jueves, 28 de agosto de 2014

LO MAURICIO NO QUITA LO GARCÉS

28 de Agosto 2014

¿Quién fue en realidad este personaje cuya imagen continúa vigente en el imaginario colectivo a pesar del tiempo transcurrido desde su última actuación? ¿En verdad era tan mujeriego como se rumoraba? ¿Cuál era su auténtica pasión? Un poco de todo esto se pretende responder en esta semblanza sobre uno de los íconos populares más notables de México.

En el ocaso, Mauricio Garcés definió así su vida de actor: «Sólo faltan dos minutos para que se acabe mi partido; y todo el tiempo estuve en off side». Era 1982 y ya le pesaban los problemas pulmonares, estaba virtualmente retirado, sólo se presentaba en palenques, daba entrevistas en las que se le apreciaba cansino, agotado… vivía de la fama. En su caso: la «mala fama».

Su verdadero nombre era Mauricio Férez Yázbek; adoptó el Garcés porque decía que la «G» le daría la misma suerte que a Clarke Gable o a Cary Grant.

Seguir los datos biográficos de Garcés no es tan difícil, su profusa filmografía —69 cintas— está reseñada 
en varios portales, pero su influencia sólo se puede aquilatar con el paso de los años. La imagen del galán otoñal, hombre maduro, más allá del cuarentón, con cabello entrecano —tirándole a blanco—, imagen exitosa, seductor a toda prueba, sin compromisos, amante de la moda, con fortuna salida de quién sabe dónde —inventada, incluso— con la firme promesa de pasarla bien a toda costa: está de regreso.


Si no, dé un vistazo a los actores más cotizados en la actualidad —agregue el nombre del de su preferencia—: las canas venden. Los veinteañeros son obsoletos; Mauricio, «el criado bien criado», está en boga.
 Basta caminar por los barrios más in de la capital: se
 ve a pequeños «mauricitos» en bares y terrazas de las colonias Condesa y Roma, haciendo lo imposible por no verse chavitos, con aire de «a ésta la hago pedazos», con ínfulas de haber recorrido mundo. Pero «Mauricio» sólo habrá uno.

Siempre se consideró a sí mismo una rara avis. La biografía de Garcés esta ligada a la diáspora libanesa que se asentó en México, a su tío José que era fotógrafo y conocía a miembros de la farándula; él le consiguió su primer papel en La muerte enamorada (1950), a los 24 años de edad.
Mauricio Galán

Aquellos inicios fueron un tormento para este hombre —nacido en Tampico, Tamaulipas en 1926— que paulatinamente ganaba terreno en el cine nacional: «En la lucha estéril de extra grababa hasta diez películas al año», afirmaba Garcés en sus años de superestrella, cuando batía récords de taquilla en México y era el actor que generaba más ganancias en la industria.

Treinta y seis películas y dos series de televisión —telenovelas— debieron transcurrir para que Mauricio Garcés puliera, a base de ensayo y error, al personaje del que ya no pudo disociarse.


Contra la imagen que proyectaba, era muy tímido. Jamás tomaba la iniciativa para hablarle a una mujer.

Cuenta la historia que Angélica Ortiz —madre de Angélica María— le dio el protagónico de Don Juan 67: Mauricio Galán. Antes tuvieron que recapitular toda la saga de Mauricio, recortar el bigotillo, peinar perfectamente las canas, trabajar ese desenfado y apabullante seguridad, el tono de voz, la vestimenta a la medida, para dar con el alter ego: «Galán otoñal, elegante, mundano…» y con un gran sentido del humor.


A partir de ahí Garcés se convirtió en el seductor más cotizado de Latinoamérica. Filmaría en España, Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela. En Italia aseguraban que poseía el talento de Vittorio Gassman y desplegaba la personalidad de Marcello Mastroianni.
Una máquina de hacer dinero

Hacia 1968 Garcés estaba en la cima de la fama, sólo comparada con la altura que una década antes alcanzara Pedro Infante. Su ritmo de trabajo era tan intenso que durante el rodaje de Click, fotógrafo de modelos (1968), se desmayó por agotamiento en el plató.
Fue llevado a la enfermería, se le aplicó un estimulante para el corazón y después de dormir un rato regresó a filmar. No había oportunidad de descanso. La máquina de hacer dinero no podía detenerse.


En noviembre de 1969, al publicarse la lista de las películas más taquilleras, tres de sus filmes eran exhibidos simultáneamente y siete estaban aún a 
la espera de fecha de estreno. Según este reporte Olimpiada en México fue la más taquillera, seguida del melodrama Cuando los hijos se van, y en fila seguían sus cintas: El matrimonio es como el demonio (1967), Las fieras (1968),El criado malcriado (1968), 24 horas de placer (1969), y Modisto de señoras(1969). A Garcés le llovían papeles, mujeres, viajes, entrevistas, reconocimiento, cariño del público… y polémicas.

Escena de Mauricio Garcés con Silvia Pinal en 24 horas de placer.


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