miércoles, 18 de junio de 2014

PÚAS ANTI-VAGABUNDOS

18 de Junio 2014
El barrio de Southwark –uno de los más multiculturales de la capital británica– se convirtió en escenario de una fuerte polémica debido a los derechos de vagabundos y personas sin techo (homeless) en el país.


Ello ocurre en el contexto de un boom de precios de propiedades en el Reino Unido que ha excluido a miles de personas del derecho a tener una vivienda digna.

Todo comenzó a comienzos de mayo, cuando el área de planificación del Ayuntamiento de Southwark decidió poner sin aviso previo unas púas en algunos edificios de lujo para evitar que personas sin hogar pudieran dormir en los portales de esas propiedades.

Las llamadas “púas anti-vagabundos” son pequeños conos triangulares de metal que hace imposible que una persona pueda recostarse en el suelo, y actúan como “medida de disuasión” del mismo modo que las púas anti-palomas.

Las púas se instalan en el suelo con unos pernos especiales, formando una especie de patrón al estilo de “alfombra de clavos” por donde es difícil caminar o apoyarse.

Una de las protestas en contra de las púas en Inglaterra. Foto: Especial

La primera vivienda de lujo en contar con dichas púas fue un edificio de apartamentos exclusivos en la Southwark Bridge Road, que tienen una vista hacia las Casas del Parlamento, a la icónica Torre del Big Ben y al río Támesis. Allí un apartamento promedio de dos habitaciones puede llegar a costar hasta 900 mil libras esterlinas (1.5 millones de dólares).

Poco después de su instalación, las púas fueron fotografiadas por blogueros que publicaron de inmediato esas imágenes a través de las redes sociales como Twitter, Facebook y Pinterest, generando mucho debate no sólo en Londres, sino también en el resto del país, donde se podrían instalar también como medida de disuasión.

La cuestión generó tanto malestar entre algunos londinenses que unos 10 mil vecinos del lugar firmaron una petición para retirar las púas de inmediato.


Otros incluso presentaron demandas y denuncias por separado al ayuntamiento de Southwark, quejándose de medidas que consideran “discriminatorias y anti-sociales”.

La polémica llevó además a que el propio alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, pidiera que las púas fueran retiradas de inmediato.

Johnson, un político que aboga por una Londres rica y “limpia de malvivientes”, incluso envió un mensaje a través de su cuenta personal de Twitter, en el que indicó que las púas fuera de los apartamentos de Southwark para evitar a los vagabundos “son feas, contraproducentes y estúpidas”.

“Los constructores del edificio deberían retirarlas lo antes posible”, continuó en su breve nota.

El alcalde de Londres, de 49 años, sostuvo además que el ayuntamiento ha destinado más de 34 millones de libras (unos 57 millones de dólares) en programas sociales para evitar que vagabundos pasen más de una noche durmiendo en la calle, y agregó que dicha iniciativa logró ayudar a más de un 75% de las personas sin techo en la capital.


“De todos modos aún hay mucho que hacer al respecto”, subrayó.

Sin embargo, muchos acusaron al alcalde londinense por no destinar suficiente presupuesto para hacer frente al creciente problema de las personas que duermen en las calles de la capital, en su mayoría adictos a la heroína o al alcohol, con problemas mentales o trabajadores del sexo.

Uno de los vecinos del apartamento de Southwark Bridge Road dijo que considera la medida como una forma de “persecución”.

“Al principio no sabía para qué servían, imaginé que eran parte del diseño del edificio. Pero cuando me di cuenta de su fin, pensé que se trataba de algo extraño y brutal. Es como tratar a seres humanos como animales al poner púas”, sostuvo.

“He vivido en este barrio por bastante tiempo y hay muchos vagabundos y personas con problemas. Estas púas terminarán siendo una forma de persecución”, subrayó.

De todos modos, otros dieron la bienvenida a la medida, al indicar que los sin techo y vagabundos están “atemorizando” a las mujeres que regresan solas a sus casas.

Mark Hicks, que ha vivido en ese edificio por más de un año, consideró que se trata de una buena idea. “Solíamos regresar a casa y encontrar a personas totalmente alcoholizadas tiradas en el portal del edificio. Es algo bastante desagradable de ver. Si estas púas evitan esto, bienvenidas”, consideró.


Otro vecino del lugar, que pidió permanecer anónimo, admitió que gran parte de Southwark, donde en los últimos años las propiedades han crecido exponencialmente en valor, enfrenta un serio dilema por el cada vez mayor número de personas sin techo, vagabundos y con problemas mentales.

“Hay un problema enorme aquí con las personas que duermen en la intemperie”, dijo el hombre. “Tengo amigas mujeres que viven en este edificio y que se sienten atemorizadas de salir de noche porque han sido intimidadas o amenazadas por personas sin techo que duermen en el portal del complejo de apartamentos. Era hora que se hiciera algo al respecto”, agregó.

Según ese vecino, “en realidad no se trata de púas, ya que no son punzantes”. Y continuó: “Estoy seguro que si alguien pone una frazada sobre estos metales puede dormir sin problemas”.

Un bloguero anónimo, que previamente dijo haber trabajado con personas sin techo en Londres, sostuvo que aunque las púas “no son algo bonito”, pueden llevar a una solución al problema.

Lo cierto es que Crisis, la principal entidad benéfica que ayuda a vagabundos y personas sin techo en Gran Bretaña, calificó las “púas anti-vagabundos” de “inhumanas”.

Katharine Sacks-Jones, jefa de políticas y campañas de esa ONG británica, afirmó que la población en dificultades “merece más que ser movida al próximo portal en la calle”.

“Nunca combatiremos el problema de los sin techo y de aquellos que pasan la noche en la intemperie con estas púas en el pavimento. Por el contrario, debemos lidiar con las causas”, agregó.


Sacks-Jones sostuvo además que los vagabundos y los “homeless” no pueden ser tratados como palomas molestas.

St Mungo’s Broadway, otra organización de beneficencia que trabaja con personas sin techo y que cuenta con un centro de ayuda a vagabundos en el barrio de Southwark, sostuvo que las púas “son una medida más bien brutal” para sacar a la gente de la calle.

El director ejecutivo de ese grupo, Howard Sinclair, dijo que implementar semejante idea sin proveer de asistencia necesaria a personas que duermen en la intemperie “es un grave error”.

“El objetivo es ayudar a la gente a mudarse dentro de una casa, y no a expulsarlos de allí”, subrayó enérgico.

Funcionarios del ayuntamiento de Southwark informaron que investigarán el asunto, aunque admitieron que es muy poco lo que pueden hacer en caso de que no se haya violado ninguna regulación municipal.

Según cifras oficiales, los vagabundos y aquellas personas que duermen en la intemperie en Londres tienen 13 veces más posibilidades de ser víctimas de robos o de abusos de todo tipo.

De acuerdo con estas estadísticas del gobierno, 66% de los vagabundos británicos dijeron haber sido insultados por la gente, y 10% hasta admitió que los orinaron cuando dormían.

Se estima que al menos 400 mil personas son homeless en Gran Bretaña. Muchas de ellas viven en parques, o lugares públicos, y ocasionalmente en hostales o refugios creados por los ayuntamientos.

Las estadísticas gubernamentales indican además que 2 mil 414 personas durmieron en la intemperie en Inglaterra al menos una noche de 2013, un aumento de 13% comparado con 2010.

Las agencias sociales reportaron por su parte que 6 mil 437 personas durmieron en la calle en Londres entre 2012 y 2013, un incremento de 62% de los dos años previos.

“La mayoría de los vagabundos y las personas sin techo en el país son personas solas o que pertenecen a familias que se mudan de manera frecuente de casa en casa, con amigos y conocidos, y que ocasionalmente terminan sin sitio donde pasar la noche”, destacó el Ministerio del Interior en su más reciente informe sobre el tema.

En Inglaterra, más de 113 mil familias solicitaron ayuda en 2013 a sus ayuntamientos por falta de techo, un incremento de 11% desde 2011, en tanto que 53 mil fueron aceptadas como homeless y consideradas como “prioridad de emergencia”, representando un aumento de 21% desde 2010.


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