domingo, 22 de junio de 2014

SERGIO GONZÁLES RODRÍGUEZ en REFORMA

22 de Junio 2014

Noche y Día 


Memoria de Glantz

La pregunta acerca de la naturaleza fugaz de la vida y la memoria surge a lo largo de las páginas de Yo también me acuerdo, el libro más reciente de Margo Glantz. Su consecuencia espléndida son cientos si no miles de respuestas que llenan esta obra circular que parece referir a la definición de Jacques Derrida acerca de que la literatura es la posibilidad de decirlo todo. En otras palabras, darle forma al caos de lo acontecido.

Yo también me acuerdo, que publica la Editorial Sexto Piso, trasciende los límites del género autobiográfico, escaso de por sí en las letras mexicanas, y construye una arquitectura inusitada de palabras donde el sentido lineal y organicista del recuento vital (nacer, crecer y extinguirse) de cariz convencional se ve reemplazado por recuerdos fragmentarios que se identifican con una mente posmoderna: la de una escritora siempre postvanguardista que ahora parasita la influencia de Joe Brainard (I Remember, 1970); de Georges Perec (Je me souviens, 1978) y de David Markson (Reader's Block, 1996, y This Is Not a Novel, 2001). O el flujo evocativo de Marcel Proust entrevisto por Gilles Deleuze.


Si aquellas dos primeras obras significan una aplicación aforística de libre asociación memoriosa que retratan la subjetividad más cristalizada en lo incidental, los aspectos triviales de la existencia que pueden llevar la sombra de alguna revelación oblicua, las otras dos refieren a un entendimiento de lo novelístico repleto de episodios de la tradición literaria y artística puestos en un montaje no lineal, discontinuo, arbitrario como lo describió David Foster Wallace en un texto de 1999. Glantz realiza su apropiación brillante de todo aquello.

En 1981, Glantz incursionó en el género de memorias con Las genealogías, donde la perspectiva se refiere al entorno espacial-familiar (personas, casa, barrio, ciudad) que sirve para presentar un gran fresco personal del tiempo pasado. Ahora, en Yo también me acuerdo el presente de presentes, que refiere a la ultracontemporaneidad con su fusión de pasado-presente y su tensión crítica hacia la comprensión de la tecladomanía más actual (la escritura íntima para los sistemas y plataformas como Facebook y Twitter), se vuelve la sustancia privilegiada que alterna los recuerdos, las lecturas, los amigos, los viajes, la moda, el arte, el cine, la política. El conjunto de piezas a medio camino entre el aforismo, el apunte, la salmodia, que configuran un tránsito dentro y a lo largo y ancho del mundo: "Me acuerdo del enorme pelaje de King Kong.

Me acuerdo que Kim Jong empieza a imitar a Calígula.

Me acuerdo de Medea de Cherubini cantada por María Callas.

Me acuerdo también de la Norma de Bellini y de la voz extraordinaria de la Callas.

Me acuerdo que pasan los años y el país va vertiginosamente rumbo al abismo".

Glantz irrumpe en el paisaje literario en lengua española con esta obra excepcional que refleja una enorme vitalidad creativa y desafía los lugares comunes sobre el género memorioso: la grandilocuencia, la proclividad por el mausoleo, el deber de inmortalidad. Por el contrario, la escritora propone una medida humana para la propia encarnación, así sea que se trate de aludir a la genialidad ajena o las obras que nos sobrevivirán.


La fragilidad de lo vivido consiste en esta oscilación entre el olvido y alguna resonancia o relumbre que pugna por evitar el silencio o la oscuridad. Yo también me acuerdo semeja las veladoras que se encienden en honor de los muertos, o los faroles luminosos que ascienden al cielo como una alusión trémula de la existencia. Un libro imprescindible, un libro magnífico que recupera el poder incesante de la mejor literatura.

serglezr@mac.com / @serglezr

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