martes, 20 de mayo de 2014

DIFERENCIAS ABISMALES

20 de Mayo 2014

¿La desigualdad es inherente al ser humano? Hay personas más capaces que otras, más felices que otras, más sanas que otras, incluso en una misma familia, y quizá esa diversidad es justo una alienación a nuestra esencia. Pero además de las discrepancias orgánicas, el sistema capitalista privilegia la acumulación en una lógica de “dinero llama dinero”, y facilita que las personas menos favorecidas se estanquen en un loop de falta de oportunidades.

¿Quién otorgaría un buen crédito a una persona con pocos recursos? ¿Cómo puede una persona sin educación concebir el emprender un negocio con altas probabilidades de éxito?

En países como México, con una desigualdad desproporcionada, el 1% de los mexicanos concentra el 43% de la riqueza, las ciudades albergan barrios paupérrimos, pero también lujosas colonias que contrastan groseramente con los principios de equidad. La expresión más obscena de este fenómeno, se recrea cuando estas divergencias se dan, surrealmente, a solo unos pasos entre sí.

Anteriormente Tim de Chant para su blog Per Square Mile, fotografió los barrios más ricos y pobres del mundo con la ayuda de Google Earth. En la campaña publicitaria “Borrar las diferencias”, similar al proyecto de de Chant, el mexicano Oscar Ruíz atrae la conciencia sobre la cerril desigualdad en México, plasmando paisaje donde grandes extensiones de barrios lujosos conviven, en ocasiones separados solo por una irónica barda, con colonias donde sus habitantes viven en condiciones de flagrante marginalidad. 

Por cierto, aparentemente la campaña fue comisionada por Banamex (banco propiedad de CityGroup), lo cual no dejaría de resultar un tanto irónico.

En las colonias acaudaladas la vegetación se erige como compañera, los céspedes cuidados, y las grandes casas contrastan con los espacios grises de las zonas empobrecidas, plagadas de material en construcción: el gris es el sello de estos sitios misérrimos que se elevan como un grito de auxilio que del otro lado, entre las comodidades, nadie escucha. Es otro mundo, uno blindado y alejado a millones de kilómetros de conciencia.

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