miércoles, 14 de mayo de 2014

80 AÑOS DE LA QUEBRADA

14 de Mayo 2014

Genaro Sánchez, se toma un tiempo para meditar antes de unirse a sus compañeros y realizar el espectáculo de clavados de La Quebrada. 


Alexis Balanzar se toma su tiempo en el borde del precipicio, observa el horizonte, mira a los ojos a sus compañeros y escucha el bullicio de cientos de personas que esperan con ansiedad. Muchos graban la escena con sus celulares, otros toman fotos. Él sigue al borde de ese acantilado de 45 metros de altura donde las ráfagas de viento harían trastabillar a cualquier novato. Pero Alexis, a sus 17 años, no es ningún novato. Es delgado, eso sí, y no muy alto. Se sienta en cuclillas junto al abismo y espera. A la distancia parece un juego de niños.

El sol está a la mitad del cielo, pero su piel curtida parece que no lo siente. Los gritos de la gente callan un instante. Sólo se escuchan algunos chiflidos. Entonces él se levanta, alza los brazos, saluda a los mirones y se lanza al vacío a 90 kilómetros por hora. Abajo lo espera un canal marino de siete metros de ancho y cuatro de profundidad, un movimiento equivocado y podría morir.

Alexis Balanzar saluda al público antes de ejecutar el clavado desde 45 metros de altura.

Pero a Alexis eso no le importa. Él es clavadista de La Quebrada, el lugar más emblemático de Acapulco, Guerrero, México. Este puerto es de los destinos turísticos más conocidos del mundo, precisamente por este espectáculo de clavados, que en 2014 cumple 80 años.

Antes de que se lancen otros clavadistas, a sus compañeros les toma media hora limpiar el canal. La corriente arrastra palos, botes de plástico, bolsas, hojas y basura diminuta que, de quedar ahí, podrían fracturar, herir o provocar la pérdida de un ojo. Como le sucedió hace unos años a un clavadista que se aventó con una peluca: el cabello entró en la cavidad ocular y, debido a la velocidad, el impacto con el agua le provocó heridas en la córnea.

Antes de iniciar el espectáculo, los clavadistas con redes limpian la basura que la corriente marina arrastra al canal en donde caen al lanzarse del acantilado de 45 metros de altura, y así evitar algún accidente con los restos de basura que podrían causarles serias heridas con la fuerza del impacto contra el agua.

El asunto de aventarse desde las rocas nació así como inician muchos duelos: “con un reto para demostrar hombría”, según cuenta Ismael Vázquez, presidente de la Asociación de Clavadistas Profesionales de La Quebrada que agrupa a 68 integrantes.

Acapulco entonces era un pueblo de pescadores que no conocían de las prácticas de violencia que la última década ha mostrado al mundo y que le ha dado al puerto otra fama no deseada, la de ser una de las urbes más inseguras del planeta.

El vuelo desde la parte más alto de la quebrada ante la mirada turistas que desde yates y lanchas observan la ejecución del clavado de Alexis Sánchez.

Un grupo de jóvenes amigos que vivían en lo que hoy se llama barrios históricos había ido a nadar y pescar cerca del canal de La Quebrada. Trepados en los riscos lanzaban sus cuerdas al mar y cuando éstas se atoraban, debían aventarse al mar a desatorarlas.

En algún momento, uno de ellos lanza un anzuelo más peligroso: se le ocurre retar a sus amigos para ver quién puede lanzarse desde el punto más alto. Varios pican el anzuelo. Fue Rigoberto Apac Ríos quien ganó el reto, al lanzarse desde 45 metros de altura. El resultado: ganador absoluto, el primero en lograr la hazaña, pero con un hombro dislocado. Fue su debut y despedida.

Y cualquiera le daría la razón, a 45 metros de altura el canal se ve tan reducido, que parece que uno tendría que atinar y caer dentro de un chapoteadero de dos metros de ancho. 35 metros arriba, cualquiera descubriría que le teme a las alturas. Sólo la altura libera adrenalina que obliga al corazón a latir como si corriéramos los cien metros planos. Hay que tener muchos tanates, como dicen las abuelas.

Antes de realizar su salto Alexis Balanzar se encomienda a la Virgen de Guadalupe en uno de los altares que se encuentras en la parte alta del acantilado.

Los clavadistas de La Quebrada son devotos de la Virgen de Guadalupe, a quien le rezan antes del salto. También reciben ayuda de sus colegas, quienes desde el agua que está al pie del acantilado, con gritos o señales indican el momento en que la marea sube y el canal alcanza mayor profundidad. Ese es el instante más seguro para que el clavadista inicie su caída de tres segundos.

Cuando se está en la posición de espectador, uno puede imaginarse que ellos no tienen miedo, que lo han superado y sólo se tiran y ya. Que son una especie de hombrecillos de hule. Se ve tan fácil. También existe el miedo de que alguno de los clavadistas vaya a quedar embarrado en las piedras filosas de la ladera. Uno lo imagina y se enchina la piel.

Genaro Sánchez Méndez se lanza profesionalmente desde hace 15 años, entrenó desde los diez años de edad. Su gusto por los clavados emergió cuando vio en la televisión las competencias olímpicas. Su tío y primo son clavadistas y ellos lo iniciaron en este oficio.

El vuelo hacia el vacío desde el acantilado de rocas realizado por uno de los clavadistas.

VICE: ¿Son frecuentes las lesiones, Genaro?
Genaro: Pues sí, hay muchas lesiones en esto porque el golpe al entrar en el agua es muy duro, es como si perforaras el concreto; si no te pones duro y si no estiras tu cuerpo entonces el golpe lo recibe la columna. Hay compañeros que se han roto los brazos con el mismo impacto de su cabeza cuando sus brazos se regresan. Yo me he lastimado el hombro, se me hizo para atrás el brazo; en otra ocasión tuve una subluxación de columna que me dejó fuera tres meses; una vez también me explotó el tímpano.

¿Ha habido decesos en los clavados?

No, ninguno.

¿Qué sienten cuando están allá arriba, qué pasa en esos segundos antes de lanzarse?

En lo personal yo pienso en hacerlo bien, no pones atención a lo que sucede a tu alrededor porque si no sale bien te puedes golpear. Yo pienso en hacer lo mío bien.

¿Qué le pides a la Virgen de Guadalupe cuando te acercas a persignarte?

Yo le pido salir bien, que no me suceda nada, que me cuide.

¿Y cuando vas cayendo qué pasa por tu cabeza?

Nada, yo sólo voy pensando en los movimientos del clavado, en hacerlo a la perfección.

Genaro señaló que no se necesita llevar una dieta especial, que “el que quiere cuidarse se cuida y el que quiere desvelarse se desvela. Yo como lo que sea, si veo que estoy subiendo de peso entonces hago más ejercicio”.

¿Pero hay alguna forma darse una ayudita?, ¿se meten alguna proteína o suplemento?

No. A nosotros no nos sirve estar musculosos sino flexibles, porque si estuviéramos musculosos estaríamos duros y el golpe sería más fuerte.

Genaro Sánchez en pleno vuelo hacia el mar, ejecutando su clavado con precisión.

Para ser clavadista además de ser muy valiente hay que tener disciplina. “Entrenamos dos horas diarias, hacemos abdominales, corremos y a veces bajamos a tirarnos. A mí me enseñó un clavadista veterano, Rodrigo Arteaga. También me entrenó Ismael Vázquez, actual presidente de la Asociación. La tradición es que los clavadistas que hayan destacado más en su tiempo entrenen a los nuevos”, explicó Genaro.

Sin embargo, para mejorar la técnica y estética de los clavados, la Asociación gestionó que los entrenamientos estén a cargo no sólo de los veteranos, sino de clavadistas que hayan tenido entrenamiento olímpico. Ahora los jóvenes pueden entrenar en las albercas de la Unidad Deportiva Acapulco o en las del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Cualquier niño o niña que aspire a ser clavadista de altura en La Quebrada tiene que saber nadar de antemano, ser delgado y tener fuerza en las piernas (aunque ésta se desarrolla con los entrenamientos), tener la disposición para asistir de lunes a viernes a las albercas y el fin de semana a los riscos: empezarán lanzándose de un metro y poco a poco escalarán hasta tirarse de los más altos.

Los jóvenes clavadistas conviven en el vestidor al final del espectáculo en don platican los pormenores del espectáculo.

Cualquiera que vaya a ver el espectáculo y mire con cierta curiosidad podrá darse cuenta de que el grupo parece una cofradía de machos, todos parientes. No se observa a ninguna mujer. Sin embargo, Ismael Vázquez confirma que antes, ser clavadista era una cuestión de herencia familiar, actualmente cualquier joven puede iniciar sus entrenamientos para lanzarse, y aún más, dice que hay cuatro niñas en proceso de preparación y que hace poco tiempo sí hubo una mujer clavadista en la Asociación: Iris Selene Álvarez, quien tenía siete años cuando comenzó a entrenar, y obtuvo un récord Guiness al lanzarse desde una roca a 18 metros de altura. La mala noticia: se lesionó el hombro y se retiró. Por el momento no hay ni por asomo paridad de género en esto de los clavados de La Quebrada.

Y parece que los chicos sólo quieren divertirse. Cuando una de las cosas que pasa por tu cabeza es ir a jugar futbol luego de tirarte al vacío desde un acantilado a 45 metros de altura podrían decirte que estás loco, que eres temerario y muy valiente, ¡vaya chico de 17 años!

Después del clavado de la una de la tarde el vestidor es un relajo: quienes se lanzaron van a lavarse y cambiarse porque llegó la hora de irse a los campos de futbol. Tienen un equipo y juegan en una liga local.

El equipo de futbol de los clavadistas luego de uno de sus partidos. 

Los shorts y las playeras cuelgan de unos clavos incrustados en unas fajillas de madera pegadas a la pared. No hay marca preferida de traje de baño, con que tenga un cordón para ajustarse bien es suficiente (no querrían —dice uno de ellos— que el traje se les saliera al entrar al agua.

En el piso hay unas barras y discos para ejercitar los brazos. Las bancas son de concreto y encima de ellas a veces hacen unas lagartijas y estiramientos antes de ir hacia los riscos. Es su espacio más íntimo y más amigable. Paul de los Santos —quien también ha practicado boxeo—, se cuelga de un tubo en el marco de una puerta que sirve como barra para hacer ejercicio.

Al termino del espectáculo los clavadistas conviven con turistas quienes se retratan con ellos.

Y es natural preguntarse: ¿esto es puro placer por la adrenalina, por lo menos se gana buen dinero al ser clavadista en La Quebrada? La verdad es que no, el ingreso es variable, aunque la mayoría de los asociados mantiene a sus familias de esta actividad, o en el caso de los más jóvenes, la combinan con los estudios y otros más con distintos trabajos.

Los ingresos que perciben derivan de lo que se recauda de las entradas para ver el espectáculo, 40 pesos por persona. Además de ese dinero se pagan la concesión federal por el uso y goce de zona federal, además de impuestos federales, estatales y locales, la nómina de empleados y los gastos de operación de la oficina.

Clavadistas desde diferentes alturas del acantilado de 45 metros esperan el momento para realizar su salto.

Entre los clavadistas dicen que la fiesta por el aniversario 80, en noviembre de este año, “se va a poner mejor que en años pasados”, en los cuales no ha faltado la música, el baile, la comida. Incluso la Orquesta Filarmónica de Acapulco ha participado en algunos de los aniversarios. Este año además se acuñará una moneda conmemorativa. Eso sí, nunca faltan los políticos, los representantes de los gobiernos federal, estatal o municipal.

Al final el peligro de perder la vida siempre está allí, al acecho. Genaro lo tiene perfectamente claro y dice que no le gustaría que sus hijos siguieran su profesión. “Son dos, tienen ocho y diez años; me dicen que se quieren lanzar pero no quiero verlos que se estén exponiendo al peligro. Si ellos después lo deciden ya no los podré detener. Pero yo ahorita no se los voy a estar inculcando. Veo que lo dicen como un juego de niños”. Pero no, tirarse de La Quebrada no es juego de niños.


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