jueves, 29 de mayo de 2014

XOXIMILCO XCARET

29 de Mayo 2014


Dos impresiones rápidas que da el Xoximilco Xcaret (no Xochimilco) construido en la carretera Cancún-Playa del Carmen, Quintana Roo: es un lugar para turistas ingenuos que te vende un universo narrativo que mezcla de todas las nociones estereotípicas del México folclórico, colorido y feliz, el cual no tiene relación con la realidad y termina por no significar nada. La segunda: que a los mexicanos nos gustan nuestros estereotipos étnicos pero no nos gusta que los nacos, los jodidos, se mezclen en la foto de nuestras vacaciones. Por eso tenemos la necesidad de construir lugares clasistas y fomentar ecocidios para sentirnos orgullosos de nuestro patrimonio cultural.


Esta foto puede darles una idea.

Seguro algunos de ustedes han pasado buenos momentos en atracciones de la empresa Xcaret: vacaciones mágicas, luna de miel, etcétera. Pueden alegar que es una empresa preocupada por el medio ambiente que los hace disfrutar de las bellezas de la Riviera Maya.

Sin embargo, después del recorrido que realicé en compañía de Serguei Damián Rico, biólogo activista en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, llegamos a la conclusión de que Xoximilco Xcaret no sólo es una atracción aburrida y sosa, también un eslabón más de la verdadera cara del desarrollo turístico depredador que llevará al colapso del ecosistema.

El Xochimilco de Cancún no es una copia barata del original ubicado en la Ciudad de México. Costó 222 millones de pesos; las trajineras están adaptadas para cargar una barra libre de tequila y cerveza. Apenas llegamos nos dimos cuenta que querían recuperar la inversión con los primeros incautos que creyeran en su publicidad. Mil pesos por persona, a mitad de precio para habitantes de Quintana Roo. Costo alto si lo comparamos con el salario promedio mensual del mexicano que oscila entre los cuatro mil y seis mil pesos.

A la entrada se puede observar que el predio de 57 hectáreas sigue en desarrollo, con maquinaria pesada y material de construcción. Faltan varios islotes y una capilla en honor al Niñopa, imagen adorada por habitantes de la delegación Xochimilco en la Ciudad de México.

Pero ése es sólo el comienzo. En la descripción técnica ingresada a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), se adelanta que habrá paseos en lancha, uso de kayaks, navegación en balsas a través de un río artificial, carritos todo terreno, ropes course, actividades de nado y un laberinto donde los visitantes recorrerán senderos rodeados por árboles y setos; además de pesca en estanques donde podrán conseguir su propia comida y prepararla en un restaurante dentro del parque. En resumen, amenaza ser una construcción cinco veces más grande que el otro complejo turístico de Xcaret, nos dice nuestro animador de trajinera cuando llegamos.


“Xoximilco es parte de un plan más ambicioso para aprovechar toda la Riviera”, me dice Serguei Rico, y explica que la iniciativa privada busca crear un corredor urbano que vaya desde Cancún hasta Tulum. “Lo grave es que se planean megaproyectos, con hoteles grandes, enormes atracciones turísticas, y se apuesta por un desarrollo gigantesco sin considerar que eso viene acompañado de severos peligros debido al crecimiento poblacional y la afluencia de turistas”.


Apenas llegamos nos sentimos como en la recepción de un restaurante de lujo. Mujeres en vestidos de noche, ataviadas de collares, hombres de guayaberas de gala, otros con camisas de antro, muchas minifaldas ajustadas… Al parecer la espuma social de Cancún celebra un cumpleaños en esta nueva atracción. Había más mexicanos que extranjeros. No sabíamos que debíamos hacer reservaciones para las trajineras, pero alcanzamos lugar.

El viaje comienza con un deslinde de responsabilidades por parte de la empresa para que, en caso de que mueras en alguna de las actividades que realizan en sus trajineras, sea tu bronca. Siendo sinceros es muy franco. “Lo más probable podría ser que se hunda una trajinera o que te pique un mosquito de dengue”, me dice Serguei quien se bañó en repelente porque sabe lo insaciables que son los mosquitos de selva. Yo, como sobreviviente de dengue hemorrágico, me creo invulnerable e ignoro las advertencias de los guías.

Mientras esperamos, platicamos con María Teresa, una chica de 24 años de Aguascalientes que se ve muy bien en su vestido beige de gala; nos comenta que no conoce el Xochimilco original, pero sabe que no se pierde de nada. “Puro tráfico de trajineras, cabrones pedos vomitando y lanzando botellas de alcohol al agua, preparatorianos con su reguetón, agua contaminada. Mejor pago aquí y me la paso bien”, dice convencida. Hay gente que no encuentra la magia en esos detalles humanos que han hecho de Xochimilco, Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, por la Unesco.

Cada trajinera tiene su conductor y su animador, el tipo que te hace cantar jueguitos para que te des un caballito de tequilla y te avientes un huaco (grites como charro). La empresa se dio el lujo de inventar un traje típico de ninguna parte y disfrazó a sus empleados. Nuestro animador nos pidió que dejáramos un comentario en Tripadvisor pidiendo que les quitaran ese disfraz ridículo.


Serguei me explica que el proyecto se realizó en un predio previamente impactado por la extracción de material de construcción. Se perforó tanto que se llegó hasta el manto acuífero y se inundaron grandes porciones del terreno. Según la empresa, se trata de rehabilitar un predio abandonado.


Mi compañero de viaje es especialista en arrecifes; está realizando un estudio sobre el impacto del nitrógeno 15 en la barrera coralina de la Riviera. “El nitrógeno 15 es característico de las aguas residuales”, me dice y al ver que no obtiene respuesta, simplifica: “Mierda y orines. Estudio qué tanta mierda llega al arrecife debido a la explotación y a las comunidades humanas en la región”.

Comenzamos a tupirle al tequila para aprovechar la barra libre. Mi especialista en ciencia del medio ambiente, egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana, hace un diagrama en una servilleta. “Se llama Sistema Kárstico”, me dice. Debido a la roca caliza, los ecosistemas de la región, selva, manglar, cenotes y mar están interconectados por una red de acuíferos.

Las trajineras navegan sobre el manto friático que conecta todo el ecosistema. Nos asalta la duda de qué van a hacer con la mierda y los orines de los miles de visitantes. Esto es importante porque en diversos estudios en el mar de la Riviera y Cancún se han encontrado restos de cocaína y medicamentos en las excretas y la orina de turistas y que terminan en los cenotes y el arrecife de corales. Esto ha puesto en peligro el ecosistema de la región.

“Muchos hoteles tienen plantas de tratamiento, el problema es que todas son de primer grado, es decir, para materiales sólidos. Una buena planta de tratamiento de agua es muy cara y pocos son los que quieren hacer la inversión. El drenaje es una obra que no se ve, por eso al gobierno tampoco le importa”, me dice. Es verdad, según organizaciones ambientalistas, sólo una tercera parte de Cancún está conectado al drenaje, menos del 50 por ciento del agua residual es tratada. Todo va directo, sin escalas, al mar.


Las trajineras son convertibles, los techos de cada barcaza se abren para que puedas ver las incipientes estrellas. En otras trajineras llegan mariachis, cervezas. Dan mucha importancia a la atención al público, facilitando su integración y generando la idea de seguridad que va de la mano con el sentido evasivo que se necesita para disfrutar este lugar.


Después está la flora y fauna del lugar. La manifestación de impacto ambiental (MIA) expone que la Promotora Xcaret busca construir y operar un centro recreativo que ofrezca “recorridos en balsas, a través de canales, en los que se podrá observar flora, fauna, exhibiciones culturales, ambientación de aldeas con cultivo de milpas y chinampas”.

El programa de rehabilitación de flora incluye la siembra de más de cien mil plantas nativas, entre las que se incluyen árboles maderables como cedro y caoba, además de palmares como el guano y el chit; la mayoría de ellas provenientes de los viveros forestales de Experiencias Xcaret.

Intentamos contactarnos con Xcaret para conocer la información ampliada sobre la reforestación que planean emprender, sin embargo nunca respondieron a nuestra petición de entrevista. Lo que sabemos es que en la península existen sólo mil 300 especies de plantas mayores, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del Yucatán.

Recorrimos el jardín donde nos bajaron para que fuéramos al baño. No logramos percatarnos de nada inusual. “Cualquier biólogo sabe que perjudicaría el ambiente traer flora y fauna de otro lado. Quizá aún no es el caso, pero debido a lo grande que se planea el proyecto, no podemos descartar que pueda ocurrir si no se tiene la conciencia y el conocimiento”, me dice Serguei.

Recordemos que lo mismo sucedió en Xochimilco. Primero se utilizó para el comercio flora que no era endémica; por ejemplo, los lirios acuáticos y las denominadas lechuguillas acuáticas no pertenecen al lugar. En los años 70 se impulsó la industria pesquera y se cultivaron diferentes especies, entre ellos la tilapia, de origen africano. Estos son depredadores y aniquilaron a la crías de los ajolotes, ahora en peligro de extinción, así como a diversos tipos de ranas. Como cereza del pastel, a los canales llegaron también las descargas de aguas residuales con desechos industriales. Queda por preguntarse, ¿queremos en verdad otro Xochimilco en un ecosistema tan frágil como la Riviera Maya?


“Sin ser especulativos, esto no es sustentable, ni en lo ecológico ni en lo social. Se plantea estos grandes centros turísticos y de diversiones como la panacea y la oportunidad para que países en desarrollo activen su economía y eleven su calidad de vida. Sin embargo, lo que vemos es que la calidad de vida está por los suelos. El estado tiene el más alto nivel de suicidios en el país; en Cancún hay cientos de comunidades en pobreza extrema”, se sincera el biólogo al terminar el recorrido.


Serguei vive en Puerto Morelos, una comunidad a 35 kilómetros de Cancún, en donde varias agrupaciones de ambientalistas mantienen una lucha constante para proteger al Parque Nacional Arrecife de Puerto Morelos de mega proyectos que ponen en peligro el ecosistema, como el Dragon Mart y la construcción de un gaseoducto.

Toqué muchas puertas antes de llegar a Serguei. No es fácil que los investigadores hablen en contra del turismo, la principal actividad económica del estado, y contra la compañía líder en servicio turístico en el país, que engloba los parques Xplor, Xel-Há, Xenotes, Delphinus, Parque Garrafón de Isla Mujeres, así como la Asociación Civil Flora, Fauna y Cultura de México, A.C., entre muchas otras atracciones y organizaciones. Un monopolio infalible diseñado para el alto turismo que mantiene el control económico de la región.

Recordé lo que decía el catedrático de la UNAM, Martín Manuel Checa-Artasu, en su trabajo Patrimonio, naturaleza recreada y gestión turística: el parque eco arqueológico de Xcaret. “El parque, con sus estereotipos que buscan la autenticidad, se convierte en una mercancía que responde a las necesidades económicas, políticas e ideológicas de los miembros de las sociedades dominantes. […] Queda claro que la propia administración del parque era y es consciente de la recreación de una realidad ficticia que no acumulaba sólo elementos culturales, sino también naturales, y que además debía ser gestionada con el fin de obtener más atracciones para diversificar la satisfacción del visitante”.

Intenté contactar a Laura Fernández Piña, la Secretaria de Turismo Estatal. Sin embargo resultó ser una de las funcionarias más esquivas del gabinete del gobernador Roberto Borge. Después de acudir a la oficina de la funcionaria, hablé con los periodistas encargados de la fuente en el estado. De acuerdo con ellos la ex diputada local no suele presentarse a los eventos que la dependencia organiza y mucho menos da entrevistas a medios.


En las declaraciones a una radio local en marzo del presente año marcaba su postura a favor del desarrollo turístico sobre toda la Riviera Maya, así como su firme aprobación al proyecto Dragon Mart, al cual lo calificó como “un equilibrio” en el sistema empresarial de la zona.


“Tenemos un proyecto que se llama “Gran Península”, que hemos trabajado con Campeche, Yucatán y el empresario Miguel Quintana, propietario de Xcaret. El propósito es incentivar el turismo carretero; dar a conocer todas esas áreas arqueológicas, culturales, coloniales…Buscamos incentivar ese turismo para que haya más derrama a otro tipo de comercios y negocios”, señaló la titular de turismo del estado.

De cualquier forma, llegamos al final del recorrido de tres horas sin habernos emborrachado. Con sentimientos encontrados, escuchando comentarios de placidez de nuestros acompañantes, nos preguntamos por qué no podemos ignorar el verdadero peligro como todo buen turista.

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