz

Para María Moliner el apodo es el sobrenombre aplicado entre gente ordinaria. Y así, como gente ordinaria vamos por la calle, en el Metro, trolebús, pecerda, microbio, Metrobús, o ejecutando paso que dure o trote que canse, o a bordo de un taxi si andamos con prisa y dinero en el bolsillo, y también ahí se les pronuncia: son los apodos, algunos personales, otros genéricos o gremiales; no respetan jerarquía, edad, ni género: chafiretes los choferes, ruletas los taxistas. Cansadón si es persona de paso lento y pausadas maneras. Nopal, si piensan que la baba se le cae. Bóiler es el cuate que quema cannabis a todas horas yAmarguro el que hizo de su existencia pura hiel.

Los apodos suelen reflejar racismo, clasismo, violencia de género: Pasitaes la señora de piel oscura y avejentada; Rupestre, persona venida del campo a la ciudad; Güilota era llamada la prostituta; Milusos, el que carece de oficio o profesión…

A Sara Pérez Romero, esposa del Mártir-de-la-Democracia, Francisco I. Madero, con respeto se le conoció como La Primera Dama de la Revolución y Sarita, pero la gente ordinaria la motejó como el Sarape de Madero. Fecal se popularizó durante el sexenio pasado, en lugar el nombre del Presidente de la República, y un legislador se popularizó en los medios como el Diputéibol por su concurrencia a los antros con table dance…

En el mismísimo hogar dulce hogar florecen los apodos: primero fueron diminutivos afectuosos (El Chiquilín) que surgieron como ocurrencia (a la postre imperdonable) de un padre o madre cariñosos, o una característica que en la infancia tuvo su gracia, pero que al correr los años se volvió seña de identidad: “¿Qué ondas, mi Chata Narizona?”

Las características físicas ofrecen, por lo regular, materia prima para generar el apodo. Si alguien de repente embarnece y su ropa tiende a reventar, es posible que se gane como sobrenombre El Tamal o una variante de Rambo: Tambo; si es ella quien ha perdido las curvas en aras de una sola pero bien trazada, las tijereteadoras pueden reconocerla como la Cinturita de Gallina.

Si por desgracia a la persona le fueron mal atendidas enfermedades como el acné, los barros o espinillas, puede que sea reconocida como El Cacahuate. ¿Que está tilica y flaca? Lombricia tenías que ser. ¿Que tiene la cara alargada y los dientes de buen morder? Te llamaremosMíster Ed, el caballo que habla, o La Dientefino. ¿Paliducha? Morticia, en honor a la serie televisiva Los Locos Adams…

Si la estatura no alcanzó a desarrollar, alguien será El Llaverito. En ocasiones la propiedad del Chaparrito resulta blanco de los poneapodos:

—Aguas-aguas, que ahí viene el Auto Increíble.

—¿Por qué? Pues porque no se ve que lleve chofer, va solito...


Gente hay a la cual el nombre se le perdió entre la cantidad de apodos, variantes de una misma imagen, por ejemplo, aquella que comenzó siendo Gordis, avanzó a Garrafoncito —en pequeño, para que no se sienta la muchacha— y degeneró en Bomba, Tonel, Kilowattito...

Tocino es un tipo que, además de ser gordo, suda grasa a la menor provocación. Y El Rugidor es quien por su potente y gruesa voz lastima tímpanos y apantalla personalidades endebles. El Muerto: aquel que se desempeña tras la caja de pagos.

En el cine se dieron apodos famosos: quizá muchos ni recuerden su nombre pero saben quién es El Pichi: el actor que le hacía de atarantado novio de Chachita en la saga de Ismael Rodríguez, donde Pedro Infante fue Pepe el Toro y Blanca Estela Pavón La Chorreada, y Las Kúkaras se desdoblaron en La Guayaba y La Tostada, y al personaje con joroba le llamaban Camellito.

Los peluqueros fueron fígaros, cuicos los policías, alzadedo los diputados, lorocutores las voces titulares de la radio, macuarros los albañiles; toques, los electricistas; caco, el ratero; matasanos, el médico…

Los apodos exageran y en la exageración definen, describen: Arturo El Silencioso, tímido vecino; Tony El Chupes, bebedor consuetudinario; Genaro El Chinche, afanoso y rotundo carnicero; Alfonso Niñoviejo, calvo prematuro; Chabela La Buenona, locataria del mercado entrada en carnes; Guille El Cautín, siempre caliente; Beto El Clamores, hojalatero que platica a gritos sus aventuras; Luis El Arrugas, monopolizador de surcos en el rostro; Juana La Minisuper, pequeña pero con atributos corporales; Juan El Burris presume grandes dimensiones tras la bragueta, y Gustavo El Lamewebs es aquel que en la ofis destaca por ser diligente, tapete hasta la ignominia con los jerarcas…

Por desgracia, muchos de los apodos son calca vil de aquellos que se dan en la programación televisiva y dominios donde Azcárraga es el bueno: futbol o deportes en general, espectáculo. Sin embargo, la realidad de nuestro país, con el narcotráfico y sus personajes, ha lanzado al estrellato más apodos que la tele: Joaquín El Chapo Guzmán; Papá Pitufo; Miguel Ángel Treviño Morales, Z-40; Servando Gómez La Tuta; Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca; Jorge Eduardo Costilla Sánchez,El Coss; Nazario Moreno González, El Más Loco; Ignacio Nacho Coronel; Ismael El Mayo Zambada; Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy; FernandoEl Ingeniero Sánchez Arellano; Maxiley Barahona, El 19 alias El Contador; Sergio Ricardo Basurto, El Grande…

Apodos como El Rey (Jesús Zambada García), El Señor de los Cielos(Amado Carrillo Fuentes) o El Jefe de Jefes (Arturo Beltrán Leyva) están en vías de extinción, pues “lo que estamos viendo es un apodo distinto que refleja una manera distinta en la que los criminales se identifican y las nuevas formas de violencia”, comentó a la agencia AP Martín Barrón, experto en criminología del Instituto Nacional de Ciencias Penales de México.

Para ilustrar, la misma agencia señala que “cuando fueron capturados El Comegusanos y La Rata, llevaban cinco granadas y aproximadamente un millón de dólares en efectivo. A Basura lo agarraron tratando de extorsionar a conductores de autobús, según la policía, y La Puerca era notorio por la manera cómo mataba a sus enemigos. El Vago calcinaba a sus víctimas y las enterraba en fosas clandestinas”.

Por fortuna, en las relaciones de pareja los apodos derraman miel y cursilería, que son escudo ante la cruda realidad real; pero quien tenga pruebas en contra que arroje el primer apodo con ternura y pasión: para él, ella es Gordita, Nena, Primor, Pastelito, Gatita, Bomboncito, Princess, Vida, Mami, Bolita, Nena, Cosita rica, Chiquita, Güerita, Flaquita, Mi Reina; para ella, él no es más que lo máximo: Mi Rey, Ternura, Conejito, Tigre, Muñeco, Bombón, Bizcocho, Cuchurrumín, Piojito, Cosita, Corazoncito, Papito, Mi Sol, Cielito.

Apodos para la vida íntima, apodos para florecer en sociedad…

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