viernes, 15 de agosto de 2014

JACKSON POLLOCK, EL ACCIDENTE CONTROLADO

15 de Agosto 2014
“No hay primer plano, no hay fondo, no hay un árbol, no hay un perro, no hay una sola cosa reconocible en esta pintura. Y aún así, existe el sentido de un espacio muy complejo que está balanceado entre los extremos”.



Jackson Pollock es una de las estrellas del arte norteamericano; hijo del american dream (cuando aún funcionaba) y partícipe y fundador del estilo americano por excelencia. Con el expresionismo abstracto, que con los años logró superar, para bien del arte en general, creó técnicas y procesos propios que lo hicieron posicionarse en la historia como un artista relevante.



En lugar de usar el caballete convencional, Pollock fijó el lienzo en el suelo o la pared para vertir o chorrear la pintura desde la lata; en vez de usar brochas, manipuló la pintura con palos, paletas o cuchillos, algunas veces obteniendo una pasta densa por la mezcla de materiales como la arena, esmaltes, polvo de aluminio, cristal molido o algunas otras extrañas sustancias en materiales pictóricos.

Con él apareció una nueva forma de conceptualizar el formato de la obra, en la que el proceso era más importante que el resultado final. El diseño de su pintura no tenía relación con la forma o el tamaño del lienzo, como se hacía en la pintura convencional; de hecho, muchas veces tuvo que cortar la pieza ya terminada para ajustar la imagen.


Conceptualiza el all over style en la pintura, el cual evita puntos de énfasis en partes identificables dentro del lienzo, así abandonó la idea tradicional de componer en término de la relación entre las partes. No hay fondo, planos secuenciales, perspectivas ni focos de interés, todo es tratado por igual, de manera homogénea y contundente.


Durante los años de formación, Pollock tuvo la peculiaridad de verter, en una sola cinta, los modelos europeos del arte culto y noble (Matisse, Miró y Picasso, por ejemplo) junto a los modelos autóctonos, más bien grotescos y populares de los indios americanos, detenidos en el estadio primario de los esgrafiados rupestres.

Así, Pollock hace de su estilo personal una simbiosis entre lo culto y lo “bruto”, y pone en él su furia particular cargándolo de una energía impensable en las influencias que utilizó para construir su lenguaje.

En los años que pertenecen a la primer etapa de su carrera (1930), los cuerpos híbridos y entrecruzados que aparecen en su obra se rayan de manera acelerada, como si fuesen pintados a gran velocidad, a altas revoluciones.



Las formas se cruzan entre sí y ya no hay lugar para las pausas visuales o para los juegos ritmados de fondo-figura, de los cuales Picasso sabe ser maestro. Ahora, los cuerpos casi-figurativos están entrelazados optando delante de nosotros y, despojados de cualquier metáfora, poseen signos puramente gráficos, aunque inquietos, como llamas o chispas de un cortocircuito eléctrico.

Después de esta primera fase en su carrera, Pollock deja atrás las composiciones figurativas y comienza a trabajar en las piezas en las que ya no hay cuerpos plásticos, ni siquiera una simulación del relieve; todo se vuelve fondo, o bien, todo es figura, es decir: hay sólo un tratamiento en toda la superficie.

El fondo es sofocado de tal manera que ya no existe como tal. “No nos encontramos ante una espacio homogéneo, según la fórmula amada por la edad moderna, más aún, aquí cada palmo de la tela está lleno de emergencias, de eventos que nacen y se desvanecen pero sin que haya zonas privilegiadas: el centro está por todas partes”. 

La composición deja de ser diárquica (es decir: que se compone fondo-figura) para convertirse en monárquica, dominada por un único principio que luego se articula en un pluralismo infinito, en un torbellino de fenómenos que no dan tregua. La imagen es una maraña intrincada y embrollada en todos los puntos.

Otro de los grandes aportes de Pollock a la pintura tiene que ver con el proceso de la creación de la obra de arte, con ese ritual del plasmado sobre el lienzo, con el “acontecimiento” del acto de pintar, con el pensar en el arte como experiencia.


Pollock despliega las virtudes de la composición all over expandiendo la imagen en todas direcciones, invadiendo el espacio y salpicándolo de accidentes en apariencia incontrolables.

En ellos parecen resonar los ecos de sus propios comentarios: “Cuando estoy en la pintura, no soy consciente de lo que hago. No tengo temor a realizar cambios ni a destruir la imagen, ya que la pintura tiene una vida por sí misma”.

“Esas obras nos seducen como si fueran organismos vivientes, seres hereclitianos brotando con fluidez del desarrollo natural de unas de las fuerzas casi fisiológicas que oscilan entre lo inconsciente y lo consciente, el azar y un cierto orden. Aún congeladas en el lienzo, evocan más un proceso que un estado, el acto de pintar llevado a la extenuación más que al resultado. Pollock también concebía, como el filósofo J.Dewey, el -arte como experiencia-”. 


El hacer del arte una experiencia se ve plasmado en lo que los críticos habrían de bautizar como el action painting, el cual puede definirse como todo aquel rito que el artista lleva a cabo durante la creación de la obra: desde el acercamiento al lienzo, que en el mayor de los casos era de grandes dimensiones y ubicado en el suelo, hasta el derramamiento de la pintura sobre la superficie.

Es una especie de catarsis que implica una lucha épica entre el hombre y el material mismo, una especie de dialéctica entre el plano y el autor, entre la obra y el creador; y definitivamente tiene una gran relación con las teorías surrealistas del automatismo, es decir: con la expresión directa y la revelación de los estados inconscientes del artista.

“Pollock bailaba en un estado de semi-éxtasis sobre los lienzos situados en el piso, chorreándolos y goteándolos; él no pintaba imágenes, sólo acción”. Este sorprendente modo de actuar anticipaba ya episodios artísticos futuros como los happenings o los mismos performances, el accionismo corporal y otros eventos de la tardovanguardia.


La obra abstracta de Pollock se vuelve concreta en el sentido que se desprende del método tradicional de representar sobre una “página” para plasmar una acción sobre una superficie.

El esgrafiar, grabar o surcar se transforma en un acto de chorrear el color directamente de la lata sobre una superficie, a esto se le conoce como dripping.

Aquel moverse exaltado del artista sobre la tela vertiendo el color del tarro, debía tener su belleza y preñez real, como si se estuviera delante de un ballet o de un performance.

“La técnica del dripping amplía los recursos del expresionismo abstracto, haciendo de él un action painting”, es decir, una técnica que consiste en un acontecimiento en tiempo y espacio en la que todos los sentidos del autor se ven envueltos en el acto de plasmar.


La obra de Pollock, hacia los últimos años de su vida, sugiere un abandono del all over monárquico, un tanto redundante, y se ve obligado a la inserción de objetos sobre la superficie como palos o varillas; hasta el extremo de regresar, inclusive, a la figuratividad del expresionismo convencional. En estos momentos se habla, desde luego, de un Pollock desgastado y en decadencia, las que derivaron en su prematura muerte.


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